martes, 5 de octubre de 2010

Esas cosas que tiene la tele

Por esas paradojas que tiene la vida, llevo unas semanas que no ando muy pendiente de la tele. ¿Por qué? Porque trabajo mucho en otra tele que no me deja tiempo para estar pendiente de las demás teles. Entonces, en un momento de clarividencia y tontuneo, decido ponerme un poco al día y echar un vistazo a los programas de zapping (leáse SLQH o Surferos), a Youtube y a webs de información televisiva, para llegar a la conclusión de que durante estas semanas no me he perdido nada importante. Pero sí que me encuentro en esete repaso con algunas cuestiones que me inquietan un montón, y no puedo evitar el compartirlas con vosotros. No os voy a engañar: habría preferido compartirlas con Scarlett Johansson, pero por lo visto ya había quedado. Supongo que estaría en el entierro de su marido. Digo, en el estreno.
Por ejemplo, estoy indignado con el tema lo de los 33 mineros chilenos. Ya no son noticia: en cuanto se pasaron de moda las lágrimas, las portadas y la angustia, los mineros han dejado de interesar. Pero de repente aparecen en la tele por dos motivos a cual más surrealsita:
  1. El Real Madrid les va a enviar 33 camisetas para animarles. Esto es genial, yo creo que ver a los 33 mineros chilenos vestidos del Real Madrid es lo que todos, ellos y nosotros, necesitamos en este momento, pero a ver si se van a der de hostias porque todos quieren la camiseta de Cristiano Ronaldo y ninguno la de Mamadou Diarra. Como cunda el ejemplo, El Juli les podría enviar 33 trajes de luces de purísima y oro, y prefiero no pensar lo que podría enviarles Paco Clavel como le entre la vena solidaria.
  2. Linze, una compañía del Grupo Endemol, lleva casi un mes preparando una TV movie sobre los mineros. Hala, sin esperar a ver cómo acaba la historia. Yo alucino con el apetito buitre y carroñero que han adoptado últimamente los formatos para televisión: el secuestro de Anabel Segura, el caso de la niña asesinada en Huelva, el vuelo del Spanair, se está rodando una sobre el 11-M… Qué asco, señor, qué asco.
(Por si a alguien le sigue interesando la situación de los 33 mineros, que están viviendo en su propia carne el argumento de la película Buried, os cuento que las labores de rescate van mejor de lo esperado, y que las últimas informaciones apuntan a que podrían ser rescatados en la segunda quincena de octubre. Buena noticia: al principio se hablaba de diciembre)
La huelga. El día de la huelga tampoco vi mucha tele. Sí que vi los telediarios matinales, donde entre otras cosas pude apreciar a algunos piqueteros dando patadas a la furgoneta de un repartidor de periódicos mientras gritaban “¡democracia, democracia!”. Qué cosas. Respeto por igual (exactamente por igual) a los que hicieron la huelga y a los que no. Pero estas cosas… pues no sé, como que no puedo con ellas. Por cierto: ¿un sindicalista que va a bloquear unas cocheras, está trabajando? Creo que no. Entonces, si no está trabajando, ¿lo hace por hobbie? Dios mío, espero que tampoco. ¿No había ningún sindicalista para insultar al Barça y al Valencia, que jugaron el 29-S, o el fútbol está fuera de las huelgas? ¿Puede hacer huelga general el Guaje Villa? ¿El contrato de Messi es fijo o temporal? ¿Tiene un contrato basura por ser joven e inmigrante? ¿A qué velocidad vuela el somormujo común? No lo sé, bueno da igual.
El caso es que a Berto le pasó algo parecido a lo de los repartidores presionados, pero en vesz de con unos sindicalistas, con unos antisistema. Pero es mejor vérselo contar a él: en el minuto 5:45 de este vídeo tenéis su “altercado” y su maravillosa manera de reírse tanto del altercado como de él mismo.
Eurovisión. Por lo visto, el otro día le preguntaron en el Congreso al Presidente de la Corporación de RTVE, Alberto Oliart, por Eurovisión, por el gasto que supone y por cómo se iban a hacer las fases de clasificación para que no haya escándalos. Vaya, no me imagino a un diputado preguntando: “¿Va a usted a hacer algo para que no salga elegido el Chiki-Chiki?” ,”Señor Oliart, es intolerable que Karmele puede meter una canción en la fase de clasificación”, “¿Es usted consciente de que John Cobra puso muy nerviosa a Ane Igartiburu, Señor Oliart?”  “¿Va usted a aumentar la seguridad de los cantantes para que Jimmy Jump no vuelva a irrumpir en mitad de un temazo como “Algo pequeñito”?” La respuesta de Oliart estuvo muy bien: “Mire usted, si de mí dependiera…”
El espontáneo carente de gracia Jimmy Jump irrumpiendo en la canción "Algo pequeñito".
En cualquier caso, para que os quedéis tranquilos, TVE filtrará este año a los aspirantes que no den un mínimo de calidad. Eso sí, a ver quién es el que decide que Algo pequeñito supera los límites de calidad.
Miss España. El otro día se celebró el certamen de Miss España, en cuyo jurado se encontraban José María Íñigo, Alicia Senovilla y José Luis Uribarri. No, no se me ha ido la olla y sigo hablando de Eurovisión, os hablo de Miss España. Y tampoco os llevéis las manos a la cabeza, durante años Luis María Ansón fue parte de ese jurado, y les decía a las aspirantes cositas bonicas que a mí me sonaban pero mogollón a viejo verde. Eran los tiempos en los que Telecinco retransmitía Miss España con una gala superhortera, con pasarelas y fuentes; los tiempos en los que las misses se hacían superfamosas; los tiempos de Sofía Mazagatos, Esther Arroyo, Eugenia Santana, María Reyes; los tiempos en los que los embajadores de Rusia les preguntaban a las aspirantes lo que sabían sobre su país (que me gustaría a mí haber oído lo que sabía el embajador de, por ejemplo, Teruel). Por cierto, la sede Miss y Mister España está a 30 metros de mi casa,  y de vez en cuando ves a gente muy guapa en el portal. ¿Qué se hará en la sede de Miss y Mister España? ¿Será como una mansión Playboy, pero para ambos sexos y con toques cañís y olés? Pues no lo sé, pero seguramente no.
La gala de 2010 ni siquiera salió por la tele, se retransmitió por Internet. Y ganó Paula Guilló, nacida, mira tú por dónde, en Teruel.
Paula Guilló con una coronica en la que podrías encerrar a un buitre leonado sin que se escape.
TV movies. Decía yo más arriba que me indigna un poco (pero sólo un poco, enseguida se me pasa y me pongo a beber cerveza) el cariz morboso que han ido adquiriendo las TV movies españolas. Una cosa es hablar del 23-F y otra muy distinta del accidente de avión del Spanair. Una cosa es contar la vida de RaphaelMarisol y otra recrear las no muy discretas muertes de Paquirri o el Duque de Cádiz (muy fuerte lo de esta última serie, por cierto). Pues bien, dentro de esta absurda espiral en la que han entrado las TV movies, aún nos falta ver:
  • A Francis Lorenzo haciendo de Ángel Sanz Briz, “el Ángel de Budapest”, el “Schindler español”, el hombre que en 1944 salvó la vida a 4.000 judíos húngaros mandándolos a España. También se dice que es el hombre que informó a Franco del holocausto, con la espectacular y rápida intervención humanitaria del Caudillo que todos conocemos (aquí estaba ironizando, yo).
  • Se rumorea (no estoy de coña) que se está preparando una miniserie sobre el abogado, prófugo y sexy-man Emilio Rodríguez Menéndez. Dice él mismo desde Argentina, donde tiene pendiente una orden de extradición, que está negociando los derechos con una productora. Añado yo que el gremio de los actores españoles de mediana edad están escondidos para que no les llamen para este papel. ¿Quién hará de Nuria Bermúdez? Se me ocurre una candidata insuperable: Nuria Bermúdez.
  • Y como he dicho más arriba, se habla ya de la TV movie sobre los 33 mineros chilenos y de otra sobre el 11-M (Telecinco), en la que, para más INRI, se asegura que no se tomará partido en la guerra política previa a las elecciones del 14-M. ¿Cómo se hace para no tomar partido? ¿Diciendo que Acebes mintió, pero sólo un poco? ¿Diciendo que Zapatero iba a ganar las elecciones igual, aunque no hubiera existido el atentado? ¿Ignorando las palabras en los días previos y posteriores de, por ejemplo, Iñaki Gabilondo y Federico Jiménez Losantos? ¿Diciendo que la teoría de la conspiración nunca existió, o peor aún, que sí existió pero que era cierta?

Nunca lo sabré, porque jamás veré esa TV movie. Tengo otras cosas mucho más importantes que hacer, como por ejemplo morder la tapa de un boli.

viernes, 1 de octubre de 2010

Animadrid, José Ramón, Daniel Sánchez Arévalo

Hoy voy a hablaros de animación, de dibujos, de ilustraciones y de cine. Y en un ataque de democracia temporal, en una exhibición de integración de todas las edades, voy a escribir una entrada en la que pueden sentirse cómodos los niños de hoy, los niños de ayer y el público de las salas de cine de todos los tiempos. A los niños del mañana, mira, que les den por el saco rectal.
La mecha de todas estas divagaciones la encendió como todos los años mi querida Laura Olaizola, encargada de prensa del festival Animadrid, que este año celebra su duodécima edición (la celebra el Festival, Laura no sé qué edición celebra porque a las señoritas no se les pregunta eso). Como todos los años desde que nos conocemos, Laura me invitó a Animadrid y a hacer algo para el programa de cine que se supone que dirijo con soltura. Yo, ni corto, ni perezoso, ni glotón, ni embarazado, ni muchas cosas más (no sé por qué sólo se recalca lo de corto y perezoso), indagué en el programa de Animadrid con una lupa y un vaso de agua cerquita.
Entre los actos que se han celebrado en el certamen que dirige Pedro Medina, al que no pude saludar el otro día por una disfuncionalidad de unos dos o tres minutos, me llamó la atención el homenaje a  Michel Ocelot. Michel Ocelot (y no “Lancelot”, como decía el miércoles el Diario de Pozuelo) es un animador francés absolutamente fuera de las corrientes disneyanas, digitales o pixarianas, con un estilo näif más cercano a Rousseau el aduanero que a los dibujos de la Dreamworks (que ojo, están también muy bien). Ocelot tiene un montón de películas maravillosas, pero para a mi insano juicio destacan tres: “Kirikú y la bruja”, “Kirikú y las bestias salvajes” y “Azur y Asmar”. Son deliciosamente surrealistas, inocentes y bonitas. Si no las conocéis, buscad alguna de ellas. Vais a flipar.
Kirikú, de Michel Ocelot, un negrito pequeñísimo que va por libre desde el momento en el que nace (en el que incluso avisa a su propia madre, como en las historias de Gila).
Pero había un acto en Animadrid que me tocaba mucho más de cerca. El martes 28 el Festival homenajeaba a José Ramón Sánchez. Para los que tenemos algo más de 20 años (aproximadamente, unos 20 ó 25 años más) José Ramón es toda una institución. José Ramón era el dibujante de la tele, de la única tele, que era TVE. José Ramón dibujaba con los niños, y nos enseñaba a pintar un circo, un león, un payaso. José Ramón salía en El kiosko, en Dabadabadá, en los programas infantiles de los últimos 70 y primeros 80, cuando los niños disfrutábamos de programas para nosotros y no teníamos que aguantar hasta la noche para ver a Pablo Motos manchando a sus invitados. Y José Ramón era un señor simpatiquísimo que hacía dibujos pensados únicamente para soñar. Algunos años después de hacer estos programas, José Ramón se sacó de la chistera un par de exposiciones con el cine como leit motiv. Qué de colores, qué de historias, qué de amor al cine había en esas dos exposiciones.
Y para colmo, José Ramón Sánchez era amigo de mi padre.
Así que nos pusimos manos a la obra y decidimos quedar con José Ramón para hacerle una entrevista en nuestro programa de CANAL+, del que por cierto, ¡dice que es fan! (qué cosas, yo crecí viéndole en la tele y ahora resulta que él ve un programa que hago yo). Pero para rizar el rizo, y en uno de esos destellos de genialidad que tengo cada dos años a finales de septiembre, se me ocurrió llamar también a su hijo Daniel Sánchez Arévalo, el director de Azuloscurocasinegro y Gordos, para que se viniera a la entrevista. Así, como favor desinteresado. Y Daniel, que es un cielo, aceptó y se vino. Y junto a David Broncano, ese joven genio del humor con quien este año tengo el gusto de trabajar, mantuvieron una conversación de padre a hijo, pero sobre todo de cinéfilo a cinéfilo, llena de una ternura que yo no podía ni imaginar cuando, al principio de este post, os contaba que empecé a leer el programa de Animadrid.
"El desván de la fantasía", de José Ramón Sánchez. Muchos mayorzotes todavía recordarán la cantinela: "sube que sube, sube al desván..."
Y como mucha gente no sabe que Daniel es hijo de José Ramón, y como organizamos esta charla en la sala de exposiciones que exhibe sus dibujos (gracias a Julia Sánchez), pues la estancia se llenó de espectadores, curiosos y amigos que venían a ver el posterior homenaje. Y todos en silencio, escucharon las cosas que les preguntaba David y las cariñosas anécdotas que recordaban y contaban padre e hijo.
Antes de todo esto, cuando nos encontramos, José Ramón me estuvo contando a qué se dedica ahora, cómo le gusta y le sigue gustando el cine, cómo admira a su hijo como contador de historias, cómo acudió cada día (¡cada día!) al rodaje de Primos, la tercera película de Daniel, para hacer un diario de rodaje y un dibujo con la escena del día (ese libro tengo que verlo yo)… y también evocamos algunos recuerdos más personales. Para mí fue un lujo reunir a un dibujante que admiro hasta las trancas y a un director que respeto muchísimo por lo que ha hecho y por lo que sé que va a hacer. Y ver por ahí merodeando a Verónica Mengod y José Carabias no sé si fue un lujo, pero me trasladó a mi última infancia, a ésa época en la que las hormonas andan confundidas entre los juegos, las chicas y los lapiceros de colores. 
No cuelgo muchas fotos mías de frente por razones obvias, pero ésta sí. Yo soy el de la cara de lelo.
Mientras David Broncano nos hacía esta foto que acabáis de ver, en la que el pobre Daniel parace que tiene una extraña aura de santo en la cabeza, José Ramón me dijo por lo bajinis: “Ahora mismo tu padre nos está viendo desde ahí arriba hacernos esta foto. Y si sigue ahí arriba es que está bien, porque si no, conociéndole, se hubiera vuelto a bajar”.
Hay veces en las que que uno no puede contener las lágrimas en público, caramba.


(Animadrid se clausura este viernes 1 de octubre, pero la exposición de José Ramón podéis verla hasta el 22 de octubre en Pozuelo de Alarcón).

martes, 28 de septiembre de 2010

“Buried”, o el suplicio de estar en una tumba en compañía de Movistar

La semana pasada, durante ese Festival de San Sebastián que tanto juego me está dando, mi compañero David Broncano le preguntó a una espectadora cómo se pronunciaba la última película de Rodrigo Cortés, que se estrena este viernes. “¿Baried?” “¿Buried?” La chica respondió: “Enterrado”. Di que sí, por una película que se puede traducir tan fácil… Luego las distribuidoras se encuentran con una película que se llama “Blue car” y lo traducen como “Atormentado por una croqueta disgustada”. Y cuando lo tienen tan fácil como con “Buried”, pues claro, se quedan perplejos y no lo traducen. Bueno, esta película tira por la calle de enmedio y se llama “Buried (Enterrado)”.
No vi la película en el Festival de San Sebastián porque me habían invitado ya al preestreno en Madrid, que fue ayer, así que durante el Festival me dediqué a otras manifestaciones del séptimo arte como “Pintxo de foie a la plancha con txacoli”. O del octavo arte, o el noveno, o el que sea.
El caso es que ayer me encontré con una película sencilla, inteligente, asfixiante, efectiva. Rodrigo Cortés, su director, la definió ante el público perfectamente: “Esta es la historia de un tío y una caja. Y se ha hecho sólo con un tío y una caja. Así que no sé por qué seguís aquí, ¿qué no habéis entendido?”. Pues todos seguimos ahí, con el aliento contenido durante 90 minutos, incluso el gordito de mi izquierda, que durante los créditos se manifestó como un acojonante plasta sin gracia animador de su grupo, y que después del primer plano se le calló la boca como por arte de magia. Porque es mágico que un hombre y una caja te tengan en vilo, y de qué manera, durante una hora y media.
Pero ayer no sólo me encontré con una buena película. También me encontré con Sergi Arola, Vega de O.T., Lidia San José, Gracia Querejeta, Lucía Hoyos y María Reyes, que no se pierden una, Luis Manso, Elia Galera, Ángel Martín, Berta Collado, y otros famosos cuyo nombre ignoro, como todos los chicos y chicas de Física o Química, el hijo de Concha Velasco o la psicóloga de El comisario. Vale, no es el glamour de Cannes, pero es lo que hay. Igual había alguien más, pero es mi chica la que me va diciendo los famosos que ve, porque yo no veo una mierda.
El cine Palafox anoche, en el preestreno de "Buried".
Buried  es la primera película española que se estrena con 4.000 copias en todo el mundo, 2.000 de ellas en EE.UU. y otras 2.000 en 40 países, entre ellos China, en la que se estrenan al año unas 6 películas extranjeras, porque los chinos son muy así. O sea, que es un éxito antes de salir al mercado.
Han comparado a Rodrigo Cortés con Alfred Hitchcock, y entiendo por qué, manteniendo el respeto y las distancias. Supongo que se valora que Rodrigo Cortés haya creado una magnífica historia de suspense con una gran economía de personajes y espacios, como hizo Hitchcock en La soga y La ventana indiscreta.
Tal vez a alguien le haya recordado también a ciertos capítulos de la serie Alfred Hitchcock presents, aquí traducida como La hora de Alfred Hitchcock en los 70 y como Alfred Hitchcock presenta en los 80. En uno de ellos, un hombre paralizado por un ataque de catalepsia tenía que convencer a todos de que estaba vivo sin poder moverse. Cuando le iban ya a meter en su cajita, le salvó una furtiva lágrima. 
Ryan Reynolds metido en su cajica. Como cierto personaje de Hitchcock.
En otro, una presidiaria chantajeaba al encargado de los servicios funerarios de la cárcel para que le ayudara a escapar. El plan era retorcido: la primera vez que la presa oyera las campanas repicando a duelo, debía bajar a la morgue y meterse en el ataúd de la compañera muerta. Se dejaría enterrar con ella, y de madrugada el enterrador la sacaría de la caja. Suenan las campanas. La mujer cumple lo pactado y se mete al lado de la presunta compañera de frío cuerpo. Pero el tiempo pasa y su cómplice no de señales de vida. La mujer enciende una cerilla dentro del ataúd y descubre que su compañía no es la de otra presa, sino la del enterrador más muerto que la madre que lo parió. Acojonante, ¿eh?

Y obviamente, también están saliendo a la luz las influencias de un estupendo capítulo doble de CSI Las Vegas. Hay muchas similitudes con el episodio que dirigió Tarantino en el que enterraban vivo a uno de los hombres de Grissom, al más fuertote, al de la mandíbula cuadrada. Y le enterraban con una webcam y un foco. Los CSIs tenían que buscarle antes de que muriera de asfixia, y al final le encontraban porque unas hormigas autóctonas de no sé dónde irrumpieron en el ataúd. Pero el hombre de Grissom no llevaba móvil, ni mechero ni reloj, como el hombre de Rodrigo Cortés.

El hombre del Grissom enterrado por Tarantino. Como veis, la estética se parece a la de "Buried", pero la historia no.
Aunque Ryan Reynolds sufre con creces la incompetencia de la burocracia estadounidense, tiene la suerte de que su móvil no es de un operador español. De haberlo sido, tendría que haber marcado el 1004, 123 ó 609, y le habría atendido un sudamericano (que nadie vea aqui una intención racista, por favor. Esto es un hecho: en las compañías telefónicas de España sólo te atienden ciudadanos sudamericanos que a veces te preguntan desde qué país llamas, y me resultaría igual de chocante que fueran alemanes, escandinavos o sefardíes). Y al final, el sudamericano (alemán, escandinavo o sefardí) le diría a Reynolds que debe permanecer un mes más en la tumba porque aún no ha terminado la promoción de 50 SMS desde ataúdes, y para cancelarla tiene que facilitarle el código PUK, y luego le diría que no colgara porque le van a preguntar qué tal le han atendido.

 Y a mí eso me da más miedo que lo de la tumba.

viernes, 24 de septiembre de 2010

El gran Vázquez (¿Festival de San Sebastián 3?)

Vergüenza me daría a mí pasar tres días mal contados en el Festival de San Sebastián, llevar ya unos cuantos en Madrid y aún así seguir viviendo del cuento durante más de una semana. Vergüenza me daría a mí.
Pero qué coño, os voy a contar más cosas de las que me pasaron en Donosti (nótese el uso del pretérito indefinido, “pasaron”, no “me han pasado” o “me están pasando”). Esta vez voy a centrarlo todo en una sola película, pero nos va a venir fenomenal a todos porque se estrena este viernes: El gran Vázquez.
El gran Vázquez está basada en la vida de unos de los dos mejores dibujantes de historietas de España, en esa época en la que los cómics se llamaban “tebeos”. El otro “mejor dibujante” al que me refiero es Ibáñez, que además aparece como personaje secundario, pero no querría olvidar o desmerecer a Peñarroya (Don Pío, Pitagorín, Gordito Relleno), Conti (El loco Carioco), Cifré (El repórter Tribulete) o Escobar (Carpanta, Zipi y Zape). Vázquez, Manuel Vázquez, es el padre de Anacleto, La familia Cebolleta, Las hermanas Gilda, La abuelita Paz, Angelito y El tío Vázquez. También fue padre de 10 hijos que tuvo con 7 mujeres, algunas al mismo tiempo, lo que le llevó a pasar algún tiempo en “la sombra” (así se decía en los tebeos) por poligamia. Y hablamos de España y de los años 60 y 70. Qué huevos.


"Las hermanas Gilda" y "Anacleto", by Vázquez.
Y esta segunda faceta de su vida, esto de la poligamia, de los engaños para sobrevivir, de los timos que daba incluso a la propia Editorial Bruguera y de su condición de eterno moroso perseguido por sus acreedores (eso también le obligó a pasar un tiempo en ”la sombra”), es lo que ha empujado a Óscar Aibar a dirigir la vida de Vázquez, y no por ejemplo la de Anacleto, como se ha hecho con Mortadelo y Filemón. Porque Ibáñez es un genio, pero su vida tal vez sea aburridísima. ¿Y la de Vázquez no?
Pues no, la de Vázquez fue más movidita por todo esto que os cuento. Pero tal vez no tanto: la película es una sucesión de gags de timos y trampas en las que a veces se queda atascada. Y eso hace que la historia sólo funcione para nostálgicos, para los que vivimos de lleno la época de los tebeos o para los entrañables frikis que los han investigado después, como es el caso del productor de Cadena Dial Iván Arévalo, que el otro día se me declaraba fan de estas historietas gracias a su padre (al de Iván, no al de usted).
Pude ver la película con la presentadora de mi programa Cristina Teva, que ya es como medio íntima de los que leéis este blog. Entre nuestras edades hay una brecha de entre 5 y 10 años (en realidad son 10, pero yo prefiero decir las cosas así, por intervalos). Y esa diferencia y nuestro intercambio de impresiones fue fundamental para corroborar mi teoría: El gran Vázquez funciona mucho mejor como ejercicio de nostalgia que como biopic en sí. Pierde mucho para los que no han leído o vivido esos tebeos, que serán la mayoría (quiero decir, que Ed Wood funciona sin conocer sus películas: creo que El gran Vázquez no). Si no has leído a Vázquez, no captas que la vecina que les alquila el piso es La abuelita Paz, que el hijo que les nace es Angelito, que sus dos jefes en Bruguera están basados en el presi y el dire de El botones Sacarino de Ibáñez… y no sé si es por dejadez o por exceso de confianza en la edad del espectador, pero la película tampoco te lo explica. Ojo, no digo que la película esté mal, o mal hecha. Digo que me cuesta encontrarle un público definido.
Santiago Segura es Vázquez y Álex Angulo es Peláez, su jefe.
En San Sebastián, Cristina y yo nos repartimos las entrevistas de El gran Vázquez en función a nuestra importancia en los roles de la vida y esas cosas. Y como yo soy nada más y nada menos que el señor director de un programa de televisión, pues ella entrevista a Santiago Segura y yo ya si acaso a los otros. Pero no me quejo, “los otros” son Álex Angulo (un encanto), Óscar Aibar y Mercé Llorens (que interpreta a Rosa, la mujer de Vázquez… o una de ellas). Santiago le contó muchos cosas a Cristina (que me dejó espiar la entrevista sentado en una silla con dos agujeros estratégicos en el periódico, como en los tebeos). Entre ellas, que era fan absoluto de Vázquez y de Bruguera. Que el hijo de Vázquez le daba consejos sobre cómo interpretar a su padre (a veces demasiado meticulosos), que el mérito de Vázquez era comportarse como un cabrón redomado y conseguir que todos los que le conocieron le recordaran con una sonrisa melancólica. Óscar Aibar, el director, conoció a Vázquez en la revista Makoki, cuando el uno se recicló en los cómics para adultos y el otro daba sus primeros pasos como guionista. Y desde que le empezó a escuchar en persona sus anécdotas, Óscar supo que algún día filmaría su vida, me dijo. Todo lo que aparece en la película es real, o al menos es real que lo contaba Vázquez. Las historietas de El tío Vázquez, el moroso, son las aventuras del autor, que es como si un ladrón de guante blanco le echa los huevos de escribir una novela sobre sus delitos. Y en efecto, Aibar se declaró fan absoluto de los tebeos. Como Álex Angulo, que me saca entre 5 y 15 años, y que me confesó que él empezó con los tebeos en la época de Roberto Alcázar y Pedrín o El jinete enmascarado. Álex interpreta al “malo” de la película, al hombre que intenta sin exito domar a Vázquez, el que le regaña, el que le denuncia. Y aún así me decía que su personaje también quiere en el fondo a Vázquez. Muy en el fondo, en mi opinión.
Santiago Segura en el Hotel María Cristina de San Sebastián, antes de la entrevista que le hizo Cristina para nuestro programa en CANAL+.

Por la noche, las buenas gentes de El gran Vázquez nos invitaron a la fiesta que daban en el Hotel Londres. Allí andaban Santiago Segura y Álex Angulo, Álex de la Iglesia, Quim Gutiérrez, algunos actores de cuyo nombre no puedo acordarme, y toda la prensa del Festival, porque en estas fiestas te pasas la mitad del tiempo intentando disimular tu cogorza ante compañeros de otros medios que intentan disimular la suya. Con tus propios compañeros de medio no disimulas una mierda, así que a mis queridos David Broncano, Cris Teva, Elena Pascual, Edu Mangada, a un brasileño que estaba como un queso y a mi señora Teresa, que se apunta a estas cosas la inviten o no, nos tuvieron que sacar de la fiesta cuando ya la estaban cerrando, persiguiéndonos con un sacudidor de alfombras, como en los tebeos.

martes, 21 de septiembre de 2010

Festival de San Sebastián 2

Ya me funciona el ordenador. “Qué bien, menos mal”, dijo la Humanidad aliviada. “Cáscaras”, dijeron fastidiados los lectores de GQ.com.
Antes de seguir desbarrando sobre San Sebastián, me gustaría aclarar que no pretendo con estas jornadas blogueras elaborar una crónica detallada del Festival. Para eso os recomiendo seguir las tribulaciones de insignes expertos como Carlos Boyero, Miguel Parra o Blas, el enano. Yo solamente ha pasado por Donosti unos días, y además mi misión en el Festival no era tanto cubrirlo como realizar un trabajo paralelo (sí, he querido decir que he hecho un trabajo apto para un lelo). Pero como soy un cielo y la gente me cuenta cosas del Festival, y me encuentro con Gonzalo de Prado de Antena 3, Juan Zavala de TCM, compañeros de TVE, TV3, y con mi maravilloso equipo de CANAL+, y todos van al cine y me dicen lo que les gusta o lo que no, os puedo dar algunas indicaciones sobre lo que se ha visto en el Festival. Así que vamos a dividir este post en dos:
  • La parte inútil: las cosas que me han pasado a mí.
  • La parte útil: las cosas que me cuentan los demás.
Vamos con las cosas tontas que me han pasado a mí.
- Tradicionalmente, yo reservo todos los años una mesa en el Aldanondo, para todos mis compañeros de la tele. Algunos van con ganas y otros sin ellas, pero al final van todos para que yo esté muy contento. Este año hubo tres invitados más en el Aldanondo: Javier Bardem, Pilar Bardem y Richard Jenkins, que estaban presentando Come reza amaJulia Roberts no fue, porque será muy guapa, pero si abre la boca en el Aldanondo le caben dentro cinco chuletones troceados y ya no queda para nadie. Estas cosas os las digo para que veais qué ojo tengo eligiendo: una vez reservé en un bar un poco cutre y apareció Leticia Sabater. Y como tengo ojo pero el otro día iba sin gafas, pues luego confundí a la dueña del Aldanondo con Pilar Bardem, porque de aspecto se parece un huevo. Durante toda la cena, unos paparazzi esperaron a Javier en la salida. Qué coñazo, caramba. Mirad las fotos en las revistas del corazón, porque si veis a los Bardem saliendo de un restaurante de San Sebastián y al fondo a ocho gilipollas mirando por la ventana con la boca llena, somos nosotros. Especial ilusión me hizo ver a Richard Jenkins: adoro A dos metros bajo tierra y The visitor.
Julia Roberts con su premio Donostia y Javier Bardem al que ya se le nota el bombo.
- Mientras los periodistas de verdad ven películas chinas, chilenas y paraguayas, yo me escapo a ver a Ana de Armas de El internado y a Florentino Fernández. Presentaban una película de animación a la que han puesto la voz: Gru, mi villano favorito. Y como David Broncano, mi nuevo compañero, es amiguete de Flo, y Cristina Teva, mi eterna compañera, es la única persona que conozco que se puede poner al lado de Ana de Armas y robarle parte de la atención, pues hicimos un reportaje con ellos. Y además me apetecía discutir un poco con la jefa de prensa de la película, algo que no hacía desde antes del verano.
Ana de Armas y Florentino Fernández en la playa de Zurriola. El del centro lleva gafas y sólo tiene un ojo, así que igual soy yo.
- Descubro que las personas mayores en San Sebastián se levantan de mala uva. Por sujetar un cacharro que refleja la luz cerca del Kursaal, un vejete me insulta, una señora que hacía footing muy despacio se enfada y un caballero canoso con traje me da un empujón para apartarme de su camino. Como yo soy débil y medio idiota, me entra la risa en las tres ocasiones. Os lo juro.
- También me han pasado algunas cosas dignas, como charlar con Álex Angulo, conocer al futuro director del Festival, celebrar el cumpleaños del mejor cámara de Europa, Eduardo Mangada, acostarme con un negro de Long Island… (bueno, una de estas cosas es mentira). Pero algunas de ellas os las contaré más despacio el próximo día.
Y vamos ya con la parte útil de este post: qué os puedo decir rápidamente de algunas películas presentadas en el Festival, por lo que yo he podido ver y por lo que me han contado amigos y compañeros de los que me fío. De los que no me fío, ni los escucho.
  • Abel. El prometedor debú como director de ficción del mexicano Diego Luna. Producen Gael García Bernal, que no ha estado en el Festival, y John Malkovich, que sí.
  • Bicicleta, cuchara, manzana. Documental sobre el alzhemier con Pasqual Maragall de protagonista. Creo que es estupendo, pero de momento no me he atrevido a verla.
  • Buried (Enterrado). Una de las sensaciones del Festival, aunque no compite por la Concha de su madre. Rodrigo Cortés mete a un tío dentro de una tumba con un móvil, una linterna y un reloj. Como dice David Broncano, qué suerte que no fuera con una tortuga, una maceta y un cenicero. Le han comparado con Hitchcock (a Cortés, no a Broncano).
  • Carancho, del argentino Pablo Trapero, con un Ricardo Darín que no esta apareciendo mucho para promocionar esta película. Se estrena este viernes, y la han definido como una película argentina tocada por Tarantino.
  • Come reza ama. Si la veis en V.O. creo que saldréis espantados. Si la veis doblada, escucharéis a Bardem hablando como si fuera un cubano tontito. Si no queréis verla, os espero en el Sport tomando un pintxo de foie que está de escándalo.
  • El gran Vázquez. Biopic sobre el autor de Anacleto, La familia Cebolleta y Las hermanas Gilda, a mayor gloria de Santiago Segura. El viernes os hablo de ella, ¿vale?
  • Elisa K. También se estrena este viernes. Una producción catalana sobre una niña que es violada pero que sólo recuerda este pequeño detalle cuando se hace mayor. Los directores dicen que les preocupa más el tema de la memoria que el del delito en sí. Parece que les preocupa más todavía el aspecto formal de la película. A mí me da igual todo.
  • La noche que no acaba. El documental sobre Ava Gardner del que os hablaba el otro día.  A mí me gustó bastante.
Cartel de "La noche que no acaba", y detrás el Kursaal.
  • Lucía. Una película chilena en la que mis queridos Elena Pacual y David Broncano cayeron fritos en el primer plano, que duraba cinco minutos y que era una chica quieta con el tic tac de un reloj de fondo. No me animaron demasiado a verla.
  • Misterios de Lisboa. Culebrón histórico portugués de cuatro horas y 16 minutos. Caramba, yo he estado menos tiempo en Donosti.
  • Norberto apenas tarde. Yo no entiendo el título, parece el de Bicicleta, cuchara, manzana, sólo que como eso va de alzheimer y de recordar palabras, sí lo entiendo. Según Cristina Teva y su amiga Sandra, el debú como director del actor Daniel Hendler es bastante decente.

Cómo es posible que pase tres días en San Sebastián y me dé para escribir tres posts. Es como una vez que salí con una chica fea y les conté a mis amigos que eran tres guapas. Seguiremos informando o inventándonos cosas…