viernes, 9 de octubre de 2009

Woody Allen sí que funciona (al menos a mí)

¿Qué hago yo hablando hoy de la película de Woody Allen? ¿Acaso no sé que lleva ya una semana en cartel? ¿Acaso desconozco que el estreno de esta semana es Ágora, de Alejandro Amenábar?
Pues no, aunque ambas cosas podrían suceder perfectamente, no nos pongamos estupendos. Pero es que de Ágora hablé hace unas semanas, en un ataque de precipitada ansiedad, y de Woody no hablé hace una, en un ataque de inexplicable amnesia.
Antes que nada, os aviso de que yo soy fan de Woody Allen. Tengo en DVD todas sus películas excepto las 3 que no están editadas, pero me las bajé de Internet en un inexplicable momento de debilidad e insolidaridad con la industria del cine. Que los ángeles (González Sinde) me perdonen. Woody Allen fue el tema que me hizo perder la virginidad en este blog, figuradamente hablando. Y en todas sus películas, en todas, encuentro algo que me compensa el precio de la entrada o del DVD en sí. Así que, aunque lo intente, puede que no sea objetivo con él.
Si la cosa funciona. A mí, desde luego, sí que lo hace.
Así que igual no os fiáis de mí si os digo que su última película, Si la cosa funciona, vuelve a ser un prodigio de diálogos, monólogos, ingenio, cinismo, ritmo y crítica. Es una película que hace diez años hubiera protagonizado él propio, pero su guión le demandaba un tipo unos diez años más joven que él. Pero Larry David, un comicazo, hace de Allen, habla como Allen, gesticula como Allen, es hipocondriaco como Allen y, eso sí, tiene el triple de la mala leche que nunca han tenido los personajes de Allen. Básicamente, os diré que Woody Allen plantea que las relaciones amorosas empiezan por casualidad. Que rara vez las buscamos, más bien nos las encontramos. No se refiere a enamorarse previamente o no, si no a que aparecen donde menos las esperamos, y desde luego, no con las personas que corresponden a los cánones físico-psíquicos que podamos tener. Y la duración de éstas, depende del título de la película: “si la cosa funciona”… No sé vosotros, pero yo estoy totalmente de acuerdo con él.

Bueno, esto os lo dice un fan de Woody Allen al que le encanta que una vez al año este viejecillo le haga pensar en algo, cosa que el 85% de las películas que se estrenan no consigue. Para los que no sois fans, os diré que creo objetivamente que Woody Allen ha subido el listón de Cassandra’s dream y Vicky Cristina Barcelona (una película algo aborrecida, por las cosas que oigo de ella, pero que yo la defiendo bastante).
Más cosas sobre Woody Allen: hace unas semanas, un diario nacional regalaba Toma el dinero y corre (1969), la primera película que Woody dirigió, escribió y protagonizó. Yo ya la tenía, pero se la presté una vez a mi amigo Patxi, aproximadamente el mismo año en que la rodó Allen, pero Patxi no acababa de devolvérmela, así que me quedé con el DVD del periódico y le regalé definitivamente a Patxi la película (y lo hice encantado porque le regalaría cualquier cosa mía, igual que haríais vosotros si le conocierais).
"Toma el dinero y corre", el primer triplete (dirección, guión e interpretación) de Allen.
Toma el dinero y corre, en las antípodas de Si la cosa funciona en cuanto a época, estructura y humor, es otra delicia. Tiene algunas de las secuencias más divertidas del imaginario de Allen. La escena en la que se acicala para salir con la chica es hilarante. La de sus padres disfrazados de aquella manera para que nos les reconozcan al hablar de él, es mítica. Y tiene algunos gags tan sencillos, tan tontos (en el buen sentido), tan divertidos, que hacen de ella una de las mejores comedias puras, viscerales… vis cómica con patas. Porque Toma el dinero y corre es una película casi de gag tras gag. Cada uno funciona por sí solo como chiste individual. Si no la habéis visto, intentadlo. Compraos el ABC o pedídsela a Patxi.

Y acabo ya con Allen: al revisar este blog para ver si, en efecto, mi memoria no fallaba y el primer post se lo dediqué a él, me encuentro con esta frase: “Ah, y si podéis, echadle un vistazo al diario de rodaje de Woody Allen [de Vicky Cristina Barcelona] en The New York Times, no tiene desperdicio. Si no podéis, me lo decís y os cuento algún día”. Nunca lo hice. Bueno, pues lo voy a hacer hoy. Pero como este tema ya me suena obsoletísimo, simplemente os cito tres frases de este diario:
  • Le he ofrecido un papel a Scarlett Johansson. Antes de aceptar, me dice que el guión debe ser aprobado por su agente y por su madre. Luego tendrá que aprobarlo el agente de su madre. En plena negociación, cambia de agentes. Tiene talento, pero da mucho trabajo.
  • Scarlett ha venido hoy con una de esas preguntas que hacen los actores. “¿Cuál es mi motivación?”. He dado un respingo: “Tu salario”.
  • He rodado una tórrida escena de amor entre Scarlett y Javier. Hace unos años hubiese interpretado yo su papel. Cuando se lo he dicho a Scarlett ha soltado un enigmático “uh-huh”.

¿No es un genio?

martes, 6 de octubre de 2009

De vez en cuando la vida…

“De vez en cuando la vida nos besa en la boca”, decía una canción de Serrat. A mí la vida no me besa en la boca nunca porque yo soy superdecente y la vida y yo no somos novios, cuando seamos novios que me bese en la boca y que me haga lo que quiera, la vida, pero si no a mí que me deje en paz, que me parece un poco frescales a mí, la vida.
Pero lo que sí que hace la vida de vez en cuando es sorprenderme con sus absurdos, sus anécdotas, sus noticias, sus caprichos, sus piros… Soy consciente (aunque no siempre) de que este blog es de cine y televisión, así que sólo os voy a contar algunas sorpresas que me ha dado la vida en los últimos meses en lo referente a estos dos temas.
Por ejemplo: leí hace tiempo que una productora le ofreció un millón de dólares a Susan Boyle por rodar una película porno. Susan Boyle es la señora ésa tan famosa que quedó segunda en el Operación Triunfo británico porque cantaba como los ángeles, aunque yo nunca he oído cantar a los ángeles, y que supuestamente es tan fea (y sin supuestamente, la pobre es fea, pero me refiero a que como no la dejan maquillarse ni arreglarse, pues encima lo parece más). Por lo visto la gracia estaba en que Susan perdiera la virginidad en plena película, porque parece ser que Susan nunca había tenido sexo, mira, también como los ángeles. No decía la noticia cuánto le pagarían al actor que hiciera de parteneire. Dios mío, ni al público. Yo prefiero que Susan Boyle se dedique a cantar y que siga siendo virgen. O que fornique con furia, si quiere, pero en privado.
Susan Boyle en "Britain's got talent". Querían hacer con ella un "Britain fucking talents"
Hablando de Susan Boyle: Barack Obama, el otro gran damnificado por las “corazonadas”, cambió recientemente la hora de un discurso televisado para no coincidir precisamente con un concierto de Susan Boyle. Que es como si Zapatero cambiara uno por no coincidir con un recopilatorio de baladas de Leonardo Dantés, o si Aznar hubiera cambiado en su momento un discurso en tejano para no coincidir con Bustamante cantando “No soy un Supermán”.

Hablando de Aznar y Supermán: era verano, yo estaba en la playa y no lo hemos comentado, pero ¿visteis su chocolatina abdominal? Dios mío, qué envidia, yo que en cuanto me despisto un poco en vez de chocolatina exhibo un huevo Kinder… Aznar hace 2.000 abdominales al día. Una vez más, compruebo que solamente compartimos el nombre.
Hablando de abdominales: el otro día Hugh Jackman (que junto a Paul Newman, George Clooney y Pepín Blanco son los únicos seres del planeta que han conseguido que mi contundente heterosexualidad se tambalee) se enfadó mucho con un espectador. Estaba representando una obra de teatro con Daniel Craig cuando empezó a sonar un móvil. Hugh se cabreó, detuvo la obra y le dijo que lo cogiera, coño. Le han criticado, pero yo le doy la razón. Si vas al teatro (o al cine, o a un concierto) a ver a un monstruo de la escena, como demostró serlo Hugh Jackman en la gala de los Oscar (¡qué maravilloso número musical de apertura!), hay que apagar el móvil y estarse calladito.
Hablando de los Oscar: leí que Javier Bardem y Penélope Cruz pasearon por Madrid ocultándose detrás de unas grandes gafas de sol y unas coquetas gorras. Qué discretos. Si no querían que nadie les reconociera, también podían haberse puesto sendas caretas de Ronald Reagan y Mazinger Z, por ejemplo. Si paseas por Madrid y quieres que te miren, ponte gafas, gorra y la cara de Pe o de Ja. Si vas sin gafas y sin gorra, lo más seguro es que la mitad de la gente ni se dé cuenta de que existes.
Hablando de Madrid: me invitaron hace ya unos meses a ver una película en Madrid que se llamaba Space Buddies. No fui por dos motivos: porque había quedado con Sigfredo y porque no entendí bien la invitación. Ésta decía (cito textualmente): “primer pase de cine en España exclusivo para perros”. Yo últimamente no soy un perro, así que me dio miedo llegar a la puerta del cine y que me echara Pluto. Y no fui.
"Space Buddies". Sólo apta para perros.
Esto que voy a decir ahora no tiene nada que ver con cine y tele, y a lo mejor es un poco impopular. Pero este blog se publica en Menstyle, así que se supone que aquí somos todos unos machotes (espero que Bibiana Aído no esté leyendo esto). Me envía mi cuñado Julio una noticia que asegura que la voz femenina agota el cerebro del hombre. No lo digo yo, lo dicen éstos. Debo decir que a mí eso me pasa con voces masculinas y femeninas, pero también con algunas mujeres que me agotan con su presencia, no con su voz. Pero si se trata de ligar machismo y cine, se podría hablar (y mucho) de la famosa y reciente ley que aprueba una mayor subvención al cine hecho por mujeres. Porque a mí eso sí que me parece discriminación, y no precisamente positiva. Me parece una discriminación hacia las mujeres. Y en este caso, no porque me agoten el cerebro.

Hablando de cuñados y de ministras, mi cuñado Pepe me envía este otro vídeo tan absurdo. Es alucinante y no parece un montaje, lo digo porque mi cuñado Pepe maneja el Photoshop de tal manera que podría trucar este vídeo, hacer guapa a Susan Boyle y convertirme a mí en un dálmata para que pudiera ir a ver Space Buddies. Si un día queréis hacer un diseño, un truco, una simulación o lo que sea en Photoshop, llamad a mi cuñado Pepe.
Bueno, os voy a dejar ya, porque esto se me está haciendo largo hasta a mí. Lo siento mucho, para otra vez hablad con la vida y decidle que me bese en la boca, así me tiene entretenido y no me fijo en todas estas chorradas.

P.D. ¿Quedo fatal si os confieso que me he alegrado de que no nos hayan dado las Olimpiadas? Es que vivo en el centro de Madrid, y me gustaría que mi ciudad estuviera un poco más terminada (el río, la calle Serrano, Sol, la Plaza de Colón, etc, etc) antes de que se pongan a levantarla otra vez entera, y con esto de Río de Janeiro gano al menos cuatro años más de tregua. Como dijo Danny de Vito en una de sus visitas: “Madrid es una ciudad preciosa, y lo será más cuando encuentren el tesoro”. En cualquier caso, yo también tenía una corazonada, y la mía se ha cumplido. No sé, me parecía evidente…

viernes, 2 de octubre de 2009

Rec 2. Segundas partes nunca fueron tan parecidas

Hoy es viernes, así que he mirado la cartelera y me he dicho: “les voy  a hablar a éstos de le película más impactante que se estrene esta semana”.
-       ¿Quiénes son “éstos”?
-       “Éstos” sois vosotros, mis lectores guapos.
-       Pues no nos llames “éstos”, es de mala educación.
Perdonad, es mi asistenta, que suele leer por encima de mi hombro lo que escribo y le encanta comentarlo todo. El caso es que la película que he elegido para contaros es REC 2, la segunda parte de Rec, y perdón por la obviedad. Podía haber elegido Si la cosa funciona de Woody Allen (que no es lo mismo que decir Si la cosa de Woody Allen funciona), pero lamentablemente aún no he podido verla. Os contaré lo que me ha parecido en breve, pero seguro que me parece bien. Con Woody Allen soy super poco objetivo.
-       ¿No la has visto aún? ¿Pero el señorito no era “periodista de cine” y veía las películas antes de que se estrenen?
-       Bueno, Recesvinta (mi asistenta se llama Recesvinta), pero es que las de Woody Allen siempre las veo con Teresa, y ella no puede venir a los pases de prensa…
-       ¿Teresa? ¿Quién es Teresa?
-       ¿Que quién es Teresa? Pues es el nombre por el que llamo desde niño a mi colita, no te jode… ¿Quién va a ser? ¡Teresa es mi chica, la que vive aquí conmigo!
-       Aaaaaaaah… Ya.
No veáis con qué cara ininterpretable ha dicho ese “ya”. Bueno, a lo que vamos, que llevo 250 palabras escritas y aún no os he hablado de Rec 2. Os cuento.
Vaya por delante que a mí Rec me pareció estupenda. No por la historia en concreto, sino por su originalidad en todos los campos. La película arrancaba con una Manuela Velasco espectacular (aparte de guapa, muy guapa, qué mona, me gusta), haciendo de reportera de una especie de “España directo”. Decir que estaba creíble es decir poco. Hay quien criticó el Goya que le dieron porque no tenía mérito, ya que hacía de presentadora y en ese momento lo era en la vida real (en Cuatrosfera, concretamente). De acuerdo, pero en cuántas películas habremos visto un telediario ficticio con un presentador real y no nos lo hemos creído. Manuela lo clavaba. La otra gran originalidad era la cámara. La cámara que filmaba la acción de la película era la del reportero que acompañaba a Manuela, con lo que el espectador no tenía ninguna ventaja sobre los actores. Si algo sucedía detrás del cámara, tú tampoco lo veías. Si atacaba un zombie por la espalda, pues a joderse todos. Y no sé si la habéis visto, pero en la primera parte, eso pasaba.
Una escena de Rec2. Fijaos qué susto, Dios
Rec 2 es otra cosa. Bueno no: mejor dicho es la misma cosa. Demasiado igual. Para empezar, no pasa nada de tiempo entre una película y otra. Eso está bien. O sea, no es como en 28 días después y 28 semanas después, que pasa no sé cuanto tiempo (28 algo), sino que si pegas Rec y Rec 2 no distinguirías cuando acaba una y sigue la otra: la acción transcurre desde el segundo siguiente en el que acabó la primera. Para mí el fallo de Rec 2 es que pierde todo efecto sorpresa. La cámara ahora no es la del reportero, pero es la de un geo que se mete en la casa, y tú ves lo que él ve.  O sea, como en la primera. También hay sustos, muchos más sustos, y más sangre, y también hay zombies (o infectados, como distingue el gran Enjuto Mojamuto al final de este sketch de Muchachada Nui). O sea, como en la primera. A veces las cámaras ponen el pilotito ése de visión nocturna para ver de noche todo verde, como en El silencio de los corderos, para que tú y el cámara veáis, pero los protagonistas no. O sea, como en la primera.

-      
Por si quieres ponerlo, la cámara esa verde se llama visión de infrarrojos.
-       Ay, Recesvinta, pero qué redicha y metomentodo que es usted para ser chacha.
-       Asistenta, si no le importa. Y lo de El silencio de los corderos lo has puesto porque se lo oíste decir a Cristina Teva en el pase para prensa, que ni siquiera es tuyo.
-       ¡Pero será zorra, la tía ésta! (Recesvinta, no Cristina)
También le oí una cosa positiva de la película a Gonzalo Cabrera, un realizador que ha hecho algunos de los mejores especiales que he visto en televisión, incluyendo uno que escribí yo (ya que le echo flores a Gonzalo, pues que me caiga una a mí, digo yo). Se refería a una trama paralela que hay en la película y que comienza cuando se cuelan en la casa tres chavales, y que le pareció el momento más destacable e interesante de la película. Pero Jaume Balagueró y Paco Plaza tiran de ella demasiado tarde, cuando todo ya suena a dejavú.
Los que hayan visto Rec se preguntarán qué hace Manuela Velasco en la secuela. ¿Entonces no murió en la uno? ¿Sí murió y es una zombie? ¿Aparece en un flashback? ¿Qué es un flashback? Yo también me lo preguntaba, y aunque sabía que Manuela iba a aparecer tarde  temprano, la secuencia en la que lo hace me pareció la mejor de la película. Película, por cierto, que está participada por CANAL+, y yo trabajo allí. Así que aunque os haya dicho que no me ha convencido del todo, la lectura que tenéis que hacer de este post es que hay que ir a ver Rec 2. Ni se os ocurra deducir lo contrario. A ver si me van a echar por una tontería.


miércoles, 30 de septiembre de 2009

Dublineses

La semana pasada estuve en Dublín. La cadena en la que trabajo (CANAL+) va a emitir en diciembre la tercera temporada de Los Tudor, una serie de Showtime que a mí me ha ido enganchando cada vez más. Y para presentarla, me encargan la confección de un programa especial. ¿Será por mis conocimientos de Historia? ¿Tal vez por mi capacidad para analizar producciones televisivas? ¿O quizá porque sigo teniendo un walkman para musicassettes, lo que me convierte en el único ser humano que aún necesita comprar con frecuencia pilas Tudor? No sé, pero el tercer motivo me parece el más sensato.
De Los Tudor y de un extraño viaje que hice a Londres para ir trabajandou en ellou (como diría Aznar) ya os hablé en este blog. Hoy solo os quiero contar cómo se desarrolló este viaje mío a Dublín, que es donde se rueda la serie, y que me recordó dos cosas: que el surrealismo existe y que yo tengo mala suerte en las cosas más tontas de la vida (mi suerte para las cosas importantes es del montón).
Jonathan Rhys Meyers en Los Tudor. Os adelanto que no se sale del papel de Enrique VIII ni para conceder entrevistas.
  • Para empezar, viajo a Dublín con la presentadora de CANAL+ (y del programa) Cristina Teva. Esto no es tener mala suerte: es tener buena y mucha. Para mi sorpresa, mi chica no muestra el menor atisbo de celos, a pesar de que nos vamos tres días. Prefiero no preguntarle si su tranquilidad se debe a su confianza en mis nulas posibilidades o en el buen concepto que tiene del gusto de Cristina.
    En el aeropuerto, el aeromozo de facturación nos pregunta inquisidor que si sabemos inglés. Como él habla en perfecto español, supongo que le estaría preocupando nuestra desenvoltura en Dublín. Pues yo no sé qué más le dará, cuando fui a Tailandia a mí nadie me preguntó nada. La aerolínea se llama Air Lingus, yo nunca la había oído. Me pregunto si la cadena Lingus tendrá una sucursal que se llame Cuni.
  • Llegamos al hotel, tramitado por Sony Televisión y nuestra empresa. Por error, nos asignan una sola habitación. En mi espectacular inglés, explico que nos tienen que dar dos habitaciones, que vamos por trabajo, no por placer, que qué error más tonto, je, je, je (risa nerviosa). Por dentro, en mi espectacular español, rezo para que no les queden más habitaciones, pero en ese momento no me acuerdo bien del Padrenuestro y la recepcionista termina siendo más rápida que Dios. Pues nada, dos habitaciones.
  • Consejo por si visitáis Dublín: en Irlanda no están claras las zonas de fumadores y no fumadores. A Cristina y a mí nos amonestaron por fumar en una calle por la que no pasaba nadie (en serio). Nos echó un señor con uniforme y una carretilla. Igual nos estaba tomando el pelo y fuimos unos flojos, pero es que a mí si me regañan en inglés o alemán, me intimidan más.
  • Otra advertencia turística: parece ser que en Dublín no hay gays. Sí que hay una zona en la que ondean unas descomunales banderas arcoiris, hay muchos restaurantes modernos y locales con la banderita, y bares de copas claramente gays. Pero no es el barrio gay. Porque le preguntamos por esas calles a un viandante (es que las habíamos visto durante un paseo y queríamos cenar allí, pero ahora no las encontrábamos), y nos dijo que lo de la bandera no era posible, porque en Dublín no hay zona gay. Él sabrá, que era de allí, así que la banderaza ésa sería un homenaje al espectro que forma la luz cuando un haz se refracta en el agua, o algo así que nos explicaban de niños, pero yo no atendí ese día.
Temple Bar, la calle más famosa de Dublín
  • Nos vamos por fin a hacer las entrevistas de Los Tudor, que es a lo que hemos venido a Dublín. Entre todos los periodistas formamos un grupo ecléctico compuesto por un orondo inglés, un irascible francés, una pizpireta alemana, una encantadora española, una sosa checa y una que no sé de dónde era porque no hablaba casi. Y nosotros dos. Éramos la única tele, todos los demás eran de prensa escrita, así que dividimos las tareas: ellos tomarían apuntes y nosotros pasaríamos frío en los platós vacíos esperando nuestro turno.
  • En las entrevistas para televisión es habitual parar en algún momento porque haya algún ruido: una máquina, un motor, un móvil… Pero es la primera vez que he tenido que parar una entrevista porque en un taller de costura que confecciona ropa del siglo XVI, alguien enciende un microondas para hacer palomitas de maíz. Y ya sabéis el ruido que hacen cuando estallan, las dichosas cotufillas.
  • Con lo de tener mala suerte, además de lo del hotel y las palomitas, me refiero a que si estás grabando en un interior, no es normal que comiencen a graznar unos patos que yo no veo por ningún sitio, y que parecen estar realizando el ritual de apareamiento entre el macho dominante y la hembra en celo. Pues eso nos pasó.
  • Os pareceré poco riguroso, pero cuando has parado de grabar porque alguien hace palomitas y un ánade grazna con fuerza ciclópea, los ruidos de la calle me empiezan a parecer música celestial. Más me extrañó que nos ofrecieran hacer una entrevista a un actor vestido del siglo XVI junto a un contenedor de basura (pero de estos grandotes que ponen en las obras), Menos mal que el cámara que nos asignaron se hizo nuestro amigo y cómplice y conseguimos buscar un lugar más lógico. Al menos un poquito más.
  • Acabamos tan agotados, que Cris y yo nos saltamos la última visita guiada por los platós de Los Tudor (en los que nosotros ya habíamos grabado y que nos conocíamos de memoria). Pero tal vez no debimos despedirnos del grupo diciéndole con la boca llena de sandwich: “¡Adiós, nosotros pasamos, a ver si os gusta!”. Y Cristina: “¡Robadnos unas velas del decorado!” Era una broma, pero nadie se rió. Seguramente porque les debió de sonar a algo así como: “¡Anda y que os pelen, que nosotros ya lo hemos visto todo y aquí os espero friendo un güevo!”
  • A eso de la una de la madrugada, con unos cuantos vinos encima, terminábamos en el pasillo del hotel un debate trascendental a grito pelado sobre Colate Vallejo Nájera. En esto se abre la puerta de una habitación y sale un hombre con unos preciosos gallumbos como de raso negro. Yo creí que nos iba a pedir silencio, pero miró a un lado y a otro, pensó “no hay moros en la costa”, y permitió que saliera de su habitación una señorita que por su atuendo yo diría que era una pilingui y Cristina diría que era una puta. Al hombre no le debimos de parecer moros en la costa, sino cretinos en el pasillo, porque no le impusimos ningún respeto.
Pese a todo, gracias a Cris, a un realizador que se llama Quique Garrido, a una productora que se llama Ruth Mediodía, a un cámara que se llama Antonio González (que es un tipo y un profesional magnífico, pero desconfiad de él porque el otro día me dijo que a veces lee este blog), a mucha más gente y a las entrevistas realmente buenas que hemos conseguido, muy mal tendría yo que hacer mi trabajo para que este programa especial no salga estupendamente chachi. Además, mañana mismo me marcho a Barcelona a entrevistar a un tipo fantástico que se llama Jacinto Antón, al que le encanta la serie y que sabe de Historia más que todos los que hacemos este blog juntos. De hecho, hoy me he enterado con gran alegría de que le han concedido el Premio Nacional de Periodismo Cultural, así que enhorabuena, maestro (si podéis recuperar sus artículos titulados “Cobardes de la Historia“, pasaréis unos ratos excelentes, edificantes y muy divertidos).
De la tercera temporada de Los Tudor y de la aparición estelar que tuvo en Dublín Jonathan Rhys Meyers (surrealista hasta decir basta), os hablaré cuando se acerque el estreno de la serie. Hoy, una vez más, sólo quería compartir con vosotros los momentos más tontos de mi existencia.


lunes, 28 de septiembre de 2009

Fibrilando café

Llevamos tres domingos viendo en Telecinco, a la hora en la que habitualmente veíamos Camera Café, una especie de sucedáneo llamado Fibrilando. Es como si por la veterana serie hubieran pasado los pintores: en lugar de una oficina amarilla ahora vemos el pasillo de un hospital, pero con el cuarto de baño en el mismo lado, el ascensor al fondo y las plantas a la derecha. El actor que hacía de chófer ahora es el cura, pero se sigue llamando Arturo Cañas y siendo un borde. El director sigue ejerciendo como tal, ahora es el cirujano jefe, y se sigue llamando Gregorio Antúnez (el genial Luis Varela, ¡qué grande!). Y Carolina Cerezuela sigue estando igual de jamona, y aunque lleve bata de médico, la audiencia masculina sigue soñando con zambullirse imaginariamente en su escotamen y nadar en él entre olas de espuma artificial. Bueno, no sé, a lo mejor esto es sólo cosa mía.
¿Qué ha pasado entonces?
Pues que Camera Café necesitaba un lavado de cara. Lleva en Telecinco cuatro años y cerca de nueve mil sketches, y ya no arrastra tanto público como antes. Porque aunque nunca ha dejado de resultar rentable, Camera Café tuvo una temporada gloriosa: en 2006 colocaba sistemáticamente sus cuatro emisiones entre las diez más vistas de la semana. Y prácticamente entre las seis, porque sólo se veía superada por CSI y Aída (todo esto sucedió antes de la caída en picado de Telecinco y la ascensión a los cielos de TVE1). Entonces, Telecinco comenzó a alternar Camera Café con esa joya del humor sutil llamada Escenas de matrimonio, pero que todos llamábamos Matrimoniadas (por suerte, Telecinco decidió hace poco acabar con ellas). Y desde entonces, Camera Café empezó a vivir una especie de esquizofrenia y empezó a emitirse viernes – domingo – lunes; martes – miércoles – jueves; domingo a secas; todos los días si era verano… Ante esta situación, el desgaste del tiempo y la caída de audiencia, la idea era darle a la serie una última oportunidad con su mutación en Fibrilando, en lugar de cargársela.
Fibrilando, que es gerundio.
He visto los primeros capítulos y la idea no parece mala. Porque es verdad que cuando pintas el salón de otro color, te parece nuevo y te hace ilusión unos días. Cuando cambias las canciones de tu Ipod, te hace ilusión oírlo los primeros días. Cuando cambias de novia, te hace ilusión… huy qué burrada iba a decir, empezaba por “f” y no era la “f” de fibrilando.

A mí esto mismo me ha pasado con Fibrilando, pero me da la impresión de que se me puede pasar pronto. Es demasiado parecido, demasiado más de lo mismo. Aunque me reí mucho con un capítulo de un nuevo personaje que sale muy poco, un forense interpretado por Carlos Areces (Muchachada Nui), que es un maníaco que si le cambias algo de lugar enloquece y empieza a cumplir absurdas rutinas como Jack Nicholson en Mejor imposible (sobrevaloradísima película para mi gusto que, por cierto, ayer emitió Antena 3). Carlos Areces es de esos tipos que tienen gracia hasta cuando no hablan.
Me gustaría que Fibrilando funcionara, porque uno de los guionistas es amigo mío. O por lo menos fue muy buen compañero mío, porque hace tiempo que no hablo con Álex Mendíbil. Y también porque me parece un giro inteligente por parte de su director, Luis Guridi. Luis Guridi era la mitad de La cuadrilla, aquella pareja de directores que hizo las decrecientes en calidad Justino un asesino de la tercera edad, Matías juez de línea y Atilano Presiendente. La otra mitad, Santi Aguilar, también fue guionista de Camera Café, pero se retiró del proyecto.
Porque Fibrilando es una idea de Guridi, tengo entendido. Pero Camera Café no es una idea española, ni siquiera Telecinco fue la primera en traerla a España. Camera Café es un producto francés de la cadena M6, y está pululando por medio mundo. A España llegó en 2003, más o menos. La emitían las autonómicas bajo el nombre de Café Express, y los protagonistas eran Óscar Ladoire, Antonio de la Torre y Jorge Roelas. Pero no funcionaba. Principalmente porque adaptaba los guiones franceses, en lugar de crear guiones nuevos partiendo del humor español, como hace Camera Café. Y eso que Café Express lo sonorizaba un genio de las mesas de mezclas, mi amigo Manolo Rodríguez (este sí que es amigo – amigo), pero ni aún así la cosa acababa de cuajar. Eso sí, sonaba de bien…
Hace poco me vi metido en una conversación sobre Café Express (¿y cómo se mete uno en una conversación así, os preguntaréis con razón). Dos personas defendían la apabullante superioridad de la versión de Telemadrid (que duró unos cuantos meses), lo injustamente que la trataron en la parrilla, cómo el público no llegó a entenderla, lo mucho más irreverente que era… Tenían sus razones. Yo intenté abogar por la versión de Telecinco, hasta que me di cuenta de que ni me escuchaban ni querían oír una opinión diferente. Y yo en esos casos me aburro, así que me limité a apostillar “es verdad, qué putada, ay que ver, cosa más injusta”. Veréis lo que vamos a hacer: yo os pongo un capítulo de Café Express, porque muy poca gente se acuerda de esta versión, y juzgáis vosotros mismos.

Camera Café me parece brillante, aunque se haya desgastado. Y creo que una temporadita de Fibrilando puede ser una digna retirada.