viernes, 15 de mayo de 2009

La historia de Eurovisión III: 1990 - 2009

Tras las dos primeras entregas de la historia española de Eurovisión, algunas aportaciones antológicas de ciertos comentaristas, algunos cabreos de otros y unas cuantas apuestas sobre Soraya de varios ludópatas, afrontamos el tercer y último capítulo de esta serie. Porque sólo faltan unas horas para la final de Eurovisión, de la que Soraya, que no sé por qué en una entrevista amenazó con cantar sin ropa interior, ha estado a punto de ser descalificada por una gilipollez de TVE al no televisar la semifinal.
Bueno. Nos falta la peor etapa de España en el Festival: los 90 y los 00 (¿cómo coño se llama esta década en la que estamos?).
1990 - 1995
Empezamos la nueva década dejándole a Europa bien clarito que España es super racial y todo eso. Y hala, enviamos a las Azúcar moreno con Bandido. Más lolailo imposible. Actuaron las primeras, pillaron desprevenida a la orquesta y tuvieron que empezar otra vez porque no las siguió ni el señor de los platillos. Aún así, quedaron las quintas. Y heredando los vicios de la década anterior, la cancioncita llevaba sus castañuelas. 1990 Azúcar moreno -Bandido. Y en 1991 comienza una “etapa intimista” (y aburridísima) que nos fue fatal. Aunque empezó dignamente, con Sergio Dalma cantando Bailar pegados con la voz ronquita y quedando el 4º. Pero a partir de ese momento, España se empeña en que lo mejor es enviar a un tipo soso a cantar una canción sosa con una música sosa y una letra sosa. Y en los 90 repite esta táctica hasta 5 veces. En el año 92, el año de la Olimpiada y de la Expo, TVE envía a Serafín Zubiri. Que ya hay que tener mala hostia para enviar a un ciego a un festival que se llama Euro-visión. Serafín cantó Todo esto es la música, pero si escucháis bien la letra, yo creo que Serafín está cantando “Todo esto es el sexo”, y además no tengo muy claro si activo o pasivo. Serafín acabó en “Mira quién baila”. En TVE son unos hijos de puta: primero le mandan a Euro-visión y luego a un programa en el que se dice la palabra “Mira”. 1992 Serafín Zubiri - Todo esto es la música (o el sexo).
Como Serafín quedó el 14, España cambió de estrategia y envió a una mujer vidente. En 1993 fue Eva Santamaría, que quedó la 11. La canción Hombres era surrealista, una especie de rap o qué sé yo qué rayos era. A los hombres no es que nos pusiera a caer de un burro, es que una vez caídos el burro nos pisaba y nos hacía caca encima. Pero de verdad que lo mejor de la actuación fueron los bailarines. No he visto una cosa más descontrolada, exagerada, desacompasada y arrítmica desde la actuación de Ortega Cano precisamente en “Mira quién baila”. Por favor, echadle un vistazo al vídeo. Yo no paro de descojonarme con la coreografía.
Y en 1994 volvemos al rollo “chico soso con canción romántica”. Alejandro Abad, que había compuesto ya alguna canción de Eurovisión, cantó Ella no es ella con muy poquita voz, y además en el estribillo se hacía un lío, no tenía ni idea de si ella era ella, o quién era ni nada. Y así no hay quien gane, quedó el 18, qué mal. 1994 Alejandro Abad - Ella no es ella, y no sé quíén es. Y acabamos el lustro con la mejor posición de España desde 1979, y que no se ha vuelto a repetir: Anabel Conde, una jovencísima y desconocida cantante, se sube al escenario de Dublín a defender Vuelve conmigo con un virtuosismo vocal acojonante. Qué bien cantó esa noche. Como decía la pasada semana Esmoquin room, es la canción que más votos ha recibido en toda nuestra historia. 2º puesto y olé. 1995 Anabel Conde - Vuelve conmigo.
1996 - 2000
Tras 14 años siendo socialista, España se hace del PP. ¿Afectará esto a Eurovisión? Ni un poquito. Seguimos quedando siempre entre los puestos 6 y 23, con mayor querencia a los cercanos al 20. En 1996 España envía a un primo de los Ketama, Antonio Carbonell, que cantó Ay, qué deseo, que parecía una canción de Ketama. Es que en España tenía mucho éxito Ketama. Ya, vale. Pero en Europa no. Quedamos los 20. 1996 Antonio Carbonell - Ay, qué deseo. ¿Cómo arreglar eso? Muy fácil. ¿Quién tiene en España unos genes de artista total y de éxito en el mundo? Dyango, ¿no? ¿Y quién había ganado hacía poco la OTI? Su hijo Marcos Llunas, ¿no? Pues hala, pa Eurovisión. Quedó 6º, que no es poco. Cantó Sin rencor (vamos, que la canción se llamaba así, no sé si cantó con rencor, sin rencor, con ganas o sin ellas). La letra venía más o menos a decir “Sin rencor, cariño mío, pero yo te dejo y ahí te quedas tú sola, zorra”. 1997 Marcos - Llunas - Sin rencor. En el 98 volvemos a enviar a un compositor de canciones sosas que cuando las canta él es más soso aún. Mikel Herzog con ¿Qué voy a hacer sin ti? Empezamos a tocar fondo, ¿a que de este tipo y de este tema ya ni os acordáis? La letra parece un poema de amor de un adolescente, con frases como “eres la niña de mis ojos, eres la reina de mi corazón”. Pelín tópico, ¿no? 1998 Mikel Herzog - Qué voy a hacer sin ti.
Menos mal que en 1999 enviamos a una mujer mucho más animosa: Lydia (qué, tampoco os suena mucho, ¿eh?), que cantó No quiero escuchar, que es lo que debió de pensar el jurado. Participaron 23 países. Lydia estuvo ahí ahí, peleando con los de la cabeza, que si ganamos, que si no… pero al final no pudo ser y quedó la 23. Y para cerrar la década, en el año 2000 tiramos de estrategia e inteligencia. Como ya se hizo en los 60 con Conchita Bautista y con Raphael, España decide volver a enviar a un cantante que haya tenido un éxito reciente. ¿Cómo se llamaba el ciego ése tan simpático? Serafín Zubiri. ¿Cómo quedó en el 92? El 14. Ah, pues que vaya otra vez. Zubiri repitió con Colgado de un sueño. Yo oigo el estribillo y creo que por las cosas que dice, de lo que está colgado es de un chute de heroína. Esta vez quedó mucho mejor: el 18. Ah no, que no quedó mejor, que quedó peor. Bueno, no importa. 2000 Serafín Zubiri again - Colgado de un sueño y de la droga.
2001 - 2004
(Nota: como de verdad que no sé cómo llamar a la década de los dos miles, voy a llamarlos con cualquier palabra, por ejemplo, “los años patata”)
En la década de los años patata, TVE decide rescatar Eurovisión. Y no empieza mal. En 2001 envía (¡por fin!) una canción festivalera, bailable, pegadiza, cantada por un chico simpático y con buena voz. Vamos mejorando. David Civera quedó el 6 con Dile que la quiero. 2001 David Civera - Dile que la quiero. Pero el bombazo llegó en 2002. TVE se inventa lo de Operación Triunfo, Rosa de España se va a Tallín y el festival bate el récord de audiencia en televisión de todos los tiempos. Rosa defiende Europe’s living a celebration, y Bisbal, Chenoa, Geno y Bustamante bailaron detrás como si estuvieran boxeando. La verdad es que lo hacían fatal, es que lo suyo era cantar leñe. Quedamos los 7, pero se había recuperado el espíritu eurovisivo. Lo que no sé es si esto hacía falta, la verdad.
Misma estrategia en 2003, pero con menos tirón, porque Beth era una catalana que defendía una especie de rumba techno ye yé (con guitarra lerele) que no enganchó mucho. Como también venía de O.T., pues también tuvo mucha audiencia, pero menos. Dime, se llamaba la canción, y quedó la 9. Yo la he bailado muy borracho. 2003 Beth - Dime. En 2004 el que se pierde soy yo, lo siento. No sé qué me pasó ese año, pero no hice no caso a Eurovisión ni  nada. Ya estaba Zapatero, pero no creo que fuera el motivo de mi despiste. Vuelve a ir un ganador de O.T., Ramón, pero os juro que si alguien me dice ahora que el que fue se llamaba Chopito, pues también me lo creo. Seguro que fue muy famoso Ramón, pero la audiencia ya no le respaldó. La canción, Para llenarme de ti, bajó al número 10. Yo la escucho y me parece que este Ramón estaba salido perdido. 2004 Ramón - Para -llenarme de ti salido perdido.
2005 - 2009
Como lo de O.T. empezaba a no cuajar, y encima el programa se muda a Telecinco, pues TVE decide mandar a Eurovisión una canción horrorosa, para que no se diga. Son de sol cantaron Brujería, yo creo que aprovechando el éxito que en España tuvo el Aserejé, porque la canción se me parece un poco. ¿Y qué le pareció a Europa este sucedáneo del Aserejé? Pues no sé cómo deciros, le debió de parecer mal, porque la dejaron la 21. 2005 Son de sol - Brujería pseudo Aserejé. Así que al año siguiente, el directivo de TVE que decide las canciones que van a Eurovisión, dijo: “Claro, es que habéis enviado un sucedáneo del Aserejé y hemos quedado los 21. Si es que sois unos inútiles. Hay que mandar a las Ketchup, las del Aserejé de verdad, que son geniales y que ya veréis que bien nos dejan”. Las Ketchup cantaron Bloody Mary y decían Dutifrí. Quedaron las 21. 2006 Las Ketchup - Bloody mary pseudo Aserejé.
En 2007, ya perdido totalmente el norte, España envía un extraño producto llamado D’Nashs (es el primer intérprete español de Eurovisión cuyo nombre no sé decir). Eran un grupo diseñado especialmente para adolescentes, o para gays, o para elefantas hembra, nunca lo tuve muy claro. Cantaron I love you mi vida. Qué título tan raro, en inglés y español a la vez. Es como si Raphael hubiera cantado Let’s talk del amor, o Massiel La, la, the. D’Nashs tampoco eran la solución. Mejoraron a Las Ketchup, pero poco. Quedaron los 20. 2007 D’Nashs - I love you mi vida.
Y así llegamos al 2008, y al fenómeno del Chiki-chiki. Yo defiendo el Chiki-chiki. Había llegado un momento en el que Eurovisión no interesaba a nadie, España enviaba productos rarísimos, siempre ganaban países del Este y encima se sometió la elección de la canción a votación popular. Y España se lo tomó a cachondeo y votó por el falso producto de El Terrat. Aún así Rodolfo Chikilicuatre obtuvo el mejor puesto en 4 años: el 16.
Y este año, esta noche, nos representa Soraya. La noche es para mí. Cantará con bragas, seguramente. Y es la última en actuar, dicen que eso es bueno. Hace dos años, Tony Aguilar me presentó muy contento a Soraya en una cafetería de Madrid como si yo supiera quién era, porque Tony siempre piensa que yo conozco a todo el mundo, y en ese momento yo no tenía ni idea de quién era Soraya. Pero me pareció muy guapa y la traté como si supiera perfectamente quién era, es más, la traté como si fuera Madonna. Llevaba una gorra muy mona (ella) (Tony también) (yo no), y seguramente también llevaba bragas. Ahora sí que sé quién es, y además le deseo mucha suerte.
Pero ¿os confieso una cosa? Esta noche no voy a ver Eurovisión. ¿A que es para matarme? 

(Títulos de crédito de esta HIstoria de Eurovisión: gracias a todos los que habéis comentado, votado, leído, aportado, gracias sobre todo a Beatriz, a Pepe, siempre a Enrique Catá por ayudarme a tenerla en la cabeza y a Tere por aguantar que la tenga)

miércoles, 13 de mayo de 2009

Los 100 mejores personajes de la historia del cine

Tenía pensado, dentro de un par de dias, escribir un post comparando dos series que coinciden ahora mismo en televisión, porque la una es una versión de la otra: La chica de ayer (Antena 3) y Life on mars (CANAL+). Tenía pensado empezarlo con las dos canciones que les dan título. Pero ayer se me heló una de esas dos canciones en el corazón, donde vive desde 1980, porque ayer moría Antonio Vega, y para mí, como imagino que para muchos de vosotros, esta muerte duele mucho y remueve muchas cosas. No me gustan los minutos de silencio, prefiero escuchar el primer minuto de La chica de ayer, como si volviera a sonar durante esa escasa hora con la que Antonio despachaba sus conciertos en la sala Galileo Galilei, o en escenarios más grandes, arropado por última vez por su primo Nacho.
Pero este blog es de cine, televisión y cachondeo, se supone. Así que habrá que ignorar ese nudo que se me ha puesto no sé muy bien dónde.
          
A finales del pasado año, la revista Empire, la cabecera especializada en cine más prestigiosa del mundo después de Variety y de este blog, hizo una lista con los 100 mejores personajes de la Historia del Cine. “Personajes”, no “actores”. No sé si los eligieron sus lectores, sus redactores o las madres del equipo de limpieza, da igual, porque estas cosas son siempre muy complicadas, y este tipo de ránkings se convierten impepinablemente en listas discutibles y discutidas.
Por ejemplo, para Empire el mejor personaje de la historia es…
¡¡¡Tyler Durden!!!
¿Qué, a que jode no saber, así a bote pronto, quién es el primero?
Bueno, no os deprimáis. Tyler Durden es Brad Pitt en El club de la lucha (bueno, los que la hayan visto sabrán que no sólo es Brad Pitt…). Extraño personaje para empezar.
  • Siguen con Darth Vader y el Joker. Pero el Joker de Heath Ledger, no cualquier joker. Aquí me parece que les ha vencido el sentimentalismo. Lo de Darth Vader en cambio, me parece superbien, porque es de los personajes más famosos del mundo. Aunque yo trabajé con una presentadora que decía Vart Fader. Bueno.
  • Los puestos 4 y 5 tampoco me extrañan: son Han Solo y Hannibal Lecter. Como veis, La guerra de las galaxias toma la delantera. Y Harrison Ford también, porque Indiana Jones es el 6.
Darth Vader, Han Solo, Luke Skywalker y Leia Organa. Los cuatro están en el Top 100.
  • El 7 es algo más alternativo: El Nota, de Jeff Bridges en El gran Lebowski. Yo hubiera metido también en la lista a Jesus, el jugador de bolos que interpretababa John Turturro. Y el 8 es el puto Jack Sparrow, de Piratas del Caribe (perdón, se me escapó un toque de subjetividad). Cierran los 10 primeros puestos Ellen Ripley (Sigourney Weaver en Alien) y Vito Corleone (El Padrino).
Vale, recapitulemos. Hay algo claro: la lista de Empire la ha hecho gente más joven que yo. Y gente con un gusto más comercial que el mío, o menos cinéfilo, o menos gafapasta, o como lo queráis llamar. Quiero decir, en mi lista no aparecerian Tyler Durden, ni el Joker, ni Jack Sparrow. Y Vito Corleone (incluso Michael Corleone) estaría mucho más arriba. “¡No te jode, y si la lista la hubiera hecho Cahiers du cinema, el número uno sería Claire, la chica protagonista de La rodilla de clara de Eric Rohmer!”, diría mi conciencia. Así que nada que objetar, haber hecho la lista yo.
Eso sí, quiero resaltar algunos otros personajes que aparecen en este top 100.
  • James Bond (11). Bien. Como personaje se lo merece, otra cosa es si juzgamos a Roger Moore vs Sean Connery. Pero que aparezca Bond, James Bond me parece guay, super guay.
  • Gollum aparece el 13 y Gandalf 28. A los hobbits de El señor de los anillos no los veo en la lista. Claro, como son tan chiquitillos…
  • Terminator (14). Pues también me parece bien. Arnold Schwarzenegger como gobernador es otra cosa, pero como Terminator me vale.
  • Harry Callahan, o sea, Clint Eastwood en Harry, el sucio y secuelas (yo casi diría que incluso en Gran Torino). Aparece el 23. Ayer mismo llevaba yo puesta mi camiseta de “Alégrame el día” que me regaló mi chica, así que qué voy a decir.
  • El puesto 25 es para Yoda. Star Wars el protagonismo acapara, Luke Skywalker y La Princesa Leia tan solo faltan, pero en los puestos 54 y 89 aparecen. Hablar como Yoda difícil es, Radomir Antic parezco.
  • Rocky Balboa aparece el 34. ¿Veis? Yo igual a Rocky o a Rambo los hubiera colocado antes. Odio a Rambo, pero le conoce todo Dios. Y eso es ser un personaje importante, ¿no?
Rocky Balboa. He visto las 6 partes de la saga, 4 de ellas en contra de mi voluntad.
  • Los protagonistas de Regreso al futuro también andan por el ránking: McFly (Michael J. Fox) es el 39 y el profesor Brown (Christopher Lloyd) el 76. El condensador de Fluzo no sale.
  • Mary Poppins está en el 41. Hummmmm (digo pensativo) ¿valen los personajes de Walt Disney? ¿valen los dibujos, o es que ellos no son “personajes”? ¿Dónde están Bambi, Dumbo, Pinocho, Blancanieves, Fraga Iribarne? Vaya, más adelante veo a Wall-E en el 63, a Jessicca Rabbit en el 88 y a Buzz Lightyear en el 94. Entonces ya sí que no entiendo nada, aunque debo reconcoer que a mí Jessicca Rabbit me ponía obesa la puchinga (como le decía el genial Tip a Rafaela Aparaicio).
  • Amélie aparece la 45. Demasiado arriba quizá, pero estoy de acuerdo: es un gran personaje. A Audrey Tatou la entrevisté hace cuatro años, y cuando acabamos me hizo una foto. En ese momento me pareció encantador, naif, muy de Amélie. Con el tiempo me he dado cuenta de que Audrey quiso inmortalizarme porque en su vida había visto a un tipo como yo, y no hablo del efecto que provoca Hugh Jackman, sino más bien del que provoca un ornitorrinco.
  • Un hueco para la cinefilia clásica: George Bailey (James Stewart en ¡Qué bello es vivir!, 52), Rick Blaine (Humphrey Bogart en Casablanca, 58), Atticus Finch (Gregory Peck en Matar un ruiseñor, 70), Norman Bates (Anthony Perkins en Psicosis, 80), Scarlett O’Hara (Lo que el viento se llevó, 91)… ¿De verdad no creéis que casi todos deberían estar mucho antes? Por ejemplo, Atticus Finch fue votado por los americanos como el personaje más honesto de la historia del cine. Claro que George W. Bush fue votado por los americanos como Presidente dos veces.
  • Frank Drebin (55). ¿Y quién coño es Frank Drebin? Pues Leslie Nielsen en las películas de Agárralo como puedas. ¿Os he dicho alguna vez que he entrevistado a Leslie Nielsen? Comprendo que no me secundéis, pero yo a Frank Drebin le hubiera puesto arriba, arriba, arriba, es que soy fan de sus películas, fijaos en cómo se llama este blog, la frase está sacada de Aterriza como puedas en la que también que sale Leslie Nielsen, mi chica dice que no me pega nada que me guste Leslie Nielsen. Ni a ella que le guste yo, y no le digo nada.
  • En el puesto 74 está E.T. A éste también lo hubiera colocado más arriba.
  • Drácula está en el 97. Hombre, como personaje también lo hubiera puesto antes. Y a Frankenstein, que creo que ni aparece.
  • En el puesto 98 aparece Charles Foster Kane, el de Ciudadano Kane. Por delante de él están personajes que creo que aún no se ha ganado dicho honor, como Juno, Forrest Gump, Jigsaw, Lobezno, Iron Man… No sé. El hecho de que Orson Welles cuele en el ránking a su mejor personaje por los pelos, me anima a crear nuestra propia lista en este blog. ¿Os animáis?
Yo digo:
1º. Charlot, que era un personaje. En Empire han debido confundir a Charlot con Chaplin, porque no aparece en la lista.
2º. McMurphy, que es Jack Nicholson en Alguien voló sobre el nido del cuco. Es que adoro esa película.
3º. Fernando Galindo (“un siervo, un amigo, un esclavo”),o sea, José Luis López Vázquez en Atraco a las tres. Quizá la adore más que Alguien voló sobre el nido del cuco.

De acuerdo, que estos tres sean los personajes más importantes de la historia del cine no me lo creo ni yo, pero se trata de diferenciarse de Empire, ¿no? Pues hala, os toca.

lunes, 11 de mayo de 2009

La Historia de Eurovisión II: 1973 - 1989

Segundo lunes que comenzamos hablando del Festival de Eurovisión (y último, que no cunda el pánico). Esto empieza a parecerse a “los lunes frikis” de mi blog vecino “Mil maneras de matar al DJ”. No importa, es un buen referente al que parecerse, y no creo que mi querido Fermín me acuse de plagio, aunque podría, pero en tal caso me declararía insolvente. Este sábado se celebra Eurovisión, y hace una semana Jaime Morey me quitó las ganas de seguir hablando del festival. Así que retomemos la historia tal y donde la dejamos, a principios de los 70.
1973 - 1975
España empezó el último trienio de Franco enviando a Luxemburgo una de las pocas canciones que han pasado a la Historia de nuestra música más así. Eres tú, de Mocedades. Quedó segunda, algo que sólo hemos conseguido cuatro veces. La canción era bonita, las voces encajaban bien, Amaya se volvía loca al final haciendo filigranas con la voz, allí puesta, tan mona, tan buena, tan obesita. 1973 Mocedades - Eres tú, finale.
Mocedades y Peret. Dos años, dos estilos, dos puestos, un gañán.
Un año después, en 1974, España envió a Peret. Peret interpretó Canta y sé feliz, se conoce que ya intuía que sólo quedaba un año de franquismo. Salió a cantar superlolailo, con su grupo de palmeros, su enorme corbata, su guitarra y unas patillas más grandes que mi tupé de los 90. Enrique Catá, en el programa de radio que compartíamos, solía decir que cuando los espectadores ingleses les vieron salir al escenario, se guardaron mejor las carteras. Peret quedó el 9º por dos frases de su canción. La primera demostraba poca confianza en la victoria: “Si la canción que yo canto no te llena de alegría, por más cosas que te diga, no sirve de ná”. Y en la segunda, despreciaba el propio concepto de Eurovisión: “…decir que estás en Europa no sirve de ná”. 1974 Peret - Canta y sé feliz, frases desafortunadas. Pero a quién se le ocurre, querido Pedro Calaf Pubill… Este año fue mítico: ganó Abba con Waterloo y participó Olivia Newton John por Reino Unido, 4 años antes de Grease y del famoso “Chuguaririguón, chuguaririguón, uh, uh, uh”.

El año en que murió Franco, España mandó a Estocolmo a un esqueje de Mocedades, a ver si también quedaban segundos: Sergio y Estíbaliz. Estuvieron supersosos, con una canción supersosa también: Tú volverás. Estíbaliz siempre cantó mejor que Sergio, y se demuestra en el inicio de la canción, en el que Sergio no aparecía ni por asomo. Luego ya le utilizaban como segunda voz, pero debajo de Estíbaliz. Debajo de Estíbaliz musicalmente hablando, claro. 1975 Sergio y sobre todo Estíbaliz - Tú volverás.
1976 - 1979
España inicia su nueva vida ya sin Franco. Sobran las palabras. Quiero decir que Sobran las palabras es la canción que cantó el “famosísimo” Braulio (a ver quién es el guapo que le pone cara). Quedó el 16º de los 18 que cantaron en La Haya. Braulio no tenía mucha voz y seseaba porque era canario. E igual que Peret, él mismo se encargaba de airear sus defectos, y eso no hay que hacerlo nunca. Decía Braulio: “a nada suena en mi voz (…) a mí me falta el interés…”. Así no hay quien gane, carajo.
Pero en 1977 fue Micky. Micky es un poco pesado y guiñaojos, pero la canción era simpática y pegadiza, y mejoró un montón el resultado de Braulio. Que tampoco era tan difícil: quedó el 9º, pero porque una vez más España iba pregonando sus propios defectos. Micky pedía a gritos: Enséñanme a cantar. “Pues cuando aprendas, vuelves, calvorota”, cuentan que dijo el jurado de Alemania. El mismo resultado, 9º puesto, obtuvo José Vélez, con su fama de gafe y todo, en París. Pero esta vez España inauguró otro defecto en sus canciones que nunca ha funcionado bien: hacerle la pelota al país anfitrión. Como Eurovisión se celebraba en Francia, pues José Vélez se cascaba un estribillo en francés. Vaya, no debería incluir las palabras “cascar” y “francés” en la misma frase. Bailemos un vals, se llamaba el tema.
Otra cosa fue 1979. En 1979 España envió a Betty Missiego con Su canción, que cantaba con unos niños que luego formaron un grupo llamado Caramelos, caramelos que no duraron ni medio asalto en el mercado porque coincidieron con el éxito de Parchís. Betty Missiego quedó la 2ª, pero protagonizó un final de votaciones al estilo del gol de Iniesta al Chelsea, sólo que aquí España sería el Chelsea. Éramos los últimos en votar, y en ese momento estábamos por delante de Israel. La votación fue superlimpia (creo que no podía ser de otra forma porque se votaba unos minutos antes, que si no…) y en el último instante le dimos a Israel no sé cuántos points que la hicieron ganar con una canción preciosa que se llamaba Hallelluja. Pero a pesar de toda esta historia, cuando recuerdo la canción de Betty, lo que visualizo es un número de Martes y Trece a cuatro manos, que por cierto colocaban igual que las de Betty (o sea, que me pasa igual que a ti, Alejandro).
Por edad, estos años de Eurovisión son los que mejor recuerdo. Para mí, Eurovisión son estos cuatro años. Soy mayorzote, ¿eh?
1980 - 1985
La movida de los 80 no se reflejó en Eurovisión. En esos años de locura y creatividad, España envió su repertorio más soso. Fijaos como empezó la década: con una canción de Trigo limpio que se llamaba Quédate esta noche, y que musicalmente era un puto bucle. La música no variaba. El estribillo tampoco. Cuando se callaban, la melodía seguía igual. Cuentan que hoy en día, los de Trigo limpio siguen musitando esa frase entre dientes. 1980 Trigo limpio - Quédate esta noche, puto bucle. Quedaron los 12º. Puesto que empeoró en 1981 el mítico José María (bonito nombre) Bacchelli. Pero este año la cosa fue a peor: encima de que Y sólo tú era una canción bastante caca, la acusaron de plagio de una de Julio Iglesias (pero qué humillante, por Dios), que se llamaba A veces tú, a veces yo. Juzgad vosotros mismos. José María Bachelli - Y sólo tú versus Julio Iglesias - A veces tú a veces yo.
En 1982 España se desmarca del peloteo ése que pretendió José Vélez con Francia y elige otra estrategia: tocarle los cojones a la organización. El Festival se celebra en Reino Unido y era el año de Las Malvinas. ¿Qué envía España para tocarle los güevos a la Thatcher? Un tango. Lucía: “Él”. Quedó la 10ª. Está fenomenal ser la 10ª. Sobre todo porque en 1983 el socialismo de Felipe González se estrena con la mayor debacle nunca vista: Remedios Amaya y ¿Quién maneja mi barca? Salió al escenario descalza, sola, sin un perrillo o un gatico, o algo. Llevaba puesta una manta zamorana al estilo andaluz, creo. La pobre parecía una pobre. 0 puntos y último puesto.
Así que en 1984, volvimos a la táctica más sensata: enviar una canción buena. Para la época que era, a Lady, lady no se le pueden poner muchas pegas. La cantaba Bravo, y la cantante (Amaya Saizar) ya estuvo en Eurovisión recitando aquél estribillo desquiciante de Trigo limpio. Quedaron los terceros. No como Paloma San Basilio en 1985, que retomó el espíritu soso y romántico que nunca triunfa en Eurovisión. Hizo el puesto 14 con La fiesta terminó. Cualquier canción de El hombre de La Mancha hubiera superado la posición. Qué rollo, por Dios. En el vídeo creo que la atropellaba un coche. Normal.
1986 - 1989
No os creáis que en la segunda legislatura del PSOE Felipe metió en vereda a Eurovisión. En 1986, Cadillac inauguró una nueva moda: meter unas castañuelas en la canción, sea cual sea su estilo. Valentino era un tema modernillo, techno, pop, no sé qué coño era… Pero con castañuelas. Hala, los 10º, a mitad de tabla, como casi siempre. Pero no como siempre, porque en el 87 la hija de Alfredo Kraus, Patricia, nos dejó los 19º… La canción se llamaba No estás solo, pero si escucháis el estribillo, yo creo que el jurado se molestó porque Patricia les trataba con poca educación, les decía mucho “oye”, yo me la imagino además dándoles toquecitos impertinentes en el hombro con el dedo. Y más bien, la canción debió llamarse No estás sordo. 1987 Patricia Kraus - No estás solo (o sordo).
Así que en el 88 volvemos a la táctica del peloteo y las castañuelas. Como el Festival era en Dublín, pues el estribillo de La década prodigiosa era en inglés. El título era Made in Spain (la chica que yo quiero) (traducción digna de nuestro cursillo de inglés), y llevaba castañuelas, claro. Quedó la 11ª. A mí me gustaba, de lo puramente horteras que por aquel entonces éramos la canción y yo. Mucho mejor que la de Céline Dion, que ganó el Festival, dónde va a parar. Y para terminar la Década (la de los 80, no la prodigiosa), España le hace una putadita al destino. Envía a Nina con una canción sosa como el pollo seco que se llama Nacida para amar (el título parece una apología de la prostitución). Y queda la 6ª, no gana ni nada. Entonces… ¿con qué cara, por Dios, iba a formar esta mujer en el futuro a los participantes de Eurovisión de O.T.? Pues con la que años después lo hizo: sonriendo con falsedad y con la boca muy grande. No puedo con Nina. Y si ella me conociera, sé que tampoco podría conmigo.

Sólo queda un capítulo de esta historia. Ánimo.

viernes, 8 de mayo de 2009

El método y los metodistas

El otro día estuve leyendo en el periódico una entrevista a Dustin Hoffman, con motivo del estreno este viernes de Nunca es tarde para enamorarse. La periodista que tuvo el honor de charlar con él comenzaba el texto diciendo: “[Dustin Hoffman es] alguien a quien Laurence Olivier, celoso o asombrado, tuvo que recordar que el trabajo de intérprete es actuar, sin necesidad de dejarse la vida en ello”. La periodista se refería a una mítica anécdota que tuvo lugar durante el rodaje de Marathon man. En una de las escenas finales, Dustin Hoffman tenía que aparecer absolutamente agotado. Y ese día se presentó en el plató con un aspecto lamentable. Laurence Olivier le preguntó:
  • ¿Qué te pasa, Dustincillo?
  • Nada, que como hoy tengo la escena en la que estoy agotado, pues no he dormido en toda la noche, y además me he venido desde el hotel corriendo. Así me meto mejor en la piel del personaje.
  • Ah. Y… ¿por qué no lo interpretas?
Son dos maneras de entender el oficio. Dustin Hoffman seguía “el método”. Laurence Olivier era actor. Y a raíz de esta anécdota, recordé algunas cosas que me han contado sobre “el método”.
Dustin Hoffman en "Marathon man". El de espaldas es Laurence Olvier en "Marathon man".
Pero, ¿qué es “el método”? ¿Eh?

Pues el método es un sistema de actuación que inventó el director de teatro
Konstantin Stanislavsky, un señor que desde que nació era ruso. Básicamente, consiste en buscar dentro del actor emociones parecidas a las que tenga que experimentar el personaje. O sea, que si tienes que llorar, pues piensas en la muerte de tu hámster. Si tienes que reír, pues piensas en un chiste que te haya contado tu hámster. Y así con todo. Luego, este método fue ampliado por Lee Strasberg, que fundó el Actor’s Studio. Y al método emocional se le añadieron detalles históricos del personaje, como conocer sus raíces, si lo pasó mal de niño, si sus padres le pegaban, si cada vez que enfermaba venía un médico con bigote y le introducía un enorme supositorio de fresa… Esto por lo visto también ayuda mucho (lo de conocer el pasado del personaje, no lo del supositorio), aunque el actor sólo tenga que entrar en escena un momento y decir: “vaya sol que hace hoy”.
Bueno, como habréis notado yo no creo mucho en el método, pero como no soy actor, pues lo que yo crea o deje de creer no tiene ninguna importancia. Para contradecirme basta citar nombres de ilustres metodistas como Marlon Brando, Montgomery Clift, Robert DeNiro, James Dean, Jane Fonda, Harvey Keitel, Steve McQueen, Marilyn Monroe, Paul Newman, Al Pacino, Jack Nicholson, Joanne Woodward, etc, etc, etc.
Pero para darme la razón, os cuento cuatro anécdotas:
  1. Tengo un amigo que es actor y que ha trabajado con directores de cine y de teatro como Carlos Saura, Álex de la Iglesia, Carles Alfaro, Javier Fesser, Gerardo Vera… Él no cree en el método, pero me cuenta que el 90% de los directores tampoco. Cuando un director (bueno) ve que un actor empieza a preguntarle por sus motivaciones, se echa a temblar.
  2. Woody Allen no se echa a temblar porque no es un buen director, directamente es un genio. Cuando Scarlett Johansson le preguntó en una ocasión “¿Cuál es mi motivación para esta escena?”, Allen le respondió. “Tu sueldo”.
  3. Un día, grabando un programa de televisión, tuve que “dirigir” al director de cine Agustín Díaz Yanes. Simplemente le pedí que apareciera en la cantina mexicana en la que íbamos a entrevistarle como si fuera el camarero, trayendo una margarita (¿o “un” margarita?). Agustín, que tiene una coña tremenda, me contestó: “Vale, yo lo hago, pero, ¿cuál es mi motivación? ¿cómo fue mi infancia?” Luego me estuvo contando el miedo que le dan los actores que le preguntan eso, dándole así la razón a mi amigo anti-método. Me confesó que los directores a veces dan respuestas falsas, sólo para quitarse de encima al actor. O sea, que igual le preguntan “¿Pero de niña conocí a mis padres?” Y Agustín responde “Estoooo… no, te abandonaron”. Agustín me reconoció que escribe muchos personajes sin saber lo que les sucedió en el pasado, es más, sin querer saberlo. Me cae bien a mí, Agustín.
  4. Conozco a un tipo que estuvo presente en el rodaje de una película en la que salía el actor Álex O’Doherty (”Arturo Cañas Cañas” en Cámara Café). O’Doherty tenía que entrar en escena y quitarse el sombrero. Así, sin hablar. Tardaron 40 minutos en rodarla porque el actor no encontraba la motivación para quitarse el sombrero. Pero por qué me quito el sombrero. Algún motivo habrá. Explícame por qué me quito el sombrero. No bastaba que le dijeran: “porque lo dice el director”. Álex O’Doherty sigue el método.
P.D: Permitidme una inmodestia: yo también he tenido el honor de entrevistar a Dustin Hoffman, y es una de las entrevistas de las que más orgulloso me siento de haber hecho, junto con una a Sylvester Stallone, otra a Susan Sarandon y otra a Leslie Nielsen. Por mí, Dustin Hoffman puede seguir el método toda su vida, que yo me quedé encantado de estar un ratito sentado frente a su silla, y verle tan pequeñito a él y sentirme tan pequeñito yo a su lado.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Londres y Los Tudor

No os he contado que justo antes del puente de mayo estuve en Londres, y como sois mis mejores amigos pues os lo voy a contar, porque para vosotros no tengo secretos, tíos.
La cosa es que la cadena en la que trabajo, CANAL+, emite esa serie magnífica que se llama Los Tudor y que básicamente narra la vida de Enrique VIII, de sus seis esposas, de sus cinco divorcios y de cómo dos de sus mujeres perdieron la cabeza por él (literalmente). En noviembre o diciembre se va a estrenar la tercera temporada de la serie, y en mi canal hemos decidido hacer un programa especial. De momento, y para empezar, viajamos a Londres Antonio González, uno de los mejores cámaras y personas que conozco, Cristina Teva, una de las mejores presentadoras y personas que conozco, y yo, uno de los mejores bailarines de cha cha cha que conozco (en todas mis demás facetas conozco a alguien mejor que yo).
El objetivo de este primer viaje es entrevistar a Michael Hirst, el creador, guionista, productor ejecutivo y absoluto gurú de la serie. En realidad le va a entrevistar Cristina Teva, pero nos envían a los dos porque juntos formamos un tándem asombroso en el que ella pone la imagen y yo el cerebro. Bueno, la verdad es que ella es periodista, ha entrevistado a medio Hollywood y no le hace ninguna falta mi puto cerebro, pero si se enteran de esto mis jefes igual me echan.
Los Tudor. A mí siempre me ha parecido una dinastía que tenía nombre de marca de pilas.
Y a partir de este momento, os voy a ofrecer un ingenioso combinado de anécdotas sobre Televisión (TV en rojo), Historia (H en azul aguamarina) y Turismo (T en un precioso verde vivo, qué pasa, así se llaman los colores en Windows). Tres temas en un solo post, no os quejaréis, bribones.

TV
. La entrevista a Michael Hirst nos queda chupi: nos habían ofrecido entre diez y quince minutos, pero Cristina se gana a pulso casi media hora de conversación. Michael Hirst comienza algo estiradillo, pero acaba encantador y locuaz. Entre muchas otras cosas, nos cuenta que va a haber una cuarta temporada de Los Tudor, pero que ahí se acabará el invento. ¿Por qué? Porque no quiere escribir la muerte de su criatura (que no creación), Enrique VIII. ¿No os parece bonito?
TV. Entre la gente que estamos presentes en la entrevista, además de nosotros tres y Michael Hirst, hay una persona de la British Library, dos de Sony Televisión, una maquilladora japonesa, dos empleados del auditorio en el que estamos instalados y un indio cherokee homosexual. Este último tal vez no estaba y me lo he imaginado yo, a veces me pasa. Demasiada gente para tan poco trabajo. En este tipo de encuentros siempre hay gente cuya labor desconoces y que complica las cosas con obesas creces.
T. A la mañana siguiente, el desayuno del hotel me ofrece pan, mantequilla, café, zumo, pan, cereales, mantequilla, pan, café, zumo, café y cereales. Y pan. Me parecen pocas cosas, así que en mi perfecto inglés pido un yogur. El camarero hindú me trae una jarra pequeña y vacía con cara de preguntarse “¿para qué coño querrá este tío una jarra?”. Cristina intenta ayudarme con su perfecto inglés, pero tampoco hay manera. Me quedo la jarra por si acaso y ya no pido más yogures. No estoy preparado para la globalización idiomática.
H. Durante el segundo día, grabamos unas presentaciones para el programa especial (que salen preciosas por la pericia de Antonio). Para ello nos desplazamos hasta los exteriores de Hampton Court Palace (allí vivió Enrique VIII), la Abadía de Westminster (allí le coronaron) y la Torre de Londres (allí encerraba y decapitaba a sus opositores, incluidas sus mujeres). En la Torre dicen que vaga el fantasma de Ana Bolena con su cabeza en la mano, pero nosotros no la vimos. Y en el Palacio vaga el fantasma de su quinta esposa, Catalina Howard, hay un vídeo colgado en Youtube en el que se la ve abrir una puerta, y en muchas páginas web de Historia te lo ponen muy en serio, pero a mí me da mucha risa porque me parece que es una actriz.
TV. Para esta segunda jornada, hemos contratado a dos productores para que nos ayuden a grabar por Londres, y nos dan una paliza bestial: resulta que la City está bloqueada por tres manifestaciones y nos tenemos que mover en metro y tren porque si no perderemos el avión de la noche. ¿Habéis hecho alguna vez cinco transbordos en metro cargando con un equipo entero de televisión? No lo hagáis, es tontería.
TV. Uno de esos productores, para destensar los viajes, sacó tímidamente un tema de conversación super normal: hay un spray que anestesia el pene durante el coito y retarda así la eyaculación. Para su sorpresa, Cristina se marca con total naturalidad un speech sobre erección y excitación, y yo le cuento con tono paternal el famoso método de frotarse el capullo con cocaína para anestesiar el rabo durante las mamadas y así durar más. En realidad lo vi en un episodio de CSI Miami, pero olvidé aclarar este dato, por lo cual el perplejo productor decide abandonar el tema y desde entonces nos mira como con miedo.
H. En el Hampton Court Palace hay una exposición sobre Enrique VIII llamada Hearts and heads. Me hace gracia el título, me parece ingenioso lo de “corazones y cabezas”, el juego de palabras con la decapitomanía del rey. Cristina me dice amablemente que el título tiene la misma gracia que si en España jugamos con el garrote vil en una exposición sobre Franco. ¿Veis? A esas cosas me refiero con lo de mi aptitud para ser el cerebro o  no de misión alguna.
El Hampton Court Palace. Sólo lo vimos por fuera, o sea que ni vimos la exposición de las cabezas ni al fantasma de la otra.
T. Víctima del estrés y harto de comer sandwiches de pepino, Antonio decide organizar un número emocional y al bajar del tren que nos lleva al aeropuerto dice que se ha dejado su mochila en el vagón, con un micrófono de 2.000 euros y otros enseres. Me extraña, porque habíamos organizado una cadena humana prácticamente infalible para descargar todo nuestro equipaje. Cristina corre a pedir ayuda a una señor negro vestido de uniforme y yo llamo rápidamente por teléfono a los productores para que nos den alguna idea. Qué tensión. Tras unos minutos de pánico, descubrimos que la mochila está colgada en la espalda de nuestra bella presentadora. “¿Pero no me habéis visto con ella en la espalda cuando me he girado a hablar con el de seguridad?”. Yo confieso que cuando una mujer se gira no me fijo en su espalda ni en situaciones de pánico. Antonio no confiesa nada, pero tampoco vio la mochila, el muy picarón. Vaya tres patas para un banco.

T
. En el aeropuerto nos exigen una cantidad de dinero extra porque facturamos todo el equipo de televisión. La señorita que nos atiende se sorprende de que compremos unos billetes de bajo coste y luego paguemos por facturar tanto bulto. Antonio se mueve con tantas maletas que creo que acabamos facturando hasta un llavero. Nos comemos otro sandwich de pepino y por fin volamos a Madrid, siguiendo las indicaciones de un azafato que hablaba como Ricardo Bofill pero que se llamaba Javier, es que en Easy Jet todos los azafatos te dicen sus nombres por si luego quieres insultarles personalmente.

T. Por suerte, uno de estos estresantes días cenamos en el Soho, en un restaurante oriental llamado Yauatcha. Tomad nota: si vais a Londres es una buena opción.