miércoles, 11 de marzo de 2009

21 días (el programa de Cuatro)

Emite la cadena Cuatro un programa mensual que se llama 21 días. Es una serie de reportajes de investigación, en los que una periodista, siempre la misma periodista (Samanta Villar, a algunos les sonará de España directo, a mí no) se mete de lleno durante 3 semanas en un tipo de vida diferente a la suya. Me he explicado fatal y puede parecer que Samanta experimenta en primera persona dentro de, por ejemplo, una ameba. No. Lo que hace es vivir en su piel la realidad de personas que viven situaciones duras e incluso trágicas. Por ejemplo, en enero se emitió “21 días entre cartones”, en los que Samanta se convertía en la becaria de un homeless (este término de “becaria de”, que me encanta por lo preciso, se lo he robado a mi amigo Raúl Rubio). El pasado viernes se emitió la segunda entrega, “21 días sin comer”, en el que Sammy (de repente la voy a llamar así) ingresa en un centro de recuperación de anoréxicos y bulímicos y se está 21 días trastornando a propósito su alimentación.
Samanta Villar. Es muy mona pero dice mucho “joder”
El programa me gusta. Está bien hecho, bien documentado, Sammy mezcla bien la faceta de investigación con la necesidad de caer bien a la audiencia, pero sin pasarse. Creo que acabas descubriendo muchas cosas de, por el momento, la dureza de los que viven en la calle y de las personas que sufren un desarreglo psico-nutricional (toma vocablo). Pero como esto es un blog y lo que mola es criticar, pues me voy a detener más en las tres pegas fundamentales que le veo a 21 días.

1. Para empezar el formato no es original, lo que tampoco es una gran pega, porque en la tele está todo inventado excepto el programa perfecto. Cuatro no oculta este dato (aunque tampoco lo airea): en su página web simplemente habla de “un excepcional y revolucionario formato nunca realizado hasta ahora en nuestro país. Porque el formato es una idea de Morgan Spurlock, que en EE.UU. va ya por su tercera temporada y que se llama 30 days (huy, casi casi se les podría acusar de plagio, Cuatro se salva por 9 días). Morgan Spurlock transformó uno de estos episodios en un magnífico documental para cine llamado Supersize me, que estuvo nominado al Oscar. Lo habréis visto, o habréis oído hablar de él, es ése en el que Morgan se alimentaba durante un mes exclusivamente de menús McDonald’s, lo cual casi le acaba llevando al otro barrio. El documental era más divertido que didáctico, porque la conclusión anti comida basura a la que te intenta conducir es loable, pero ponte tú un mes a desayunar, comer y cenar fabada Litoral, a ver qué pasa. Y a mí contra la fabadita que no intente alinearme nadie. En su programa de TV Morgan Spurlock se ha pasado 30 días en una mina, alcoholizado, conviviendo con homosexuales (ignoro si en el término más amplio de la palabra “convivir”), en una reserva india, en silla de ruedas, enganchado a las drogas… todo esto en distintos programas, claro, no a la vez. Mola este Morgan.
2. Veo en la versión de Sammy que el experimento en sí no es lo más fuerte del programa. Me refiero a que muchas veces con lo que me quedo es con los testimonios de las verdaderas anoréxicas, con las explicaciones de los médicos, con los rostros de las hospitalizadas. Quiero con esto decir que a Samanta se le olvida que ella debería ser la más importante, y que a menudo el programa se convierte en un (buen) documental sobre la pobreza o la bulimia, pero no en la simbiosis de una persona normal con la dureza de estas tragedias. Tal vez sea que los resultados del “experimento” no dan para un reportaje interesante de una hora y media. Pero debería ser así. Para mí el espacio pega un bajón cuando Saman (ahora de repente la voy a llamar Saman) se queda sola y habla con su cámara. Es cuando menos me creo la historia.
3. Y en el fondo, el concepto del programa me crea un dilema moral: no sé si me parece bien que Saman se meta de lleno en estos “tipos de vida” sabedora de que luego va a salir. No digo que sepa que va salir bien parada, ni que no sea duro hacer este periodismo, pues claro que lo es. Pero vamos, que Saman no se va a quedar viviendo en la calle porque al mes siguiente tiene que ponerse a adelgazar, ni se va a quedar en una clínica para anoréxicas porque el mes que viene tiene que ponerse a fumar porros (en serio: es el tercer episodio). No sé cómo llevaría yo que Saman se pusiera a experimentar mis desgracias y a preguntarme por ellas y que de repente me dijera: “bueno, gracias, que ya me voy, ya te quedas tú ahí con tus cosicas”. A mí me sentaría muy mal y a lo mejor querría pegar a Saman.
Yo estoy planteándome hacer mi propia versión de 21 días. Para que no me acusen de plagio, lo llamaría 20 días y uno de propina, y tendría 10 episodios:
  1. 21 días drogándome, como Morgan y Saman. Más que nada por experimentar cosas nuevas, creo que nunca lo he hecho 21 días seguidos.
  2. 21 días follando, o sea, siendo super-prostituto, me da igual de hombres o de mujeres. Este capítulo me saldría mal, porque a mí no me contratarían 21 días seguidos ni en sueños. De hecho, dudo mucho que me contrataran uno. Creo que al final acabaría reeditando el programa y se llamaría 21 días pasando frío.
  3. 21 días haciendo deporte. Bueno, este capítulo no me lo creo ni yo. Lo haría un doble mío.
  4. 21 días viendo Matrimoniadas. Como veis, en mi programa arriesgo la vida de verdad, no como Saman y Morgan.
  5. 21 días siendo bien educado. Yo creo que lo puedo conseguir sin problema, porque soy un tipo muy educado, pero la audiencia se quedaría perpleja y cambiaría de canal.
  6. 21 días escuchando la COPE y viendo Intereconomía. No descarto que tras la experiencia, el día 22 acabe manteniendo sexo con una gallina.
  7. 21 días leyendo El País y escuchando la SER. Más que nada para compensar. Esto es casi peor, porque os aseguro que ya lo he probado y mirad cómo me quedé. Es broma: yo también leo el ABC y El Mundo, me lo impuse hace tiempo como ejercicio democrático. Por lo de la COPE ya no paso.
  8. 21 días bebiendo vodka. Bueno, lo complicado para mí sería estar 21 días sin beberlo.
  9. 21 días muerto. Éste sería el último episodio, por si acaso no existe la vida eterna y me sale mal el experimento.

Se admiten ideas para nuevos episodios, las televisiones compran las series en packs de 13 ó 26.

lunes, 9 de marzo de 2009

“Gran Torino” y “A ciegas”

Hoy os voy a hablar de dos películas que echan en el cine, porque hace mucho que no me dedico a esto, que es a lo que en un principio se supone que me tenía que dedicar. Una de ellas se estrenó el viernes, o sea que ya la podéis ver si queréis. Y la otra llegará a los cines este viernes 13, anda mira, viernes 13 otra vez, como el mes pasado, fíjate, pues que viva Jason.
GRAN TORINO es la que ya está estrenada. Es la última película de Clint Eastwood, la última como director (de momento) y la última como actor (forever and ever). A mí con Clint Eastwood me pasa como con Woody Allen, que me encantaría que las obras maestras de muchos directores se acercaran mínimamente a las películas “menores” de estos dos genios. Que encima tienen más de 70 años (Clint tiene 78) y siguen haciendo una película al año, o a veces dos. Qué bestias. Sólo admiro más la fertilidad de Andrés Segovia, que tuvo un hijo con 77 años (con 77 años Andrés Segovia, no el hijo). Bueno, pues enlazando con lo de hace un rato, a mí Gran Torino me parecería una película menor de Clint Eastwood. No me engancha como Mystic river, Sin perdónMillion dollar baby o El intercambio. Incluso diría que me parece más floja que las dos de los japonese y americanos con la foto de la bandera y todo eso. Porque en Gran Torino veo a un Clint Eastwood tan cabreado, poniendo caras tan de malote, odiando tanto a los negros, coreanos y chinorris, que luego no me creo su progresiva mutación en tipo amable (no os estoy desvelando nada: esto lo veis en el minuto 15 y lo presentís en el segundo 50). Incluso me sucede que me espero un final inesperado. Quiero decir, no sabía lo que iba a pasar al final, no soy tan listo, pero sí imaginaba que en algún momento Clint iba a dar un vuelco sorpresa, el que fuera. Además, me parece que ha cogido retalillos de sus personajes de Sin Perdón, Million dollar y hasta Harry el sucio, con lo cual tampoco me ha enganchado por el factor originalidad. No, esta vez no me ha enamorado Clint Eastwood. Pero le sigue pasando lo de siempre, que no sabe hacer películas aburridas o directamente malas, porque ojo: Gran Torino no es ninguna de esas dos cosas. Además, si algo se ha ganado este señor a lo largo de su carrera es que el público le dé oportunidades, así que a ver si la veis, discrepáis conmigo, y debatimos.
Las espectaculares frases promocionales de Gran Torino
Aunque me llama la atención un detalle muy significativo: cuando una película es buena, la distribuidora la anuncia en los periódicos con frases sacadas de grandes medios, en plan: EL PAÍS: Obra maestra”, “ABC: Sublime, una pincelada de buen gusto”, FOTOGRAMAS: “Impactante, megachuli”. El cartel de Gran Torino ha tenido que recurrir a frases del diario Qué, de CAMBIO 16 (que yo no estaba muy seguro de que siguiera existiendo) y de Cinemanía“, que no está mal, pero que viene firmada por José Ignacio Cuenca, un corresponsal que vive en Los Angeles y al que conocí en México y me emborraché con él dos veces, pero que debo reconocer que no es una firma del calibre de Boyero, Ocaña o Heredero. Quiero decir, que si una película necesitara algún día recurrir a un elogio mío en este blog para promocionarse, es que mal vamos. Y que conste que estoy menospreciando mi firma, no a Menstyle, que por cierto, ha elaborado un magnífico reportaje sobre Clint Eastwood.

A CIEGAS
es la otra película que os decía, la que se estrena el viernes que viene (13), pero que ya he podido ver porque me invitaron al preeestreno, gracias como siempre a Cristina Iglesias, que les dice a las personas que me inviten porque yo soy un tío importante y las personas van y la creen. A ciegas es la adaptación de Fernando Meirelles del libro Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. ¿Es posible, pardiez, no parir una obra maestra con tan bellos mimbres? Pues sí, lo es. Porque la película es correcta, agobiante, estéticamente fermosa… pero le falta ángel por todas partes. Se hace larga, y no lo es. Acelera en cosas que quieres ver tranquilo y se detiene en detalles que ya has entendid de sobra. No sé, yo creo que en el cartel van a tener que poner una frase promocional sacada de La Farola. Además, no consiguen emocionarme ni Julianne Moore, ni Gael García Bernal ni por supuesto Mark Ruffalo, por el cual, y para mi sorpresa, nos preguntó en la puerta del cine una anciana, que estaba muy interesada en saber si venía o no. No vino. El que sí que vino fue Gael, al que ya puestos entrevisté para CANAL+.
Mi ya mítico cogote charlando con Gael
Pero no sólo Gael acudió al estreno. Por la alfombra roja que grapó al suelo un señor enfadadísimo porque se la pisábamos mi amigo Eduardo y yo, pasó gente curiosísima, como Enrique del Pozo y su Transexual (que al principio yo pensé que igual era Ana Anguita que se había puesto así de grandota, yo es que el rollo corazón como que lo tengo muy abandonado, ¡con lo que yo he sido!), Fran Murcia, Trinidad Jiménez, Gaspar Llamazares (¿?) y uno de Locomía. También fue gente normal, no os creáis, como Ruth Gabriel, Juan Diego Botto o Luis Piedrahita, pero es que a mí me encanta resaltar primero a los friquis.
El tío ése de Locomía. "¿Pero quién invitará a estos tipejos a los estrenos?", me pregunto yo mientras le miro, y seguramente se pregunta él mientras me mira.
Por cierto, me comentó Gael que se le iba a hacer muy raro ver la película en versión doblada (extrañamente, así fue este preestreno, cuando asisten actores y directores, las películas se suelen mostrar en V.O.). A mí también se me hizo raro, nunca veo películas dobladas, aunque tampoco soy un fundamentalista de la V.O. (sólo cuando soy yo el espectador). Pero es que el doblaje al que asistimos dinamita su personaje y el de Mark Ruffalo. No sé cómo está Gael en esta película: me faltó escucharle. Así que como para ponernos ahora a doblar la películas al catalán… en fin, hay cosas en las que parece que vamos hacia atrás.

Y poco más os cuento. Que mi chica, que suele venirse a estos saraos, se puso a hacerle fotos a Gael García Bernal como si fuera una gruppie loca desatada y qinceañera. Y debo aclarar que no es quinceañera.

viernes, 6 de marzo de 2009

3 frustraciones, 3 quejas, 3 gilipolleces

Hoy me vais a permitir que utilice este blog como el diván de un psiquiatra, y a vosotros como psiquiatras. Porque tengo que manifestar tres frustraciones: una relacionada con el cine, otra con la televisión y otra con la telefonía, tres de las pantallas que rigen nuestros designios vitales (esto tan inteligente de las pantallas se lo he copiado al maestro Juan Cueto). Las dos primeras quejas me duelen especialmente porque se refieren a Majadahonda. Majadahonda es un pueblo de Madrid en el que no he nacido, pero en el que he vivido casi 20 años y al que sigo yendo todas las semanas.
FRUSTRACIÓN 1: JAVIER FESSER, CENSURADO
Nos guste o no, Camino, de Javier Fesser, es la película española del año. No lo digo yo, que también, sino la Academia de cine: mejor película, director, actriz, actor de reparto, actriz revelación… Eso es así. También fueron la película del año La vida secreta de las palabras y ¡Ay, Carmela!, son hechos objetivos que pasan a la historia de nuestro cine.
"Jesús te ama, niña, pero la Casa de la Cultura de Majadahonda no mucho".
Pues bien, la Casa de la Cultura de Majadahonda pensaba proyectar Camino el 20 de marzo. El cine, por si alguien no lo sabe, es una cosa a la que si quieres vas y si no quieres, pues no. Si la película no te apetece, no vas y no la ves. Y los que sí quieren verla, pues van y la ven. Esto parece una gilipollez, pero no sé si lo es tanto. Porque unos vecinos de Majadahona se han quejado al Ayuntamiento (PP) por la proyección de Camino seguramente porque habrán oído que no pone demasiado bien al Opus (y digo que “habrán oído” porque estoy seguro, pero seguro seguro, de que no la han visto) y la concejala de Cultura, Ana María Fernández Mallo, ha anulado dicha proyección. Y digo yo, ¿¿¿pero por qué??? Camino no ensalza el terrorismo, no incita a violar niños, no anima a asesinar al prójimo. No es anticonstitucional. O sea, que se está censurando su proyección por razones ideológicas o religiosas. Y ya estamos con lo de siempre: como yo no quiero casarme con un gay, pues que no se case nadie. Como yo no quiero abortar, pues que no aborte nadie. Como yo no quiero ver Camino, pues que no la pongan en mi pueblo. Perdonadme que me ponga tan serio, pero es que no puedo con este concepto de libertad coercitiva. Y por cierto, sientan un peligroso precedente, porque si ahora varios vecinos escribimos a la Casa de la Cultura para que no emitan Sangre de mayo porque nos aburre Garci… ¿se nos tiene que hacer caso? (Respuesta correcta: No)

FRUSTRACIÓN 2: EL ALCALDE TELEADICTO
Mi segunda frustración con Majadahonda es más absurda y arbitraria. Majadahonda ha tenido alcaldes ilustres, como Ricardo Romero de Tejada, “el hombre de las fotocopias”, o Guillermo Ortega,  uno de los implicados en el caso Gürtel. Pero eso no importa ahora, de verdad. Lo que voy a decir a continuación no tiene nada que ver con la política, ni con el PP, ni con el PSOE, ni nada, porque en todos los partidos cuecen habas. El caso es que leo que durante su mandato, Guillermo Ortega empleó 30.000 euros de las arcas municipales en que una productora le entrevistara periódicamente en dos teles locales. Supongo que eso no está bien, y que es un detalle super corrupto, no lo sé. Lo que a mí me soprende es que Guillermo Ortega quisiera salir tanto en la tele. Porque, queridos amigos, si yo tuviera el careto de Guillermo Ortega no querría que me sacaran ni en la foto del DNI.
Guillermo Ortega se gusta.
FRUSTRACIÓN 3: LA TELEFONÍA Y SUS COSAS

Esta última frustración os la cuento ya en plan amigos. Resulta que he tenido una serie de averías en mi teléfono fijo que, misteriosamente, me arreglan siempre “a distancia”, es decir, sin que un técnico venga a mi casa. Como esta reiteración me resulta extraña y, sobre todo, como era fin de semana y tenía más tiempo, me animé a llamar a mi compañía para pedirle explicaciones. Mi compañía es Telefónica.
Marco el 1004 (atención personal). Lo primero de todo, una máquina me pregunta si conozco el SISI PC con TFT (que va a ser que no) y que mi ADSL va a 3 Mb. Genial. Después de estos trascendentales datos, me pasan con una señorita que, tras escucharme, me dice que estoy en el 1002 (averías),  y que tenía que haber llamado al 1004 (atención personal). Respondo que yo he llamado al 1004, y que le he dicho a la máquina que quería “explicaciones por reiteración en averías”, y entonces la señorita me regaña por haberle dicho a la máquina la palabra “avería”, porque entonces me pasa con el 1002, hombre. Para mí que no se cree que he llamado al 1004, pero por si acaso me regaña más, cuelgo y vuelvo a marcar el 1004. Esta vez (después de lo del SISI PC y el ADSL) no le digo a la máquina la palabra “avería” sino cualquier otra, no sé si “patata”, pero cuela y me pasa con una COMERCIAL. Le cuento mi historia y me dice que para esas dudas tengo que llamar al 1002, averías. Vaya por Dios. La informo de que allí mismo me han remitido al 1004, y entonces me dice que entonces no puede darme una solución, que lo siente, pero que… ¡no cuelgue! que me van a preguntar si estoy satisfecho con la atención recibida. Me parece un gesto tan absurdo y suicida que espero. De nuevo una máquina (por supuesto) me pregunta si me he quedado contento, y entonces marco el 2 (= NO). La máquina me responde: “en ese caso espere, le pasamos con un COMERCIAL. Cuelgo y desisto. Es fin de semana y tengo tiempo, pero no tanto.

¿No os pasan a vosotros cosas así? En cualquier caso, gracias por escucharme.

jueves, 26 de febrero de 2009

Quieto todo el mundo

A ver: ¿tú qué estabas haciendo el 23-F?
Yo, por ejemplo, el 23 de febrero de 1981 por la tarde estaba estudiándome el “quattrocento” y el “cincuecento” con un ojo tapado para corregirme la bizquera (que con el tiempo se me corrigió demasiado y ahora tengo un ojo que a veces se me choca con la oreja). Y me acuerdo perfectamente de esa noche, de la mañana siguiente, de no ir al colegio, de no hacer el puto examen del “quattrocento” y el “cincuecento”, y de poco más, porque aunque todos estos recuerdos me ubican en la actualidad más cerca de los 40 que de los 30, tampoco era yo por aquel entonces un individuo de una madurez y análisis político ejemplar. También debo confesar que no hacen falta estas cosas para colocarme más cerca de los 40 que de los 30. De hecho, estoy más cerca de los 40 que de la pantalla de mi ordenador, ahora mismo.
O sea, que no recuerdo aquellos días con la precisión necesaria como para juzgar con un rigor histórico asombroso las dos miniseries que han emitido recientemente Antena 3 y TVE. Y tal vez por eso no he entendido algunas cosas. 
La familia real de Lluís Homar. Vistos así, a mí me dan mucha risa
  • No entiendo cómo es posible que ambas cadenas estrenaran sus productos la misma semana sin que ésta fuera la del 23-F. Es más: el 10 de febrero coincidieron el segundo capítulo de A3 con el primero de TVE1. ¿Es que estamos tontos? ¿Por qué no se esperaron alguna de las dos al 23-F? ¿Por qué no se esperó la una si sabía que estrenaba la otra? ¿Eh? ¿Eh? Hay cosas que no me explico, como que los de Muchachada Nui estiren tanto sus gags que al final se les rompen.
  • No entiendo por qué Antena 3 coge un tema tan delicado como el golpe de estado y lo intenta mezclar con una historia de amor. Es como si decides hacer una película sobre el asesinato de Kennedy y como telón de fondo te montas una historia de celos entre dos lesbianas de Luxemburgo. O como si haces una película sobre la miseria en la India y la mezclas con un concurso de televisión. Ah, que esto último ya se ha hecho.
  • No entiendo por qué empecé a ver la serie de Antena 3 y al rato dejé de verla y me puse un DVD. Bueno, es mentira, sí que lo entiendo.
  • No entiendo por qué TVE llamó a su miniserie “El día más difícil del Rey”. La debería haber llamado “El día difícil del Rey”, el único, a secas, sin el “más”. A no ser que los guionistas tuvieran también en mente el día del “¿Por qué no te callas?”, que es posible.
  • No entiendo por qué Lluís Homar, que es un actorazo, no consigue que piense en el Rey, sino en José Coronado de mayor. Me falta la voz del Rey. Hubiera preferido que lo hiciera Manel Fuentes y dijera eso de “Me llena de orgullo y satisfacción”.
  • Tampoco entiendo por qué me dio tanta risa una escena en la que la hermana del Rey (bueno, la actriz) le dice: “No te abandonaremos: estamos juntos en esto, como siempre ha sido… Juanito”. Me da risa que llamen al Rey “Juanito”, sobre todo en un momento tan tenso, como si fuera un futbolista o un niño tontico.
  • Eso sí, constato en mis tertulias multiculturales que la serie de TVE ha gustado a las personas mayores. Y el motivo es que sienten que se les han explicado algunas cosas de aquella noche que se quedaron en el tintero (que digo yo que pobres, porque en realidad aquí nadie sabe lo que pasó entre el Rey, Armada, Milans y Sabino Fernández, ni creo que nos enteremos nunca, y mucho menos creo que lo sepan ahora mismo los guionistas de TVE). Pero la verdad, me alegra comprobar que hay gente mayor (con “gente mayor” me refiero a “gente mayor que yo”) que contradiga el concepto de audiencia entrada en años que tiene José Luis Moreno.
  • Y tampoco entiendo las rachas de suerte de las televisiones. Durante años, Tele 5 estrenaba una castaña y era líder de audiencia. Antena 3 estrenaba una castaña parecida y naufragaba. Ahora, la chiripa la tiene TVE: El día más difícil de Rey hizo un 35%. La de Antena 3, en cambio, un 13% (entre otras cosas, porque esa sí que era una castaña). Pero es que Águila roja empezó con un 26%, y Pelotas con un 17% (que no está mal, teniendo en cuenta que luchaba contra CSI). La 1 está que no se lo cree.

Insisto: ¿qué estabas haciendo tú el 23-F?

miércoles, 25 de febrero de 2009

El día del espectador (prestadas apostillas a los Oscar)

Hoy voy a hacer una cosa horrible, que está fatal y que no debería hacer más veces: echarle el morro de no escribir el post del día y cederle la palabra a un espectador, o lector, o blogaudiencer, o como diablos se diga.
La cosa es que yo pensaba zanjar hoy el tema de los Oscar con un último post conclusivo y superinteligente, de verdad, iba a ser una reflexión impresionante. Pero de pronto, leo los comentarios que habéis dejado a mi noche de los Oscar y veo uno del tamaño de mi post, y que más que un comentario a mi post parece un post a mi comentario. Y a lo mejor tenéis la costumbre de leeros todos los comentarios, pero a lo mejor no, y me daba rabia que no leyerais éste. Esto ya se me había pasado por la cabeza algunas veces (lo de utilizaros para sustituírme), pero hasta ahora no lo había hecho. Quiero con esto decir: que lo pienso hacer alguna vez más. A no ser que me denunciéis por piratería. Lo mismo podrían hacer CANAL+ y plus.es, que retransmitieron la gala y que me han prestado las fotos que ilustran este post, como no podía ser de otra forma. Pero en realidad lo hago para hacer marca del canal en el que trabajo.
Hugh Jackman, el mejor presentador de los últimos años (el primero de Jon Stewart también estuvo muy bien)
En fin, el caso es que Julián dixit:

“En eventos como los Oscar, cada uno siempre guarda en su memoria pequeños detalles que aparentemente son absurdos pero que guardan un significado muy profundo en la historia del cine. Éstos son los míos:
1. La forma de aplaudir de Jennifer Aniston. Ella no utiliza las palmas, sino que golpea sus muñecas, de forma muy delicada. Es verdad que mientras aplaudia a unos nominados que no le interesaban nada, hacía como que su mirada mirara a cualquier lugar menos enfrente, que era donde estaban Brad Pitt y Angelina Jolie.
2. El salto de Tigger de Danny Boyle. Suficientemente ridiculo es que prometas a tus hijos pequeños que si ganas el Oscar saltaras como Tigger, pero si encima tus hijos estan sobrepasando la adolescencia, ya es muy falso. Pero claro, reflejo es de la impostura de Slumdog.
3. El padre de Kate Winslet se baja el ala de su sombrero. Es muy significativo el hecho de que la Winslet hiciera su primera mención a Penelope en su discurso. Están compinchadas obviamente. Penélope vino a los Goya en una maratoniana semana, la noche anterior terminó el rodaje de Nine en Roma, e inmediatamente despues de los Goya pilló un avion a Los Angeles para acudir al almuerzo de nominados con un Goya en su regazo, pero también con un DVD de la ceremonia de los Goya. ¿Por qué? Pues para llevárselo a su amiga Kate y que viera lo emotivo que queda el momento en que el ganador de un premio (el director de El truco del manco en los Goya) salude a su padre, que está en el gallinero. En este caso, la Winslet opto por un padre modelo bizarro, que estoy seguro que no era su padre ni nada
El extraño padre de Kate Winslet con Kate Winslet
4. Los planos que pincharon de los caretos de Brad Pitt y Angelina mientras hablaba Jennifer Anniston sobre el escenario. Vale, es la ex ultrajada de Pitt y llamó cutre a Angelina, pero por si no nos acordábamos, esos planos nos lo recuerdan.

5. La mano de Robin Wright Penn sobre la pierna de Sean Penn. Significa “¡este hombre es mío otra vez!”, lo cual es una idea muy poco progresista del matrimonio, pese al discurso de Penn a favor del matrimonio homosexual y la elegancia de Obama. Me parece que en casa la orientación es otra.
6. La familia de Heath Ledger sobre el escenario recogiendo un Oscar. A los que hemos pasado situaciones familiares similares nos resulta harto extraño que la familia se vista de gala, se maquille como puertas y vaya a una gala de fiesta y celebración y sentarse en unas butacas todas esas horas para ver si su hijo muerto gana un Oscar. Hombre, ya se veía que iba a ganar, pero ¿y si no lo gana? ¿cómo se quedan con sus vestidos en la butaca? Es raro, hasta Angelina lo cree, que se pudo a llorar no por Heath, sino pensando que si ella la palmara probablemente su padre tambien acudiria a recoger su Oscar. Aunque esto solo lo escribo porque creo que la familia de Ledger no lee los comentarios de este blog. (Aquí hace un inciso el bloguista: Julián, pese a todo he ascendido tu comentario a la categoría de post porque me consta que la famlilia de Ledger tampoco lee el blog, a no ser que uno de ellos utilice un seudónimo y sea “Alejandro”. Pero no lo creo).
La apenada familia Ledger
7. Angels Barcelò quiere que los vascos salgan del armario. Bueno, en Berlin ya se estreno la primera peli gay en Euskera, así que es el momento, sobre todo con las elecciones de algun politico vasco salga del armario. Lo insinuo hablando de Mi nombre es Harvey Mikel en vez de Harvey Milk.

8. Adrien Brody saca los pies del tiesto. Y no por su nuevo look, ni por su castillo, ni por la Pataky, sino porque si te toca hablar de uno de los nominados y no te acuerdas de que era el padre muerto de A dos metros bajo tierra ni nada, no dices que has tenido que mirar en Google quién es.
9. Sofia Loren tiene que poner un brazo en jarras para sostenerse. Ya me lo habia dicho una amiga mía que estuvo en su casa en Suiza, Sofia no podia moverse, solo tenia una posicion para sostenerse, que era la que tenía en la ceremonia. En esa postura, claro no podia mirar a Meryl Streep mientras hablaba, y se quedó leyendo el prompter hasta que leyó ¡15 nominaciones! y miro a Meryl como diciendo ¿he leído bien? Meryl ladeó suavemente la cabeza como diciendo “Sí, ya ves, pero he perdido 13 veces”.
10. La sonrisa de Jennifer Aniston de oreja a oreja cuando gano Kate Winslet. ¿Está compinchada con la Winslet como Penélope? ¿O simplemente es que no quería que ganara Angelina?
11. La cara de Sarah Jessica Parker ¿Es por lo que le apretaba el cinturón, porque ha vuelto con Mathew Broderick después de que éste le pusiera los cuernos, o porque se ha estirado para la segunda peli de Sexo en Nueva York?
12. Los puños en alto de Sam Mendes. Bueno, en principo parece lo normal estar contento de que tu mujer se lleve un Oscar, pero es un gesto demasiado “a lo Tom Cruise en el sillón”, que para mí es más reflejo de un pensamiento tipo “por fin, ahora Kate, olvidemos el Oscar y pensemos en nosotros y en nuestros pequeños”, aunque quizas es que todavía piensa en su ultima pelicula, Revoluciobnary Road y es que Kate todavía esta en la piel de su personaje, y piensa que con el Oscar ya vuelve a ser Kate.”
Julián

Bueno, pues esto era lo que quería que leyerais. Gracias Julián por tu involuntaria colaboración. Y gracias a todos por perdonarme este día tan vago, en el que me veía incapaz de superar este comentario (bueno, casi todos los días me siento capaz de superar los comentarios). Mañana ya cuelgo un post nuevo y graciosísimo, que esto de explotar a los comentaristas está bien como enriquecimiento del blog, pero no como sustitutivo del trabajo que debe hacer uno mismo.