martes, 27 de diciembre de 2011

Gérard Depardieu, feliz en tu día, fum fum fum

Normalmente, durante estas semanas, todas las felicitaciones que escuchamos van referidas a estas fechas tan señaladas, a que es Nochebuena, a que es Navidad, a que es San Arquelao o a que es San Alfredo. Pero hay gente, pizpireta e independiente, que también cumple años durante estas fechas, y no me refiero a Cristo nuestro señor amén. Y a esa gente también hay que felicitarla, y cantarle el “Cumpleaños feliz” en lugar del “Campanas de Belén”. Y hoy habría que felicitar a Gérard Depardieu, porque el enorme actor francés cumple años, concretamente 63. Y en este blog lo hacemos sin ningún problema, porque en este blog no se nos caen los anillos, entre otras cosas porque no tenemos, ni que fuéramos Frodo. Pero sí nos gustaría matizar nuestra felicitación: en estos 63 años, felicitamos a Depardieu por unas cosas, pero no le felicitamos por otras.
Gérard Xavier Marcel Depardieu.
Por nacer en Châteauroux (Francia) el 27 de Diciembre de 1948: le felicitamos, claro. Aquí cada uno nace donde le sale de la huevada.
Por llamarse Gérard Xavier Marcel: no. Es un nombre pomposo y complicado, parece el nombre del hijo de una infanta. Que no es culpa suya: pues también es verdad.
Por ser pandillero y delincuente juvenil, para intentar salir de la pobreza: pues hombre, por esto podemos compadecerle, pero no felicitarle. Es más, podríamos decirle: eso no se hace, Gérard (Cela n’est pas fait, Gérard).
Por presenciar una violación cuando era delincuente juvenil: pues no le podemos felicitar, porque no hizo nada por evitarlo (esta historia la ha reconocido él). Es el famoso incidente que una revista americana tergiversó para acusarle de partícipe en la violación, un escándalo que le quitó cualquier posibilidad de ganar el Oscar al mejor actor por Cyrano de Bergerac. Tampoco es que podamos felicitar a la revista, ni a este tipo de artimañas.
Por su papel en Cyrano de Bergerac: le estaríamos felicitando cada día de nuestra vida. Qué maravilla.
Cyrano de Bergerac, su mejor papel.
Por rodar Novecento siendo aún joven y no demasiado grueso: le felicitamos. Por mantener desde entonces (y de eso hace ya 35 años) una gran amistad con Robert De Niro: también le felicitamos, pues quiere decir que Xavier Marcel es amigo de sus amigos. Por permitir que su amigo Robert de Niro abandonara hace unos años el método del Actor’s Studio y abrazara el de “voy a poner siempre la misma cara sea esto un drama, una comedia, me dirija Scorsese o una comadreja común”: pues no, por eso no le felicitamos. Por no caer él mismo en esos métodos o vicios: por eso sí le felicitamos. Qué lío, ¿eh?
Por hablar varios idiomas, entre ellos el inglés y un perfecto italiano: pues también le felicitamos. En esta vida hay que halar idiomas.
Por ser el actor mejor pagado de Francia: le felicitamos. Por saber invertir este dinero en negocios fuera del mundo del cine y montar dos restaurantes en la Place Gaillon de París (“La Fontaine Gaillon” y “L’Ecaille de la Fontaine”): le felicitamos fervientemente. Por dar últimamente la impresión de haber devorado todas las existencias del año de los dos restaurantes: por eso no.
Por saber moverse en los años noventa en el cine estadounidense con producciones dignas como “Matrimonio de conveniencia” o “1492: La conquista del Paraíso”: le felicitamos. Muchos actores europeos pierden la cabeza cuando se van a Hollywood y sólo hacen basurillas.
Por hacer de Obélix en no una, sino varias y lamentables películas sobre el cómic de Astérix (pobres Uderzo y Goscinny, con lo contento que debe estar Hergé en la tumba con el Tintín de Spielberg): por eso no le felicitamos.
Por escribir en 2005 un libro de recetas que se llamaba “My cookbook”: le felicitamos. Por dar últimamente la impresión de haber devorado todas las recetas: por eso no. Huy, este chiste ya lo he hecho. Perdón. Es que se acaba el año y me quedan pocos chistes, como le pasó a Arévalo los últimos 25 años.
Por tener dos Premios César al mejor actor por “El último metro” y “Cyrano de Bergerac”, por ser nominado otras 12 veces, por tener un Globo de Oro por “Matrimonio de conveniencia”, una Copa Volpi por “Police”, por ganar en Cannes con “Cyrano”…: le felicitamos.
Por orinar borracho este verano en el pasillo de un avión que estaba despegando porque las azafatas no le dejaban ir al servicio en ese momento: pues no, por eso no le felicitamos. Cela n’est pas fait, Gérard.
Pero por cachondearse de ese absurdo incidente en este video: pues sí le felicitamos. Y por cumplir 63 años, pues también. Porque este hombre es grande, nos dé cal o nos dé arena. Y ojalá podamos seguir felicitando muchos años a Gérard, por unas cosas sí y por otras cosas no.


sábado, 24 de diciembre de 2011

Las 20 películas más espectaculares de 2011

Vamos hoy a repasar las películas más espectaculares de 2011. Ojo: las más espectaculares, no las mejores, ni las que tienen más efectos especiales, ni las más taquilleras, ni las que han costado más dinero… O sea: las espectaculares. Las que han sido un espectáculo por algo. Quiero decir, las que asumen el término “espectacular” en toda su esencia. ¿Lo del Barça es espectacular? Pues sí. ¿El Circo del Sol es espectacular? Pues también. ¿Lo de Urdangarín es espectacular? Por supuesto que sí.
Una vez hecha esta aclaración, vamos a empezar con mi particular y discutible lista del 20 al 1. Sólo voy a contaros por qué me parecen espectaculares, y no de qué iba cada película, pues las doy por sobradamente conocidas. Pero por si hay algún despistado, os las enlazo a la IMDB.
20. ENREDADOS. Me parece espectacular que la sección de animación de Disney, dada casi por muerta ante el empuje y la genialidad de Pixar, se marquen esta versión del cuento de Rapuntzel aparentemente ñoño (Rapuntzel parece una más de las pricesitas Disney), pero formalmente arriesgado, con un guión cachondísimo, un montaje vertiginoso, con gags de edición y con muchos más chistes para adultos que para niños. Genial.
19. SECUESTRADOS. El debut de Miguel Ángel Vivas no pasará a la historia, pero el par de huevos que le echó al rodar este thriller de terror claustrofóbico en solamente 12 planos secuencias es espectacular, amigos.
18. PIRAÑA 3D. La nueva versión del clásico “Piraña” no sería mejor que la versión 3D de “Tiburón” y que la de otros intentos de remozar películas antiguas, si no fuera por su espectacular ejercicio de autocrítica, de reírse de sí misma, de no tomarse en serio el hecho de que unas pirañas asesinas sean más listas que nosotros. Somos serie B pero en 3D. Cachondeémonos de ello.
17. MIDNIGHT IN PARIS. Es absolutamente  espectacular que un tío de 76 años, casi deportado de EE.UU. sólo reconocido en Francia, España y algún país europeo más, y considerado un creador en declive de “obras menores” (algo de lo que yo me he reído desde el primer post de este blog), se marque esta maravillosa comedia emotiva, inteligente, nostálgica y erudita; que se convierte en su película más taquillera y que vuelva al circuito de los premios en EE.UU.
16. EVA. Otra película española cuya peculiaridad radica en poner de acuerdo a crítica y público. Discreta, con los efectos especiales justos y necesarios, con robots que no están hechos en 3D ni motion capture… y con una historia sólida. Y además, es el debut de Kike Maíllo.
15. ANIMAL KINGDOM. Espectacular el mal rollo que te mete en el cuerpo David Michôd, con una mafia cutre, una familia, amenazas, muertes, venganzas… y sin pretensiones ni grandilocuencias. De lo mejor del año.
14. TORRENTE 4. El espectáculo de ser la primera película española en 3D, de ser la más taquillera del año y de volver a llevar al cine a torrentistas y no torrentistas, incluso a gente que no habrá vuelto al cine en 2011. Independientemente de la calidad de la película, Por cierto, estas navidades la ponen en CANAL+-
Torrente 4. El 3D hace que supere a las otras 3.
13. NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS. Vamos con dos españolas más: “No habrá paz…” consiguió de nuevo algo difícil en películas españolas: sin ser una maravilla, puso de acuerdo a los que pagan por ver cine y a los que lo vemos gratis para opinar. Gustó, y José Coronado fue elevado a los altares de la interpretación.
12. VERBO. Otra película espectacular por el mero hecho en sí de ponerle a la cosa un par de cojoncetes. Eduardo Chapero-Jackson, el hombre con el apellido más envidiado por David Broncano y por mí, tiró por un lado impredecible, una especie de moralina para adolescentes con rap y estética alternativa y con animación digital. Un delirio que no secundó nadie, y que nadie esperaba que nadie secundara. Pero oye, él lo hizo.
11. INSIDE JOB. Impresionante que tenga que llegar un documental para explicarnos de un plumazo, o de un estacazo, por qué estamos sumidos en esta puta crisis. Y os aseguro que no es culpa mía, ni tuya, ni nuestra… ni siquiera de ZP. Revelador, indignante y maravilloso.
10. CISNE NEGRO. O cómo una película con todos los mimbres convencionales y pensada por y para el Oscar (que consiguió una fantástica Natalie Portman) puede ser una joyita inquietante, entretenida e inesperada.
9. EL ILUSIONISTA DE JACQUES TATI. Es espectacular que una película de animación se atreva a tomar prestado un guión de Jacques Tati con unos dibujos absolutamente alejados de los cánones de Disney, Dreamworks y Pixar. Claro, que si el autor de esta maravilla es el mismo que el de Bienvenidos a Belleville, la locura se entiende mejor.
8. CARNE DE NEÓN. La última española de la lista, lo juro. El espectáculo que nos da Paco Cabezas consiste en mezclar la estética, temática y ritmos trepidantes de Tarantino y Guy Ritchie con un envoltorio y sentido del humor muy españoles, con ciertos tintes almodovarianos. El resultado es arrollador, aunque el público, tal vez desconcertado con los prejuicios y postjuicios a Mario Casas, no respaldó este castillo de fuegos artificiales.
7. SUPER 8. Spielberg y JJ Abrams untos sólo pueden dar como resultado una película muy espectacular. Y Super 8 lo era, aunque si le quitas la patena nostálgica de las películas ochenteras tipo Goonies, E.T. y otras, la experiencia perdía enteros.
Super 8. No puedo compararla con las demás: no he visto las otras 7.
6. LA SAGA CREPÚSCULO: AMANECER (PARTE I). La penúltima parte de la saga ocupa un lugar tan alto en este ránking porque es realmente espectacular que una serie que ha tenido tantísimo público, tantísima publicidad y tantísimos fans, sea capaz de parir semejante ñorda. Y no estoy hablando precisamente de lo que tiene que parir la protagonista… O sea, que lo espectacular es su falta de espectacularidad.
5. EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS. Merece esta secuela-precuela un puesto en el top-five porque acostumbrados como estamos a que los remakes, precuelas o transformaciones en 3D de clásicos de la ciencia ficción sean tan flojos, da gusto ver una historia con sentido, lógica y que encaje tan bien con lo que planteaba “El planeta de los simios” (la de Schaffner, no la de Tim Burton, por favor).
4. X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN. Podríamos aplicar a esta película parte de las virtudes de la anterior. Hacer una precuela prescindiendo de Hugh Jackman y de Ian McKellen, aunque contemos con Michael Fassbender, e igualar o superar casi todas las otras películas de la saga, merece nuestro aplauso y respeto.
3. ATTACK THE BLOCK. En las antípodas de Super 8, esta película de serie B le da mil vueltas en sentido del humor, sorpresas, ideas y jotadés. No sé lo que significa esto último, pero me lo acaba de decir mi sobrino Alejandro, que me está distrayendo mientras escribo esto. Un lujo para la inteligencia (la película, no mi sobrino).
2. LAS AVENTURAS DE TINTÍN: EL SECRETO DEL UNICORNIO. A mi juicio, el mayor espectáculo cinematográfico del año. El 3D bien utilizado, el espíritu de Tintín presente pero no constante, Indiana Jones poseyendo a Tintín, homenajes a Hergé, puro Spielberg y diversión 100%. Y además, debo decir que fui a verla menos convencido que el Real Madrid saltando al Camp Nou en cuartos de final.
1. THE ARTIST. Y a pesar de todo, le cedo el primer puesto a The artist. Blanco y negro. Muda. En 4:3. Sobre el Hollywood de los años 30. Y con todo ello, la máxima candidata a los Globos y Oscar.

Espectacular.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Un jubilado llamado Steven Spielberg

Ayer cumplía años Steven Spielberg. Pero no una edad normal, no, no por Dios, no una edad cualquiera, no, no una edad habitual, no, no, he dicho que no.
Steven Spielberg cumplió 65 años. Eso quiere decir que, en condiciones normales, debería jubilarse. Pero claro, las cosas no están hoy en día como para que nos jubilemos así, a lo loco. Yo me imagino que a Spielberg no le habrán dejado jubilarse por dos razones:
1. Porque con la crisis que tenemos, es mejor que prolongue esto hasta los 67 por lo menos.
2. Porque tú imagínate la pensión que habría que pasarle a ese hombre.
En cualquier caso, hay que celebrar que Spielberg no se jubile todavía. Y si así fuera, habría firmado un último año laboral espectacular, con “Tintín” y “Caballo de batalla” como broche de oro. Y a un tío que hace eso en su último año en activo, no se le debe permitir la retirada. Yo me imagino de la siguiente manera el encuentro entre Steven Spielberg y el funcionario de la seguridad social de Cincinnati, a cuya oficina habría llegado Steven en su bicicleta y con su gorrita de prejubilado.
Steven Spielberg (a la derecha) con E.T.
- Hola, vengo a que me dé los papeles de lo de jubilarse.
- Muy bien. ¿Tiene usted 65 años?
- Sí señor. Es mi cumpleaños.
- Pues felicidades, pero mariconadas las justas. Los funcionarios no estamos para ir por ahí haciendo felicitaciones, especialmente los de Castilla La Mancha. Siéntese. ¿Nombre de pila?
Steven Allan Spielberg.
(Aquí el funcionario levantaría la cabeza y pronunciaría en alto su improperio de sorpresa preferido, ya sea “¡hostia!”, “¡cáspita!” o “¡lefita!”)
- ¿Steven Spielberg? ¡Su nombre me suena muy ligeramente! ¿No será usted el director de “La lista de Schindler”, “Salvar al soldado Ryan”, “Tiburón”, “E.T.”, “Parque Jurásico” y “Fofita, una foquita la mar de salada”?
- Bueno, de “Fofita” no. ¡Ya me gustaría! Pero de las demás sí.
- Oiga, pues es todo un honor. ¿Y quiere usted jubilarse, me dice?
- Sí, un poco. Es que tengo 65 años, y esta última temporada ha sido muy ajetreada y estoy un poco cansado.
- Bueno, pues vamos a calcularle su jubilación. Veamos… Ah, es usted judío… Debí suponerlo por el apellido acabado en -berg. Todos los apellidos que acaban en -berg son judíos, menos Carlsberg que es una cerveza. ¿Y le cortaron de niño el pellejito? Bueno, da igual. A lo que íbamos: ¿a qué edad empezó usted a trabajar?
- Bueno, cuando era niño hacía películas en 8 mm, y con 13 años me dieron un premio por una peliculilla de guerra, pero trabajar, trabajar… lo que se dice trabajar… Creo que con 16 años hice una peliculilla que sí que llego a exhibirse, pero sólo recaudó un dólar.
- Bueno, pero eso no cuenta. ¿O acaso lo declaró usted a Hacienda? Bueno no importa. Qué feo es usted.
- Oiga…
- Perdone, es que a veces se me escapan juicios de valor. Veamos, leo en su expediente (que acabo de sacar de la Wikipedia) que fue usted boy scout. Pero eso es una mierda, hombre. Bueno, nadie es perfecto. Entonces, ¿cómo primer trabajo remunerado cuál ponernos?
- Pues mire, en 1967 o por ahí entré en los estudios Universal en el departamento de edición. Me pagaban muy poco, pero ya me pagaban. Y era listísimo, no vea usted cómo destacaba. Mire, en 1968 hice un corto que llamé Amblin, que más tarde fue el nombre de mi productora, usted habrá visto el nombre al principio de mis películas, cuando la bici de E.T. sale volando y su silueta se recorta contra la luna. También sale en los títulos de crédito finales…
- Yo no veo títulos de crédito: soy funcionario y los funcionarios somos unos vagos, lo ha dicho Esperanza Aguirre. A ver: aquí pone que es usted director, pero veo en su expediente muchas películas que no son suyas, ¿no?: Poltergeist, Transformers, Los Picapiedra, Men in Black, La Máscara del Zorro… Yo creo que todas esas son de Garci…
- No, de Garci no son. Pero mías tampoco: es que yo además de director  soy productor. Por ejemplo: American Beauty, Gladiator, Náufrago, Shrek, Kung Fu Panda… Esas también son mías. Es que aparte de Amblin tengo una productora que se llama Dreamworks. ¿A que es para mearse?
- Uf, yo no sé si con tantos negocios le voy a poder calcular una pensión normal… Qué barbaridad, qué de movimientos habrá en su cuenta corriente, parece usted Urdangarín. ¿Tiene algún bien que deba incluir también en el cálculo de su fortuna, no sé, algún objeto de valor, algún trofeo, juguetes sexuales caros…?
Steven Spielberg con uno de sus bastantes premios.
- No sé… bueno, tengo tres Oscars, dos por “La lista de Schindler” y uno por “Salvar al soldado Ryan”.
- Hombre, ya tendrá usted más, no sé, por E.T. o por Indiana Jones…
- Qué va, por esas estuve nominado, pero Oscars sólo tengo esos tres.
- Claro, no querrá usted que le dieran un Oscar por la última de Indiana Jones, porque anda que ya le vale. ¿Y me decía usted que ha estado en activo el último año?
- Bueno sí, he hecho la de Tintín y una que se llama “Caballo de batalla” que se estrena en breve. Me la han nominado al Globo de Oro y dicen que la van a nominar al Oscar. ¿A que soy bueno?
- Sí, sí… si yo no digo que no… pero a ver, aquí leo que según la revista Forbes su fortuna supera los tres mil millones de dólares, y que el año pasado ingresó usted 80 millones…
- Bueno, igual sí, millón arriba, millón abajo.
- Hombre, pues yo no sé si le puedo a usted conceder la jubilación…
- Ya me lo temía. Por lo de la pasta, ¿no?
- No señor. Usted gane la pasta que quiera y que pueda. Porque es usted un puto genio. Y los genios no se jubilan. Los genios están obligados a entretenernos a los seres vulgares. Váyase de aquí, Señor Spielberg. Siga haciendo películas. Y siga usted haciéndonos soñar. Y nunca, nunca se jubile.

Y Spielberg salió de la oficina de la seguridad social, cogió su bicicleta y salió volando, y su silueta se recortó contra la luna.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Los 13 blufs de 2011 (y uno de propina)

¿Qué es un bluf en el cine? ¿Una mala película? Pues sí. Pero no sólo eso. Una dirigida por un chimpancé con un director de fotografía ciego y un guionista disléxico seguramente acabe siendo mala (y también seguramente mejor que algunas de las que están en la lista de hoy), pero no es un bluf. Un bluf es algo malo pero que esperábamos que fuera bueno. Si este blog no os gusta, será porque es malo, pero nunca un bluf. Porque no debéis esperar nada de él, jovenzuelos, pues su autor es un poco retrasado mental, ligeramente ciego y claramente disléxico.
Estos son, en mi opinión, los 14 blufs del cine de 2011 (ordenados cronológicamente por fecha de estreno).
1. Dispongo de barcos (Juan Cavestany). Pese a la presencia, apoyo y buen trabajo del gran Antonio de la Torre, este experimento de Juan Cavestany, rodado con una cámara doméstica, sonido ambiente y carencia de producción, intentaba ser una arriesgada propuesta underground, pero se quedaba en un triste e innecesario intento de recuperar y estirar la idea de un divertido corto anterior (“El último golpe”).
2. I’m still here (Casey Affleck). El cacareado y anunciado falso documental sobre la degradación y abandono de un actor de éxito (Joaquin Phoenix), era un artificioso y preparado cúmulo de secuencias en las que había menos verdad que un debate de La Noria. Ni pizca de interés.
Joaquin Phoenix haciendo el tontaco en "I'm still here".
3. Soy el número cuatro (D.J. Caruso). El patético intento de mezclar la fórmula de “Crepúsculo” con los alienígenas y la acción brutal no consiguió movilizar a las hordas de adolescentes con el cebo de un joven marciano guapo. Suscribo la frase del crítico del New York Post: pese a los alienígenas asesinos y las bestias con colmillos, sólo me inquietó de verdad la frase ‘producida por Michael Bay’.
4. Águila roja la película (José Ramón Ayerra). Dice un proverbio coreano que “lo que ha nacido para un medio, ha de permanecer en ese medio2. Bueno, el proverbio me lo acabo de inventar, pero la exitosa serie de TV “Águila roja” nunca debió saltar al cine. El público, sin ir más lejos, tampoco saltó.
5. Escuchando al Juez Garzón (Isabel Coixet). La entrevista de Manuel Rivas a Baltasar Garzón dirigida y fotografiada irritantemente por Isabel Coixet se presentó como un documental para cine cuando en realidad es una entrevista mal grabada para televisión. Si eso es un documental, cualquier programa de Iñaki Gabilondo en CANAL+ lo es. Y mejor.
6. No lo llames amor…llámalo X (Oriol Capel). Que me perdone mi adorado Julián López, pero el esperado debut de Oriol Capel (guionista de “7 vidas”, entre otras genialidades) sobre un equipo que rueda una película porno ambientada en la guerra civil se quedaba muy por debajo de la buena idea inicial. Pese a Julián, Adriana y otros.
7. Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos (Zhang Yimou). Zhang Yimou versionando a los Coen sonaba tan absurdo como si de repente a Garci se le ocurriera la locura de hacer un Sherlock Holmes. El resultado no funcionaba: el primer mundo de los Hermanos Coen no resultaba traducible a una tienda de fideos chinos.
8. Resacón 2 ¡ahora en Tailandia! (Todd Phillips). Como tantas veces sucede, se hace una segunda película para ver si la gente que llenó las salas con la primera vuelve al cine a ver lo que sea. En Tailandia todo vuelve a ser igual que en Las Vegas. Parece un remake, no una secuela. Una decepción.
9. Cars 2 (John Lasseter y Brad Lewis). La demostración de que en Pixar no son infallibles ni perfectos. Cars 2 es más aburrida y larga que la primera parte. Los coches de Cars venden mucho márketing, pero no consiguen ni acercarse a la magia Pixar de Up, Wall-E, Ratatouille, Toy Story
10. Conan 3D (Marcus Nispel). ¿Cómo puede una masa humana de músculos en 3D resultar plana? Pues en Conan sucede. Esa bestia parda llamada Jason Momoa (Juego de tronos) no consigue superar en ningún momento al Conan de Schwarzenegger. Y no estamos hablando de “Ciudadano Kane”…
11. Los tres mosqueteros 3D (Paul W.S. Anderson). Muchos blufs en 3D. Normal: los productores se imaginan las salas llenas de gente con gafotas pagando un euro más y se olvidan de encargar un buen guión. Estos mosqueteros intentan parecerse a los “Piratas del Caribe”, y no sólo porque en la película aparezca Orlando Bloom, pero se olvidan del espíritu del “Uno para todos y todos para uno”.
Un simpático escote luchando dignamente por salvar las planas 3D de "Los tres mosqueteros".
12. Capitán Trueno y el santo grial (Antonio Hernández). La esperadísima, por cacareadísima, versión del cómic creado por Víctor Mora dio tantas vueltas que llegó a las manos de Antonio Hernández muy mareada. El público no fue a verla, los diálogos daban risa, los actores estaban mal dirigidos (aunque precisamente Sergio Peris Mencheta salva la dignidad) y encima, por las barbas del profeta, no todo el mundo cobró lo que estaba mandado…
13. Tentación en Manhattan (Douglas McGrath). Hacer una comedia romántica con Sarah Jessica Parker en medio de un triángulo amoroso, que no se parezca demasiado a “Sexo en Nueva York”, pero intentar desesperadamente que sea el público de la serie el que vaya a ver la película no puede ser bueno. Y si la película no es buena, pues la cosa se pone peor todavía.
14. La saga crepúsculo: Amanecer Parte I (Bill Condon). La penúltima película de la saga, con la boda y el embarazo de la pareja vampiro – humana, es anodina, ñoña, machista y ajenamente vergonzosa. Le ruegas a Dios que el vampiro Cullan éste se hubiera puesto el apellido del director en su pitín antes de zumbarse a la novia. Eso sí, los fans la han convertido en el blockbuster del año. ¿Tal vez porque los fans son anodinos, ñoños…?


martes, 13 de diciembre de 2011

“The artist”: no temáis al cine mudo

Es posible que llevéis unos meses oyendo hablar de “The artist”, una joya francesa, un precioso homenaje a la época del cine mudo y el paso al cine sonoro. Pero también es posible que no, pues yo soy muy consciente de vuestras limitaciones. En cualquier caso, si no os suena este título os va a sonar en breve, porque se estrena el viernes 16 y porque en pocas semanas se ha colocado como máxima favorita para los Oscar. No para todos los premios, sino para el más importante: el de mejor película.
Y quizá la expresión “os va a sonar” no es la más correcta en este caso. Porque “The artist” es muda.
Ya ha comenzado la temporada de premios en EEUU, y se están entregando semana a semana los de las asociaciones de críticos, que son unos señores muy serios que opinan de cine por ciudades. Y así, existen los premios de los críticos de Nueva York, los de Los Angeles, los de Boston y los de Almorox, Toledo. Yo por ejemplo, hablo de cine pero no soy crítico, lo que soy es adorable.
“The artist” ha sido elegida la mejor película por los críticos de Nueva York, Washington y Boston. Para que os hagáis una idea, de momento sólo ha perdido los premios de Los Angeles (“The descendants”) y el National Board of Review (“La invención de Hugo”). Su director, Michel Hazanavicius, ha ganado en Nueva York. Y la revista “Time” la ha considerado “la mejor película del año”. Oiréis hablar mucho más de “The artist” de aquí a los Oscar.
"The artist". Como veis, la foto es en blanco y negro, y muda.
Pero… me conozco yo al público español como si lo hubiera parido, aunque por mi condición masculina resulta difícil verme pariendo a tantísima gente. Y sé que mucha gente, especialmente la más joven, va a evitar ver la película por dos motivos: es muda y es en blanco y negro. Recuerdo que hace unos años (unos 7), dirigiendo un programa precioso que presentaba Juan Zavala, hicimos un experimento con alumnos de 18 años a los que le poníamos en cine una película de Hitchcock en blanco y negro. Entre otras cosas, dijeron que era difícil de seguir porque tenías que irte imaginando los colores. Pero no, amiguitos, no hay que ir haciendo esa bobada. El cine en blanco y negro es nuestro aliado. Una película en blanco y negro no tiene por qué ser antigua (que no pasa nada si lo es pero en fin, vayamos poco a poco). Y una película muda, tampoco. Es más, cualquiera de estas dos características pueden llevarte hasta el Oscar. Os pongo unos ejemplos destinados a entrenar la mente para ver “The artist”.
El argumento de la “La última locura” (1976) nos mostraba a Mel Brooks intentando rodar una película muda con estrellas que se interpretaban a sí mismas, como Paul Newman o Burt Reynolds. La única palabra la pronuncia Marcel Marceau, el mimo que nunca hablaba, que cuando le proponen la idea contesta: “¡No!” Y Mel Brooks también dejó una perla en blanco y negro, El jovencito Frankenstein (1974), con esa pareja mítica formada por Gene Wilder y Marty Feldman. “Ah”, me diréis desafiantes. “Pero la primera es en color y la segunda es hablado, así es más fácil para nosotros, los que odiamos el cine mudo en b/n”.
Pues para vosotros, incrédulos, Pablo Berger acaba de rodar en España una versión de Blancanieves, muda, en blanco y negro y ambientada en el sur de España en los años 20. La madrastra es Maribel Verdú, y también salen Ángela Molina, Macarena Gómez, y Emilio Gavira, uno de mis mejores amigos y que hace de enano, un papel que borda.
Los que no creen en el cine en blanco y negro deberían repasar la filmografía de Woody Allen. Manhattan (1979), Recuerdos (1980), Zelig (1983), Broadway Danny Rose (1984), Sombras y niebla (1991) y Celebrity (1998) no son en color. Y no me digáis que son aburridas o algo así. Igual que los que no creen en el cine mudo creerán si ven algunas películas de Jacques Tati, léase Día de fiesta (1949), Las vacaciones de Monsieur Hulot (1953), Mi tío (1958), Playtime (1967) o Trafic (1971).
Y para ir terminando de convencer a los inconvencibles, van tres ejemplos de buen cine comercial en blanco y negro, películas capaces de llevarse unos cuantos premios pero también de arrastrar al público a los cines: 1) El hombre elefante de David Lynch (1980), con Anthony Hopkins y John Hurt, por Dios, qué bonita y qué pena se pasa en la película, 2) La lista de Schindler, de Steven Spielberg (1993), que se llevó una pila de Oscar y que tampoco era precisamente una comedia; y 3) Ed Wood de Tim Burton (1994), otra película con un par de Oscar, que contaba la vida del mítico “peor director de cine de todos los tiempos”.
Johnny Depp como Ed Wood y Martin Landau (que ganó el Oscar) como Bela Lugosi.
Y para acabar, una más extraña: Ratataplan, una comedia italiana de 1979 de Maurizio Nichetti en la que los personajes no hablan y en la que el protagonista construye un robot a su imagen y semejanza para poder vivir dos vidas.

No deberían hacer falta estos argumentos para ir a ver “The artist”. Pero yo qué sé, yo os lo digo por si acaso.