lunes, 19 de diciembre de 2011

Un jubilado llamado Steven Spielberg

Ayer cumplía años Steven Spielberg. Pero no una edad normal, no, no por Dios, no una edad cualquiera, no, no una edad habitual, no, no, he dicho que no.
Steven Spielberg cumplió 65 años. Eso quiere decir que, en condiciones normales, debería jubilarse. Pero claro, las cosas no están hoy en día como para que nos jubilemos así, a lo loco. Yo me imagino que a Spielberg no le habrán dejado jubilarse por dos razones:
1. Porque con la crisis que tenemos, es mejor que prolongue esto hasta los 67 por lo menos.
2. Porque tú imagínate la pensión que habría que pasarle a ese hombre.
En cualquier caso, hay que celebrar que Spielberg no se jubile todavía. Y si así fuera, habría firmado un último año laboral espectacular, con “Tintín” y “Caballo de batalla” como broche de oro. Y a un tío que hace eso en su último año en activo, no se le debe permitir la retirada. Yo me imagino de la siguiente manera el encuentro entre Steven Spielberg y el funcionario de la seguridad social de Cincinnati, a cuya oficina habría llegado Steven en su bicicleta y con su gorrita de prejubilado.
Steven Spielberg (a la derecha) con E.T.
- Hola, vengo a que me dé los papeles de lo de jubilarse.
- Muy bien. ¿Tiene usted 65 años?
- Sí señor. Es mi cumpleaños.
- Pues felicidades, pero mariconadas las justas. Los funcionarios no estamos para ir por ahí haciendo felicitaciones, especialmente los de Castilla La Mancha. Siéntese. ¿Nombre de pila?
Steven Allan Spielberg.
(Aquí el funcionario levantaría la cabeza y pronunciaría en alto su improperio de sorpresa preferido, ya sea “¡hostia!”, “¡cáspita!” o “¡lefita!”)
- ¿Steven Spielberg? ¡Su nombre me suena muy ligeramente! ¿No será usted el director de “La lista de Schindler”, “Salvar al soldado Ryan”, “Tiburón”, “E.T.”, “Parque Jurásico” y “Fofita, una foquita la mar de salada”?
- Bueno, de “Fofita” no. ¡Ya me gustaría! Pero de las demás sí.
- Oiga, pues es todo un honor. ¿Y quiere usted jubilarse, me dice?
- Sí, un poco. Es que tengo 65 años, y esta última temporada ha sido muy ajetreada y estoy un poco cansado.
- Bueno, pues vamos a calcularle su jubilación. Veamos… Ah, es usted judío… Debí suponerlo por el apellido acabado en -berg. Todos los apellidos que acaban en -berg son judíos, menos Carlsberg que es una cerveza. ¿Y le cortaron de niño el pellejito? Bueno, da igual. A lo que íbamos: ¿a qué edad empezó usted a trabajar?
- Bueno, cuando era niño hacía películas en 8 mm, y con 13 años me dieron un premio por una peliculilla de guerra, pero trabajar, trabajar… lo que se dice trabajar… Creo que con 16 años hice una peliculilla que sí que llego a exhibirse, pero sólo recaudó un dólar.
- Bueno, pero eso no cuenta. ¿O acaso lo declaró usted a Hacienda? Bueno no importa. Qué feo es usted.
- Oiga…
- Perdone, es que a veces se me escapan juicios de valor. Veamos, leo en su expediente (que acabo de sacar de la Wikipedia) que fue usted boy scout. Pero eso es una mierda, hombre. Bueno, nadie es perfecto. Entonces, ¿cómo primer trabajo remunerado cuál ponernos?
- Pues mire, en 1967 o por ahí entré en los estudios Universal en el departamento de edición. Me pagaban muy poco, pero ya me pagaban. Y era listísimo, no vea usted cómo destacaba. Mire, en 1968 hice un corto que llamé Amblin, que más tarde fue el nombre de mi productora, usted habrá visto el nombre al principio de mis películas, cuando la bici de E.T. sale volando y su silueta se recorta contra la luna. También sale en los títulos de crédito finales…
- Yo no veo títulos de crédito: soy funcionario y los funcionarios somos unos vagos, lo ha dicho Esperanza Aguirre. A ver: aquí pone que es usted director, pero veo en su expediente muchas películas que no son suyas, ¿no?: Poltergeist, Transformers, Los Picapiedra, Men in Black, La Máscara del Zorro… Yo creo que todas esas son de Garci…
- No, de Garci no son. Pero mías tampoco: es que yo además de director  soy productor. Por ejemplo: American Beauty, Gladiator, Náufrago, Shrek, Kung Fu Panda… Esas también son mías. Es que aparte de Amblin tengo una productora que se llama Dreamworks. ¿A que es para mearse?
- Uf, yo no sé si con tantos negocios le voy a poder calcular una pensión normal… Qué barbaridad, qué de movimientos habrá en su cuenta corriente, parece usted Urdangarín. ¿Tiene algún bien que deba incluir también en el cálculo de su fortuna, no sé, algún objeto de valor, algún trofeo, juguetes sexuales caros…?
Steven Spielberg con uno de sus bastantes premios.
- No sé… bueno, tengo tres Oscars, dos por “La lista de Schindler” y uno por “Salvar al soldado Ryan”.
- Hombre, ya tendrá usted más, no sé, por E.T. o por Indiana Jones…
- Qué va, por esas estuve nominado, pero Oscars sólo tengo esos tres.
- Claro, no querrá usted que le dieran un Oscar por la última de Indiana Jones, porque anda que ya le vale. ¿Y me decía usted que ha estado en activo el último año?
- Bueno sí, he hecho la de Tintín y una que se llama “Caballo de batalla” que se estrena en breve. Me la han nominado al Globo de Oro y dicen que la van a nominar al Oscar. ¿A que soy bueno?
- Sí, sí… si yo no digo que no… pero a ver, aquí leo que según la revista Forbes su fortuna supera los tres mil millones de dólares, y que el año pasado ingresó usted 80 millones…
- Bueno, igual sí, millón arriba, millón abajo.
- Hombre, pues yo no sé si le puedo a usted conceder la jubilación…
- Ya me lo temía. Por lo de la pasta, ¿no?
- No señor. Usted gane la pasta que quiera y que pueda. Porque es usted un puto genio. Y los genios no se jubilan. Los genios están obligados a entretenernos a los seres vulgares. Váyase de aquí, Señor Spielberg. Siga haciendo películas. Y siga usted haciéndonos soñar. Y nunca, nunca se jubile.

Y Spielberg salió de la oficina de la seguridad social, cogió su bicicleta y salió volando, y su silueta se recortó contra la luna.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Los 13 blufs de 2011 (y uno de propina)

¿Qué es un bluf en el cine? ¿Una mala película? Pues sí. Pero no sólo eso. Una dirigida por un chimpancé con un director de fotografía ciego y un guionista disléxico seguramente acabe siendo mala (y también seguramente mejor que algunas de las que están en la lista de hoy), pero no es un bluf. Un bluf es algo malo pero que esperábamos que fuera bueno. Si este blog no os gusta, será porque es malo, pero nunca un bluf. Porque no debéis esperar nada de él, jovenzuelos, pues su autor es un poco retrasado mental, ligeramente ciego y claramente disléxico.
Estos son, en mi opinión, los 14 blufs del cine de 2011 (ordenados cronológicamente por fecha de estreno).
1. Dispongo de barcos (Juan Cavestany). Pese a la presencia, apoyo y buen trabajo del gran Antonio de la Torre, este experimento de Juan Cavestany, rodado con una cámara doméstica, sonido ambiente y carencia de producción, intentaba ser una arriesgada propuesta underground, pero se quedaba en un triste e innecesario intento de recuperar y estirar la idea de un divertido corto anterior (“El último golpe”).
2. I’m still here (Casey Affleck). El cacareado y anunciado falso documental sobre la degradación y abandono de un actor de éxito (Joaquin Phoenix), era un artificioso y preparado cúmulo de secuencias en las que había menos verdad que un debate de La Noria. Ni pizca de interés.
Joaquin Phoenix haciendo el tontaco en "I'm still here".
3. Soy el número cuatro (D.J. Caruso). El patético intento de mezclar la fórmula de “Crepúsculo” con los alienígenas y la acción brutal no consiguió movilizar a las hordas de adolescentes con el cebo de un joven marciano guapo. Suscribo la frase del crítico del New York Post: pese a los alienígenas asesinos y las bestias con colmillos, sólo me inquietó de verdad la frase ‘producida por Michael Bay’.
4. Águila roja la película (José Ramón Ayerra). Dice un proverbio coreano que “lo que ha nacido para un medio, ha de permanecer en ese medio2. Bueno, el proverbio me lo acabo de inventar, pero la exitosa serie de TV “Águila roja” nunca debió saltar al cine. El público, sin ir más lejos, tampoco saltó.
5. Escuchando al Juez Garzón (Isabel Coixet). La entrevista de Manuel Rivas a Baltasar Garzón dirigida y fotografiada irritantemente por Isabel Coixet se presentó como un documental para cine cuando en realidad es una entrevista mal grabada para televisión. Si eso es un documental, cualquier programa de Iñaki Gabilondo en CANAL+ lo es. Y mejor.
6. No lo llames amor…llámalo X (Oriol Capel). Que me perdone mi adorado Julián López, pero el esperado debut de Oriol Capel (guionista de “7 vidas”, entre otras genialidades) sobre un equipo que rueda una película porno ambientada en la guerra civil se quedaba muy por debajo de la buena idea inicial. Pese a Julián, Adriana y otros.
7. Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos (Zhang Yimou). Zhang Yimou versionando a los Coen sonaba tan absurdo como si de repente a Garci se le ocurriera la locura de hacer un Sherlock Holmes. El resultado no funcionaba: el primer mundo de los Hermanos Coen no resultaba traducible a una tienda de fideos chinos.
8. Resacón 2 ¡ahora en Tailandia! (Todd Phillips). Como tantas veces sucede, se hace una segunda película para ver si la gente que llenó las salas con la primera vuelve al cine a ver lo que sea. En Tailandia todo vuelve a ser igual que en Las Vegas. Parece un remake, no una secuela. Una decepción.
9. Cars 2 (John Lasseter y Brad Lewis). La demostración de que en Pixar no son infallibles ni perfectos. Cars 2 es más aburrida y larga que la primera parte. Los coches de Cars venden mucho márketing, pero no consiguen ni acercarse a la magia Pixar de Up, Wall-E, Ratatouille, Toy Story
10. Conan 3D (Marcus Nispel). ¿Cómo puede una masa humana de músculos en 3D resultar plana? Pues en Conan sucede. Esa bestia parda llamada Jason Momoa (Juego de tronos) no consigue superar en ningún momento al Conan de Schwarzenegger. Y no estamos hablando de “Ciudadano Kane”…
11. Los tres mosqueteros 3D (Paul W.S. Anderson). Muchos blufs en 3D. Normal: los productores se imaginan las salas llenas de gente con gafotas pagando un euro más y se olvidan de encargar un buen guión. Estos mosqueteros intentan parecerse a los “Piratas del Caribe”, y no sólo porque en la película aparezca Orlando Bloom, pero se olvidan del espíritu del “Uno para todos y todos para uno”.
Un simpático escote luchando dignamente por salvar las planas 3D de "Los tres mosqueteros".
12. Capitán Trueno y el santo grial (Antonio Hernández). La esperadísima, por cacareadísima, versión del cómic creado por Víctor Mora dio tantas vueltas que llegó a las manos de Antonio Hernández muy mareada. El público no fue a verla, los diálogos daban risa, los actores estaban mal dirigidos (aunque precisamente Sergio Peris Mencheta salva la dignidad) y encima, por las barbas del profeta, no todo el mundo cobró lo que estaba mandado…
13. Tentación en Manhattan (Douglas McGrath). Hacer una comedia romántica con Sarah Jessica Parker en medio de un triángulo amoroso, que no se parezca demasiado a “Sexo en Nueva York”, pero intentar desesperadamente que sea el público de la serie el que vaya a ver la película no puede ser bueno. Y si la película no es buena, pues la cosa se pone peor todavía.
14. La saga crepúsculo: Amanecer Parte I (Bill Condon). La penúltima película de la saga, con la boda y el embarazo de la pareja vampiro – humana, es anodina, ñoña, machista y ajenamente vergonzosa. Le ruegas a Dios que el vampiro Cullan éste se hubiera puesto el apellido del director en su pitín antes de zumbarse a la novia. Eso sí, los fans la han convertido en el blockbuster del año. ¿Tal vez porque los fans son anodinos, ñoños…?


martes, 13 de diciembre de 2011

“The artist”: no temáis al cine mudo

Es posible que llevéis unos meses oyendo hablar de “The artist”, una joya francesa, un precioso homenaje a la época del cine mudo y el paso al cine sonoro. Pero también es posible que no, pues yo soy muy consciente de vuestras limitaciones. En cualquier caso, si no os suena este título os va a sonar en breve, porque se estrena el viernes 16 y porque en pocas semanas se ha colocado como máxima favorita para los Oscar. No para todos los premios, sino para el más importante: el de mejor película.
Y quizá la expresión “os va a sonar” no es la más correcta en este caso. Porque “The artist” es muda.
Ya ha comenzado la temporada de premios en EEUU, y se están entregando semana a semana los de las asociaciones de críticos, que son unos señores muy serios que opinan de cine por ciudades. Y así, existen los premios de los críticos de Nueva York, los de Los Angeles, los de Boston y los de Almorox, Toledo. Yo por ejemplo, hablo de cine pero no soy crítico, lo que soy es adorable.
“The artist” ha sido elegida la mejor película por los críticos de Nueva York, Washington y Boston. Para que os hagáis una idea, de momento sólo ha perdido los premios de Los Angeles (“The descendants”) y el National Board of Review (“La invención de Hugo”). Su director, Michel Hazanavicius, ha ganado en Nueva York. Y la revista “Time” la ha considerado “la mejor película del año”. Oiréis hablar mucho más de “The artist” de aquí a los Oscar.
"The artist". Como veis, la foto es en blanco y negro, y muda.
Pero… me conozco yo al público español como si lo hubiera parido, aunque por mi condición masculina resulta difícil verme pariendo a tantísima gente. Y sé que mucha gente, especialmente la más joven, va a evitar ver la película por dos motivos: es muda y es en blanco y negro. Recuerdo que hace unos años (unos 7), dirigiendo un programa precioso que presentaba Juan Zavala, hicimos un experimento con alumnos de 18 años a los que le poníamos en cine una película de Hitchcock en blanco y negro. Entre otras cosas, dijeron que era difícil de seguir porque tenías que irte imaginando los colores. Pero no, amiguitos, no hay que ir haciendo esa bobada. El cine en blanco y negro es nuestro aliado. Una película en blanco y negro no tiene por qué ser antigua (que no pasa nada si lo es pero en fin, vayamos poco a poco). Y una película muda, tampoco. Es más, cualquiera de estas dos características pueden llevarte hasta el Oscar. Os pongo unos ejemplos destinados a entrenar la mente para ver “The artist”.
El argumento de la “La última locura” (1976) nos mostraba a Mel Brooks intentando rodar una película muda con estrellas que se interpretaban a sí mismas, como Paul Newman o Burt Reynolds. La única palabra la pronuncia Marcel Marceau, el mimo que nunca hablaba, que cuando le proponen la idea contesta: “¡No!” Y Mel Brooks también dejó una perla en blanco y negro, El jovencito Frankenstein (1974), con esa pareja mítica formada por Gene Wilder y Marty Feldman. “Ah”, me diréis desafiantes. “Pero la primera es en color y la segunda es hablado, así es más fácil para nosotros, los que odiamos el cine mudo en b/n”.
Pues para vosotros, incrédulos, Pablo Berger acaba de rodar en España una versión de Blancanieves, muda, en blanco y negro y ambientada en el sur de España en los años 20. La madrastra es Maribel Verdú, y también salen Ángela Molina, Macarena Gómez, y Emilio Gavira, uno de mis mejores amigos y que hace de enano, un papel que borda.
Los que no creen en el cine en blanco y negro deberían repasar la filmografía de Woody Allen. Manhattan (1979), Recuerdos (1980), Zelig (1983), Broadway Danny Rose (1984), Sombras y niebla (1991) y Celebrity (1998) no son en color. Y no me digáis que son aburridas o algo así. Igual que los que no creen en el cine mudo creerán si ven algunas películas de Jacques Tati, léase Día de fiesta (1949), Las vacaciones de Monsieur Hulot (1953), Mi tío (1958), Playtime (1967) o Trafic (1971).
Y para ir terminando de convencer a los inconvencibles, van tres ejemplos de buen cine comercial en blanco y negro, películas capaces de llevarse unos cuantos premios pero también de arrastrar al público a los cines: 1) El hombre elefante de David Lynch (1980), con Anthony Hopkins y John Hurt, por Dios, qué bonita y qué pena se pasa en la película, 2) La lista de Schindler, de Steven Spielberg (1993), que se llevó una pila de Oscar y que tampoco era precisamente una comedia; y 3) Ed Wood de Tim Burton (1994), otra película con un par de Oscar, que contaba la vida del mítico “peor director de cine de todos los tiempos”.
Johnny Depp como Ed Wood y Martin Landau (que ganó el Oscar) como Bela Lugosi.
Y para acabar, una más extraña: Ratataplan, una comedia italiana de 1979 de Maurizio Nichetti en la que los personajes no hablan y en la que el protagonista construye un robot a su imagen y semejanza para poder vivir dos vidas.

No deberían hacer falta estos argumentos para ir a ver “The artist”. Pero yo qué sé, yo os lo digo por si acaso.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Esos genios llamados Aardman

¿Son los dibujos animados sólo para niños? ¿Somos adultos o somos nenazas? ¿Ensayar es de maricas? No lo sé, pero antes de que me quiten este blog y se lo den por ejemplo a Eddie Murphy, os aviso de que no vamos a hablar en este maduro site de “Arthur Christmas: operación regalo”, la original y nueva película de animación que acaba de llegar a los cines, sino de los padres que la han parido, léase los genios del estudio británico Aardman Animations.
Sólo diremos que “Arthur Christmas: operación regalo” es una de estas deliciosas películas para niños de la que también van a disfrutar los mayores, porque está llena de ternura, de gracia, de chistes y de guiños para adultos (para adultos sexualmente apaciguados, lo digo porque cuando uno dice “cine para adultos” tiene que tener cuidado). La temática: Arthur, el hijo más caótico de Santa Claus, tiene que cumplir una misión que tiene mucho que ver con esa pregunta que de niños nos hacíamos tantas veces: ¿cómo coño hacen Papá Noel y los Reyes para repartir regalos por todo el mundo en una sola noche? La respuesta es sencilla: porque no van a todo el mundo, sino que pasan de África, de India y de los barrios pobres. Pero la película no va por ahí. Y lo importante es que es de Aardman.
Arthur Noel, o Arthur Claus. No tengo claro cómo se apellida el hijo de Santa. 
En Aardman son conocidos por el empleo del  stop motion. El stop motion es la técnica que hizo famoso al gran Ray Harryhausen, y que consiste en filmar fotograma a fotograma el movimiento de objetos estáticos. Por ejemplo: yo cojo un muñeco de un monstruo y le muevo un poquito el brazo. Y filmo. Otro poquito. Y filmo. Otro poquito. Y filmo. Al final lo pones todo seguido y parece que el muñeco se mueve. Conociéndome como me conocéis, ya imagináis que yo jamás animaría el brazo del monstruo, sino su trabuco, pero no es ése el tema del que estamos hablando.
El caso es que Aardman elevó en los 90 el stop motion con plastilina a la categoría de arte. Peter Lord y David Sproxton, que la fundaron en 1972, y Nick Park, que se unió un poco más tarde, tardaron sus añillos en encontrar la fórmula, el dinero y el sello Aardman, pero cuando lo encontraron se convirtieron en una de las factorías de animación más divertidas del panorama cinematográfico, una de las pocas firmas capaces de discutirles el oro a Pixar y la plata a Dreamworks. Aardman, por cierto, es el nombre del primer personaje que crearon, un superhéroe que no era de plastilina. No lo busquéis en emule que el original desapareció en un incendio.
En 1989 consiguieron su primer Oscar con el cortometraje “Creature comforts”, en el que unos animalejos de plastilina contaban a la cámara su vida en un zoo, a modo de documental. Los gestos, las reflexiones y especialmente las reacciones del animal que no hablaba en ese momento, eran una delicia. Buscad este corto, compradlo, descargadlo legalmente o alegalmente, ahora que la Ley Sinde está prohibida. Y cuando Aardman deje de producir porque nadie paga por sus películas, pues ya que se atrevan a regular las leyes, si eso.
En los años 90, Wallace y Gromit, un perrete y su dueño, mucho más tonto que el perrete (que es muy listo, verbigracia) se convierten en sus personajes más famosos. Consiguieron dos Oscar en los años 93 y 95 con los cortos “Los pantalones equivocados” y “Un esquilado apurado”. Antes habían estado nominados por “La gran excursión”, pero perdieron el Oscar contra sí mismos (“Creature comforts”).
Wallace y Gromit. Tres Oscar y dos nominaciones les contemplan.
Y en el siglo XXI comienzan a dedicarse a los largometrajes: “Chicken Run: Evasion en la Granja”, una especie de “La gran evasión” con gallinas, es una obra maestra. No ganó el Oscar porque todavía no existía esta categoría, que inauguró “Shrek” un año más tarde. Pero sí que arrasó en taquilla. En 2005 sí que se llevaron un Oscar con “Wallace y Gromit: la maldición del as verduras” (que podrían ser los únicos personajes de animación que tienen más Oscars que Meryl Streep y Tom Hanks).

En 1996 se aliaron con Dreamworks e hicieron un experimento muy raro que se llamaba “Ratónpollis” y que consistía en dibujar al estilo Dreamworks muñecos que parecían de plastilina al estilo Aardman. El guión no tuvo la brillantez de los de Park y Lord y la película es absolutamente olvidable. “Arthur…” tampoco es de plastilina, pero supera con creces a “Ratónpolis”. Y Aardman estrenará recientemente “Piratas”, que sí que lo es. Y volverán a luchar con Pixar y Dreamworks. Y será todo precioso.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Attack the block (Spielberg de serie B)

Cuando empecé a escuchar cosas de esta película pensé: “ya está, nos van a atacar a mí y a todos los que leéis esto”. Pero luego no, había oído mal y el título decía “Attack the block”, no “the blog”.
Y después de este chiste, uno de los tres peores que recuerdo desde que escribo esta cosa, hablemos de una pequeña película de ciencia ficción hecha sin demasiada ambición pero con mucha coña y originalidad: “Attack the block”.
Planteamiento: se nos presenta una pandilla de adolescentes que aspira a ser en el futuro una de esas bandas peligrosas que atemorizan Londres, y que atracan a chicas solas y hacen cosas de malotes (vosotros no lo hagáis nunca, niños, ni aunque un día lo veáis en el programa de Pablo Motos). Un día ven caer del cielo una especie de minimeteorito, del que sale un bichete feo feo que les muerde un poco. Y el líder de la pandilla, que es como negro, persigue el bichete, lo mata y se lleva su cadáver colgado de la mochila para que todo el mundo vea qué valiente es.
Nudo: del cielo empiezan a caer muchos más meteoritos. Son otros alienígenas, que vienen a buscar, a vengar o a zumbarse (eso ya se verá) al alienígena inicial. Pero estos son distintos: estos son unas bolas de pelo grandes con unos dientes más grandes aún que brillan en la oscuridad, como una virgencita que había en mi casa cuando era pequeño (una figurita de la Virgen, vamos). Y persiguen a la pandilla y a quien se ponga de por medio. Y se lo comen, si hace falta.
Desenlace: no hombre, los desenlaces no se cuentan.
Los chavales de "Attack the block".
El caso es que “Attack the block” está bastante bien, caramba. Por varios motivos.
Está dirigida por Joe Cornish, que merece todos mis respetos por tres motivos: porque dirigió el making of de “Little Britain”, la serie con la que más me he reído en los últimos años, si exceptuamos el capítulo primero de “Homicidios”; porque es uno de los guionistas de “Tintín y el secreto de unicornio”, que a mí me gustó bastante; y porque ha dirigido “Attack the block”. El tercer motivo era obvio.
No busca una estética impactante. De haberlo intentado, correría el riesgo de quedarse en algo cutre. Pero al ubicar toda la historia en los suburbios de Londres, con una pandilla de estética rapera sin pasta, y sin mostrar naves espaciales, ni explosiones, ni hostias, los monstruitos no provocan risa. O sí la provocan, pero dentro de la línea humorística de la película.
Recuerda a las películas de serie B de los 70, con esos monstruos imposibles creados con muy poca cosa. Pero también al cine juvenil de los 80: hay cosas en “Attack the block” de “Los Goonies”, de “Los bicivoladores” y sobre todo de “Los Gremlins” (esa chica deslizándose sigilosamente y pasando desapercibida por detrás de un montón de bolas con dientes). Estas referencias las hemos hecho hace poco al hablar de “Super 8. Quizá no sea casualidad que Cornish haya trabajado con Spielberg en Tintín. “Attack the block” podría ser una versión (sin parecerse un pimiento) de “Super 8” en serie B.
Los dientes del bicho en sí.
El humor no sólo se limita a los ataques alienígenas. Hay dos personajes creados sólo para hacer reír, dos fumetas que mantienen diálogos que podrían haber salido de “Clerks”.
Por cierto, y hablando de “Clerks”: Kevin Smith ganó en Sitges 2011 con “Red state”, imponiéndose, entre otras a “Attack the block”. Pero nuestra película de hoy ganó el Premio Especial del Jurado, el Premio de la Crítica Jose Luis Guarner, el Gran Premio del Público El Periódico de Catalunya y el de la Mejor Banda Sonora Original.
Y si encima ves la película en buena compañía, en un preestreno en el que te regalan unas camisetas cuyos dientes también brillan en la oscuridad (y que mis sobrinos portan con más garbo que yo, pues a mí me sientan mucho mejor las levitas), y sin preocuparte del 3D (se agradece una de ciencia ficción que se preocupe más de la historia que de los efectos), pues uno se ve obligado a recomendarla.
Porque no es la mejor película de la historia.

Pero mola.