domingo, 11 de diciembre de 2011

Esos genios llamados Aardman

¿Son los dibujos animados sólo para niños? ¿Somos adultos o somos nenazas? ¿Ensayar es de maricas? No lo sé, pero antes de que me quiten este blog y se lo den por ejemplo a Eddie Murphy, os aviso de que no vamos a hablar en este maduro site de “Arthur Christmas: operación regalo”, la original y nueva película de animación que acaba de llegar a los cines, sino de los padres que la han parido, léase los genios del estudio británico Aardman Animations.
Sólo diremos que “Arthur Christmas: operación regalo” es una de estas deliciosas películas para niños de la que también van a disfrutar los mayores, porque está llena de ternura, de gracia, de chistes y de guiños para adultos (para adultos sexualmente apaciguados, lo digo porque cuando uno dice “cine para adultos” tiene que tener cuidado). La temática: Arthur, el hijo más caótico de Santa Claus, tiene que cumplir una misión que tiene mucho que ver con esa pregunta que de niños nos hacíamos tantas veces: ¿cómo coño hacen Papá Noel y los Reyes para repartir regalos por todo el mundo en una sola noche? La respuesta es sencilla: porque no van a todo el mundo, sino que pasan de África, de India y de los barrios pobres. Pero la película no va por ahí. Y lo importante es que es de Aardman.
Arthur Noel, o Arthur Claus. No tengo claro cómo se apellida el hijo de Santa. 
En Aardman son conocidos por el empleo del  stop motion. El stop motion es la técnica que hizo famoso al gran Ray Harryhausen, y que consiste en filmar fotograma a fotograma el movimiento de objetos estáticos. Por ejemplo: yo cojo un muñeco de un monstruo y le muevo un poquito el brazo. Y filmo. Otro poquito. Y filmo. Otro poquito. Y filmo. Al final lo pones todo seguido y parece que el muñeco se mueve. Conociéndome como me conocéis, ya imagináis que yo jamás animaría el brazo del monstruo, sino su trabuco, pero no es ése el tema del que estamos hablando.
El caso es que Aardman elevó en los 90 el stop motion con plastilina a la categoría de arte. Peter Lord y David Sproxton, que la fundaron en 1972, y Nick Park, que se unió un poco más tarde, tardaron sus añillos en encontrar la fórmula, el dinero y el sello Aardman, pero cuando lo encontraron se convirtieron en una de las factorías de animación más divertidas del panorama cinematográfico, una de las pocas firmas capaces de discutirles el oro a Pixar y la plata a Dreamworks. Aardman, por cierto, es el nombre del primer personaje que crearon, un superhéroe que no era de plastilina. No lo busquéis en emule que el original desapareció en un incendio.
En 1989 consiguieron su primer Oscar con el cortometraje “Creature comforts”, en el que unos animalejos de plastilina contaban a la cámara su vida en un zoo, a modo de documental. Los gestos, las reflexiones y especialmente las reacciones del animal que no hablaba en ese momento, eran una delicia. Buscad este corto, compradlo, descargadlo legalmente o alegalmente, ahora que la Ley Sinde está prohibida. Y cuando Aardman deje de producir porque nadie paga por sus películas, pues ya que se atrevan a regular las leyes, si eso.
En los años 90, Wallace y Gromit, un perrete y su dueño, mucho más tonto que el perrete (que es muy listo, verbigracia) se convierten en sus personajes más famosos. Consiguieron dos Oscar en los años 93 y 95 con los cortos “Los pantalones equivocados” y “Un esquilado apurado”. Antes habían estado nominados por “La gran excursión”, pero perdieron el Oscar contra sí mismos (“Creature comforts”).
Wallace y Gromit. Tres Oscar y dos nominaciones les contemplan.
Y en el siglo XXI comienzan a dedicarse a los largometrajes: “Chicken Run: Evasion en la Granja”, una especie de “La gran evasión” con gallinas, es una obra maestra. No ganó el Oscar porque todavía no existía esta categoría, que inauguró “Shrek” un año más tarde. Pero sí que arrasó en taquilla. En 2005 sí que se llevaron un Oscar con “Wallace y Gromit: la maldición del as verduras” (que podrían ser los únicos personajes de animación que tienen más Oscars que Meryl Streep y Tom Hanks).

En 1996 se aliaron con Dreamworks e hicieron un experimento muy raro que se llamaba “Ratónpollis” y que consistía en dibujar al estilo Dreamworks muñecos que parecían de plastilina al estilo Aardman. El guión no tuvo la brillantez de los de Park y Lord y la película es absolutamente olvidable. “Arthur…” tampoco es de plastilina, pero supera con creces a “Ratónpolis”. Y Aardman estrenará recientemente “Piratas”, que sí que lo es. Y volverán a luchar con Pixar y Dreamworks. Y será todo precioso.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Attack the block (Spielberg de serie B)

Cuando empecé a escuchar cosas de esta película pensé: “ya está, nos van a atacar a mí y a todos los que leéis esto”. Pero luego no, había oído mal y el título decía “Attack the block”, no “the blog”.
Y después de este chiste, uno de los tres peores que recuerdo desde que escribo esta cosa, hablemos de una pequeña película de ciencia ficción hecha sin demasiada ambición pero con mucha coña y originalidad: “Attack the block”.
Planteamiento: se nos presenta una pandilla de adolescentes que aspira a ser en el futuro una de esas bandas peligrosas que atemorizan Londres, y que atracan a chicas solas y hacen cosas de malotes (vosotros no lo hagáis nunca, niños, ni aunque un día lo veáis en el programa de Pablo Motos). Un día ven caer del cielo una especie de minimeteorito, del que sale un bichete feo feo que les muerde un poco. Y el líder de la pandilla, que es como negro, persigue el bichete, lo mata y se lleva su cadáver colgado de la mochila para que todo el mundo vea qué valiente es.
Nudo: del cielo empiezan a caer muchos más meteoritos. Son otros alienígenas, que vienen a buscar, a vengar o a zumbarse (eso ya se verá) al alienígena inicial. Pero estos son distintos: estos son unas bolas de pelo grandes con unos dientes más grandes aún que brillan en la oscuridad, como una virgencita que había en mi casa cuando era pequeño (una figurita de la Virgen, vamos). Y persiguen a la pandilla y a quien se ponga de por medio. Y se lo comen, si hace falta.
Desenlace: no hombre, los desenlaces no se cuentan.
Los chavales de "Attack the block".
El caso es que “Attack the block” está bastante bien, caramba. Por varios motivos.
Está dirigida por Joe Cornish, que merece todos mis respetos por tres motivos: porque dirigió el making of de “Little Britain”, la serie con la que más me he reído en los últimos años, si exceptuamos el capítulo primero de “Homicidios”; porque es uno de los guionistas de “Tintín y el secreto de unicornio”, que a mí me gustó bastante; y porque ha dirigido “Attack the block”. El tercer motivo era obvio.
No busca una estética impactante. De haberlo intentado, correría el riesgo de quedarse en algo cutre. Pero al ubicar toda la historia en los suburbios de Londres, con una pandilla de estética rapera sin pasta, y sin mostrar naves espaciales, ni explosiones, ni hostias, los monstruitos no provocan risa. O sí la provocan, pero dentro de la línea humorística de la película.
Recuerda a las películas de serie B de los 70, con esos monstruos imposibles creados con muy poca cosa. Pero también al cine juvenil de los 80: hay cosas en “Attack the block” de “Los Goonies”, de “Los bicivoladores” y sobre todo de “Los Gremlins” (esa chica deslizándose sigilosamente y pasando desapercibida por detrás de un montón de bolas con dientes). Estas referencias las hemos hecho hace poco al hablar de “Super 8. Quizá no sea casualidad que Cornish haya trabajado con Spielberg en Tintín. “Attack the block” podría ser una versión (sin parecerse un pimiento) de “Super 8” en serie B.
Los dientes del bicho en sí.
El humor no sólo se limita a los ataques alienígenas. Hay dos personajes creados sólo para hacer reír, dos fumetas que mantienen diálogos que podrían haber salido de “Clerks”.
Por cierto, y hablando de “Clerks”: Kevin Smith ganó en Sitges 2011 con “Red state”, imponiéndose, entre otras a “Attack the block”. Pero nuestra película de hoy ganó el Premio Especial del Jurado, el Premio de la Crítica Jose Luis Guarner, el Gran Premio del Público El Periódico de Catalunya y el de la Mejor Banda Sonora Original.
Y si encima ves la película en buena compañía, en un preestreno en el que te regalan unas camisetas cuyos dientes también brillan en la oscuridad (y que mis sobrinos portan con más garbo que yo, pues a mí me sientan mucho mejor las levitas), y sin preocuparte del 3D (se agradece una de ciencia ficción que se preocupe más de la historia que de los efectos), pues uno se ve obligado a recomendarla.
Porque no es la mejor película de la historia.

Pero mola.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Los dioses de verdad tienen huesos.

Llega a los cines una película alemana para niños pero que no es de animación (qué pocas se hacen ya) y que se llama “Vicky el vikingo y el martillo de Thor”. Es la segunda parte de una película de hace dos años que se llamaba “Vicky el vikingo”, así, a secas, sin martillo de Thor ni leches. No tienen un aspecto demasiado apetecible (confieso que no he ido a verlas), pero tampoco de lo peor que puedas llevar a ver a un niño.

Supongo que sabéis que Vicky es la adaptación de aquella serie de dibujos que llegó a España en 1975 y que fue creada por alemanes y japoneses un año antes. La de “hey, hey, Vicky, hey, Vicky, hey”. Pero no nos vamos a poner a hablar ahora de dibujitos, pues este blog es muy adulto, y quien diga lo contrario va a la seño.
Lo que vamos a hacer hoy es desenmascarar definitivamente a Vicky. No la película, pobrecita mía, que nos parece muy mona y que ojalá haga mucha taquilla, sino a los creadores del personaje. Porque copiaron a Astérix. Pero no en la idea, no en el concepto de los galos trasladados a los países nórdicos. La farsa de Vicky va mucho más allá. Veréis.
Para empezar, “Astérix, el galo”, las historietas de Goscinny y Uderzo, aparecieron por primera vez el 29 de Octubre de 1959 en la revista francesa “Pilote”, de Dargaud. 15 años antes que Vicky. El concepto es parecido: una aldea de guerreros y navegantes en la antigüedad (los vikingos por un lado, los galos en la época de Julio César por el otro). Las dos tribus son invencibles. Y además…
Vicky es un niño, el hijo del jefe. O sea, que no es el que manda en la aldea, pero sí es el líder espiritual. Todo se le ocurre a él.
Astérix es el único guerrero listo de los galos. Es tan bajito como Vicky. Todas las misiones se las encargan a él porque tiene buenas ideas. La única diferencia con Vicky es que cuando se le ocurre algo no se frota la nariz y le salen chiribitas alrededor. A Vicky sí. Yo siempre pensé que este comportamiento de Vicky se debía a que se metía coca (y Astérix poción mágica, que a saber lo que tenía en su composición).
Obélix es un guerrero alto, gordo e invencible, porque se cayó e la marmita de poción cuando era niño. Come como solamente le he visto hacer a mi cuñado Julio.
Faxe también come como una bestia parda, y también es invencible, también. Y alto. Y gordo.
El jefe de los galos es Abraracúrcix. Tiene un gran bigote, es gordo, es l segundo más corpulento de la aldea (más o menos). Y es un poco tontorrón.
Halvar es el jefe de los vikingos. Tiene una gran barba, es gordo, es el segundo más corpulento de la aldea (más o menos). Y es un poco tontorrón. Y el padre de Vicky.
Karabella es la esposa de Abraracúrcix. Tiene mucho carácter y le maneja a su antojo.
Ylva es la esposa de Halvar. Aunque es más dócil, también tiene mucho carácter y maneja a Halvar su antojo.
Panorámix es el druida de la aldea. Tiene una gran barba blanca y está delgado. Es el más sabio, el único que comprende las ideas de Astérix y el creador de la poción mágica.
Urobe es el vikingo más vejete de la aldea. Tiene una gran barba blanca y está delgado. Es el más sabio y el único que comprende las ideas de Vicky. No proporciona fuerza sobrehumana a los vikingos, pero sí que cocina sus medicinillas.
Assurancetúrix es el bardo, poeta y cantante de la aldea, y toca la lira. Él está convencido de que es un gran artista, pero los demás huyen cuando canta.
Ulme. El poeta de los vikingos, y toca la lira. Su arte tampoco es muy apreciado.
Esautomátix y Ordenalfabétix son el herrero y el pescadero. Son amigos, pero se pasan la vida peleándose.
Snorre y Tejure no son pescaderos ni nada, pero también están todo el día discutiendo.

Aún así, los niños de todo el mundo y de varias generaciones aceptamos a Vicky como un compañero original y novedoso, como su fuera la revolución en la TV.
Para que luego digan de Ana Rosa.

lunes, 28 de noviembre de 2011

En qué consiste ser Jurado (decálogo)

El post de hoy es un post didáctico, no de opinión. O sea, que no pretendo contaros lo que me parecen las cosas con mi absolutamente objetivo punto de vista, sino que más bien os voy a explicar en qué consiste una cosa que, debo reconocer, despertaba en mí cierta curiosidad: qué hace un jurado durante un Festival de Cine.
A mí ya me lo habían contado Daniel Sánchez Arévalo, Rosana Pastor y Arturo Ripstein (antes de que arremetiera contra la subnormalidad de los jurados). Pero yo soy muy así y quería comprobarlo en primera persona, así que me puse a rezar un día mientras desayunaba para que alguien me llamara para ser Jurado.
Y entonces pasó lo de La Noria y ganó el PP. Oh no, Señor, no decía esto. Y recé otra vez, pero esta vez sin la boca llena, que no se me entiende nada.
Y ya sí, pues orar es infalible, me llamaron del VI Festival de Cine de Cuenca “Mujeres en dirección”, proponiéndome ser Jurado de la sección de documentales “Valor humano”. Les pregunto si me han elegido por mi condición de mujer o de realizador de documentales, disciplinas ambas en las que presento ciertas carencias. Pues no, es que el premio lo da la prensa, así que compartiré decisiones con Irene Crespo de Cinemanía, Alicia García de EFE, Juan Sardá de El Cultural y Miguel Hoyos de TVE. Todo un honor. Así que estoy en condiciones de explicar lo que puede hacer un Jurado serio. Aunque me tengan de compañero.
1. Ver todas las películas de tu sección, y verlas enteras. Si llegas un par de días tarde al festival (todos somos periodistas en activo y no pudimos estar en Cuenca la semana entera), te hacen un pase exclusivo de la película. Si en algún momento de la proyección te ausentas de la sala, un miembro de la organización te proporciona otra manera de ver la película: un DVD, un visionado personal, sombras chinescas… Y si te quedas traspuesto, un miembro de la organización de despierta y te pone un vaso de leche con galletas.
2. Poner cara de póker en las charlas posteriores a las películas y en los  encuentros en desayunos y tal con los directores a concurso, hasta que el fallo del Jurado (que en este caso no fue un fallo, os lo aseguro) se hace público. Una vez se hace público, felicitas como un fan loco a los ganadores (al menos eso es lo que hice yo).
3. Prepararte para ser tratado por la organización como un miembro de la Familia Real excepto si has estado casado con una Infanta. Te reciben, te facilitan la vida, te agasajan, te escuchan, te atienden, te respetan. Retiro el símil de la Familia Real.
4. Acudir a la “cena de deliberación”. Ah, eso me encantó. Moderada por Laura Olaizola, jefa de prensa, en esa cena se desmenuzan las películas, se analizan, se sacan las cosas buenas y malas… Y se come, se bebe, y sobre todo se ríe. Y de qué manera. Y aunque tus gustos cinematográficos siempre estás más cerca de los de unos miembros del jurado (¿no, Irene?) que de los de otros, debo reconocer que fuimos un Jurado muy bien avenido y que vamos a formar un grupo artístico constituido como “Jurado ambulante” que se ofrece para deliberar en Festivales de cine, certámenes menores, concursos de belleza, bodas y bautizos. A lo mejor también ampliamos nuestras funciones a las de Jurado Popular en casos de corrupción y asesinatos múltiples.
5. Avisar a tu estómago de las costumbres culinarias de la ciudad que te haya elegido como Jurado. En el caso de Cuenca, vas a ser invitado a degustar morteruelo, gachas, cochinillo, sopa castellana, zarajos, codillo… De postre, para digerir todo esto, un buen flan de queso de cabra. ¡Caramba con la Mancha!
6. Asumir que no vas a bajar esa comida: a un miembro del Jurado no se le permite andar. Si sales del hotel, te piden un taxi. Si vas al cine, te piden un taxi. Si sales del auditorio, te piden un taxi. Si pides un taxi, te piden un taxi. Esto se debe a las personas de la organización que te cuidan y te miman con un cariño sincerísimo: Borja, Óscar, Aitor, Emilio, Miriam y Fátima.
7. Conocer y casi acabar considerando de la familia a la persona que dirige el Festival. En este caso, la actriz Marta Belaustegui. Un encanto, una mezcla entre anfitriona de una gran fiesta y una gestora pendiente de todo lo que hay a su alrededor. De las jefas de prensa Laura Olaizola y Julia Sánchez no puedo decir eso de “casi considerar de la familia” porque me parece que hace mucho que son de mi familia…
8. Aprovechar para ver otras películas fuera de tu sección. Me voy de Cuenca habiendo visto 8 títulos dirigidos por mujeres.
9. Saludar y en algunos casos conocer a actores, actrices, cineastas y gente relacionada con el cine. Un placer coincidir en la primera comida con el guionista y director de cine Nacho Pérez de la Paz, volver a encontrarme con Verónica Sánchez o Leticia Dolera, conocer a Paula Ortiz y Luisa Gavasa, encantadoras, hablar con María Galliana y Leire Berrocal, tener un affaire con Angelina Jolie… ah no, esto último no pasó. Qué lío.
10. Ir a la gala de clausura con los que no son de tu familia, los que casi lo son (Edu, Jaime), los que lo son de verdad (Tere, Alicia). Soportar que en el auditorio pongan la calefacción como si estuviéramos en Alaska. Comprobar al salir a las calles de Cuenca que es que realmente estamos en Alaska.
Ah, el documental al que le dimos el premio es “Los dioses de verdad tienen huesos”, de Belén Santos y David Alfaro. El documental es muy recomendable (claro, le dimos el premio): emotivo, solidario, arriesgado, cercano, con humor… Recogieron el premio David, su mujer y productora Marta Moreno y uno de los protagonistas del documental, Santiago Rodríguez. Una vez se supo nuestra decisión, pude comprobar que son encantadores. Qué abrazos y qué emoción, tú.
Los dioses de verdad tienen huesos.

Y luego, el lunes, no querer volver a tu trabajo. En eso consiste ser Jurado.

martes, 22 de noviembre de 2011

“American Horror Story” y el loco de Ryan Murphy

Llevamos ya 2 semanas y 3 capítulos de “American Horror Story”, la serie que en España emite FOX. “American Horror Story” es una serie de terror, de miedo, de susto, de aprensión, de recelo, de inquietud, de ansiedad, de desasosiego, de cague, de alucinaciones, de turbaciones (incluso de algunas mas-turbaciones), de pánico, de pavor, de espanto, de alarma, de sobresalto, de estremecimiento, de horror, de angustia, de agobio, de grima. A lo mejor no da la impresión por el despliegue calificativo que acabo de hacer, pero no me vuelve loco la serie, a mí.
Con las series suelo esperar unos capítulos para emitir juicios de valor (no soy yo de ver series de un tirón, no sé si por falta de tiempo, de ánimo o de costumbre), porque a veces me entusiasmo con el primer capítulo y luego mi opinión decae (Pan Am, Fast forward, Prison break), o al revés, me falla el piloto y luego la serie me encandila (Dexter, Sálvame de luxe). “American Horror Story” me parece que está bien, pero también me parece más irregular que Guti en el centro del campo.
Las buenas gentes de "American Horror Story".
Sin duda, una de las causas de esta irregularidad es su creador (y guionista, y director de algunos capítulos): Ryan Murphy. Ryan Murphy es un loco de la televisión, en el buen sentido. Cualquiera que haya visto Nip/Tuck sabrá de lo que hablo. Nip/Tuck, la serie sobre cirujanos plásticos más excesiva que se hará nunca, era irreverente, transgresora, bestia, divertida y además, adictiva. Pero a Ryan Murphy de vez en cuando se le va la olla, y para seguir Nip/Tuck había que aceptar ciertas reglas del juego que caminaban en el alambre de la moralidad, y muchas propuestas sexuales insólitas en una serie, con tullidos, ciegos, enanos y enfermos ejerciendo su derecho al sexo, con tetas operadas llenas de cocaína, con psicópatas desfiguradores que veían como su obra era anulada por un simple golpe de bisturí. Algunas de estas cosas parecen el guión (si lo hubiera) de un show de Gurruchaga, pero Ryan Murphy conseguía acercar estos límites a ciertos niveles de normalidad (“Glee”, con todos sus excesos, era otra cosa).
Y algo así sucede con “American Horror Story”, en la que algunas escenas de terror pueden llegar a darte risa, donde se abusa de la inserción de brevísimas imágenes casi subliminales para dar sustos, donde los crímenes son demasiado explícitos… El terror de “American Horror Story” está buscado de una manera poco sutil, en la opinión de este humilde cronista, de modestos conocimientos pero poseedor de una inteligencia y un buen gusto asombrosamente privilegiados.
Pero perdonadme, aún no os he contado de qué va la serie, soy un maleducado (aquí me ruborizo y hago un adorable gesto ocultando mis sonrojadas mejillas bajo un enorme abanico). “American Horror Story” cuenta la desastrosa vida familiar de un matrimonio formado por el musculoso Ben (Dylan McDermott) y su esposa Vivien, que se instalan en una mansión de San Francisco para empezar de cero después de un aborto de la mujer y un desliz sexual del a puchinga del marido. Ambos tienen una hija adolescente problemática (y valga la redundancia), y una criada a la que todos  ven como una mujer mayor (la maravillosa Frances Conroy de “A dos metros bajo tierra”) y Ben ve como un tentador cañón de veintipocos vestida como una empleada del hogar sacada de una película porno. Ver el affaire entre señor y criada de la casa desde las dos perspectivas visuales es inquietante y divertido.
La versión joven y maciza de la criada.
Y como vecina, está una enorme, descomunal Jessica Lange y su hija con síndrome de Down. Precisamente otra de las irregularidades de la serie es el personaje de Jessica Lange. Cuando aparece, la serie sube como la espuma, las cosas dejan de parecer una broma pesada y se convierten en una historia del terror más clásico, sutil y efectivo. Jessica Lange haciendo magdalenas da más miedo que unos fantasmas matando a dos tarados.

Si la serie tuviera un poco más de terror a lo Lange y menos de terror que puede dar pelín de risa, mi opinión mejoraría bastante. Pero es una serie de Ryan Murphy. Y aún quedan 10 episodios (son 13) y mucha tela y cuellos que cortar.