miércoles, 9 de marzo de 2011

Crematorio, por fin una serie española de calidad

Llevamos unos meses incumpliendo la segunda premisa que se anuncia en esta página: “un blog de cine y televisión”. Pero claro, con los Goya y los Oscar os pusisteis tan pelmazos que sólo hemos hablado de cine y de más cine. Bueno, tal vez el que se puso pelmazo fui yo, no vamos a discutir ahora por esa nimiedad. El caso es que tenía ganas ya de hablar de alguna serie de televisión, y últimamente, justo por esta sobredosis de cine que hemos tenido, sólo me había enganchado a Come fly with me, de la que hablaremos próximamente, sobre todo yo. De la que vamos a hablar hoy es de una serie que empezó el lunes en CANAL+ y que se llama Crematorio, igual que la novela de Rafael Chirbes, quizá porque está basada en la novela de Rafael Chirbes.
Digo en el titular que “por fin una serie española de calidad”. El título no es correcto, pero no os extrañe, yo titulo fatal desde la facultad, suspendí Redacción periodística en primero de carrera para junio y en tercero para septiembre. También es cierto que cuando yo estudiaba tomábamos apuntes con un cincel sobre una tablilla de piedra, que los tiempos han cambiado y que si ahora me mandan hacer una redacción sobre una vaca la haría mejor. Pero no es justo decir lo que he dicho en el titular, últimamente me he enganchado a Gran reserva, Pelotas, Qué fue de Jorge Sanz… y eran series españolas. Pero Crematorio es otra cosa.
Decía José Sancho (es que hace tiempo que se cabrea si le llamas Pepe, bueno, creo que se cabrea por muchas más cosas, pero no os lo puedo decir) que en realidad había rodado una película de 8 horas. Y en parte tiene razón: para empezar está dirigida por Jorge Sánchez Cabezudo, el autor de la considerable La noche de los girasoles. La segunda unidad la llevaba Oskar Santos, el director de El mal ajeno. Pero sobre todo, y a lo que se refiere José Pepe, es que la serie ha sido rodada a la vez, es decir, un día ruedan una secuencia del capítulo 3, a continuación otra del 5 y luego una del 2. O sea, que no van capítulo a capítulo, como en la tele. Y además, la serie tienen un principio y un fin, quiero decir, está basada en una novela y la han rodado en 8 capítulos. No puede haber segunda temporada, ni puede irse un personaje, ni puede entrar de repente Mario Casas a hacer de hijo sin camiseta.
José Sancho y sus chicas: Alicia Borrachero y Juana Acosta, de la que soy un poco fan.
De momento sólo hemos visto el capítulo primero, pero promete mucho. Tengo amigos sensatos (ya sé que no me pega, pero alguno tengo) que han podido ver ya los 8 y que me dicen que la serie promete y que además, cumple. Y luego tengo un compañero cretino que dice que la serie es una mierda, pero no la ha visto. Crematorio es entretenida, tiene su suspense, los personajes no chirrían y además tiene flashbacks de 30 años para los que no han teñido a Pepe José de negro, sino que han cogido a un actor joven que se le parece. Ole.
No os he dicho que trata Crematorio, ¿verdad? ¿eh? ¿eh? ¿eh? Pues bien, sus carteles promocionales dicen que es una serie sobre la corrupción en España. Más concretamente sobre la corrupción urbanística, el pelotazo, la burbuja inmobiliaria… ya no puedo decir más. Bueno, sí que puedo, pero estoy cansado.
Pepe Sancho con sus chicos. Atención a Vicente Romero: vuelve a bordar su papel, como casi siempre.
Estuve en el rodaje de Crematorio allá por abril del pasado año, en Alicante. Y pude ver lo bien que trabajan Jorge Sánchez Cabezudo y Oskar Santos en la unidad 2, vi el respeto que impone José Sancho, el Pepe, entre el equipo técnico y artístico, pero también me dio la impresión de que es un respeto cariñoso. Pude tomar un pichiflús con Juana Acosta, que hace de joven novia de José Sancho, y que en cuanto te descuidabas te contaba el final, y pude ver cómo sustituye su acento colombiano por el castellano con la facilidad con la que Carlos Latre pondría la voz de, por ejemplo, Michavila. También pude ver a Juana en plena demostración del “método”, despidiéndose de mí rogándome que no la hiciera reír (ni que yo fuera Chiquito de la Calzada) porque tenía los ojos rojos y estaba triste preparándose para su trágica y siguiente escena. Y también pude ver cómo se preparaba sus escenas Alicia Borrrrrachero, que hace de hija de Pepe Sancho y que odia a Juana Acosta, porque es la nueve novia de su padre y cree Alicia que lo que busca esa zorra es la pasta de su padre. Todo esto es ficción, que luego Alicia y Juana son superamigas y nos permitieron grabarles una charla entre ellas con varios vinos de por medio para esa serie documental que os conté aquí y que se llamaba Actrices

Otra gran serie española a la que me enganché, por cierto. Y por cojones, con perdón.

domingo, 6 de marzo de 2011

Bienvenidos al sur, al norte o a donde se les ocurra

Tengo un problema con los remakes. Para empezar no lo pronuncio bien, mirad: reméis. Y luego me suele pasar que me pongo en plan viejuno drástico y pronuncio aseveraciones totalitarias tipo: “pues siempre es mejor la original”, recordándome a ese otro falso tópico que dice “el libro es siempre mejor que la película”. Hasta que vi Ocean’s eleven, y me di cuenta de que un rimaik puede ser mejor que la película en la que se basa: La cuadrilla de los once, que aunque sale el rat pack es lo que en el mundo del cine los eruditos calificamos como un truñete. Ese día cambió mi vida, me convertí en alguien más abierto de mente, observé los remeiks con ojos más objetivos y me cambié de champú.
Aún así, todavía me revuelvo en mi tumba (ya sé que no puedo hacer esto, pero me gusta la frase) cuando recuerdo la versión de los Coen de El quinteto de la muerte (Ladykillers, ¿por qué los Coen hacen remakes, con lo buenos que son cuando son originales?), o cuando me pregunto a quién se le ocurrió que Psicosis y Crimen perfecto necesitaban una nueva versión en los años 90 para hacer más digestible al autor más digestible que nunca ha existido: Alfred Hitchcock.
Remix. Remeix. Nada, que no me sale.
Una comida con la gente del norte.
Viene todo esto, pequeños angelotes, al estreno este fin de semana de Bienvenidos al sur, el remake en italiano de la francesa Bienvenidos al norte. La película trata de un funcionario de correos que es destinado a la otra punta del país (el norte de Francia y el sur de Italia), un lugar sobre cuyos habitantes hay miles de prejuicios, y al que llega absolutamente intimidado por las leyendas,. Y en efecto, ese lugar es diferente, la gente no habla igual, se comporta de una manera mucho menos urbana, etc, etc… pero acaba siendo un lugar maravilloso. Esta sinopsis es la misma para ambas películas.
Bienvenidos al norte es fantástica. Si no la habéis visto, intentad conseguirla en DVD o que os la baje Álex de la Iglesia. Es una de esas películas que se ven con una sonrisa continua y varias carcajadas ocasionales. Y Bienvenidos al sur también lo es. Porque es igual, sólo que se lleva los gentilicios a Italia. Si has visto la una, cuesta ir al cine a ver la otra. Si eres español, claro.
Porque tiene escenas absolutamente iguales: la del truco del funcionario en silla de ruedas, el paseo por la playa que el protagonista se da con el compañero de trabajo que le va a servir de apoyo en el nuevo pueblo (y que en la francesa interpreta el propio director Dany Boon), la llegada en coche, desternillante en la francesa, la comida con los compañeros, brillante en la italiana…
Una comida con la gente del sur.
Ahora, la comparación puede resultar interesante y te hace entender que se haga el remake. Quiero decir: Michael Haneke hizo Funny games en en alemán en 1997. Diez años más tarde la volvió a rodar plano por plano pero con actores americanos, porque sabía que allí, si no, no la ven ni locos. Rec también sufrió esta incultura antiglobal viendo como hacían Quarantine (recuerdo que Manuela Velasco me contaba que era impactante ver a otra tía haciendo las mismas escenas, diciendo las mismas frases, rodando en los mismos encuadres). Bienvenidos al sur no es sólo eso. Las secuencias, el guión, las situaciones son casi idénticas, pero aporta una cosa: las diferencias entre el norte y el sur de Italia son más evidentes y seguramente más conocidas que en Francia. Un italiano de Milán en Nápoles provoca a priori más coña que un francés del sur en el norte (de hecho, ese norte en la película es ficticio). La italiana juega más con la política, con la picaresca del sur, con la mafia, la delincuencia, con los aspavientos, etc. Entiendo que los italianos la hayan convertido en líder de taquilla. Igual que los franceses, que aman a su cine como nadie en el mundo, también lo hicieron.
Pero… podría hacerse esta película en España? ¿Estamos preparados para que alguien viaje y se ría de Cataluña, el País Vasco, Andalucía, Madrid? ¿Cuánta asociaciones políticas, nacionalistas, centralistas, culturales, pondrían el grito en el cielo si un madrileño se bromea con la tacañería de un catalán? ¿Si un andaluz se mofa de la inseguridad en Donosti? ¿Si un asturiano se mete con la chulería y el centralismo de un madrileño? ¿Si un extremeño se cachondea de la imprecisión de un gallego o de la calma chicha de un canario? ¿O si un cántabro alucina con la vagancia de un andaluz? He soltado todos los tópicos que se me han ocurrido. ¿Se imaginan? ¿Por qué me da a mí que en España no podríamos comprar una franquicia de “Bienvenidos…”?
P.D.1 Esta semana moría Jane Russell, actriz exuberante de los años 50 y 60, la morena de Los caballeros las prefieren rubias, la mujer para cuya talla 96 de pecho el mismísimo Howard Hughes diseño un sujetador, el mito al que Bob Hope definió así. “Tener cultura es saber describir a Jane Russell sin mover las manos”.

P.D.2. En este país seguimos marcha atrás: la Fiscalía de Barcelona ha denunciado a Ángel Sala, director del Festival de Sitges y personaje admirado por todos los que nos dedicamos de alguna manera a esto del cine, por exhibir la película A serbian film. Desde aquí todo el apoyo, solidaridad y disposición a la lucha contra esta vuelta a la censura mogijata, de la que ahora es víctima un tío con la libertad espiritual y ganas de difundir la cultura llamado Ángel Sala.

jueves, 3 de marzo de 2011

Cine en espacios mínimos

El pasado domingo presentó los Oscar James Franco, que estaba nominado por 127 horas.
Ese mismo viernes, Manuela Vellés estrenó Secuestrados.
Dos semanas antes, Buried ganó 3 premios Goya.
Y al día siguiente de los Goya, Álex de la Iglesia volvía a incorporarse al rodaje de La chispa de la vida.
Ryan Reynolds en el sitio más pequeño en el que se puede rodar una película, aunque quién sabe, tal vez algún día se ruede una en un bote de Fanta.
¿Tienen estos cuatro inconexos hechos un hilo conductor? Sí. Las cuatro películas mencionadas tienen lugar en espacios muy chicos. 127 horas tiene lugar en una grieta rocosa, Secuestrados en la planta baja de una casa, Buried en una tumba y en La chispa de la vida parece ser que un personaje casi no sale de un coche. En esos sitios tú no puedes meter un travelling, una cámara, un equipo de sonido y un productor entrado en carnes. Las películas que se desarrollan en espacios reducidos están más de moda que las series para adolescentes en las que sale Mario Casas.
Pero no pensemos que esto es nuevo. Encerrar el espectador en un sitio pequeñito es una garantía, si no de terror, sí de agobio, tensión e inquietud. Y esto se ha hecho en el cine mucho antes que éste existiera. Bueno no, tanto no. Qué gilipollez.
  • Capitanes intrépidos (1937). Victor Fleming pasó de grandes exteriores y decorados en una época en la que la grandes producciones empezaban a estar al orden del día. Freddy Bartholomew y Spencer Tracy se pasaban media película en una barca. Luego hay muchas películas con barcas, pero vamos, que en Titanic había más espacio. Podríamos mencionar otra vez a Spencer Tracy en otra barca en El viejo y el mar (1958) o a Gregory Peck en Moby Dick (1956).
  • Alfred Hitchcock rodó varias películas en espacios mínimos: Náufragos (1944) en un bote salvavidas, La soga (1948) en un apartamento y La ventana indiscreta (1954) sin salir prácticamente de la habitación de James Stewart
James Stewart en "La ventana indiscreta": un hombre, una butaca, una ventana, una obra maestra.
  • Doce hombres sin piedad (1957). La alucinante ópera prima de Sidney Lumet (alucinante que sea una ópera prima) se desarrollaba en la sala en la que se reunía ese jurado al que se enfrentaba Henry Fonda. Sidney Lumet también rodó en 1974 sin salir de un tren: en Asesinato en el Orient Express.
  • La huella (1972) de Joseph Leo Mankiewicz es otro canto a la economía, no sólo de espacio (la casa de Laurence Olivier) sino de personajes (solos Olivier y Michael Caine).
  • La cabina (también de 1972), la obra cumbre de Antonio Mercero, mucho mejor que Verano azul, dónde va a parar. Hasta que llegó Buried, era el sitio más pequeño en el que se puede desarrollar una película (para televisión): una cabina de teléfonos. ¡Y con José Luis López Vázquez como personaje trágico!
  • La trampa del mal (2010). En esta película, escrita y producida pero no dirigida por M. Night Shyamalan, prácticamente no se sale de un ascensor.
  • Y ya llegaríamos a las que citábamos al principio de este post: Buried en un ataúd (sin duda la mejor de esta última tanda), 127 horas en una grieta (pero aquí Danny Boyle no se atreve a quedarse en la grieta y hace un despliegue de absurdos videoclips de sueños, alucinaciones y flashbacks: absolutamente decepcionante) y Secuestrados, en un apartamento en el que Miguel Ángel Vivas secuestra a la familia y al espectador.

Podríamos añadir El ángel exterminador, Habitación en Roma, 20.000 leguas de viaje submarino, Avatar  (huy no, Avatar no)… Porque si hay talento, no hacen falta grandes espacios para hacer grandes películas. Y cuando están bien hechas, el espectador siente que el cine también se hace pequeño, y quiere salir de él.

lunes, 28 de febrero de 2011

Lo mejor de los Oscar y lo peor de James Franco

Como ya os había contado, ayer me tocó pasar la noche de los Oscar en la fiesta que CANAL+ organizaba en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Eso supone varias dificultades:
- Compaginar durante 10 horas el trabajo de hablar con los invitados y trabajar para una tele con una barra libre de fondo que te dice: “ven, ven, soy toda tuya, pero no te excedas con el alcohol que luego tienes que cumplir”.
- Intentar seguir la gala al tiempo que trabajas en las conexiones de CANAL+, te distraes con invitados y la barra libre te sigue hablando.
- Recordar todo lo que sucede para contarlo al día siguiente y grabarlo todo en una memoria que un día fue un disco duro externo y ahora parece un pendrive de promoción de 256 Kb.
Por todo ello, no puedo hacer un análisis cronológico o estructurado de la ceremonia de los Oscar, pero sí contaros algunos momentos inolvidables tanto de la gala como de la fiesta. Para saber todo sobre los ganadores, podéis fiaros de GQ.com.
22:30 – 0:30. En la alfombra roja del programa de la ABC veo aparecer a Javier Bardem con Penélope, guapa, de rojo, algo oronda porque está en fase de superación del recientísimo parto. Dentro del Kodak, estuvieron sentados en primera fila, juntos de nuevo. Pero por la alfombra roja no desfilaron a la par, sino que Javier Bardem se llevó como siempre a su troupe, a la que entrevistó magníficamente Cristina Teva. Javier iba con su santísima trinidad: la madre (Pilar), el hijo (Carlos) y el espíritu santo, que debe de ser la novia de Carlos Bardem.
Penélope y Javier en la alfombra roja, meados de la risa. (c) Getty Images
22:30 – 0:30. Mientras, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, también van llegando los invitados a la fiesta de CANAL+ a los que recibe David Broncano conmigo detrás, yo soy la mujer que hay detrás de ese gran hombre. En la puerta, una sonora concentración de trabajadores de CANAL+ (compañeros) protestando contra el brutal ajuste de plantilla.
1:30. Por nuestra fiesta pululan Macarena Gómez, Manuela Vellés, Ana Álvarez, Eduardo Chapero Jackson, María Adánez, Lola Baldrich, Paco Cabezas,  Juanma Bajo Ulloa, Jimmy Barnatán, Raúl Arévalo, Natasha Yarovenko, Javier Coronas, Juan Cruz, Alfonso Bassavé, Adriá Collado, María Ballesteros, Raúl Amarilla, Luis Callejo, Assumpta Serna, Isabel Serrano, Javier Pereira, Javier Botet, Vanessa Romero, Carlos Díez Díez, Rubén Ochandiano… Y muchos actores de FoQ o e El barco, de esos que me siempre cuesta tanto reconocer.
2:30. Empieza la ceremonia: James Franco se quedó tontico después de pasar 127 horas en la grieta. Si no, no se explica su actitud como presentador de la gala. Mientras, Anne Hathaway, por lo menos, recitaba el soso guión y se cambiaba de ropa más veces que las que apareció en escena. James Franco permanecía con las piernas separadas y con las manos a la altura de la huevada, como un portero rumano de discoteca. Eso sí, de vez en cuando asentía y sonreía muy mono a algunas de las cosas que decía Anne. Después de la extraña pareja que el año pasado formaron Alec Baldwin y Steve Martin, la Academia se ha superado. Hugh Jackman, vuelve.
2:50. Kirk Douglas sale a entregarle el Oscar a Melissa Leo como actriz secundaria por The fighter. Se marca un discurso eterno, extraño, senil, alargando hasta la exasperación el momento de anunciar la ganadora, intentando hacer reír en un momento de tensión… pero… es Kirk Douglas, señores. Uno de los poco mitos de aquel Hollywood que aún quedan vivos. Si quiere alargar, que alargue.
2:55. Melissa Leo recibie el Oscar hincando la rodilla ante el maestro Douglas. Pero yo le habría quitado el Oscar a Melissa por su gran interpretación tras asistir a la no tan buena representación del papel: actriz que se hace la sorprendida. La muy sorprendida. La demasiado sorprendida. La sobreactuadamente sorprendida.
3:05. Mientras, en la fiesta, hablo un poco con Natasha Yarovenko. Bueno, hablar es un decir. Ella me habla y me cuenta que tiene tos y catarro pero que ahora que acaba la temporada de fiestas y entregas de premios, se lo cura. Yo mascullo unas palabras que deben sonarle a ucraniano, o no, porque entonces me las habría entendido. De repente, se retira un momento y me pide que le cuide el bolso. Y yo tan contento con el bolso de Natasha Yarovenko como si a una niña loca Bisbal le arrojara un gallumbo. Le zumbó el bolso, por cierto, supongo que sería el móvil, pero no me atreví a mirar. Lamentablemente, Natasha no me dijo luego eso de “ven, ven, soy toda tuya, pero no te excedas con el alcohol que luego tienes que cumplir”.
Natasha Yarovenko con su bolso. Toma ya. (c) Canaplus.es
3:45. Javier Bardem y Josh Brolin entregan dos Oscar vestidos con esmoquin blanco, camisa blanca, pajarita blanca y pantalón negro. Javier entrega el de guión original (Aaron Sorkin por La red social), y mientras Josh entrega el de guión original a El discurso del rey, Javier se vuelve loco y empieza a señalar y a hacer tontunas a alguien del público, no sé si a la madre, al hijo o al espíritu santo.
4:05. James Franco aparece vestido de Marilyn y Anne Hathaway de pingüino. Me siguen pareciendo flojísimos, ella siguiendo el guión y él eternamente perplejo, con una sonrisa mema y punto pelota, da igual que esté vestido de Marilyn, de mona Chita o de Rafa Nadal en su tercer Roland Garros.
La fiesta del Círculo de Bellas Artes, magníficamente iluminada por mi amiguete Eduardo Mangada.
4:15. Pasan las horas, me tomo alguna copichuela rebajada de alcohol (o eso creo yo) con Macarena Gómez, Carlos Alonso de Fotogramas.es (espectacular su depliegue) y Paco Cabezas; y charlo con Raúl Arévalo, Eva Díaz de Vanity Fair, Jimmy Barnatán, Ricard Sales de Gran reserva, serie que espero como agua de mayo, y busco a Natasha Yarovenko por si me quiere dejar más veces el bolso o una media o algo.
5:00. La aparición de Billy Crystal para presentar un premio hace que todos le añoremos. De hecho, el único momento brillante de los presentadores es el vídeo inicial, totalmente inspirado en esas apariciones que hacía en las películas nominadas el expresentador… Billy Crystal.
5:10. De los premios gordos y en parte cantados (aunque yo dudaba en los de película y director entre El discurso del rey y La red social), sólo me quedo perplejo con el eterno discursazo de Natalie Portman, y con lo poco que se emocionaron tanto ella como Colin Firth, será por la costumbre de llevarse todos los premios del año. Javier se quedó sin Oscar, pero bueno, eso también lo sabíamos. Y para acabar con nos premios semicantados, ganan el director Tom Hooper y su película El discurso del rey.
O sea. El discurso del rey 4 Oscar (los gordos). Origen, también 4 (pero técnicos). La red social, 3 y de chichinabo (guión adaptado , montaje y banda sonora). The fighter, los dos actores de reparto. Alicia en el país de las maravillas, 2. Toy Story 3, otras 2, pero considerables (película de animación y canción). Y como ya pronosticamos en este blog, Cisne negro se llevó sólo en de Natalie, y Valor de ley, Los chicos están bien, Winter’s bone y 127 horas, nada de nada.
Para acabar una gala tan sosa, unos niños salieron a cantar Somewhere over the raibnbow. También podría haber salido Punset a leer en alto unos textos de Pérez Reverte, pero a la Academia le pareció más soso aún lo de los niños.
Y en la fiesta, debo destacar la cinefilia de Raúl Arévalo o Macarena Gómez, que aguantaron hasta las 6 menos cuarto para ver quién se llevaba los últimos galardones. Y poco más, me voy a meter en una grieta con Somewhere over the rainbow en el Ipod y con un bolso como el de Natasha Yarovenko  a ver si así concilio el sueño.


domingo, 27 de febrero de 2011

Los Oscar: mis humildes y engreídos pronósticos

Estamos solamente a unas horas de la entrega de los Oscar. No sé a cuántas exactamente, si quieres saberlo entra en Oscar.com, que tienen un reloj con la cuenta atrás, pero si ya se ha pasado la madrugada del domingo 27 de febrero al lunes, ni lo intentes: los Oscar ya han sido, mis reyes.
Podría hacer una quiniela al uso (por cierto, si quieres una imprimible bien chula para esta noche, en CANAL+ hemos colgado ésta, porque retransmitimos la gala por 19ª vez consecutiva). Pero este año tengo yo un rollito Rappel que me meo de la risa, así que mejor voy a contar cómo sería la gala si se cumplieran mis pronósticos. Eso sí, no hagáis mucho caso de este post una vez se hayan entregado los premios, porque entonces vais a pensar que soy un periodista mal informado, un señor que no se entera de las cosas o un chico loco. Y las tres premisas son ciertas.
Vamos a ver cómo serían los 10 momentos más importantes de la entrega de los Oscar si se cumplen mis premoniciones.
Empieza la gala. Anne Hathaway presenta sola porque al final James Franco no pudo salir de la grieta, que dice que lo de cortarse el brazo en una peli está muy bien, pero que él, como persona humana, pasa de hacerlo con el suyo.
MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN. Lo entrega Mickey Rooney vestido de Pato Donald, con gorra y chaqueta azules y el culete y la huevada al viento, tal y como vestía el ánade. Sin necesidad de abrir el sobre, dice: TOY STORY 3. Por supuesto.
Sólo voy a poner fotos de quien esté seguro que va a ganar. ToyStory 3, por ejemplo.
MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA. Lo entrega Juan José Campanella, ganador el pasado año. Por cierto, he leído que en Argentina ha subido el número de consultas al foniatra por tartamudez tras el estreno de El discurso del rey. Menos mal, yo me imagino a Valdano tartamudo y me echo a temblar. Gana INCENDIES, de Canadá. Medio auditorio del Kodak Theatre empieza a buscar en sus Iphones dónde está Canadá.
MEJOR GUIÓN ORIGINAL Y GUIÓN ADAPTADO. Salen a entregarlo Javier Bardem y Josh Brolin (esto sí que es verdad). Penélope, celosa, le tira a Javier el biberón del niño desde el patio de butacas, pero le da a Josh Brolin, que muere. La organización corre a incluirle en el vídeo homenaje a los fallecidos. Mejor guión original: EL DISCURSO DEL REY. Mejor guión adaptado: LA RED SOCIAL. Jesse Eisenberg intenta colgar en Facebook el momento, pero se le cuelga su Android. Bardem vuelve al patio de butacas junto a Pé, intuyendo que no va a salir a recoger más premios.
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO. Entrega Christoph Waltz. Jesse Eisenberg pone en el muro de Facebook: “Mierda, un cazador de judíos, voy a esconderme”. Christoph lee el nombre de HAILEE STEINFELD por Valor de ley, que como es tan jovencilla no puede ir a recogerlo porque tiene que estar en casa a las 9. Sorprendentemente, en su lugar lo recoge Javián, el tercer eliminado de O.T.1 (aviso: es posible que algunas de mis predicciones fallen).
MEJOR ACTOR DE REPARTO. Lo entrega Mo’nique, y para que quepa en el escenario la organización tira un tabique. Con su finura innata lee: CHRISTIAN BALE. Christian sale a recogerlo y durante su discurso adelgaza 10 kilos, luego recupera 8 y acaba perdiendo otros 3. Qué tío.
MEJOR ACTOR PRINCIPAL. Sale a entregarlo Sandra Bullock vestida de pastorcilla loca. Seguramente por no saber pronunciar el español, en vez de Javier Bardem, dice COLIN FIRTH. Sale Colin y hace el discurso de agradecimiento tartamudeando, hasta que sube Geoffrey Rush y le saca del embrollo introduciéndole diez canicas en el ano.
MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL. Entrega Jeff Bridges, bastante rebotado porque acaba de perder el Oscar al mejor actor. Gana NATHALIE PORTMAN por Cisne negro. Como está embarazada, la organización vuelve a tirar el tabique que había reconstruido tras la aparición de Mo’nique. De la emoción, Nathalie rompe aguas en el escenario y, muy en su papel de cisne, pone un huevo.
Nathalie Portman de cisne negro. A mí me da menos miedo de cisne blanco. Bueno no, según.
MEJOR DIRECTOR. Lo entrega Kathryn Bigelow. Dice que le gustaría que este año volviera a ganar una mujer, pero luego lee la lista de nominados y pide disculpas por la gilipollez. And the Oscar goes to… DAVID FINCHER por La red social. Jesse Eisenberg cuelga la foto en Facebook y twittea: “We are the champions”, momento que Álex de la Iglesia aprovecha para twittear: “Pues me voy a bajar la gala”, Nacho Vigalondo para decir Jesse Eisenberg es judío, eso me recuerda que…”, y David Bisbal para teclear: “Nunca vi el paseo de la fama tan vacío. Ojalá la ceremonia acabe pronto”.
MEJOR PELÍCULA. Sale a entregarlo Tom Hanks, como el año pasado. Saca la lista de las 10 películas nominadas y este año sí las lee, pero en ese rato se le duerme Jack Nicholson. Esto no pasaba cuando nominaban sólo a 5. Abre el sobre: EL DISCURSO DEL REY. Arde la red. Jesse Eisenberg cuelga en Facebook el careto de decepción de David Fincher, que piensa: “mierda, tenía que haberla hecho sobre Twitter”.

Lo dicho: mañana tendréis una crónica bastante más acertada de los Oscar. Os dejo, que me tengo que vestir de alabardero para irme a la fiesta que CANAL+ organiza en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para seguir la gala. ¿A emborracharme y bailar yeyé? No, chatos. A trabajar. Mañana os cuento.