viernes, 14 de mayo de 2010

Robin Hood que estás en los bosques

Andá, pero si mi anterior post era el número 200 y yo sin enterarme, enhorabuena chavalote, cantemos todos juntos, aleluya, aleluya, el Cid cabalga.
Dicho esto, hoy se estrena Robin Hood. No sé si os suena Robin Hood: era una especie de arquero inglés que se vestía como un elfo de calzas verdes y robaba a los ricos para dárselo a los pobres, un poco como un implicado del caso Gürtel pero con los valores éticos trastocados. El Robin Hood que se estrena hoy es el de Ridley Scott. Lo aclaro porque hay un huevo de versiones, e igual alguien piensa que lo que se ha estrenado es el Robin Hood de Douglas Fairbanks de 1922. No, eso es tontería, ésa ya se ha estrenado. Pero lo cierto es que mira que hay versiones de Robin Hood, casi tantas como de la canción Al Uruguay.
Cuando se les pregunta a Ridley Scott y Russell Crowe (que hace de Robin Hood, pero que también produce la película) que por qué han considerado que era necesario hacer una versión nueva, dicen básicamente que porque en ésta se cuenta lo que nunca se había contado: los orígenes de Robin de Locksley. Ni falta que hacía, añadiría yo. Es más, esta justificación me pone un poco nervioso y me parece un precedente muy peligroso, porque por esa misma regla de tres, Sylvester Stallone se podría poner a contar los primeros pasos de Rambo, y ahora que lo pienso, el cine español nunca indagó demasiado en los orígenes de Joselito. Así que como las entrevistas a Ridley y Russell se difundan mucho, pronto nos llegará Rambo 7: el nacimiento de la bestia parda y El cigoto del ruiseñor.
Russell Hood cabalgando y cortando el viento cuando pasa por el puerto camini (pum pum) to de Jerez.
Yo no he podido hablar con Russell Crowe ni Cate Blanchett (que hace de Lady Marian), pero mi compañera Raquel Santos sí, y además está estos días en el Festival de Cannes, que inauguró precisamente el jueves Robin Hood. No como Ridley Scott, que no ha ido a Cannes porque tiene un problema en la rodilla, pues vaya, debería aprender de Xavi, que jugó lesionado porque es un valentón.
A ver: Robin Hood no está mal, pero a mí me sigue llamando mucho la atención que la gente emplee varios años y mucho dinero en hacer cosas que ya estaban hechas y bien hechas, como por ejemplo remodelar la Plaza de Colón de Madrid. Quiero decir que esta película no aporta nada nuevo, que no hacía falta que se hiciera, que no es mejor que la de Kevin Costner, aunque tampoco mucho peor. Y a pesar de que aparecen más extras que en Ben-Hur mezclada con Braveheart, y aunque la batalla final es como el desembarco de Normandía pero en tierra firme, y aunque todo es espectacular, Ridley Scott encadena con ésta demasiadas películas lejos de la excelencia: Red de mentiras, Un buen año, El reino de los cielos, Gladiator (a la que Robin Hood me recuerda un huevo)… Como decía Antonio Gassett, “cada vez que Ridley Scott rueda una película se confirma que Blade Runner la dirigió un primo suyo”.
En resumen, que si vuestro padre no os da la paga y no podéis ir al cine, no os preocupéis mucho. Y si sí os la da, pero no llega a los 200 € que hacen falta para ir al cine (entrada + palomitas + botellita de agua + algo de chocolate para postre + unas gafas 3D por si acaso + un menú Bigmac con patatas grandes a la salida + un almax + el autobús de vuelta a casa + un condoncete por si pillas), lo mejor que podéis hacer es alquilar en DVD cualquiera de las versiones anteriores de Robin Hood. Yo me limitaría a estas 5:
1. Robin de los bosques, la de Errol Flynn. Antes está la ya mencionada de Douglas Fairbanks, pero ésta mola más. Porque es un clásico. Porque Lady Marian es Olivia de Havilland. Porque es la cara que más tiempo hemos asociado a Robin Hood. Porque en cualquier DVD de Errol Flynn puede suceder que en los extras nos deleite con un solo de piano (ver este post sobre Errol). Porque puestos a ver un Robin Hood australiano, entre Errol Flynn y Russell Crowe no hay color.
Errol Flynn como Robin Hood, aunque por la pose y la ropa parece el Duende Verde de Spiderman.
2. Robin y Marian, la de Sean Connery. Porque si Ridley Scott presume de mostrar los prolegómenos de Robin, esta versión nos muestra la prórroga y los penaltis. Porque Lady Marian es Audrey Hepburn. Porque se sale de la habitual película de aventuras entre arqueros y guerreros del Príncipe Juan sin Tierra y se centra en una historia de amor otoñal. Porque sale Sean Connery post-007 y pre-madurito con presencia arrolladora. Porque si en la anterior dudas de si Robin hará un solo de piano (de cola), en estos extras podría suceder que se ponga a blanquear dinero y a construirse una mansión recalificando el Bosque de Sherwood. Por cierto, ¿robaría Robin Hood a los ricos del Caso Malaya para dárselo a los pobres? No sé, no sé.
3. Robin Hood de Walt Disney. Es mi favorita. Desde la Canción silbada de los créditos iniciales hasta la trova del gallo juglar en ese extraño acento disneyano que no es mexicano, ni portorriqueño ni ná: “Robin Hood y Little John venían por el bosque, riendo de las bromas que solían los dos desiiiir”. Y desde lo malo y tonto que es el Prínsipe Juan hasta los adorables que son los conejitos pobres a los que roba el Sheriff de Notthingam. Me encanta esta versión.
El Robin Hood de Disney, que era un zorro, con el fraile, Little John y Lady Marian, que era una zorra.
4. Robin Hood, príncipe de los ladrones, la de Kevin Costner. Porque no está nada mal como película de aventuras. Porque sale Morgan Freeman. Porque el malo es Alan Rickman, un pedazo de actor que aparte de salir en Harry Potter se prodiga menos de lo deseable. Porque la canción de Bryan Adams Everything I do (I do it for you) se ha quedado superñoña, pero cuando la escuché por primera vez en el cine me pareció buenísima. Porque el cameo final de Sean Connery (ex-Robin Hood) como Ricardo Corazón de León es antológica. ¡Atención, spoiler! Ah no, esto lo tenía que haber dicho antes de contar el final ¿no? Mierda. Perdonándome.
5. Robin Hood el Magnífico. La verdad es que ésta os la digo para que parezca que conozco muchas versiones, pero recuerdo que la vi después de la de Kevin Costner (es que curiosamente son del mismo año) y me pareció bastante aburridilla. Salía Uma Thurman, eso sí, pero yo pertenezco a ese reducido grupo de machos ibéricos a los que no les pone demasiado Uma Thurman.

Según la IMDB, hay 115 versiones más de Robin Hood de las que os he dicho aquí. Y luego también podéis alquilar Gladiator, cerrar los ojillos e imaginad que Russell Crowe, en vez de con redecilla y un pincho gordo, sale con unas flechas y va vestido de verde chillón.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Qué raras son las estrellas (las excentricidades de los actores)

En el pasado Festival de Málaga, una actriz muy famosa nos exigió poder fumar durante una entrevista para televisión. Momentos más tarde, antes de concederle un reportaje a una revista, les pidió el cuestionario y tachó varias preguntas.
Todos tenemos nuestras manías, el que no tenga manías que le tire una piedra a José Luis Moreno. Pero los actores tienen más, o al menos da esa impresión, porque están expuestos al público. Quiero decir que yo puedo tener como manía lavarme los dientes con la escobilla del WC, pero nadie se entera porque aún no soy una estrella (por cierto, probadlo, si la usáis sólo para los dientes quedan brillantísimos, los míos parecen inodoros de lo blancos y brillantes que los tengo). Pero por ejemplo cuando Errol Flynn les inyectaba vodka a las naranjas para llevárselas a los rodajes en los que estaba prohibido el alcohol, convirtió su manía en un dato histórico. Y si Ana Belén se lavara los dientes como yo o se inyectara vodka en ellos, pues esto ya sería la bomba.
Lo que a continuación os voy a contar son “cosas que se dicen”. O sea, rigor periodístico cero. Muy en mi línea. Son excentricidades que se comentan de los actores, pero yo no he podido comprobarlas. Si os portáis bien, algún día os contaré otras rarezas que sí que he podido vivir in situ (pero mucho menos espectaculares que las de hoy).
Tom Cruise en "El último samurai". Ni se os ocurra mirarle a los ojos. Ahora os cuento por qué.
El más raro de todos es Tom Cruise. De él se dijo durante mucho tiempo que pedía por contrato que nadie del equipo de rodaje le mirara a los ojos, y podéis encontrar declaraciones de algunos técnicos de El último Samurai o Misión: Imposible que corroboran esta manía tan tonta (también se dice que le contagió su ojofobia a Val Kilmer). Jonathan Rhys Meyers, que trabajó con Tom Cruise en Misión: Imposible 3, dice que en un par meses de rodaje no llegó a hablar más de dos minutos con él (aunque ojito también con Johnny, porque muy normal no es, os remito a un antiguo post en el que os conté la experiencia que una compañera y yo tuvimos con él en Dublín).
Y ya en plan criticón y cotilla acusica, os cuento que en febrero de 2009, durante la promoción de Valkiria, a Tom le preguntaron en Brasil qué era lo que más me gustaba de ese país, y el pobre respondió que el tango. Vaya. Os dejo con un vídeo de Tom Cruise de la época de El informal que me hace mucha gracia (dicen que el programa nuevo de Flo se parece a El informal, pero yo digo que no).
Y ya que hablamos de Tom, vamos a pasar ahora a una increíble manía de su ex, Nicole Kidman. Por lo visto, cuando Nicole llega a los hoteles, les da a los empleados sus propias sábanas y unas indicaciones sobre cómo hacer su cama. Yo la entiendo, después de hacer una película en la que tenía que cerrar todas las cortinas y cerrar una puerta antes de abrir la siguiente, pues esta secuela de las sábanas me parece una ñoñería.
De Jennifer López, que acaba de pasar por España promocionando El plan B, también se dice que lleva sus propias sábanas a los hoteles, pero en su caso es porque no puede dormir entre telas confeccionadas con menos de 250 hilos. Tócate los pies. También suele pedir que cambien la iluminación de la habitación si no es de su agrado, y procura que todo sea de color blanco (paredes, mesas, sillas, flores, velas, vibradores… bueno, lo último me lo he inventado). Y no puede haber en la habitación nada de comer que pueda tentarla, como bombones o trozos de pollo seco, que Jennifer es muy dada a echar culete y si tiene que echarlo pues que no sea por culpa de la industria hotelera.
Las manías que se comentan de Woody Allen son muy acordes con el personaje hipocondríaco que se ha labrado a lo largo de los años. Por lo visto se toma la temperatura cada dos horas, y a veces duerme con los zapatos puestos porque tiene un incontrolable miedo a la muerte. Esto último yo no lo entiendo y me parece un poco absurdo, porque si te tienes que morir da igual que lo hagas con zapatos o con aletas de buzo, pero como no le puedo preguntar a Woody si esto es verdad o no porque he perdido su móvil, pues ahí os dejo con la duda.
A Julia Roberts le gusta bañarse con agua mineral porque es muy bueno para la piel, y se llegó a decir que una vez se retiró de un rodaje porque las tuberías de su camerino no estaban adaptadas para este tipo de agua. Yo si algún día soy una estrella pediré que en las botellas de agua mineral esté dentro Julia Roberts. Por llevar la contraria.
Jim Carrey tiene contratado permanentemente a un masajista para que una vez por semana le quite la tensión. Esto igual no os parece raro. Pues sí lo es, porque al que tiene que quitarle la tensión el masajista es a su perro, no a Jim. Yo creo que a Jim alguien le debería quitar la tensión facial a base de masajes o de hostias. Huy, qué macarra me he puesto de repente. Perdón.
Mel Gibson no come pollo porque dice que le hace crecer el vello pectoral. Sin comentarios.
Mel Gibson después de un atracón de pollo que hizo que le creciera en exceso el pelo de la cabeza.
Bueno no, qué coño, comentemos. ¿Pero es que este tío es lerdo, o qué? Todo el mundo sabe que si comes pollo te salen plumas en el culo, no pelos en el pecho. Ay, qué tontito eres, Mel
Gerard Depardieu se cuela en las cocinas de los hoteles en los que se aloja para copiar las recetas de los chefs. Las cocinas tienen que ser grandes, porque si no Gerard no cabe.
De John Travolta se dice que nunca se pone dos veces la misma camiseta durante un rodaje. Teniendo en cuenta que el rodaje medio de una película dura 90 días, pues Travolta necesita 90 camisetas. La madre que lo parió, este acaba con las existencias del Carrefour.
Como todos sabéis, Jack Nicholson tiene la manía o la devoción de ir a todos los partidos que Los Angeles Lakers juegan en casa, o sea que lleva dos años viendo semanalmente a Pau Gasol. Jack ha llegado a incluir cláusulas en sus contratos que dejen claro que si durante el rodaje juegan los Lakers, él se pira del set.
Y algo parecido exige Sean Connery: si cerca de las localizaciones donde tiene que rodar no hay un campo de golf, el equipo de producción tiene un serio problema. Pero ahora mismo el que tiene un serio problema es don Sean, porque a lo mejor lo que tiene que buscarse en España es una cárcel con un campo de golf cerca. ¿Os imagináis qué absurdo, Sean Connery jugando al golf y compartiendo celda en España con el Doctor No y con Malamadre? Tal vez Julián Muñoz o la Pantoja ya le han adelantado algunas gestiones… Qué cosas tiene la vida, señor Sean.


lunes, 10 de mayo de 2010

Julio Medem y la habitación en Roma

No pensaba hablar ya de Habitación en Roma y dejarlo todo en aquello que os comenté el tercer día del Festival de Málaga. Pero tampoco pensaba operarme los pechos y aquí me tenéis, cargando con dos enormes melones. No tengo palabra ni fuerza de voluntad.
Así que como el viernes se estrenó Habitación en Roma, y este fin de semana me han preguntado muchas personas por ella, pues me he dicho: “hijo, Jose, escríbelo y así cuando te pregunten pues les das el link y que se lo lean los muy hijos de perra, ¿no?”. Pues no, porque por la calle o en un bar no se puede dar un link, o sí se puede dar, pero no sirve para nada porque no puedes pinchar en él, porque estás tomando una cerveza en ese momento y si pinchas en un link escrito en una servilleta con un boli, por mucho que éste sea azul y lo subrayes, pues no se te abre ninguna pantalla.
No sé para que os explico esto: es de cajón.
Habitación en Roma la vi hará cosa de un mes en una sesión especial para unas 8 personas en la sala de proyecciones de Morena Films, donde sólo había sitio para 7, así que mi queridísimo Patxi Lorente se tuvo que sentar en una silla dura porque Andrés Arconada de la COPE, que llegó el último pero se sentó el primero, porque la COPE es más importante. Yo le ofrecí a Patxi sentarme en la silla dura, pero Patxi es otro caballero y me dijo que no, gracias. Entre otros ilustres, también estuvimos en esa sala Carlos y Álvaro de Fotogramas.es y Cristina Iglesias, de mi canal. No es gratuito que os cite estos nombres: luego os cuento por qué.
Julio Medem con sus chicas y productores el día del preestreno en Madrid de "Habitación en Roma".
No me convenció en absoluto, Habitación en Roma. Y eso que la vi en V.O.S., que es como hay que verla, porque Elena Anaya hace de española y Natasha Yarovenko hace de rusa, o sea, de lo que son, y hablan en inglés, porque si vosotros y yo nos encontráramos con una rusa, también intentaríamos hablar en inglés. Bueno, si yo me encontrara con Natasha Yarovenko intentaría hablar lo menos posible, pero estoy seguro de que al final tendría que hablar en inglés. Bueno, al final y al principio y en medio… a quién pretendo engañar. Lo que quiero decir es que he visto imágenes de Habitación en Roma doblada y me parece un desastre.
Pero que la película no me convenza no tiene nada que ve con el idioma, sino con que me hizo pasar un poco de vergüenza ajena. Yo cuando paso vergüenza ajena bebo agua, y en Morena Films nos dieron agua, y luego me hago pipí y es una lata. Menos mal que no me da por comer pollo y hacer popó. A Habitación en Roma le reconozco cosas buenas, pero también cosas inbuenas o malas.
A favor…
La manufactura. Julio Medem rueda bien, rueda bonito. La música es preciosa (sales cantando como una loca el tema Loving strangers de Russian Red). La fotografía, los encuadres… son evidentemente bonitos, y no estoy elogiándolos en plan “¿qué tal la película?” / “pues muy bien de fotografía” / “o sea que es un coñazo”… No, no me refiero a eso. La estética es bonita de verdad.
Las actrices. Elena Anaya y Natasha Yarovenko son espectaculares, están espectaculares. A estas alturas todos sabréis que la película cuenta el encuentro de dos mujeres en Roma, que pasan una noche en una habitación de hotel de Roma, se enamoran, se cuentan sus vidas y tienen sexo. Y que se pasan la mitad del metraje desnudas, y la mitad de la mitad haciendo tralarí. Pues bien: las dos salen guapas hasta decir basta, sus cuerpos te dejan con la boca abierta y bebes más agua, y en ningún momento llegan a la pornografía. Natasha Yarovenko es lo que técnicamente se denomina como un pibón, supongo que objetivamente está más buena que Elena Anaya, pero lo mío con Elena es de una fidelidad sólo vista en algunos ejemplares de muflón ibérico.
Algunos detalles de la trama. Julio Medem sigue tratando algunas cosas con su mítica delicadeza. Ciertos momentos de las historias que se cuentan son de un refinamiento viscontiano. El momento en el que Alba (Elena Anaya) habla de su historia con Najwa Nimri (que sale en la película grabada con un móvil, como si le fueran a dar una paliza sus compañeros del cole, pero luego eso no pasa), el personaje de Elena se quiebra y se rompe. Y tú te rompes con ella.
Elena Anaya y Natasha Yarovenko en Málaga, el día que las entrevistamos. ¡Fijarse! Al fondo salen Miguel Balanzategui, Mario Martos y una bailarina kazaja, de los que tanto os hablé durante aquellos días del Festival.
Pero en contra…
Varios momentos sonrojantes. Recordad: el de la flecha, el de la botella de vino de Toscana y el del pepino hervido.
Las dos o tres apariciones del camarero italiano, el único actor que aparece en la película junto a estas dos diosas del Olimpo más deidoso y Najwa en el móvil.
La mezcla de sus historias con las de los cuadros que decoran la habitación romana. Alguna está bien, pero tantas…
El exceso de sexo. Sí, no me he vuelto loco, sobra un poquito. Hay veces que dices: “ay, pero si ibais muy bien ahora, no os pongáis a follar”.
Me interesan mucho lo las opiniones femeninas de esta película, así que al salir de Morena Films pregunté. También me interesa muchísimo la opinión de Patxi, pero hasta que calcule yo que se le pasa el efecto de los cuerpos de estas dos no le voy a preguntar. Me interesaba saber si Cristina se sintió  incómoda o si le pareció sensible, si le pareció creíble. Y más o menos sí. Pero como yo, también se sonrojó con algunas escenas, y no precisamente las de sexo. Curioso, ¿verdad?
El otro día le contaba en la radio a Tony Aguilar que me hace mucha gracia que en el cartel de Habitación en Roma ponga: “de los productores de Celda 211”. Sí, vale, es verdad. Pero es como si en el cartel de “Pájaros de papel” pones: “del presentador de VIP Noche”. O sea, es vedad pero no tiene nada que ver. Como alguien vaya a ver Habitación en Roma pensando que es parecida a Celda 211, lo lleva claro. Vale, las dos chicas están encerradas, pero no es lo mismo.
Durante las últimas semanas he tenido ocasión de hablar una vez con Julio Medem, dos con Natasha y tres con Elena. Julio Medem lo pasó un poco mal en Málaga porque estrenaba su película y le daban un homenaje, y canceló nuestra entrevista. Así que me recibió el pasado martes en Madrid, y decidimos hacer la entrevista completamente desnudos y en una bañera. Que no, que es broma, ja ja, festival del humor. La hicimos vestidos. Es que Julio es timidísimo, es como sus películas, muy para adentro. Me estuvo comentando que hacer tantas entrevistas es un horror, él no hace cine para salir en los medios, le gustaría hacer la película y desaparecer. Yo le entiendo, y le decía que es como si un carnicero despieza a una vaca y luego aparecemos los periodistas a preguntarle: “¿cómo ha sido el despiece? ¿has querido simbolizar con él el desmiembre de Europa?” Julio se reía, y decía que así es, porque a veces nosotros hacemos esas preguntas. Educado e inteligente, me habla de esa sensibilidad femenina que se le achaca, de la película chilena En la cama en la que se inspira Habitación en Roma, de lo difícil que es rodar una dirigiendo a dos actrices en unas escenas tan íntimas…
Una de las primeras escenas de "Habitación en Roma". Os he puesto esta foto para que veais que es verdad que a veces salen vestidas.
Hablar con Natasha Yarovenko es como si te ponen delante a  una diosa bajada de una nube de fresa con aroma a feminidad y amor y te dicen “entrevístala”. Bueno, más o menos. Al final no hace falta hablar en inglés con ella porque habla español perfectamente. ¿Pues no va y me dice que el desnudo físico es duro, pero que fue peor el desnudo emocional? Pues por mí hacemos la entrevista vestidos emocionalmente y ya si acaso que se desnude de lo fácil. Simpática y coqueta (“me molesta un poco la luz” / “si quieres la bajamos, pero vas a salir menos guapa…” / “ah, entonces dejadla”), le gusta el cine más íntimo, más de autor, no es fan del americano. Y por lo que va conociendo, le gusta el cine español. El pasado lunes salió en la tele en pelotas. Bueno, casi, en realidad salió en Pelotas, la serie. Pero vestida.  A lo mejor vuelve a salir hoy, es que yo soy fan de Pelotas.
Y un poco de Natasha.
De Elena Anaya últimamente parezco su sombra, porque este año hemos trabajado juntos unas cuatro veces. No ha debido de pasarlo bien Elena en este rodaje. En esa escena que os comento en la que su personaje se rompe, el dolor ha tenido que salir de algún sitio. Ella también incide en lo del desnudo emocional, qué cosas. Pero como dice Elena, ella es una actriz kamikaze, Julio Medem lo sabe, y entonces la exprime. Y lo entiendo: yo veo actuar a Elena Anaya, que cada día me parece mejor actriz, y con esa cara, y con esos ojos… y hasta Natasha se me queda chiquitita. Natasha es la rusa, no es que ahora llame Natasha a mi pirulina. Cuando me encontré a Elena el martes me dijo riéndose que en la entrevista de Málaga se le escaparon algunas cosas que no pensó demasiado, pero que estuvo muy bien. Yo no sé si se refiere a lo de nuestro breve affaire en el 98 en un establo de Memphis, Teneessee, o a otras cosas más íntimas, así que como soy un caballero no voy a mencionar ninguna.
Julio Medem con sus chicas y sin sus productores el día del preestreno en Madrid de "Habitación en Roma".
La película se preestrenó el jueves, y mis compis Irene y Carlitos me han cedido alguna de las fotos que habéis visto. Si queréis ver más de estas dos guapetoncicas en la película, también podéis echarle un vistazo al reportaje de GQ.

P.D. Lo de los enormes melones del primer párrafo era una broma. No son tan grandes.

viernes, 7 de mayo de 2010

Irán (y algunos no volverán)

Perdón por el chiste malo del título, por su pésima calidad y porque no encaja demasiado con el tono de hoy. Porque hoy nos vamos a poner un poco serios (bueno, me voy a poner yo, vosotros podéis hacer lo que os salga del chisme). El motivo de esta seriedad es que el pasado viernes se hacía público un comunicado en el que se exigía la liberación del cineasta iraní Jafar Panahi, que estaba firmado por Steven Spielberg, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Oliver Stone, Robert Redford, los hermanos Coen, Robert de Niro, Steven Soderbergh, Michael Moore, Ang Lee, Jim Jarmusch… Si nos lo hubieran propuesto a ti y a mí, también lo habríamos firmado.
Por si alguien anda despistado, que puede ser (y por eso son tan importantes estos aparentemente perogrullosos comunicados, porque una frase obvia de Spielberg llama más la atención que 1.000 páginas escritas por periodistas desconocidos), os recuerdo la historia de Jafar Panahi. Este señor, que entre otros premios internacionales tiene un Oso de Plata del Festival de Berlín y una Cámara de Oro del Festival de Cannes, fue detenido el pasado 1 de marzo en Teherán por “crímenes sin especificar”. Días después se especificaron: se le acusaba fundamentalmente de violar la prohibición que existe hacia su cine y de estar realizando una película contra del régimen de los ayatolás. Si tú y yo supiéramos hacer cine, seguramente también querríamos hacer una película contra del régimen de los ayatolás, pero no tendríamos güevos. Las películas de Panahi están prohibidas desde hace 10 años, hace 4 se le impidió hacer cine, y en octubre de 2009 se le retiró el pasaporte. Lleva dos meses en la cárcel y su mujer ya ha avisado a las autoridades de la fragilidad del corazón de Jafar Panahi.
Imagen de "Offside", la película más premiada de Jafar Panahi.
Todo este nuevo odio hacia los cineastas iraníes comenzó hace ahora un año, cuando el gobierno de Irán convocó elecciones generales. Se suponía que, tras una campaña estatal en la que su utilizó la presión y la amenaza a los electores, Mahmud Ahmadineyad iba a ganar sin ningún problema. Pero no fue así. Ganó Hosein Musaví de calle. Entonces el ayatolá Jamenei decidió que el país se iría al garete si entraban aires de libertad, y que lo mejor era que siguiera Mahmud Ahmadineyad. Total: pucherazo, recuentos falseados, revueltas del pueblo que había elegido a Musaví, represión, baño de sangre y miles de detenciones.
Directores como Marjane Satrapi (Persépolis) o Mohsen Makhmalbaf (Kandahar) encabezaron las protestas exteriores contra el pucherazo. De nada sirvieron. Y fueron protestas exteriores porque los cineastas iraníes más grandes no pueden vivir en su país desde que Mahmud Ahmadineyad lo dirige, a no ser que quieran acabar como Jafar Panahi. Kiarostami, el más premiado, y la familia Makhmalbaf, la más reconocida, viven en París o son verdaderos nómadas. Porque por mucho que le pese a Mahmud, el cine iraní ha tenido siempre una salud magnífica. Es un cine injustamente utilizado como ejemplo de cine “coñazo”, del que sólo vemos los gafapastas (¿o el plural es “gafaspasta”? ¿o “gafaspastas”?). Pues bien, no es así. Vale que puede resultar lento si no estás acostumbrado al cine de autor (igual sucede, también injustamente, con gran parte del francés y con el europeo en general, es el mayor daño colateral que ha hecho el cine comercial de Hollywood), pero el cine iraní ha dado genios como los mencionados Abbas Kiarostami, Jafar Panahi, Bahman Ghobadi, Marjane Satrapi, o Mohsen Makhmalbaf, y joyas como El sabor de las cerezas, Las tortugas también vuelan, Persépolis, Buda explotó por vergüenza o Kandahar.
"Kandahar", de Mohsen Makhmalbaf.
Por ejemplo, aún está en cartel Nadie sabe nada de gatos persas, de Bahman Ghobadi, uno de los pocos directores que han ganado dos veces la Concha de Oro de San Sebastián. Cuenta la historia de una pareja que viaja por Irán en busca de visados falsos para poder viajar a Londres y dar un concierto, porque tienen un grupo de música. Y el rock está prohibido en Irán. Igual que películas como 300, No sin mi hija y El luchador. Igual que el cine de Kiarostami, Ghobadi y Makhmalbaf.
Hace casi dos años, tuve la inmensa suerte de entrevistar en Granada a Mohsen Makhmalbaf, que vive fuera de Irán desde 2005. Es el autor de Kandahar o Gabbeh, dos películas preciosas y premiadísimas en todo el mundo. Makhmalbaf, en cuya cara conviven el dolor, una sonrisa acogedora y amable, la rabia de no poder luchar en su país y los años de cárcel por rebelarse contra el régimen, me dejó frases sobre el cine y la política como las que os cito a continuación.
Mohsen Makhmalbaf y yo. Para poder entrevistarle, aprendí persa en una semana. Que no, que es broma. Tuvimos una intérprete maravillosa.
“La situación actual en Afganistán no está bien, pero la prefiero a la de  los talibanes. Al menos ahora hay universidad, música, etc. No soy optimista, pero no me gustaría retroceder al pasado”. Makhmalbaf hizo un documental durante el mandato de Muhammad Jatamí sobre el medio millón de niños iraníes que no podían ir a la escuela por ser hijos de madres o padres afganos. El gobierno, cuando vio el documental, modificó dicha ley.
“El cine es como una carta que va de un país a otro, ayudando al intercambio y diálogo que tiene que haber entre las culturas y civilizaciones del mundo. No me refiero al de Hollywood, el de Hollywood es un cine de McDonald’s, un cine industrial. El cine en el que yo creo es como una alfombra hecha mano, que aunque tiene sus errores es un cine trabajado y más humano”.
En 1996, Mohsen Makhmalbaf fundó “La casa Makhmalbaf”, una escuela de cine. Su mujer y sus tres hijos, hartos del sistema educativo de Irán, le propusieron al gobierno crear una escuela para formar a futuros cineastas. “El gobierno respondió que con un Makhmalbaf era suficiente, así que montamos por su cuenta una escuela familiar en su casa. Allí formamos a directores, ayudantes, guionistas… La casa se convirtió en un colegio en Irán, pero también en Afganistán y otros países. Ahora es un trabajo, un proyecto en el que nos cuesta diferenciar cuál es nuestra casa y cuál nuestro trabajo. Pero la censura nos ha convertido en unos gitanos que viajan de un país a otro para continuar con su trabajo. Pero estamos decididos a continuar con esta labor, aunque nuestra casa esté en un montón de sitios”.

No todos los iraníes son intransigentes, no todos los musulmanes son intransigentes, no todas las personas son intransigentes. Por suerte.

martes, 4 de mayo de 2010

La última cosecha de TV: Karabudjan y Gran reserva

Yo no sé decir bien Karabudjan. Me suena como a Aserejé. Gran reserva en cambio lo digo fenomenal, mirad: Gran reserva. Pero no importa cómo yo lo diga, porque lo importante de las series es que se vean o no, no cómo pronunciemos sus títulos los bloguistas atractivos. Karabudjan y Gran reserva son dos de las grandes apuestas de la ficción nacional de este año, una está saliendo bien y la otra no ha funcionado y se la cepillan prematuramente hoy con la emisión de los dos últimos episodios. Os cuento.
Karabudjan, que no sabemos lo que significa porque es uno de los grandes misterios de la serie y se desvelará al final, comenzó en Antena 3 el 6 de abril, y es una serie cerrada, de seis capítulos. La dirige Koldo Serra, el autor de Bosque de sombras, y está diseñada para mayor (o menor) gloria Hugo Silva, del que leí una entrevista antes del estreno. El pobre decía que Karabudjan parecía cine y que le iba a quitar un poco el sambenito del Lucas de Los hombres de Paco. Pero de momento eso no va a pasar. Porque Karabudjan comenzó con un aceptable 14% y 2 millones y medio de espectadores, pero en 4 capítulos ha perdido más de un millón de fieles y casi 5 puntos. Seguro que es porque la gente no sabía decir Karabudjan y decía Aserejé.
Hugo Silva y la que hace de su hermana en el Metro de Madrid. El cápítulo 3 lo rodaron al lado de mi casa y yo ni me enteré.
Gran reserva ha empezado mejor. Lleva tres episodios, que se han movido entre el 18% y el 21%, liderando siempre la audiencia del miércoles excepto cuando ha habido fútbol. En 3 semanas ha perdido “sólo” 400.000 espectadores, de cuatro millones a tres seiscientos. Va a sobrevivir.
A mí Karabudjan me da mucha risa. Es que no me creo ni media. Hugo Silva está siempre muy enfadado y vestido como con traje, y yo creo que así pierde parte de su atractivo, en Que se mueran los feos sale más vestido de guarreras y yo le veo más mono. Y además, no nos engañemos, Hugo Silva no es Laurence Olivier. Karabudjan trata (o ha tratado) de la desaparición de una muchacha tras una fiesta más falsa que el personaje que interpretaba Risto Mejide. Para buscarla, se entremezclan las indagaciones de Hugo Silva, que es el jefe de una agencia de publicidad (en la que no hay nada mínimamente verosímil) y de una inspectora que interpreta la joven y guapa Marta Nieto, tan joven y guapa que su papel de policía experta es menos creíble que Risto, Hugo y Belén Estaban cuando llora. El otro día me crucé con Marta Nieto en Málaga y me sonaba, pero no caí en que era la de Karabudjan. Me lo tuvo que decir la que siempre me avisa de todo, porque si no yo habría pensado que me sonaba de la agencia de modelos a la que pertenecí en los años 90. Para colmo, Karabudjan tiene muchas escenas rodadas en exteriores, y cuando esto sucede la serie directamente no se oye. Es como si el sonido lo manejara un chico sordo. Qué porra.
Os juro que he seguido viendo Karabudjan por un extraño masoquismo que hace que me lo pase pipa. Se me mezcla una vergüencilla ajena, un querer mirar y no mirar a la tele, una sonrisa incrédula y una placentera sensación de juerguecilla post-cena. Es algo parecido a lo que hacía un amigo mío, que escuchaba a Jiménez Losantos en la COPE como programa de humor.
Gran reserva no es mi tipo, pero está mejor hecha. Es una saga de dos familias y dos bodegas, los Reverte y los Cortázar, una especie de Falcon Crest a la española, con esas luchas entre los Channing, los Agretti y los Gioberti. La serie tiene mucho más claro a quién va dirigida, utiliza mejor la música, no da tanta risa y tiene mejores actores. Cuenta con Emilio Gutiérrez Caba, que aún no ha participado en una película, obra de teatro o serie en la que no esté bien. Algo parecido pasa con Tristán Ulloa, que encima me cae chupilerendi. Ángela Molina está incluso sobrada, por encima de los demás. Y también salen la mujer de Bustamante (la actriz antes conocida como Paula Echevarría), Luisa Martín “la Juani”, no la de Bigas Luna, sino la de Emilio Aragón. El primer capítulo fue magistral, presentando a los personajes de las dos familias y sus relaciones de la manera más sutil que se les ocurrió: follando entre ellos. No he seguido viendo Gran reserva porque la serie va para largo y yo tengo menos tiempo que el cirujano plástico de Nicole Kidman. Pero es un producto bien hecho, y eso hay que admirarlo.
Paula Echevarría y Tristán Ulloa, rivales y ex-amantes, creo. Pues como se entere Busta, va a retar a Tristán en un ring de boxeo, como en el vídeo ése de "Por el amor de una mujer".
El mayor problema ahora mismo para Gran reserva es que la han denunciado porque cuando acaba cada capítulo, en los títulos de crédito que nadie lee nunca, comienzan a aparecer los logos de las marcas que han colaborado con la serie (o sea, los agradecimientos de toda la vida). Pero amigo… en TVE ya no se puede hacer publicidad, y claro, la aparición de estas marcas lo es. El tema está en los tribunales. Porque si esto se prohíbe, TVE lo va a tener chungo para poder producir o comprar series, ya que tal y como están las cosas no se puede hacer televisión sin el apoyo económico de las marcas… y éstas a cambio piden aparecer, con su logo y todo, claro. A mí, por ejemplo, para hacer este blog me patrocinan Mirinda y Filomatic. Yo les hago publicidad y ellos me pagan. Aunque curiosamente, aún no he visto un cheque…