viernes, 12 de febrero de 2010

Los Goya: apuestas y cortometrajistas

Alguien me preguntaba hace poco en los comentarios de este blog que si iba a hacer predicciones para los Goya. La respuesta es NO. O bueno, ésa era la respuesta en ese momento, pero como no tengo carácter y basta que me digan una cosa para que la haga por si acaso (¿por si acaso qué? no lo sé, llevo años preguntándomelo), pues la respuesta ahora ha cambiado y es SÍ.
Pero las voy a decir muy rápido, porque mis apuestas de este año van en una dirección muy clara: Celda 211. Venga, yo digo que va a ganar mejor película, dirección, actor para Luis Tosar y guión adaptado. Si no es así, os pago una cena para dos personas en un pequeño restaurante de Almorox, Toledo.
  • Así que según yo, Celda 211 derrota a Ágora. A Ágora le dejo el Goya al mejor guión original y un buen puñado de Goyas técnicos. Si acierto, me pagáis una excursión a Chipre de dos días y seis noches, que me hace una ilusión…
Luis Tosar en "Celda 211", haciendo de hijo de mala madre.
  • La otra gran triunfadora será Yo, también: dirección novel, actriz principal para Lola Dueñas y actor revelación para Pablo Pineda. Si fallo uno de estos tres os invito a un plato de garbanzos con repollo  en Casa Perico.
  • Otros Goyas: Resines y Marta Etura, actores de reparto. Blanca Romero, actriz revelación. El secreto de sus ojos, mejor película de habla hispana. Déjame entrar, mejor película europea. Si me equivoco en una, en sólo una de estas predicciones, me tiro a un pato. Pero me lo tiro en el sentido carnal, que me lo zumbo, vamos.
  • Y por supuesto, La dama y la muerte va a ganar el premio al mejor corto de animación (aunque es una pena que Alma se vaya a quedar sin el premio, es otro corto cojonudo). ¿Aún no habéis visto La dama y la muerte, el corto que está nominado también al Oscar? Anda, aquí lo tenéis, que no sé qué haríais sin mí (y sin Plus TV, las cosas como son).
Lo de La dama y la muerte os lo cuento tan así porque la otra tarde estuve con Javier Recio, su director, y me estuvo contando muchas cosas del corto, de Antonio Banderas (que es el productor), y también que para los Oscar le van a vestir Victorio y Luchino, pero que para los Goya le ha comprado un traje su madre. También estuve con los directores de Yo, también, y con tres de los cuatro nominados al mejor corto de ficción.
¿Pero dónde estuviste tú? os preguntaréis medio desnudos. ¿En una especie de bar de La guerra de las galaxias versión española para cortometrajistas y frikis como tú?
Pues no, en un encuentro digital televisado por internet entre nominados, estudiantes e internautas que organizó plus.es, que llamaron “Del corto al Oscar pasando por el Goya” y que me pidieron que moderara yo, que es como pedirle a Belén Esteban que modere una sesión extraordinaria de la Academia de la Lengua (de la lengua española, matizo, porque si no el chiste pierde su gracia). Aún así, como me lo pidieron Choni Martín Herranz y Cristina Merino, pues les dije que sí, porque son dos personas que si un día me piden que intente matar con un clip a un rinoceronte cabreado, yo creo que también les digo que sí.
Y me lo pasé pirata, tíos. Porque conocí a seis personas estupendas (me refiero a los nominados, a los demás ya los conocía, aunque también son estupendos, como Esther & Carlos, realizadores de lujo), porque me vi inmerso en una charla sobre cortos y cine que me interesó una cosa mala y porque me dejaron hacer el tonto delante de tres cámaras.
Por ejemplo, me gustó comprobar que:
  • Antonio Naharro y Álvaro Pastor, los directores de Yo,también, traían un jetlag imponente porque venían del Festival de Sundance ý de ganar el premio del público del Festival de Rotterdam. Pese al agotamiento, estuvieron simpatiquísmos y encantadores, y a pesar de que han triunfado con su primer largo y están preparando el segundo, no veais cómo apoyaron a los cortometrajistas y escucharon a los estudiantes.
  • Javier Recio, el director de La dama y la muerte, va a estar el domingo en la gala de los Goya. Al día siguiente, en Los Angeles, tendría la comida de los nominados al Oscar. Así que tuvo que elegir entre una cosa y otra. Y dice que va a lamentar mucho no comer en el mismo salón que James Cameron y Quentin Tarantino, pero ha elegido estar en los Goya. “Espero que merezca la pena”, añade con cierta coña.
  • Esteban Crespo, el director de Lala, entró en el plató de CANAL+ donde hicimos el encuentro, y cuando vio las cámaras y las luces, tuvo dos golpes de humor seguidos de éstos que a mí me encantan: “Vaya, es duro ver que te van a entrevistar con más medios técnicos de los que tú has tenido para hacer el corto por el que entrevistan”. Y acto seguido: “¿Os importa dejarme un momento solo en el plató, que voy a rodar otro corto?” Echadle un vistazo a Lala, con Gustavo Salmerón, Marta Berenguer, Ramón Barea y Mariví Bilbao (la musa otoñal de los cortometrajistas).
Yo con los cortometrajistas y directores nominados a los Goya (y Oscar). A sus pies pone “ANAL+”, pero porque falta una “C”. 
  • Nuria Verde, la única nominada acabada en “a” por Terapia, guionista y redactora del programa Cámara abierta de TVE , se reveló como una maravillosa “sinopsista”: en una frase resumió su corto y el de Esteban Crespo con una precisión y una capacidad de síntesis que ya me gustaría tener a mí, y a vosotros que la tuviera, porque en una frase os contaría todo lo que yo llevo intentando contar desde hace un par de horas. Terapia es un duelo psicológico-emocional entre Daniela Féjerman y Natalie Seseña.
  • Martín Costa, nominado por La Tama, explicó a internautas y estudiantes cómo se busca una actriz, como se consigue la financiación para un corto o para qué sirve un Goya (según él, más útil para ligar y hacer amigos que para pagar hipotecas). Y oye, un buen rollo con sus compañeros, que no olvidemos que el domingo serán rivales…
La conclusión que saqué es que el único corto que no quiero que gane es el de Mateo Gil, el cuarto en discordia. Primero, porque es el único que no asistió al encuentro. Esto ha sonado a venganza, pero no, porque no pudo venir porque estaba de viaje, lo que quiero decir es que como no vino pues no le pude coger cariño. Y segundo, porque su corto es el que menos me gusta de los cuatro.
De verdad que fue un placer conocerles, y será un placer saludarles el domingo en los Goya, donde estaré porque me lo han rogado encarecidamente. ¿Los altos cargos de la Academia? Pues no: mi jefe. Porque voy a trabajar, no a sentarme en el patio de butacas a aplaudir y a comer ganchitos. Lo de “encarecidamente” y lo de “rogado” lo he añadido yo. Por suerte, voy con Cristina Iglesias, mi productora favorita después de Paula Wagner y con Antonio y Mario, mi equipo de cámaras preferido pero con el que posiblemente me suceda algo extraño, como que extraviemos el Palacio de Congresos o electrocutemos a Buenafuente.
Si no me pasa nada raro, os pago un viaje a Cancún para dos personas con escala en Hi-Fi. Os lo juro.

(¿Os animáis a hacer apuestas?)

miércoles, 10 de febrero de 2010

Cómo se vota en los Goya

Estoy tonto, llevo unos días venga a hablaros de los Oscar como si fuera Miguel Parra, y resulta que dentro de cuatro días lo que se entregan son los Goya. Así que habrá que hablar de los Goya. Y como hace un año ya os hice un repaso graciosísimo sobre la historia de estos premios tan absurdos que consisten en darle a un cineasta la cabeza de un pintor sordo, pues hoy os voy a hablar de una cosa nueva de los Goya.
Por motivos que no vienen a cuento, este año he asistido muy de cerca a todo el proceso de votación de los Premios Goya. Y como sucede en todos los premios, el sistema no es justo, pero podría serlo. Por lo menos es democrático y no se me ocurre un método mucho mejor. Veréis:
  • La Academia envía a sus miembros un libraco con todas las posibilidades que tienen para elegir los nominados de cada categoría. El libraco incluye todos los títulos estrenados en el año (en este caso 2009), y todas las candidaturas que han enviado cada una de esas películas. Yo lo he visto y da mucha pereza.
El libraco que envía la Academia con todos los aspirantes a ser nominados a los Goya.
  • ¿Cómo se convierte uno en miembro de la Academia? Primero, tienes que dedicarte al cine. Una vez que ya te dedicas al cine, hay dos caminos. Uno: que te nominen a un Goya. Automáticamente, pasas a ser académico. O sea, que Lolita, por ejemplo, es académica. O sea, no puede ser académico un charcutero bajito, a no ser que haga una película y le nominen. Dos: que varios académicos presenten y avalen tu candidatura, y que la Asamblea la apruebe con ilusión. Así que el charcutero mejor que haga una película, porque si no nadie va a avalar su propuesta.
  • Las productoras de las películas son las que presentan a sus candidatos. O sea, es Celda 211 la que pone a Luis Tosar como actor principal, a Resines como secundario, a Amman como revelación… Por eso a veces vemos algunas “trampas”, como que dos actrices que aparecen los mismos minutos en una película estén nominadas una como principal y otra como secundaria (sucedió en Belle epoque o Mar adentro). Así puedes ganar más Goyas y evitas que tu gente luche entre sí. Y si te has llevado mal con el de sonido porque era un bastardo, pues es el momento de la venganza: que se joda y no le presentamos como candidato.
  • Cada académico coge ese libraco y va mirando los nombres de cada categoría, que a veces son 50, a veces 100, a veces 80… Elige a cuatro, da igual en qué orden, y los apunta con buena letra en el impreso que también le ha enviado la Academia. Pasa la lengua húmeda como un pescado fofo por la goma pegajosa del sobre, que por qué no harán con un sabor rico, y lo cierra con destreza.
  • Ni que decir tiene que el académico no ha visto ni la décima parte de las películas que había en el libraco. Yo he hecho la prueba, y he visto 43 películas de las 119 que se han hecho en España en 2009, y eso que por mi trabajo me temo que tengo más posibilidades de ver cine español que muchos actores, que estarán trabajando en series y no tendrán tiempo. Y yo también trabajo mucho, pero a veces mi trabajo es ver precisamente esas películas. Los pobres académicos acaban votando entre las pocas que ha visto. Y claro, todos han visto Ágora y Celda 211. Y nadie ha visto Hierro o V.O.S.
  • Por eso muchas distribuidoras envían sus películas a los académicos en DVD, para que las vean y las voten. Eso sí, la Academia ha ideado este año un sistema para que todos puedan ver todo. Cada académico puede entrar en la web con un código personal e intransferible, y allí ver en streaming todos los títulos. Eso sí, no puedes prestar tu número, porque la web memoriza la dirección IP del ordenador y ya no permite que ese número entre desde otra máquina. Pero, francamente, no me imagino a Manuel Alexandre, Juanjo Ballesta o Asunción Balaguer viendo Planet 51 en streaming. Aunque quizá me equivoque.
  • El voto se envía por correo a un notario, y días más tarde, se anuncian las candidaturas. Cuatro por categoría, las más votadas.
  • Días más tarde, el académico vuelve a recibir un impreso que ya es como la quinielica: cuatro opciones por categoría, de las que ya sólo puede marcar una.
  • Se lo vuelve a mandar al notario, que recuenta los votos definitivos, y de ahí sale el ganador. Y ya está. 
Un Goya ahí solo.
Este año, por quinta vez, estaré trabajando en los Goya. Es una pena, porque me gustaría celebrar el 14 de febrero con mi chica como hacemos siempre: cenando un plato de queso y acelgas, yo le regalo una flor y un merengue y ella me regala una corbata rosa palo con la inscripción: “Es la moza segoviana / la mujer que yo más quiero”. Siempre es así. Pero este año no podrá ser. Este año me toca pasar San Valentín con el cine. Del que, al fin y al cabo, también estoy enamorado.


lunes, 8 de febrero de 2010

Nine e Invictus

El día que salieron las nominaciones a los Oscar me propuse dos cosas:
1. Iros hablando de las películas candidatas a las categorías principales.
2. Hacer algo de ejercicio, que estoy superfofo.
Soy consciente de que el segundo reto no lo voy a cumplir a corto plazo, porque igual que Tono, mi gimnasia diaria consiste en darle cuerda al reloj. Así que decido volcarme en el primero, que es más fácil. Y voy a empezar por la película por la que está nominada Penélope, Nine, y por la que están nominados Morgan Freeman y Matt Damon, Invictus. Además, fui “invitado” al preestreno de ambas, así que voy a mezclar crónica social con crítica cinematográfica, pero dónde vais a encontrar algo mejor que esto, un espectáculo híbrido entre Carlos Boyero y María Patiño.
Me acerco al cine en el que se preestrena Nine, un evento al que Penélope Cruz decide no asistir. Yo creía que me habían regalado dos entradas para que fuera al cine y viera la película con mi chica. Pues no. Cuando llegué me estaba esperando un cámara de CANAL+ para que entrevistara con él a los famosos que fueron a la premiere, entre los que no estaba Penélope Cruz, creo haber dicho. David (el cámara) y yo, ayudados por Teresa (mi chica, que cuando me acompaña a estos eventos trabaja como una negra) (como una negra trabajadora) nos ubicamos en el único sitio en el que nos enfocaban todas las cámaras de los demás programas. Si al día siguiente visteis algún reportaje sobre Nine en La Sexta, Antena 3, Telecinco, Teledeporte o Duson TV, me tuvisteis que ver. Salía en todos los planos, como Sardá en su programa, yo era uno moreno con barba, muy delgado y con cara de croqueta.
Penélope, que no acudió al preestreno porque estaría haciendo el tonto en un columpio.
En éstas estábamos cuando de repente apareció un señor muy alto y con acento parecido al de Apu el del Badulake y le metió a David, el cámara, un cable por detrás. Por detrás de la cámara, no de él. Y de pronto todo lo que captaba su cámara conenzó a salir en la pantalla del cine, para que la gente que estaba dentro no se aburriera y viera a los que no habían entrado. Así que si quedaba alguien que no hubiera visto todavía mi imagen moderna y casual captada por una cámara, ya podía verme a toda pantalla. Pierdo bastante de esta guisa, debo decir.
Por la alfombra roja (caramba, ahora mismo no recuerdo si era roja, salmón o negra, ni siquiera recuerdo si había alfombra) pasó gente a la que no hice mucho caso, como Chenoa, una hija o sobrina de Rocío Jurado muy famosa, el niño de Aída… Pude hablar con Juanjo Puigcorbé, que aprovechó para pedir trabajo en algún musical, un género que ya ha interpretado en teatro. Con Imanol Arias, un tipo encantador que va a estrenar en breve Pájaros de papel y que en cualquier momento yo creía que me iba a llamar “Merche”. Con Antonio Garrido, otro simpaticón que ya me dio una vez una entrevista muy maja y que me confirmó que ese vozarrón que tiene también sabe cantar. Con Miriam Giovanelli, una actriz jovencísima que no sé que me dijo porque yo estaba perplejo mirándole la naricilla y la boca. Con Paco León, que le da igual hacer un musical, un drama o una de romanos, porque todo parece que lo hace de coña. Y con Raúl Arévalo, que es muy majete pero a veces es tan tímido que te da respuestas tipo test, aunque con una sonrisa amplia y sincera, la verdad.
A mí Nine me gustó, pero soy de los pocos a los que les pasó eso. En general no ha gustado, pero a mí me distrajo, los números musicales me entretuvieron, aunque no recuerdo las canciones excepto la de Cinema italiano, que ahora mismo acabo de parar de escribir y la estoy cantando, mirad, “Ci-ne-maaaaa ita-liano”. La actuación de Pé también me gustó, y mucho, no me parece exagerada la nominación, y su número musical me sorprendió para bien, es de las pocas veces en las que Penélope Cruz me ha puesto obesa la puchinga (como decía Tip). También me gustó la parte que Nine tiene de homenaje a Fellini 8 y ½, y el tema del director existencialmente perdido entre mujeres. Nicole Kidman y Sofía Loren parece que se van a romper en cualquier momento, eso sí. Y a Daniel Day Lewis le vi como un más que digno Guido Contini, aunque mentí a Santiago Segura y le dije que a mí también me parecía un soso, pero porque Santiago estaba muy gracioso y yo no quería llevarle la contraria.
Días más tarde me invitan al estreno de Invictus, de Clint Eastwood. Por si acaso también me está esperando un cámara, esta vez voy con una careta de Ronald Reagan del año 83 para que no me reconozcan. Sí que me reconoce mi presentadora favorita, Cristina Teva (que precisamente dijo unas palabras graciosísimas en el preestreno de Nine con Antonio Muñoz de Mesa). Me descubre porque pese al perfecto disfraz, yo iba con mi chica, y ambas se conocen. Cris iba con un muchacho encantador que edita una revista que me iba a enviar, pero yo no le dije dónde. Mierda de cabeza.
A este estreno sí que asistió la estrella. No Penélope, sino Morgan Freeman, que salió al escenario y dijo unas palabras en español (pero pocas, “hola”, “gracias” y “reconstituyente tácito”). También salieron la productora de la película y John Carlin, el autor del libro en el que se basa Invictus, que habla español mejor que tú y que yo. Sus lo aprometo.
Morgan Freeman con John Carlin, la productora de "Invictus" y sus sombras, en el cine Palafox de Madrid.
Morgan Freeman sigue siendo negro, lo cual me encanta porque denota una gran coherencia. Está nominado al Oscar al mejor actor, y no me extraña nada, porque aunque ya se parece de serie, realmente borda el personaje y crees estar viendo al auténtico Nelson Mandela. De hecho, fue el propio Mandela quien dijo que si un día le interpretaban en cine, le gustaría que lo hiciera Morgan. Yo una vez entrevisté a Morgan Freeman (por otra película) y me cantó “Al pasar la barca me dijo el barquero”, porque se la había enseñado Paz Vega. Esto no viene a cuento, pero ¿a que mola la anécdota?
Invictus me gustó, aunque en ningún momento me entusiasmó. Me pareció muy correcta, tal vez demasiado correcta, como siempre, Clint Eastwood no sabe hacer películas malas. Quizá con los personajes algo estereotipados, aunque luego resulta que están basados en hechos reales y comprobables. Pero no le perdono a Clint la media horita final de partido de rugby casi en tiempo real, con ralentizados, melés y familias ñoñas, negras y blancas aplaudiendo unidas a una misma Sudáfrica.
Bueno, venga, sí se lo perdono. Te lo perdono, Clint.

(Nine tiene cuatro nominaciones: la de , vestuario, dirección artística y una canción. Invictus tiene dos: Morgan Freeman mejor actor principal y Matt Damon mejor actor de reparto)

viernes, 5 de febrero de 2010

Penélope Cruz y los nominados a los Oscar

El pasado martes se anunciaron las nominaciones de los Oscar, y todos nos pusimos muy contentos, los unos por esto y los otros por aquello. La mayoría de los españoles nos pusimos muy contentos por la nominación de Penélope Cruz, porque aunque durante el año la podamos criticar o la tengamos un poco de manía (o no), cuando ganamos algo los españoles hacemos piña. Nos gusta que gane Nadal, que gane Penélope y que gane Carlos Sainz. Yo mismo, durante las olimpiadas, me entusiasmo si el equipo de waterpolo llega a la final, y os aseguro que durante los cuatro años siguientes por mí como si le dan por saco al waterpolo, deporte del que no sé deciros ni un sólo equipo. Con Pé pasa igual. Y con el corto de animación que también han nominado, ya ni os cuento.
Así que lo normal es que para hablar de las nominaciones empezáramos por la de Pé, ¿verdad? Pues no. Voy a empezar por otra cosa.
Voy a empezar con el enfrentamiento del siglo. Más que un duelo en los Oscar parece un pleito tras un divorcio. Avatar tiene 9 nominaciones. Es la que más ha conseguido, pero empatada con En tierra hostil. A estas alturas todos sabréis que James Cameron y Kathryn Bigelow, sus directores, fueron marido y mujer. Así que yo me imagino las declaraciones cruzadas en la alfombra roja: “Manirroto, que eres un manirroto, que no sabes hacer cine sin gastar y gastar”. “Anda, tía cutre, que ni usas 3D ni metes en tú película a soldados azules como los Pitufos, sigues igual que en casa, que eras una cutre”. “Anda, que no sé qué te ha pasado que cada día te pareces más a tu madre”. “Envidia cochina, que ya te gustaría sacar la décima parte de taquilla que yo”. “Pues entonces ya podías pasarle la pensión a tus hijos”. Y así todo el rato. En cualquier caso, el duelo está servido, y entre ellos estará la mejor película y el mejor director. Tarantino, Lee Daniels y Jason Reitman sólo podrán asistir como voyeurs, y si quieren se pueden tocar entre ellos, por mí como si se la machacan con una piedra pómez ya gastada por el uso.
Venga, y ahora sí que hablo de Penélope. En estos días que han pasado desde que la nominaron, he oído muchas veces que no se lo merece y que algo les debe de pasar en Hollywood con ella. Bueno, no dudo que esté un poco de moda, como les pasó (y les sigue pasando) con Almodóvar, o cuando les dio unos años por el cine oriental, pero francamente, los tres trabajos por los que han nominado a Penélope a mí me gustan mucho. No sé si están entre los 5 mejores del mundo, o de Europa, o de Alcobendas (¿cómo diablos se mide eso?), pero me gustan. Y en Nine Penélope está muy bien. Está sensual, canta bien, baila bien, está sensual, habla en inglés con acento italiano, cosa que se me antoja difícil de hacer creíble y lo hace, está sensual…
Pero no va a ganar. Va a ganar Mo’nique por Precious, por una razón de peso: es una cómica muy famosa por allá que hace un papel dramático. Y eso les encanta. Eso quiere decir que Maggie Gyllenhaal y las dos actrices de Up in the air tampoco lo van a ganar.
Penélope Cruz en "Nine". Yo el lunes intenté poner esa postura y aún no he podido cerrar las piernas.
Malditos bastardos tiene 8 nominaciones. Hablo ahora de ella para no llevar ningún orden lógico en esta crónica. Se va a llevar uno seguro: el de mejor actor de reparto para Christoph Waltz, que tiene apellido de año nuevo en Viena. Y ese premio va a dejar con cara de tonticos a los pobres Matt Damon, Woody Harrelson, Christopher Pummer (Dios mío, ¡si en Sonrisas y lágrimas ya me parecía mayor!) y a Stanley Tucci. La única pega que le pongo a Christoph Waltz es que su nombre tiene dos haches, y eso me pone nervioso, como me pasaba con el popular payaso Phophito.
Las ya mencionadas Precious y Up in the air han sumado seis nominaciones. A las de las actrices ya citadas hay que añadir las más importantes: las de película y director. Pero es que este año, con lo de que al premio a la mejor película opten 10 candidatas, pues lo difícil es quedarse fuera. Aún así, Invictus y Nine lo han conseguido. Bueno, y The road y La herencia Valdemar también (las 10 nominadas, por cierto,son Avatar, The blind side, District 9, An education, En tierra hostil, Malditos bastardos, Precious, Un tipo serio, Up y Up in the air).
Pero volviendo a Up in the air, su nominación más glamourosa es la de George Clooney a mejor actor. Todo parece indicar que tampoco lo va a ganar, porque las apuestas señalan a Jeff Bridges por Corazón indomable, con permiso de Morgan Freeman por Invictus. Colin Firth y Jeremy Renner parece que van a ser meros espectadores. Lo dicen los expertos, no yo. Bueno, yo también lo digo.
En cuanto a las actrices principales, creo que le deberían cambiar el nombre a esta categoría. Deberían llamarla “Oscar a la mejor Meryl Streep y otras cuatro tías”. Es aburridísimo: Meryl Streep rueda una película que se llame: “Historia muda que es sólo un plano quieto y soso de Meryl” y la nominan. Eso sí, luego Meryl no gana. La han nominado 16 veces y sólo ha gando 2, y muy al principio. Este año la favorita es (agárrense) Sandra Bullock, por una película que se llama The blind side, que aún no la hemos visto en España. Creo que Sandra está muy bien, aunque como dice Antonio Muñoz de Mesa, cada vez se parece más a Michael Jackson (en su etapa chunga). Helen Mirren, como ya tiene un Oscar, pues tampoco creo que se lo quite. Y a Carey Mulligan y Gabourey Sidibe, que son las otras, no hagáis ahora como que las conocéis, listos.
Sandra Bullock en "The blind side".
Up obtuvo 5 nominaciones. Entre ellas la de mejor película, con lo cual no debería haber duda de que el premio para el mejor film de animación debería ser para Up. Es categoría siempre me ha gustado especialmente: la de las pelis de dibujos. Este año se quedará sin Oscar esa delicia llamada Los mundos de de Coraline, y tampoco ganarán la estatuilla ésa del tío desnudo bañado en oro Fantastic Mr. Fox (de Wes Anderson), y Tiana y el sapo, la de Disney a la antigua usanza, con una princesa que es la primera aristócrata negra de la Disney, pero que está más delgada que las chicas de Precious. No llegó a salir nominada Planet 51. Bueno, qué se le va a hacer. Pero la alegría en animación nos la dio el cortometraje La dama y la muerte, una joya española con humor, ternura, sensibilidad, belleza… Competirá con uno de plastilina de Nick Park, el padre de Wallace, Gromit y las gallinitas de Evasión en la granja, así que lo tiene complicado. Pero dudo que haya algún trabajo mucho mejor que La dama y la muerte. En serio, es una maravilla (por cierto, si queréis verlo, si os gustan los cortos, si os apetece conocer mejor mejor al director nominado, etc, echad un vistazo a Cocinatucorto. Allí podréis ver también algunos de los cortos nominados a los Goya, y el martes pordréis ver en acción a uno de los grandes sex-symbols de la comunicación audivisual de Europa y Asia).
Y la última alegría nos la dan dos películas en castellano: la soberbia El secreto de sus ojos y la más que aceptable La teta asustada, preciosa película peruana que no narra la historia de uno de los pechos de Yola Berrocal. Las dos tienen coproducción española, y aunque a mí me parecen superargentina la una y megaperuana la otra, pues también nos tiene que poner muy contentos.

La ceremonia de los Oscar la emite mi querido CANAL+ el 7 de marzo de madrugada. Para quien quiera apuntarse, os adelanto que la presentadora será Manuela Velasco, de la que me declaro fan y tuno si hace falta. La acompañarán Juan Zavala, del que también soy fan (pero a Juan no le rondaría) y Pepe Colubi. Y en la alfombra roja de Hollywod estará por quinto año Cristina Teva, del que ya no soy fan, sino una especie de groupie que le lleva las baquetas en un bolso gris, sí, sí, sí. Si os animáis, pues trasnochamos juntos esa noche. Pero si tenéis tele, si no es una gilipollez que lo hagáis.

martes, 2 de febrero de 2010

La herencia Valdemar (asombrosa película)

No pensaba escribir sobre La herencia Valdemar, una película española que lleva más de una semana en cartel, que se ha colocado en el número 6 de la taquilla, que ha recaudado más de medio millón de euros en su primer fin de semana (que no está nada mal) y que se ha promocionado como “la última película de Paul Naschy”. No pensaba hablar de ella porque me pareció mala, y para qué hablaros de una película que me parece mala.
Pero en el último post me acordé de ella, y la cité como “película que no hay que ir a ver”. Y me dije, “qué diantres (como diría Millás, ¿qué rayos será un diantre?), voy a hablar de La herencia Condemor. Digo, Valdemar. Total, no ha funcionado mal, y mis críticas no van a hacerle ya ningún daño”.
Paul Naschy en su última película, buscando con el candelabro algún atisbo de lógica en la historia.
Tuve la suerte de ver la película con el crítico de cine al que más cito en este blog, tanto que cualquier día me demanda, pero lo hago porque es mi amigo y porque además es del que más me fío y el que más me gusta: Alessandro Lecquio. No, hombre: Javier Ocaña (El País). La vimos los dos sin ningún prejuicio, porque no sabíamos muy bien lo que íbamos a ver.
Y aún no sabemos muy bien lo que vimos. Porque La herencia Valdemar comete unos cuantos actos cinematográficamente delictivos e incluso suicidas:
  • Se autoproclama como una película que recrea el mundo de (el pobre) H. P. Lovecraft.
  • Se vanagloria de haber costado 13 millones de euros, pero en sus créditos iniciales (que no están mal) no ves ni el apoyo de alguna cadena de televisión ni ninguna subvención de ministerios, comunidades autónomas, juntas provinciales o aldeas gallegas.
  • La herencia Condemor comienza con una historia presuntamente misteriosa en la que se ven envueltos Silvia Abascal, Eusebio Poncela y Óscar Jaenada, que parecen dirigidos por un becario soso. Eso los actores. El resto parece dirigido por un becario taradete.
  • Estos personajes interactúan con otros durante media hora. Después, ya no vuelven a aparecer. Hala.
  • Entonces la historia pega un salto atrás en el tiempo hacia el siglo XIX, y ya no retorna jamás al XXI. Seguramente porque sabe lo que le espera y prefiere no volver.
  • De repente, aparece como personaje absolutamente secundario Bram Stoker, que acude a una sesión espiritista “para buscar inspiración y escribir una gran novela”. Tal y como se desarrolla la sesión, se supone que la inspiración para Drácula la debió de encontrar en otro sitio.
  • El tiempo pasa y la película tien que terminar, porque llevas cerca de dos horas viéndola, pero tú sabes que esos personajes del principio deberían volver a aparecer, aunque empiezas a sospechar que al director y guionista igual le importa un bledo que no lo hagan.
  • Y así es. Pero porque la película acaba con un final nunca visto en el cine español: ¡el tráiler de la segunda parte! Yo no sabía que había dos partes. Las notas de prensa que me había enviando para ir a ver la película no lo mencionaban. Y parece que la continuación ya está rodada, o sea que es como El señor de los anillos, pero en vez de con Frodo, con Camarón.
Cuando terminó la proyección, Javier Ocaña y yo nos miramos y no sé cuál de los dos dijo perplejo: “¡con un par de cojones!”. Creo que fue él, pero me extraña, porque es muy educado. Pero yo también soy muy educado, o sea, que La herencia Valdemar, entre otros efectos secundarios, consigue que una de las dos personas más educadas de Europa pronuncie con incredulidad la palabra “cojones”.
Al salir de la película, te regalaban una botella de vino. Los críticos de cine íntegros y con principios la rechazaron: no está bien que te regalen algo cuando tienes que realizar una crítica. Yo sí me llevé la botella. Porque no soy crítico, no soy íntegro y ya que he tenido que ver esta película (por motivos laborales), por lo menos que me pueda soplar un Rioja. Aunque tal vez me lo guarde, porque si estrenan la segunda parte prefiero verla beodo.
Un vino Herencia Condemor, reserva, riquísimo.
Cuando nos despedimos, le dije a Javier: “estoy deseando leer tu crítica”. No me defraudó. Javier escribió varias frases demoledoramente ingeniosas que hicieron que en el metro la gente me mirara pensando: “¿de qué se reirá este gilipollas?”. Por ejemplo: “es una producción lamentablemente pionera: se trata de la primera película de la historia del cine español que no termina” / “es como los desenlaces de El señor de los anillos y Piratas del Caribe, pero a lo bestia” / “los misterios alrededor de una producción de 13 millones de euros (…) se antojan mucho más interesantes que el desvarío de la historia” / “está bastante más cerca de Aquí huele a muerto que de las claramente inspiradoras Los otros y El orfanato(esta comparación me parece divertida y humillantemente acertada)/ “Óscar Jaenada con pinta de recién salido de tomar unas cañas con sus amigos” / “Eusebio Poncela (…) parece haber dado un salto desde Tuno negro hasta esta Valdemar . ¡Cómo no va a ser mi crítico favorito!
Antes de terminar, voy a añadir tres cosas más:
  1. Una frase que apostilló mi chica: La herencia Valdemar debe de referirse a la herencia que ha cobrado el director para poder rodar la película”.
  2. La herencia Valdemar fue la última película de Paul Naschy. Si no fuera por el respeto y admiración que me inspira este grande del cine de terror (aunque sea de películas de serie Z), haría el chiste de que tal vez se suicidara tras rodarla.
  3. Dentro de unos días entrevisto en radio a Óscar Jaenada, al que por cierto, considero un gran actor. Espero que no lea este blog.

Y pensaba acabar este post con el tráiler de mi siguiente entrada. Pero lamentablemente, yo aún no la he rodado.