lunes, 14 de diciembre de 2009

Los ojos de Julia y la hermana de Belén Rueda

Me proponen ir a Terrassa, Barcelona, al rodaje de Los ojos de Julia. Los ojos de Julia es una de las esperanzas del cine español de 2010, una película de Guillem Morales (que no es muy conocido pero tampoco un debutante) en la que hay cosas que recuerdan a El orfanato: parte del equipo de producción (de Guillermo del Toro), Belén Rueda en un papel de atormentadilla, el misterio que envuelve la historia…
Recuerdo ese día de rodaje como si hubiera sido hace unos días. Seguramente porque fue hace unos días.
6:20 AM. Comienzo a dar vueltas en la cama sobre mí mismo, afición a la que dedico el 90% de mi ocio nocturno.
6:40. Anoche llamé a un taxista amigo para que me lleve al aeropuerto, porque los no amigos me hablan de política y me ponen nervioso. Me llama el taxista amigo: que le han abierto el coche y le han quitado el tom-tom, que no puede venir y que ya si eso llame a un taxista no amigo.
6:41. Pues empezamos bien el día.
7:30. Tras charlar con un taxista sobre Zapatero, llego a Barajas a encontrarme con el equipo que me han asignado para hoy. Vaya, son Cristina Teva, Antonio González y Mario Martos. Últimamente viajo siempre con ellos, y cuando viajo con ellos me pasan cosas tontísimas. But I ike it, que dirían los Rolling Stones.

7:45. Nos tomamos dos caféses y para cuando queremos darnos cuenta empezamos a perder puentes aéreos a una velocidad nunca vista en el hemisferio norte del planeta Tierra.
9:15. Aviso de nuestro retraso (y del de los aviones) a Sandra Ejarque, encargada de prensa del rodaje y una persona adorable. Me dice que esté tranquilo, que vamos genial de tiempo y que nos manda un coche al aeropuerto de Barcelona y que ya está. Visto lo cual, pedimos más caféses.
10:45. Despega nuestro avión. Nos ofrecen otro café, pero a estas alturas nos tiemblan las extremidades superiores, los ojos se nos desorbitan y la cafeína supura por nuestros poritos. Lo declinamos amablemente.
11:45. Llegamos a Barcelona. Llamo a Sandra y me dice que vamos genial de tiempo. Añade que va a venir en nuestro mismo coche la hermana de Belén Rueda, que ha venido en nuestro mismo avión para visitarla. Echo un vistazo por la terminal y no veo a nadie que parezca la hermana de Belén Rueda, pero sí a alguien que directamente parece Belén Rueda.
11:50. En efecto, es Chus Rueda. Se parece mucho, pero no es igual. Si fuera igual igual igual la entrevistaríamos en el aeropuerto, nos volveríamos a Madrid y nadie se daría cuenta. Chus me confiesa que a veces la confunden con Belén, pero que normalmente la gente cree que la conoce y no sabe de qué.
12:45. Llegamos a los estudios de rodaje. Están en un hospital abandonado, donde la gente se colaba para rodar cortometrajes y videoclips. Visto lo cual, el ayuntamiento lo habilitó como plató para rentabilizarlo un poco. La pela es la pela.
Belén Rueda rodando.
13:00. Ahora que tengo un rato mientras Antonio y Mario graban imágenes del rodaje, os cuento de qué va la película: resulta que Belén Rueda (Julia) tiene una enfermedad por la que está perdiendo la vista (por eso lo de los ojos), y en esto le llega la noticia de la extraña muerte de su hermana (papel que no interpreta Chus) e intenta averiguar cosas sobre ella mientras sus ojos siguen perdiendo vista (los ojos de Julia).
13:15. Pues yo también estoy perdiendo vista y nadie rueda Los ojos de Joselín.
13:30. Chus Rueda se aburre y me la traigo a nuestro grupo (los rodajes son un coñazo, por mucho que la protagonista sea tu hermana). Entre que a Sandra, que es divertidísima, a veces se la va la pinza y que a mí no se me puede ir, porque no tengo ni pinza, Chus debió de pensar que yo era una especie de comunista de derechas con ideas nacionalistas pro-globalización. A veces me propongo no decir chorradas delante de gente que no conozco, pero con Sandra y Cristina de tertulianas es casi imposible.
13:45. Sandra dice que vamos genial de tiempo y que a las 14:30 habremos terminado.
14:30. Llega Lluís Homar, que hace de marido de Belén en la película. Lluís Homar hoy no rueda: Belén rueda (perdón, necesitaba hacer este chiste). Lluís ha venido desde Barcelona solamente para que Cristina Teva le entreviste. Es un detallazo, pero yo también lo habría hecho.
15:00. Paramos para comer. Cris y Sandra quieren que el cocinero les caliente el atún, y no sé por qué deciden que para conseguirlo hay que fingir que tienen la gripe A en estado terminal. Yo creo que están locas.
16:00. Nos recibe el director Guillem Morales. Dice que no entiende por qué comparamos este rodaje con El orfanato. No sé, por Belén, por Guillermo del Toro, por el ambiente… Después de las entrevistas (le hicimos dos al pobre) nos dice que podemos usar todo el material que grabemos hoy, pero que no salga la persona que aparece con Belén Rueda, por mantener el misterio, más que nada.
Belén Rueda y Lluís Homar a las órdenes de Guillem Morales.
16:15. Me dice Antonio que en todas las imágenes que ha grabado sale esa persona. Es que es la única secuencia que se rodaba hoy. No sé cómo lo hicimos después, pero montamos el reportaje sin que se la viera.
17:00. Por fin Cristina entrevista a Belén, que como sale en todas las secuencias de la película, pues no encontraba el momento para atendernos. Es encantadora, es como sus personajes, es como te crees que va a ser y te han contado que iba a ser. Y como su hermana, que también es encantadora pero que no se dedica a salir en la tele y el cine porque sería un lío, aunque una vez estuvo a punto de hacer una coña en el VIP de Emilio Aragón pero al final pasó. Chus es maquilladora, que ni os lo había dicho ni nada.
17:30. Termimanos. Sandra dice que vamos genial de tiempo y que a las 17:30 habremos terminado.
17:50. Nos ponen un coche para volver al aeropuerto (sin Chus), pero es un poco pequeño y el equipo con el que carga Antonio es más voluminoso que el del rodaje de la película, y sobre todo es más voluminoso que el coche. Llenamos el maletero y aún falta una especie de armario que colocamos en los asientos traseros, donde además tenemos que ir tres personas. Para demostrar que cabemos, y para ingresar en el Libro Guinness, Sandra se mete en el coche pegada al maletón, conmigo en medio y con Cristina al otro lado, y cierra las puertas completando un prieto sandwich del que yo soy el chóped. Me hubiera quedado así hasta el solsticio de verano, pero Dios no me concedió ese capricho porque tenemos varias cuentas pendientes.
17:55. Lamentablemente, Sandra se retira de la prueba y en el viaje real la sustituye Mario. Quiero mucho a Mario, pero no para estas prácticas. Los tres adoptamos una extraña posición de Tetris en la que la rótula de Cristina queda apoyada de una manera amenazante en la zona que médicamente viene a denominarse como mi ano. Así viajamos durante una hora. Creo que ellos dos se duermen. Yo no, por si acaso se me relaja el esfínter. No obstante, si algún día tengo que perder la virginidad rectal, que sea con la rodilla de Cristina.

20:00. Volamos sin incidencias y llegamos a Madrid. Como es un puente aéreo, en el avión sólo iban los tres bultos de Antonio, y aún así Iberia le perdió uno. No creo que le pillara de sorpresa, sabe perfectamente que una jornada juntos sin que le pase algo a su equipaje, mochila o cámara, es como un jardín sin flores o como un post sin comentarios.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Monty Python

Hola, yo soy politeísta, entendiendo el concepto de dios como lo entiende Fernando Trueba. Los hermanos Marx serían mi Santísima Trinidad. Woody Allen, mi dios de la fertilidad. Keaton, Wilder, Lubitsch y Chaplin serían mis dioses en blanco y negro. Y tengo muy pocos más en mi lista, como por ejemplo, Sánchez Dragó. Ah no, espera. Ése lo tengo en otra lista.
Y luego están los Monty Python. Los Monty Python tienen la habilidad de hacerme reír con una sola película tirando de todas las gamas de humor que llevo dentro y de algunas que desconocía llevar. Por ejemplo, veo El sentido de la vida y me río durante 90 minutos de chistes sobre literatura (y pienso: qué culto soy), sobre religión y preservativos (qué liberal soy), sobre la muerte (qué agudo soy) y sobre vómitos (andá, pero si también soy un poco guarro, yo que siempre había presumido de no comulgar con el humor escatológico). Y que unos humoristas me hagan pensar todas esas cosas, pues a mí me encanta.
La vida de Brian
Yo creo que casi todos hemos conocido a Monty Python en La vida de Brian. Normal: es su mejor película. La irreverente idea (era el año 79) de contar la vida de Cristo a partir de un tío que nació enfrente del auténtico Portal de Belén es genial, vale. Pero además, los chistes de La vida de Brian son de lo mejorcito que he visto en cine. Ese Pilatos con frenillo al que las masas piden que libere a presos cuyo nombre contienen la “r”, aunque no existan. Esa Virgen María (o madre de Brian, que encima es un señor) que devuelve a los Reyes Magos la mirra porque no sabe lo que es. Ese funcionario que pregunta a los condenados “¿crucifixión?” y que se fía de ellos, incluso del que le gasta la broma de decir “no, absolución”, pero luego se arrepiente. O ese final maravilloso: “Always look on the bright side of live”
Y por culpa de Brian, existe la creencia de que las demás películas de Monty Python están muy bien, pero están compuestas de gags. No es así, niños. Se armó la gorda (horrenda traducción de “And now for something completely different”) y El sentido de la vida sí son películas de sketches. La primera es una selección de los mejores gags de su programa de televisión rodados en cine. Si podéis verla, seguramente lloraréis de risa con los leñadores que de repente son gays, con el extranjero que tiene un diccionario de húngaro-inglés escrito por un hijoputa que ha traducido las frases más habituales por verdaderas barbaridades sexuales, o con el escalador que visita al oftalmólogo (mi gag favorito es inexplicable por escrito, pero es uno de Eric Idle dando la brasa en un bar a un desconocido al que no para de decirle “nudge, nudge, wink, wink, say no more, say noooo mooooore”. ¿Veis? Escrito no tiene gracia). Y también está El sentido de la vida, que tiene algunos de los mejores gags de Monty Python.
Perdón un momento, pero es que tengo la tele puesta y acabo de ver un anuncio en el que Raphael te invita a entrar en Teléfonica.es y cantar villancicos a dúo con él, y se me ha ido el santo al cielo.
Vale, ya se me ha pasado.
Hablaba de que hay otras películas de Monty Python muy grandes que no están hechas a base de gags independientes. Como La bestia del reino. O Los caballeros de la mesa cuadrada (otra traducción horrorosa de Monty Python and the Holy Grial… pero ¿por qué los traductores de títulos intentan ser más graciosos que los propios humoristas?). Por motivos de trabajo – Dios santo, pero qué chollo de trabajo tengo a veces – me invitan a ver Spamalot, el musical de Monty Python basado en Los caballeros de la mesa cuadrada, y que ya ha triunfado en Barcelona. En un inexplicable ataque de profesionalidad, veo antes la película, aunque ya la he visto mil veces. Bueno, quien dice mil veces dice seis. No, quien dice mil dice mil, pero yo la película la habré visto seis veces, no mil. Si la hubiera visto mil veces no habría tenido tiempo de ver nada más en mi vida. En cualquier caso, creo que esta última vez es la que más la he disfrutado. He vuelto a llorar de risa con el conejito blanco que luego es una bestia asesina. Con el caballero valiente que le sigue tocando los huevos al Rey Arturo aunque éste le ha cortado (en equitativo duelo) los brazos y las piernas. Con el francés que les insulta desde una torre y les lanza vacas (sí, vacas). Con los temibles caballeros que dicen “Ni” (yo últimamente cuando me pongo muy nervioso también digo “Ni”, a mi chica pongo por testigo). Vamos, que me encanta Los caballeros de la mesa cuadrada. Por cierto, a los descacharrantes traductores de títulos no debió de parecerles suficiente su genialidad y añadieron entre paréntesis: “y sus locos seguidores”.
Spamalot, el musical, es un producto de Eric Idle, uno de los Monty Python más graciosos. Eric respetó el argumento y los principales números de la película, pero añadió unos números musicales un poco de pegote. En España, Spamalot está adaptada y dirigida por Tricicle. Y hace unos días tuve la oportunidad de que Paco Mir y Joan Gracia me explicaran cómo la tradujeron, qué chistes son de ellos y cuáles de Eric Idle, en qué se diferencia su versión de la original… Oye, y qué serios son Tricicle (bueno, Bicicle). Ya sé qué los humoristas no tienen por qué ser un despiporre con patas, pero es que me resultaron muy serios. También es verdad que durante la entrevista mi querido cámara y compañero del alma Antonio decidió ponerse a fallecer de un violento ataque de gripe del pollo complicado con una tos ferina del infierno, aunque al final sobrevivió. Pero yo creo que Tricicle no estaban serios por eso, es que lo son y punto. A la par que amables y educados, vive Dios, así que nada que objetar.
El Teatro Lope de Vega, el día del estreno en Madrid de "Spamalot".
Yo no disfruté a muerte Spamalot, pero conozco a gente que sí. Prefiero ver las pelis, si de celebrar el 40 aniversario de Monty Python se trata, pero a quien le guste el musical y quiera echar unas risas un par de puntos por debajo del humor medio de Monty, pues ahí lo tiene. Y a los que le parezca un insulto cascarse un post sobre los Monty Python sin mencionar los nombres de Eric Idle, Michael Palin, John Cleese, Terry Gilliam, Terry Jones y Graham Chapman, que se vean la serie de seis documentales Monty Python, la versión de los abogados. No os quiero hablar mucho de ella porque me paso la vida haciendo publicidad de CANAL+ y cualquier día me van a dar un toque.

Qué más contaros. Que Carlitos me hizo una foto subido en la almena del escenario de Spamalot y disfrazado de francés que insulta. Son gajes del oficio, porque en condiciones normales los dos sabemos que esa foto se la hubiera hecho yo a él. Gracias, en cualquier caso. Ah, y que intentéis ver las películas de Monty Python. Si no las encontráis, yo os las dejo yo.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Jonathan Rhys Meyers, Los Tudor y el método como paranoia

Hoy pasan dos cosas muy importantes. Una de ellas es que se estrena en televisión la tercera temporada de Los Tudor. Los Tudor es una serie histórica que se debería llamar “Enrique VIII” pero que se llama “Los Tudor”, y yo no soy nadie para cambiar el título de nada, ni siquiera el de este blog, fijaos:
“De repente quiero que mi blog se llame Las interesantísimas cosillas que nos cuenta el maravilloso y bien dotado José María Clemente”.
Ahora mirad la cabecera del blog. ¿Veis? Se sigue llamando “Elegí un mal día para dejar de fumar”. No tengo ningún poder.
El caso es que Los Tudor es una serie que emite CANAL+ y que me ha ido enganchando in crescendo temporada tras temporada. Teóricamente, ya la deberíamos haber visto también en una televisión que no fuera de pago, porque hace tiempo que TVE tiene comprados los derechos de emisión en abierto, pero chico, no sé qué les pasa que no acaban de decidirse a emitirla. Estarán esperando a no tener anuncios, o algo. (Si queréis saber más cosas sobre la serie, no os perdáis el magnífico site que se ha currado el maestro Enrique Muñoz de Luna, de plus.es).
Los protagonistas de la tercera temporada de Los Tudor.
Para el estreno de la tercera temporada, el canal en el que trabajo nos encargó a Cristina Teva y a mí el guión y la conducción de un programa especial al que llamamos “Los Tudor, rodarán cabezas”. El documentalillo en cuestión nos quedó chupilerendi, porque también contábamos con Quique Garrido, Antonio González, Ruth Mediodía, Jacinto Antón, Martin Scorsese, Fofito… (bueno, algunos de estos colaboradores me los he inventado). El caso es que para grabar el programa hicimos un viaje a Londres, otro a Dublín y un tercero a La Granja de San Ildefonso. Los dos primeros fueron productivos y surrealistas, ya os los conté en este blog. Y el de La Granja os parecerá mucho menos glamouroso, pero fue el único que acabó con los espectaculares judiones de Casa Zaca, así que mereció mucho más la pena que el de Londres, donde sólo saben comer sandwiches de pepino y té.
Os hablé de algunas cosas, pero no lo suficiente de Jonathan Rhys Meyers, el guapísimo Enrique VIII, el asesino de Match Point, el ganador de un Globo de Oro por la miniserie Elvis... Yo había oído muchas cosas sobre él: que no era un tipo fácil, que el rodaje de Los Tudor se llegó a paralizar por sus problemas con el alcohol (ojo, esto que acabo de decir es un rumor infundado, no una noticia, o sea “oí que alguien dijo eso”, pero no me consta que el rodaje se haya detenido nunca por eso), que no le gusta conceder entrevistas… Pero no había oído contar que es un fanático del método. Pero un fanático fanático. Y los fanáticos fanáticos son un coñazo. Por ejemplo: si te gusta Leticia Sabater, allá tú. Pero si eres un fanático fanático de Leticia Sabater, vistes como ella, sigues diciendo “a mediodía, alegría”, llevas una gorra del revés y te pones una camiseta que dice “Qué delicia, qué delicia, son las peras de Leticia”, pues entonces eres un coñazo.
En Dublín, Jonathan Rhys Meyers accedió a tener un encuentro con unos ocho periodistas internacionales. Como en los chistes, había un inglés, un francés, un alemán, un español… Bueno, 3 españoles, porque estábamos Cristina Teva, yo y Laura, una chica muy maja de la revista Pantalla.
Cristina Teva y yo en los almacenes de atrezzo de "Los Tudor". Como últimamente salgo en muchas fotos, he retocado mi careto. En caso de que Cristina se quejara o quejase, también cambiaría el suyo por el de Ana Torroja, por ejemplo.
Y entonces entra en la sala de prensa Jonathan Rhys Meyers, cojeando. Como está rodando la cuarta temporada, viene vestido de Enrique VIII y caracterizado un poco más de viejuno. Tiene los ojos rojos, no me preguntéis por qué. Mira la butaca que le han reservado. No le mola. La aparta de un empujón y coge una silla. Se sienta y lanza con desprecio su paquete sobre la mesa. El de tabaco, digo. No nos ha saludado, ni en general ni por supuesto individualmente. Sin mirarnos, adopta una postura con la que parece querer decir que espera la primera pregunta.
La hace la alemana, que era una sosa pizpireta. Y le dice en inglés: “Estás rodando la última temporada de Los Tudor. ¿Vas a echar de menos el personaje de Enrique VIII?”
Y Jonathan responde: “Sí”.
Ya está. No añade nada más.
La alemana sosa añade turbada y cada vez más turbada: “Estooooo, ¿podrías decir por qué?”
Y Jonnathan: “Porque llevo cuatro años haciéndolo”.
Ya está.
Pero lo que más nos llama la atención a los 6 estupendos periodistas internacionales, y también a Cristina y a mí, no es la bordería con la que ha contestado Johnny (una señora de prensa muy simpática y generosa en su pesito decía que Jonathan era adorable y le llamaba Johnny). Lo que nos deja perplejos es la ronquísima voz con la que ha respondido. Si anduviera por ahí la protagonista de True Blood que escucha los pensamientos, habría oído frases como “está borracho”, “pues va a ser verdad el rumor”, “vaya resaca trae éste”, “baila chiki-chiki, baila chiki-chiki” (la última mente sería la mía).
Creo que fue el periodista inglés, que a mi me resultaba un poquito pesadísimo, el que se atrevió a preguntarle: “¿Qué te pasa en la voz?”
“Mi voz es así, tío”,
responde Jonathan.
No recuerdo cuál fue la siguiente pregunta, pero también la hizo una mujer y también la respondió con una educación más deplorable que la de Belén Esteban. Entonces nos dimos cuenta: no estábamos hablando con Jonnny. Hablábamos con Enrique VIII. Por eso tenía la voz ronca, cojeaba, era déspota, maleducado y trataba peor a las mujeres. Lo de los ojos rojos ya no sé explicarlo.
Jonathan Rhys Meyers con Annabelle Wallis, uno de los pocos motivos por los que entiendo que no quiera salirse nunca del papel de Enrique VIII.
Una vez descubierta la genialidad, nos reveló que ése es su método de actuación. El puto método (del que ya hablamos en un post). Que digo yo que entonces cuando Johnny rodó la miniserie sobre Elvis se colgaría con una ventosa de los parabrisas de los coches y movería la pelvis con denuedo. Dicho esto, nos puso un momento su voz normal para que viéramos que la voz de Sabina le sale porque quiere, a ver qué nos íbamos a creer. Y cojeaba porque si no lo hace se le va el personaje de la cabeza. Como diría Laurence Olivier, “¿y por qué no lo interpretas?”. Y para rematar la simbiosis con el papel, nos contó que durante el rodaje vive en una tienda de campaña en los jardines próximos a los estudios de grabación (habría que ver la tienda de campaña, me la imagino más confortable que mi pisico del centro de Madrid).
No sé, lo del método puede tener su gracia, pero ahí había periodistas que habían venido desde otros países para hablar con el actor, no con Enrique VIII como si esto fuera una güija. Cuando acabó el encuentro, la señora de prensa que le llamaba Johnny, me comentó como enamorada (de él, no de mí): “¿no te parece mucho más interesante que Jhonny conceda la entrevista así?” “A mí sí, porque tengo un blog chorra y esto me da más juego. Pero no sé qué imagen transmitirán de Jonathan Rhys Meyers estos señores tan serios que trabajan en revistas internacionales de televisión”. La dejé un poco pensativa, a la pobre.
Durante esa estancia en Dublín, también conocimos, y Cristina entrevistó, a Annabelle Wallis (la reina Jane Seymour, guapísima y simpatiquísima), Joss Stone (la reina Ana de Cleves, guapísima y simpatiquísima), Henry Cavill (el Duque de Suffolk, guapísimo y simpatiquísimo), el creador de la serie Michael Hirst (encantador, ya le conocimos en Londres)… No, si el único raro, raro fue su majestad Johnny VIII.

Ah, casi se me olvida hablar de la otra cosa importante que pasaba hoy… y ya no me queda espacio para contarla, así que sencillamente ¡felicidades!

viernes, 4 de diciembre de 2009

Spanish Movie: diario de una sobredosis

Hoy se estrena Spanish movie. Spanish movie es la primera spoof movie o película de parodias del cine español, y a mi juicio es un producto perfectamente elaborado. Te arranca unas cuantas carcajadas, contables con los dedos de una mano normal (con cinco dedos), algunas risas y bastantes sonrisas, aunque reconozco que cuando la vi, tardé unos minutos en curvar hacia arriba por primera vez la comisura de mis delicados labios, en un sutil y sensual gesto de alegría. Spanish movie es lo que es. No es una comedia sutil, no pretende que evoquemos a Azcona o Wilder, sino que echemos unas risas durante hora y media. Y eso lo cumple, sabiendo a qué público se dirige. Por eso le auguro éxito en taquilla, que es a lo que se debe dedicar un producto, no creo que Javier Ruiz Caldera aspire al Goya a mejor director novel ni Paco Cabezas al de mejor guión (aunque el guión me parece de lo mejorcito de la película).
Pero a lo que íbamos en el título del post: durante la última semana he tenido una espectacular sobredosis de Spanish movie. Os cuento.
JUEVES PASADO
Veo la película en un pase exclusivo al que me invita solícita y pizpireta Elena Vázquez de Fox (exclusivo no para mí, sino para unas diez personas, pero todas super exclusivas de la muerte). Y lo dicho: salí convencido. No necesariamente de la película, sino de su objetivo cumplido, y cuando alguien cumple su objetivo, yo me siento bien, excepto cuando se trata de George Bush. Además, me reí con algunos chistes de Paco Cabezas que me recordaron a Aterriza como puedas, con la imitación velada que Alexandra Jiménez (qué atractiva es esta muchacha, por cierto) hace de Penélope Cruz, con la forma de hablar de Carlos Areces, aunque me sobraba su running gag entre las palabras “copón” y “carallo”, y con ciertos cameos como el glorioso de Belén Rueda, el ingenioso de Alejandro Amenábar y el autoparódico de Jaume Balagueró. Al salir de este pase, cené pollo. Esto último no aporta nada, pero ahí queda el dato.
Silvia Abril-Rueda-Kidman con Alexandra Jiménez-Cruz.
VIERNES PASADO
Quedo con Carlos Areces y Joaquín Reyes (de Muchachada Nui) en la azotea del Círculo de Bellas Artes de Madrid para hablar de su película. Me acompañan Marta Bedoya y Nacho Boluda para grabar la entrevista, porque si yo quedara con las personas en solitario sin que nadie grabara lo que pasa, yo olvidaría todo al momento, porque tengo la memoria de una almeja y no podría ni escribirlo en este blog. ¿En qué blog? En éste. Ah.
Joaquín Reyes sorprende por su seriedad y supongo que timidez, aunque con la cámara delante, se deshace en bromas, actuaciones y tontunas, y nos regaló una parodia al estilo “Celebritiiiis” de la presentadora de nuestro programa, Cristina Teva. Joaquín en la película hace de Fauno con acento de Albacete, y me confirma que para él es un chollo no tener que imitar voces y apoyarse en el maquillaje. Joaquín ha logrado una cosa muy difícil en el humor españñol, y es conseguir que la gente de la calle hable como él. Esto sólo lo recuerdo con las jergas de Chiquito y Martes y 13, y tiene mucho, pero mucho mérito. También me corrobora que su lema es “mínimo esfuerzo y máximo rendimiento”. Debo reconocer que en algunos gags de Muchachada Nui me parece que abusa de este lema, pero es innegable que Joaquín tiene una vis cómica innata.
Joaquín Reyes y mi encorvada chepa dialogando en uno de los lugares con las mejores vistas de Madrid.
Pero no tanto como Carlos Areces. Con Carlos te ríes aunque esté hablando en serio (el humor de Joaquín es más estudiado). Fue una delicia escuchar cómo se comportó el día que conoció a Leslie Nielsen, cómo se hizo fotos con él hasta que le dio vergüenza, y entonces comenzó a pasar por detrás de Leslie sonriendo mientras un compinche le hacía más fotos. También te hace reír contando cómo fue el rodaje (“un coñazo”, básicamente) y al final me explicó algunos cameos que no llegaron a producirse pero que estuvieron muy cerca, como el de Banderas y su alter ego Javier Bardem (Carlos parodia los papeles de Bardem en Mar adentro y No es país para viejos).
ANTEAYER, MIÉRCOLES
Por la noche me llama Tony Aguilar, para ver si quiero entrar en directo en su programa para entrevistar a Silvia Abril y Joaquín Reyes. La única vez que le he dicho que no a Tony Aguilar fue un día que me ofreció una cerveza sin alcohol, así que accedo. Y la verdad es que nos lo pasamos muy bien, sobre todo porque Silvia Abril (la de Homo Zapping, la bailarina que se caía en el Chiki-Chiki, la chica de Buenafuente) es una cachonda. Además es una gozada entrar por teléfono desde casa en un programa en directo a las 23:30, porque la gente se imagina una entrevista super coordinada cuando en realidad yo estoy sentado en un sofá en pijama y con unas zapatillas de casita de las que tienen une enorme cabeza de mapache en la puntera. Silvia Abril interpreta a una mezcla de Belén Rueda en El orfanato y Nicole Kidman en Los otros, está casada con Alatriste, tiene una niña que ve Faunos y un hijo que no puede ver la luz y que se pierde en la casa, y contrata a la Penélope Cruz de Volver para que cuide de su hermano tetrapléjico (el de Mar adentro). Le dije que en un solo cuerpo había aglutinado en su figura 10 años de cine español. Y se quedó tan contenta con el calificativo.
AYER JUEVES POR LA MAÑANA
Voy a los cines Kinépolis de Madrid a terminar mis entrevistas para televisión: hoy a las chicas y el director. La suerte me sonríe y me encuentro a mi querido Javier Ocaña, con el que me da tiempo a tomar un café. Él iba a ver la película y me pone los dientes largos con la posibilidad de leer su crítica de Spanish movie en El país. Pero al final es Carlos Boyero el que la destroza, sin dejarme entrever su opinión de la película como producto, no sólo como séptimo arte (Spanish movie no pretende ser eso).
Sorpresa: iba yo a entrevistar al director Javier Ruiz Caldera y me anuncian que Leslie Nielsen se ha apuntado a la promoción (no estaba confirmado) y que voy a poder hablar con los dos al tiempo. Creo que esto me convierte en el primer español que entrevista dos veces al mítico Leslie Nielsen (ver este anterior post). Leslie está educado y agradable, y dice que hizo la película porque una voz en el desierto le dijo: “hazla, va a ser tu última película”. Y que adora España. Y que nota que España le adora a él. Le noto más mayor que hace unos meses, quiero decir, mucho más mayor que hace unos meses, no unos meses más mayor que hace unos meses. Y qué más da, digo yo, ¡es Leslie Nielsen! No quiero olvidarme de Javier Ruiz, pero es que él mismo decía no creerse haber tenido en su película al Teniente Drevin, al médico de Aterriza como puedas y al protagonista de Planeta prohibido.
Leslie Nielsen con el director, Javier Ruiz Caldera
Después de subidón Leslie, entrevisto a Silvia Abril y a Alexandra Jiménez. La una sigue estando igual de graciosa que anoche y la otra igual de buena que en la película, pero tienen el pelo cambiado. No entre ellas, sino que Silvia está morena y Álex rubia, y en la película es justo al revés. Las dos están divertidamente compenetradas, y si a eso añadimos que cuando yo hago entrevistas me descojono en cuanto me sonríen, pues el encuentro se convirtió en un despiporre de hacerse pis encima.
JUEVES POR LA TARDE – NOCHE
Tengo la suerte de acompañar en su camino hacia el preestreno a Patri, la mujer del guionista de Spanish movie, Paco Cabezas (el guionista primigenio, el creador de la historia, la coautoría de Eneko Lizarraga se debe a los cambios y chistes que éste fue añadiendo durante el rodaje). Fue un placer ir escuchando las cosas que me iba contando Patri de la película y de la que Paco acaba de dirigir, Carne de neón. Patri tiene un punto de vista de las cosas que si Dios la escuchara, reescribiría con ella el guión de la vida en general. Pero yo no fui al preestreno, porque con este post he decidido terminar mi sobredosis de Spanish movie (que como ya os conté en este blog, empezó en marzo). Miento: ahora mismo estoy ultimando el guión de un programa especial para CANAL+ sobre la película, guión que están esperando como agua de diciembre mi realizador Quique Garrido y mi productora Cristina Iglesias. Así que dejad de entretenerme con vuestras absurdas triquiñuelas, que tengo que trabajar. Feliz puente.


martes, 1 de diciembre de 2009

Pixar es un poco Dios (“Up”)

Mañana sale a la venta en DVD Up, la última maravilla de Pixar. Supongo que a estas alturas, el 80% de los que leen este blog ya habrá visto Up. Y aún así, no me extrañaría que muchos de ellos la compraran, porque es una de esas películas para tener, no solamente para ver.
  • Hola, soy Rafa Nadal y la cifra de 80% es inexacta, yo calculo más bien un 72%.
  • Anda ya, vete por ahí. No eres Rafa Nadal. Rafa Nadal no lee este blog.
Los 15 primeros minutos de Up son espectaculares. Yo nunca había visto reflejar tan bien en el cine una historia de amor, pero de un amor sencillo, sin dramas ni pruebas de fuego, como el de todos nosotros, el de nuestros padres, el de nuestros abuelos, el de Falete y su ex-novio. Tampoco había visto plasmar tan bien la vulnerabilidad de la vejez, la tristeza, la soledad. No conozco a nadie que haya visto Up y que no haya llorado en sus primeros 15 minutos. Pero llorado como una perra, nada de snif snif, cojo el clínex y ya está. No. Yo digo llorar en plan ¡¡¡buaaaaaaaaaaa!!!
Y minutos después de este disgusto, Up nos regala otra secuencia que te pone todos los vellos de punta. Aunque no la hayáis visto, ya sabréis que hay una casa que vuela gracias a miles de globos. Bueno, pues la escena en la que la casa despega te provoca un escalofrío que te recorre desde el dedo meñique del pie hasta el último pelo de la cabeza, jugueteando en las cosillas guarricas como sucedía de pequeños cuando montábamos en un columpio.
La escena de "Up" que os digo. Uno siente como que flota con la casa.
  • Hola, soy Rafa Sánchez el de La Unión y a mí no se me pusieron todos los vellos de punta.
  • Porque estarás depilado. Y tú no eres Rafa Sánchez. Rafa Sánchez no lee este blog.
Todo esto que cuento, Pixar lo hace además arriesgando un huevo: en Up vuelven a estar unos 30 minutos sin utilizar palabras. Igual que en Wall-E. Igual que Buster Keaton. Igual que Charles Chaplin. Y la apuesta funciona: los niños aguantan Up y Wall-E aunque tengan escenas mudas. Como los hijos de algunos amigos (los que se atreven a ponérselos) aguantan a Charlot, al Gordo y el Flaco, a Harold Lloyd
Yo, en los últimos años, algunas de las mejores películas que he visto en el cine son de Pixar. Pero porque Pixar es un poco Dios. Pixar tiene ahora la sensibilidad y el humor que hace años sólo tenía Disney (pero el Disney de nosotros los viejunos, el del Bambi, La Dama y el Vagabundo y El libro de la selva, no el de los 90 y los 2000). Claro, por eso Pixar y Disney se unieron, porque eran la misma idea.
Bichos fue la primera que realmente me entusiasmó, así de infantil andaba yo hace diez años. Me pareció de lo más divertido que había visto en animación en mucho tiempo. Las dos pulgas bobas que hacen su número de circo en los momentos más inoportunos me parecían descacharrantes. Ya había visto Toy Story, y después vi Toy Story 2, y me parecieron muy buenas (y mejores cada vez que las vuelvo a ver en la tele). Pero Bichos… no sé, me conquistó en mucho menos tiempo. Debe ser porque en el fondo yo tengo alma de mosca del vinagre.
En cambio, Monstruos S.A. no. Me parece más pichís, pero aún así tiene su gracia. Una gracia que no le encontré años más tarde a Cars, para mí en único lunar clarísimo de Pixar. Me parece lenta, aburrida, no me interesan los coches, me parecieron un exceso sus dos horas, es una puta mierda. Huy, perdón, me he calentado. No, Cars no es una mierda. No pienso eso. Sólo que a mí no me gustó. Qué salida de tono, no sé qué me ha pasado, amigos, deben de ser las pastillas.
Y qué decir de Buscando a Nemo. Es una historia como la copa de un pino, porque eso es lo mejor de Pixar, que escriben buenas historias y luego las dibujan (bueno, es un decir). Y los demás parece que piensan los personajes, los diseñan y luego les van escribiendo las aventuras al tran-tran (“venga, tengo un ogro, un burro, una ogra… y ahora vamos a hacer que tengan gracia, y llevo así tres películas”).
Dori, con la que comparto la memoria instantánea, y el padre de Nemo.
Buscando a Nemo es deliciosa. Hace poco estuve en un Acuario (fuera, mirándolo, no dentro, nadando) y me quedé perplejo con los peces payaso y los peces cirujano, o sea, con los Nemos y las Doris, el pez sin memoria. Se movían igual, se comportaban igual que en la película. El cuidador (el del acuario, no el mío) me contó que los biólogos estaban sorprendidos del exhaustivo estudio que habían hecho en Pixar sobre el comportamiento de los “nemos”. Sí, en el Acuario ya llaman “nemos” a los peces payaso. Pues qué queréis que os diga, se agradece el esfuerzo. Yo me acuerdo de Pixie y Dixie y molaban, pero parecían cualquier cosa menos ratones.
Una foto que les hice en el Aquarium de Madrid a dos "nemos". La foto es mala, pero ¿a que ellos son iguales?
Los Increíbles me pareció un prodigio, pero me apabullaron un poco las escenas de acción, persecuciones, gritos… Eso sí, tiene un ritmo, una trama y una coña que para sí quisieran las películas de superhéroes de ahora, léase Hancock, X-Men, Iron man, Superman returns o Spiderman. Aunque debo reconocer que algunas de las que he citado no están mal.
  • Hola, soy Raphael y me pareces un flojo si una película de dibujos te apabulla, eres una nenaza.
  • ¡Venga ya! Raphael no lee este blog. Y si lo leyera, ¿cómo iba a atreverse a criticarme, con las caras tan raras que pone él cuando canta?
Ratatouille es un peliculón. Los niños tal vez se aburran un poco con esta rata merecedora de una estrella Michelín (¡una rata cocinando y no nos da asco, es más, querríamos probar su pisto!). Pero a mí qué me importan los niños. Los niños no leen este blog. Los niños pueden ver Ben 10 y bajarse vídeos antiguos de Fofito si quieren, que nos dejen a los mayores disfrutar de esta rata. Ratatouille me hizo reír, me emocionó y no me hizo llorar porque yo soy de lágrima difícil. Yo sólo lloro con El milagro de Anna Sullivan y con los 15 primeros minutos de Up.
Y así volvemos a llegar a Wall-E y Up. Wall-E mereció ser nominada al Oscar a la mejor película del pasado año (pero no a película de animación, que sí se lo llevó, igual que Ratatouille, Los increíbles y Buscando a Nemo, sino a película-película). Este año, como la Academia ha ampliado a 10 el número de nominaciones en esta categoría, Up sí que estará entre las candidatas, pero no ganará. Todavía no estamos preparados para decir que una película de dibus es la mejor del año. Pero si Miyazaki tiene un Oso de Oro, Pixar puede perfectamente optar a un tío en pelotas con una espada tapándole el cirulillo, de Oro también. Quién sabe. Al tiempo.
Los genios de Pixar en el pasado Festival de Venecia.

P.D. No os he hablado de los cortos de Pixar, una maravilla cada uno de ellos, porque me está quedando un poco larga la tontería ésta. Os los dejo a vosotros.