martes, 15 de septiembre de 2009

Obesos

Llevo varios meses, muchos meses, unos 300 (y puede que exagere), esperando que se estrene Gordos, de Daniel Sánchez Arévalo. La verdad es que acabo de echar la cuenta y en realidad la llevo esperando desde el 3 de junio de 2008, fecha en la que nos invitaron a visitar el rodaje a mí y al equipo de televisión con el que trabajo (Cinexprés de CANAL+, hagamos publicidad sin rubor). O sea, hace 1 año, 3 meses y 8 días. La película se estrenó el pasado viernes, y yo la vi el pasado jueves, si es que siempre he sido un tío precoz. Absténganse de hacer picantes juegos de palabras con la palabra “precoz” y conmigo.
¿Y por qué tenía tantas ganas de ver Gordos?
  • Porque en el rodaje se desprendía muy buen rollo y muy buenas ideas.
  • Porque Azuloscurocasinegro, la primera película de Daniel Sánchez Arévalo, me pareció un debut prometedor. Ojo, que luego ha pasado a la historia reciente del cine español como si fuera Ciudadano Kane, y no lo era, sólo era una ópera prima por encima de la media. Vale, bastante por encima.
  • Porque Daniel Sánchez Arévalo, por lo poco que he hablado con él, por cosas suyas que he leído, y por lo que le he escuchado, me cae especialmente bien.
  • Porque ese día, en el rodaje, estuvimos con Antonio de la Torre (con él he hablado más tranquilamente y también me cae muy bien). Bajó a que le entrevistara nuestra presentadora, y estaba gordísimo, ha engordado 33 kilos para rodar la película, y le pillamos en el momento álgido de su obesidad. Yo le llamé el “Robert de Niro español”, pero él no quiere que le digan eso y entonces le llamé la “Bridget Jones española” y le pareció mejor. En la película está fantástico.
  • Y porque la propuesta es diferente a lo que suele verse en nuestro cine, muy diferente.
Mi invitación para el preestreno de "Gordos". TIene punto rojo, lo que da derecho a verla en el patio de butacas, a un centímetro de la pantalla y con la cabeza torcida.
Dicho esto, y como suele sucederme en estos casos, Cristina Iglesias, mi productora favorita de Canal +, me consigue una invitación para el preestreno, esos saraos a los que van los famosos, las famosas, Yola Berrocal y yo (y además con la mejor compañía posible). ¿Y qué es lo que me encuentro allí? Pues varias cosas.
  • Para empezar a Gracia Querejeta, Eduardo Noriega, Lucía Echevarría, Iván Sánchez, Elia Galera y a muchos niños que me dicen que son de Física o química y que vieron la películas sentados en el suelo y hablando a veces por el móvil. Volviendo a casa, también vimos en un semáforo muy solito a Víctor Manuel, pero no sé si venía del cine o de visitar al abuelo Vítor el de la mina y ahora le esperaba en casa Ana Belén. Vivir en el centro de Madrid te genera estas dudas.
  • A un equipo artístico que acudió en pleno al estreno, y que al acabar la película recibió la mayor ovación que recuerdo después de una proyección de éstas. Y he estado en muchas, concretamente en unas tres.
  • Una película entretenida pero irregular. Daniel se maneja mucho mejor en la comedia que en el drama, y ha elegido un estilo narrativo (igual que en Azuloscuro…) que los mezcla. Daniel escribe bien, dialoga bien, dirige bien… Con lo cual arrancó muchas carcajadas del público en sus momentos cómicos. Debo decir también que el público de los preestrenos es mucho más agradecido que el que paga la entrada, tal vez porque ha ido gratis o tal vez porque como está el equipo artístico delante, pues le quieren agradar. Bueno no, porque en el preestreno de Gitano, de Manuel Palacios, el público se descojonaba de risa con el equipo delante, con el detalle de que la película era un drama o incluso una tragedia. Recuerdo que ese día Eva Díaz (de Cuatro) y yo nos portamos fatal.
  • Y en los momentos en los que Daniel gira al drama… pues patina, o a mí me lo parece porque pierde la credibilidad y la frescura que tiene cuando las situaciones son cómicas. Yo a la película le hubiera puesto una terapia con el endocrino para adelgazar veinte minutos, y casi todos de la parte final (es que dura dos horas y cuatro capítulos).
  • Lo mejor: que Antonio de la Torre y Raúl Arévalo cuentan sus apariciones por carcajadas del respetable. Yo, que no soy de carcajada fácil, permanecí casi toda la película con una sonrisa lela. Eso quiere decir que me agradó o que me dio un rictus paralizante causado por unas pastillas que estoy tomando. Y también hay que hablar de Leticia Herrero, que adelgazó un montón durante el rodaje (en el proceso inverso a Antonio), que ha hecho su primer papel y que se va a llevar su primer Goya. Nuestro programa de televisión, hace más de un año, tuvo el honor de hacerle la primera entrevista de su vida (se la hizo Cristina Teva y la preparamos entre ella y un servidor). 
Dos queridas compañeras haciendo el tonto durante el rodaje de "Gordos", en la cocina de la película. No saco sus caras porque igual no quieren salir en este blog. Pero ellas no están gordas: están buenas.
Bueno, y no os he contado que antes del preestreno nos tomamos unas croquetillas y unos trozos de queso. Yo lo regué todo con coca-cola y una cerveza a medias con Tere. Y no os lo he contado porque, como veis, no tiene ningún interés.

En definitiva, que
Gordos merece la pena. ¿Es la mejor película de la Historia? No. Pero tampoco lo era Atanarjuat, la leyenda del hombre veloz y fue todo dios a verla. Ah no, que me dicen por el pinganillo que ésa no fue a verla nadie porque estaba en un dialecto esquimal, subtitulada y duraba tres horas. Bueno, pues pensad vosotros otro ejemplo, que yo estoy ya cansado de decir memeces.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Venecia loves Sylvester Stallone

Mañana sábado, u hoy sábado, o mañana sábado, el Festival de Venecia va a entregar a Sylvester Stallone uno de sus premios honoríficos. Según ellos mismos dicen, el “directorSylvester Stallone recibirá el Premio Gloria Jaeger LeCoultre. Bueno, para mí Stallone no es un director. No sé si es un actor (aunque le he visto en películas buenas, no olvidemos que “Acorralado”, “Rocky” a secas o “Copland” son buenas). Yo creo Stallone es un personaje.
Hace unos años, cuando estrenó “Rocky VI”, tuve la ocasión (gracias como siempre a CANAL) de entrevistar a Sylvester Stallone. Una revista me pidió un artículo sobre el encuentro. Como el copyright es mío, como homenaje a Sly, y como homenaje a mí mismo, que así de paso escribo menos, os transcribo cómo fue ese artículo y ese encuentro. Fue algo así:
Sylvester Stallone vestido de Rambo. Dios, qué bestia.
Antes de que Sylvester Stallone se levantara de la silla para saludar al entrevistador de turno (que era yo), había imaginado, no sé por qué, que me iba a sacar por lo menos una cabeza, lo cual tampoco es muy difícil. Oye, pues no. Rocky no anda muy lejos de mis aproximados 175 centímetros sin tacones. En cambio, sí que me saca una cabeza de ancho (y dos, y tres, incluso varios cuerpos), pero esta vez debo reconocer que el mérito es exclusivamente suyo. A sus 60 años, Sylvester Stallone está hecho un toro. Yo no creo que llegue así a los 60 años. Sería una asombrosa sorpresa para mí y para todos mis allegados.

Stallone
vino a Madrid a presentar Rocky Balboa, una película que debería haberse llamado Rocky VI. Quienes la vieran en el cine (que no deben avergonzarse, porque la película fue número 1 en la taquilla de España) se encontrarían con un Stallone mucho más mayor y algo más fofo, pero sobre todo con un Stallone mucho más hinchado. Digo de cara. Las malas lenguas hablaron de bótox y operaciones quirúrgicas. No sé. El caso es que después de verle en la película, encararle en persona no impresiona tanto. Digo “tanto”. O sea, que sí que impresiona, pero menos que en Rocky VI, digo, Rocky Balboa.
Que ningún periodista les engañe: en este tipo de entrevistas apenas se puede hablar más de cinco minutos con la estrella. O sea, que no puedes hacerte una idea muy precisa de cómo es, igual que la estrella tampoco tiene tiempo de hacerse una idea precisa de cómo eres tú (aunque según las preguntas que le hagas puede dirimir fácilmente si eres normal o completamente idiota: yo hay veces que en cinco minutos he conseguido transmitir lo segundo sin ningún  tipo de problema). Por otra parte, Adam Sandler me dijo una vez que yo era nice. Y si Adam Sandler puede sentenciar en cinco minutos que yo soy nice, pues yo si quiero puedo dictaminar en cinco minutos que Sylvester Stallone es un tipo afable y profesional. Porque te recibe con una sonrisa, con esa su sonrisa medio torcida tras la que esperas que te vaya a comunicar que no siente las piernas (esta puta frase se me vino a la cabeza más de una vez durante la breve entrevista, qué patético). Te pregunta qué tal estás, te vende bien su película, trata cada una de tus preguntas como si fuera inteligente (la pregunta), es amable, contenta a los periodistas-fans que le piden autógrafos (en este mundo hay muchos periodistas-fans que piden autógrafos)… A mí esto no se me ocurrió, me da una vergüenza terrible, lo de los autógrafos, pero la periodista-fan que le entrevistó antes que yo llevaba un DVD de Rocky (la uno, la buena), para que se lo firmara, y Sly lo hizo amablemente. Igual mientras firmaba el DVD pensó: “claro, me traes la uno, la buena, pero la cinco seguro que no la viste ni bajada del emule”.
Stallone realmente piensa que los personajes que interpreta son paradigmas del héroe, no tanto del americano como del mundial. Casi yo diría que del universal. Siempre me llamó la atención que la mitad de sus películas lleven en su título el nombre de su papel (este dato es falso, aquí la palabra mitad actúa como hipérbole o exageración). Rocky (la I, la II, la III, la IV, la V y la Balboa), Rambo, Rambo III, Rambo IV y la que viene (los expertos en este tipo de cine sabrán que Rambo II no existe, que la II se llama Rambo y que la I se llama Acorralado), Cobra, Get Carter, Tango y Cash, Juez DreddSylvester piensa que “si no interpretas a un personaje fuerte, la película tampoco tiene fuerza”. No sé, según a lo que llames fuerte. Yo pienso por ejemplo en el Atticus Finch de Matar a un ruiseñor y no sé si a Stallone le parecerá un personaje fuerte. Pero a lo mejor me equivoco con este juicio (pre-juicio), porque debo repetir (o enunciar) que a mí este forzudo no me pareció tonto en absoluto. Además, no considero que Stallone haga Rocky pensando que escribe una página imborrable en la historia del cine, ni que se dirija a un público con el que yo me deba identificar necesariamente. Ni usted, si no quiere.
Pero en esto último quizá vuelvo a equivocarme: antes de acudir al pase de prensa de Rocky Balboa o Rocky VI (un pase de prensa es una proyección de la película que nos ponen a los periodistas antes de que se estrene en las salas, para que podamos hablar de ellas y realizar las entrevistas con un mínimo de criterio), hice memoria y me sorprendió descubrir que había visto todas y cada una de las cinco partes anteriores. La primera que vi fue Rocky III, en el cine, con 14 años y con mi amigo Luis. De camino a nuestra casa, nos dio por practicar lo que habíamos visto en la película con Fabián el Cabezón, de lo emocionados que salimos. Como fuera que Rocky III nos pareció a los dos una obra maestra del cine de autor, alquilamos en vídeo la I y la II. La I la he vuelto a ver más adelante, y me sigue pareciendo una buena película. Con la II, como que ya no me apeteció tanto repetir. Unos años más tarde, Luis y yo volvimos al cine para ver la IV. La IV es alucinante. Es ésa en la que Rocky boxea en la Unión Soviética contra una bestia parda, rusa y rubia; la destroza, y se acaba dirigiendo en un discurso pacificador e integrador a unas irritadas masas con banderas de la hoz y el martillo, que le empiezan abucheando como símbolo del capitalismo y le acaban aclamando al grito de “¡Rocky, Rocky!”, pero con esa “R” que ponen los en las películas malas para doblar a espías rusos. Esto fue en el año 1986. Rocky V la vi en Canal +. Me pareció un tostón. Para ver Rocky VI - Balboa, más de 20 años después de ir a ver la IV, invité al pase de prensa a mi amigo Luis. Me pareció un bonito homenaje a lo tontos que fuimos de adolescentes. La verdad es que nos reímos mucho durante la proyección, aunque imaginarán que la película no es ni mucho menos una comedia. No sé por qué he contado esta historia de la saga de Rocky, de mi amigo Luis y de mí. Ustedes disculpen.
Mi mítico cogote saludando a un hinchadete Sly.
Hablando con Stallone, me pareció que Rocky Balboa podía ser como una plasmación de su momento actual. Un boxeador retirado que ya no es lo que fue, y que vuelve al ring para demostrarse a sí mismo que aún puede cumplir un sueño o saldar una cuenta pendiente con la vida, aunque al espectador (del combate) le pueda resultar patético. Cojan esta última frase y cambien boxeador por actor, y combate por película. Creo que de eso trata Rocky Balboa. Stallone no me lo dijo así, porque no me atreví a preguntárselo así por si le daba por celebrar conmigo una prórroga de ese último combate. Pero sí contestó afirmativamente a una encubierta y educada versión de este mismo asunto. Con una sonrisa, como si le hubiera gustado la pregunta o celebrara que me hubiera dado cuenta del detalle, estuvo de acuerdo conmigo en que tanto Sly como Rocky necesitaban “liberar la bestia que tenían dentro” (esta frase la saqué de la película, jamás me atrevería a llamarle “bestia” delante de sus narices como cosa mía).

Tengo la impresión de que ambos la han liberado. Pero durante esta breve entrevista, Stallone me anunció que estaba empezando a preparar Rambo IV. O sea, que consiguió liberar a una bestia, pero me temo que aún le quedan otras dentro. Que Dios nos coja confesados.
Como sabréis,  por supuesto que estrenó “Rambo IV”. Y no descartéis un Vii y un V, respectivamente.

Yo creo que Stallone se merece este premio.

martes, 8 de septiembre de 2009

Venecia sin mí (Crónica ausente de un Festival, II)

Continúa el Festival de Venecia y yo continúo en Madrid, ajeno a lo que sucede en el Lido, tumbado en mi hamaca de lona fucsia y degustando con fruición un zumo de pera fresco. Entonces recibo una llamada telefónica de un amigo que sí que está en Venecia y que me cuenta cosas. Como no puedo decir su nombre porque nos da risa a los dos y porque trabaja para otro medio, le pondremos un nombre en clave: Carlos Martín del Prado.
- Hola, tío.
- Hola, Carlos Martín del Prado.
- Qué fuerte tío, tienes que ver la película de Daniel Monzón, es superfuerte tío, tenían que haberla seleccionado para la sección oficial.
- Pero si las películas de Daniel Monzón son un churrillo, Carlos, acuérdate de El robo más grande jamás contado o de La caja Kovak
- Que ésta es buena, tío, que Luis Tosar se va a llevar el Goya seguro, y quién sabe si el Oscar, tú espérate tío.
Me esperaré, pero Carlos Martín del Prado suele ser exagerado y no creo que Luis Tosar gane un Oscar. Hablamos de Celda 211, una de las tres películas españolas (bueno, cuatro, porque Pere Portabella ha presentado también un documental) que están en Venecia fuera de concurso. Cuenta una rebelión en la cárcel y, en efecto, en todas partes estoy leyendo que Luis Tosar, en el papel de Malamadre, líder de la revuelta, ha hecho el mejor papel de su vida. Creámoslo.
Celda 211. Dicen que Luis Tosar está chachi.
- ¿Y qué tal Gordos, Carlos Martín del Prado?

- Más floja, tío, más floja. No sé, ya me dirás, tú vas a verla el martes, ¿no?
- Sí, tío.
Yo normalmente no digo “tío”, pero Carlos Martín del Prado me pega las muletillas. Y sí, efectivamente, aún no he oído grandes elogios para Gordos.
- Tío, el que está superplasta es Werner Herzog, tío.
- Andá, ése es el de Nosferatu con Klaus Kinski, ¿no?
- ¿Y eso a qué viene? Claro que es ése, tío, ¿estás tonto?
- No, Carlos Martín del Prado, te lo pregunto por si algún lector no lo sabe.
- Pues ha hecho un remake del Teniente corrupto de Abel Ferrara, la de Harvey Keitel.
- Molaba esa peli…
- Claro, entonces ¿para qué la hace otra vez? Además con Nicolas Cage y con Eva Mendes
Eva Mendes. La he entrevistado dos veces y cada vez que mencionan su nombre mi corazón late más deprisa y bombea más sangre, pero no os digo hacia dónde.
Eva Mendes y Nicolas Cage. Que Dios me perdone, pero me veo obligado a repetir en un pie de foto que el de la derecha me importa un pepinete.
- ¿Y qué tal está Eva Mendes?

- Como un queso, tío.
- Digo como actriz.
- Ah. Pues normal. Igual que Nicolas Cage. Normales. Pero es que luego nos han puesto otra película de Herzog por sorpresa, que se llamaba My son, my son, what have ye done.
- Andá, en verso, cómo mola.
- Sí, pero trata de un tío que mata a su madre y se atrinchera con dos flamencos como rehenes.
- ¿Dos flamencos tipo Camarón y Chiquito de la Calzada?
- No, dos flamencos tipo pájaros rosas de ésos que levantan una pata.
- Huy qué raro.
- Sí. Y además hay un documental y un corto por ahí también de Herzog.
- Qué fijación…
- ¿Por Herzog?
- No, por Eva Mendes.
Michael Moore y señora. Oronda pareja.
Leo en prensa que en este Festival ha cobrado portagonismo Berlusconi, Hugo Chávez, el capitalismo… ¿pero qué diablos es esto, Carlos Martín del Prado?

- Es que Oliver Stone ha hecho un documental sobre Hugo Chávez.
- Ya son ganas.
- Bueno, pero Oliver Stone ha hecho documentales sobre Fidel y quiere hacer uno sobre Mahmud Ahmadineyad.
- Extraños gustos políticos.
- Pues no te lo pierdas, que ayer le dijo al corresponsal de El País que transmitiera en nuestro país que el Rey de España debería callarse.
- Oh, Dios mío, otra vez con ésas…
- Ya. ¿Y lo de Michael Moore? ¿Qué me dices de lo de Michael Moore, Jose? Qué fuerte, tío, qué fuerte.
- ¿El qué de Michael Moore? ¿Lo de que sigue estando tan rellenito?
- No, lo de que ha hecho una película criticando el capitalismo, y mientras tanto sus agentes están pidiendo dinero a los medios que quieren entrevistarle.
- Qué fuerte, tío.
- Sí, qué fuerte.
- Pero es que a mí no te creas que Michael Moore me vuelve loco. Échale si no un vistazo al post que escribí sobre Sicko, Carlos Martín del Prado …
- Es que estoy en Venecia y ahora mismo no me sale de los güevos, Jose.
Cómo es Carlos Martín del Prado de drástico. Pero tengo que cuidarle y tragar cone estas salidas de tono, porque a lo mejor me tiene que contar más cosas del Festival.


viernes, 4 de septiembre de 2009

Venecia sin mí (Crónica ausente de un Festival, I)

Anda que no sabréis ya de sobra que el miércoles comenzó en Venecia el Festival de Venecia. Que es un festival que se llama así pero que no se celebra en Venecia, sino en el Lido, de hecho es posible ir al Festival de Venecia y no pisar Venecia, porque cuando se va a trabajar allí uno se pasa el día en bicicleta, Lido para arriba y Lido para abajo, y por la noche estás tan cansado que duermes en el Lido y no quieres ni oír hablar de ir a Venecia a cenar a un italiano, que aunque sea chino en el fondo siempre será un italiano por razones obvias.
Pero éste no va a ser mi caso este año, porque yo no estoy en Venecia. Aún así, conozco a un par de personas con la suerte de estar allí (o la desgracia, según se mire), y que me van a ir contando algunas cosas. Otras las voy a leer en la prensa, y otras me las voy a inventar o voy a contarlas convencido de que son ciertas, aunque no lo sean. Me pasa como con el señor con bigote vestido de odalisca que siempre está a mi lado comiendo pipas, tocándose la minina y diciéndome mientras babea que le prenda fuego a mi casa: que nunca sé si es real o no.
Maria Grazia Cucinotta es la madrina del Festival. Mi madrina es mi tía Sagrario, gran persona, pero como que no es lo mismo
De todos modos, primero os quiero explicar por qué los festivales son tan importantes para los que trabajamos en cosas relacionadas con el cine y tan tediosos para el público en general (o al menos para el público no especializado en cine). Normalmente, y esto me lo decía un amigo mío que se llama Agapito Cid, cuando el pueblo llano lee el periódico y llega a esa página que durante 10 días se le dedica a los grandes festivales, la ignora o la lee por encima, porque no le interesa oír hablar de películas que no se van a estrenar hasta Dios sabe cuándo. Pero para nosotros es una ocasión de tener juntos en una semana a Tarantino, Monica Bellucci, Eva Mendes, Ford Coppola y Almodóvar, por citar algunos ejemplos absolutamente imaginarios. Y además, los críticos pueden ver de una tacada un montón de películas que luego durante el año van a ser de las más nominadas, vistas, etc. Y porque destilan un glamour que te pasas. Es por eso, amigas.

Yo os voy a intentar contar los tres primeros días del festival sin darle demasiada cancha a mi yo sensible, al que le apasiona el cine de arte, ensayo y festival, y dejando opinar a mi lado de maromo asilvestrado de palillo, copa y puro, que también lo tengo.
- El Festival abrió con Baaria, dicho lo cual Monica Bellucci está muy buena. Este dato parece irrelevante, pero es que la película Baaria es de Giusseppe Tornatore, el señor que hizo Cinema Paradiso. Y aunque a mi parte sensible le gusta esa película (y otra joyita suya mucho menos conocida llamada Están todos bien), reconoced, maromos míos, que Cinema Paradiso era una mariconada y estaba hecha para que lloraran las nenazas. De Baaria han dicho que es “una obra maestra y que todos los italianos deberían estar orgullosos de ella”. Lo ha dicho Silvio Berlusconi, que es el dueño de la productora. Así que vosotros mismos. Sale Monica Bellucci, pero también una señora muy guapa que se llama Margareth Madè.
Giuseppe Torntatore, en el centro, con Margareth Madè. Los otros dos me dan igual.
- Hay cuatro películas españolas en Venecia, pero ninguna de ellas compite por el León de oro, sino que participan en secciones paralelas, pero esto nos da igual a los maromos, que no recordamos quién ganó antes los leones éstos, no como los Oscar, que sí que te acuerdas. Dice mi lado sensible que él tampoco se acuerda de todos los leones, que qué me he creído.

-
Rec 2 (de Jaume Balagueró y Paco Plaza) ha tenido mucho éxito de público, pero no de crítica. O sea, que mi lado maromo la vería con palomitas y dando sustos a su chica (que es la mía) como en aquél gag de Mister Bean, pero mi lado sensible saldría de la sala diciendo: “qué barbaridad”. Dicho de otro modo: el público la ha aplaudido y Boyero la ha censurado. Dice mi lado maromo que Manuela Velasco se la pone obesa. Mi lado sensible jamás lo expresaría así, pero empieza a encontrar ciertos puntos en común con su lado antagónico.
Jaume Balagueró, Manuela Velasco y olé y Paco Plaza, el pobre del que todos nos olvidamos a veces.
- También ha estado por allí en estos primeros días Viggo Mortensen, en el que desde que rodó dos películas con David Cronnenberg ya no veo a Aaragon ni a Alatriste, y creedme que lo segundo era mucho más traumático que lo primero. Ha presentado una película con niño que se llama La carretera, y que está basada en el libro de Cormac McCarthy, ya sabéis, el autor de No es país para viejos. Y ha pasado un poco lo contrario que con Rec 2, y que es algo que pasa con casi todas las películas de los festivales: que la crítica se ha puesto muy contenta pero al público se le abría la boca. Cosas que pasan.

- Este fin de semana se proyecta en Venecia Gordos de Daniel Sánchez Arévalo. Tengo mucha fe en ella y me parece que me invitan a verla el martes, así que ya os contaré. Ahora os dejo, que mi lado maromo ha resultado ser gay y se está insinuando a mi lado sensible, que como es tan indeciso es capaz de decirle que sí por no discutir. Arrivederci!

miércoles, 2 de septiembre de 2009

De agorafobias y agorafilias

La cosa es que Alejandro Amenábar va a estrenar el próximo 9 de octubre Ágora, su quinta película como director. Que Alejandro Amenábar estrene una película es todo un acontecimiento en el mundillo del cine, simple y llanamente porque es un genio.
Amenábar ya estrenó Ágora en el pasado Festival de Cine de Cannes con una duración de 2horas y 25 minutos, aproximadamente. La crítica no fue dura con él, pero tampoco se deshizo en elogios (¿qué será “deshacerse en elogios”? ¿”Ay, qué guapa eres, ay, pero que turgencia atesoran tus senos” y de repente “fsssssss” desapareces cual azucarillo dentro del café?). Lo que se dijo de la película, más o menos, es que era muy correcta pero que pecaba de cierta reiteración a la hora de abordar algunos temas. Pues bien, hace unos días la distribuidora en España de Ágora (que produce Telecinco Cinema y distribuye Fox, que en algunos contextos significa “zorra”, pero en éste no) nos invitó a las aproximadamente 25 personas que más sabemos de cine de este país a ver la nueva versión de la película tras un recorte en el metraje, que había pasado de durar 145 minutos a unos 120. Lo de las 25 personas que más sabemos de cine de este país es mentira, ese no fue el criterio, pero a mí me viene bien decirlo porque a lo mejor esto luego lo lee alguien que busca a gente que entienda mucho de cine, y cuela, y me contratan, y prospero en la vida. En cualquier caso, debo decir que en la sala sí que había algunas de las personas que más saben de cine de este país.
Rachel Weisz en "Ágora". Yo le pongo tilde por principios, pero en el cartel no sale.
Entonces yo ahora debería hacer una crítica de Ágora. Pero yo no soy crítico, yo soy opinador. Opinador quiere decir que yo opino pero que no me atrevo a calificar las películas categóricamente y pensando que tengo la verdad absoluta, como si fuera Carlos Boyero o Risto Mejide. Yo creo que tengo la verdad relativa, como Hipatia.

Hipatia
es Rachel Weisz, que es la protagonista absoluta de la película y que está guapísima. Hipatia es una filósofa y/o científica en la Alejandría del S.IV después de Cristo. Aquí iba a hacer un chiste con Alejandría y Alejandro (Amenábar), pero era demasiado básico y mejor lo dejo para bogs menos sutiles. En la Alejandría del siglo IV existían unas tremendas guerras religiosas entre los nuevos cristianos, los antiguos paganos y los judíos, que siempre andan metidos en líos, los muchachos. A esto añadamos que Hipatia le gusta a Orestes, que es un alumno que luego es prefecto (que no perfecto) y a Davo, que es un esclavo que aspira a alumno. Ya no os cuento más del argumento, pero sí que necesito que os quedéis con estos tres mimbres de la película para que luego nos entendamos: religión - ciencia - amor.
¿Me ha gustado la película? ¿Eh? Pues mucho no. ¿Me ha parecido mala? En absoluto, me ha parecido perfecta, Amenábar es un genio. ¿Va a triunfar en taquilla? Pues yo creo que no. Entonces, tal y como se dice en el elitista mundo del cine, ¿se va a dar una hostia? Pues tampoco creo. Entonces, si es perfecta pero no va a funcionar en taquilla, ¿creo que se va a salvar gracias al boca a boca? Pues tampoco. ¿Te das cuenta, jodido bloguista, de que tus opiniones son absolutamente contradictorias? Claro. Y es que así salí de la película, con sentimientos contradictorios. Me explico:
- La factura de la película no es que sea buena: es superior. Alejandro Amenábar  rueda cada vez mejor. Las escenas de la recreación de Alejandría, su biblioteca, sus calles y su ágora son espectaculares. Aunque odio decir esta frase, para que nos entendamos: “no parece una película española” (o de un español). Podría ser de cualquier director estadounidense (o no) que ha rodado con los mejores profesionales y con mucha pasta. De Ridley Scott o de Peter Jackson. Pero sólo hablo de la forma, ojo, en la de Peter Jackson a los judíos los habrían matado los orcos y los cristianos ocuparían Mordor, no la biblioteca.
- La historia es correcta. Los actores están todos bien. No podría señalar a uno que esté mal dirigido o sobreactuado.
- Pero tampoco a ninguno del que digas “se ha salido”, como se salía la Nicole Kidman de Los otros o el Javier Bardem de Mar adentro, que concretamente se salía por la ventana.
- La historia es tan correcta que, salvo en dos ocasiones (y una de ellas es el final, Amenábar sigue siendo un maestro del final), no te pone los pelos de punta. A  mí sí, pero porque llevaba gomina.
- Hay momentos en los que me pasa lo que se supone que no me debería pasar después de recortar el metraje: me da la impresión de que repite cosas. Vuelve a lo mismo. El esquema de la película es: religión - ciencia - amor - religión - ciencia - amor - religión - ciencia - amor… Se me hizo un poco cansino.
- Pero no se me hizo larga. No deseé que se acabara. Eso es bueno. Pero tampoco lo lamenté. Eso no es bueno. Yo diría que el problema lo han tenido en el guión, escrito entre Alejandro y Mateo Gil. Me consta que saben que, además, saben que ahí está el problema.
Juro que me hubiera encantado que Ágora me gustara más. Que me gustara mucho, tanto como Los otros o Tesis, o más que Mar adentro y Abre los ojos. Me hubiera gustado que no me dejara frío, que me emocionara.
Pero también me alegro de que su película no me haya parecido, simple y llanamente, mala, como me ha pasado con otros directores a los que he adorado, como Almodóvar, Fernando León o Mariano Ozores.
Y un tío que ha hecho una de terror sin dinero, una de terror con mucho dinero, una fantástico-paranoide y una intimista (con Oscar y todo), y que de repente se marca una especie de “superproducción de autor” (porque no sé cómo clasificarla, pero desde luego, no como “una de romanos” o “una comercial”), sigue mereciéndose todos mis respetos.

Que eso sí, no sé si le servirán de algo…