miércoles, 15 de julio de 2009

Icono TV

¿Qué es un icono? Habría que preguntárselo a Belén Esteban. El otro día, Jorge Javier Vázquez (que ha tenido que volver a la franja horaria de la que le echaron para “salvar” a Telecinco) le dijo a Belén Esteban que era un “icono gay”. Ella le contestó “sí hombre, y tú un rectángulo”. La muy bestia confundió “icono” con “cono”. Menos mal que no lo confundió con un coño gay.
Por suerte, entre nosotros no hay que explicar lo que es un icono. Un icono es Curro Jiménez. Lo digo tan categóricamente porque hace tiempo lo leí en una revista en la consulta del otorrinolaringólogo, que publicaba una encuesta sobre cuáles eran los iconos de la televisión en España (creo que era “TV más”, pero no pondría la mano en el fuego, de hecho nunca pondría la mano en el fuego, ni por esto ni por nada). Apunté en una hoja los primeros puestos, y me la acabo de encontrar en el bolsillo de un pantalón que tengo que es como gris tirando a verde, de verano, muy fresquito. Y el número uno era Curro Jiménez.
Sancho Gracia as Curro Jiménez.
Me sorprende, porque a Curro Jiménez lo creía un poco olvidado en el tiempo, hay que tener en cuenta que se emitió en 1976, a mí no me dejaban ni verlo, porque tenía dos rombos y porque en un capítulo salía Isabel Pantoja y mi madre no quería que viera chicas con bigote. Luego es verdad que la han repuesto miles de veces, ahora mismo creo que la ponen en Intereconomía o en un canal de éstos de la TDT. Aunque si es por reposiciones, el número uno debería ser Chanquete, pero claro, Chanquete ha muerto. Así que el number one es Curro, el barquero de Cantillana.

El segundo era Félix Rodríguez de la Fuente. Por lo que intuyo que esta encuesta se la han hecho a gente mayor o igual que yo (de edad, espero que de todo lo demás no haya en el mundo mucha gente igual que yo). Félix era un icono, claro que sí. Hace casi 30 años que se mató en Alaska y de alguna manera aún sigue presente en nuestras vidas. Por ejemplo, la hija de mi amiga Ana, que tiene 4 años y medio (la niña, mi amiga tiene más), se sabe la canción de “Amigo Fééééliiiiiix, cuando llegues al cieeeeeloooooo…”. Aunque no sepa quien es ese Félix.
También estaban en la lista Los payasos de la tele y Emilio Aragón. Así, separados. Porque tal vez los más jóvenes no se acuerden de que Emilio empezó en 1978 siendo Milikito, el payaso mudo al que Gaby, Miliki y Fofito no dejaban hablar, y entonces tocaba el cencerro. Este despropósito luego lo superó Rody, al que no sé por qué le pintaban de negro, como al cantor de jazz. Y mira Emilio Aragón dónde ha llegado, con un cencerro ha levantado un imperio. Los payasos para mí son otro icono.
Espinete estaba el cuarto, creo. Es que lo apunté un poco rápido. Bien, me parece bien. Pero para mí tendrían que estar más arriba Martes y Trece, que en la encuesta salían en el quinto puesto. Para mí Martes y Trece simbolizan el mejor humor que ha habido en televisión. Luego puedo preferir a Faemino y Cansado, por ejemplo, pero creo que los especiales que hicieron Martes y Trece entre 1987 y 1990 (aproximadamente) suponen las mejores horas de humor para todos los públicos que hemos visto en España. Se pueden volver a ver ahora y no han envejecido. Mi sobrino vio un especial conmigo y no reconocía a la Doctora Ochoa o a Ángel Casas, pero se reía con sus gags. Y eso es muy difícil. Mirad este sketch: no parece que tenga 20 años.
También andaban por la lista Jesús Hermida y Matías Prats hijo. Yo no recuerdo la tele sin ellos, yo creo que cuando se inventó la tele ya estaban dentro. Aunque Jesús Hermida ya se ha salido, o a lo mejor le ha echado la pobre tele misma, harta de que Jesús le ponga la cabeza como un bombo. Qué pesado era, pero qué programas hizo. Sin ir más lejos, Jesús Hermida trajo Cheers a España. Y Cheers trajo a Frasier. Y Frasier para mí es como Andreíta para Belén Esteban, ya que hablamos de conos.
Leo también en mi papel: “Karlos Arguiñano”. Como apunté esto hace unos meses, no recuerdo si lo puse porque era otro icono o si me lo apunté para acordarme de que tenía que comprar perejil.
Para mí un icono de la televisión española podría ser José María Íñigo. O Mayra Gómez Kemp. O Chanquete. O Leticia Sabater. O Enrique Catá, que hacía un programa conmigo en una tele local, aunque yo creo que éramos igual de iconos los dos. Pero de esto hace ya unos 13 años.

Se admiten más iconos para esta lista paralela (que no para lelos).

lunes, 13 de julio de 2009

V.O.S. (léase “bos”, no “uveoese”)

Acabo hoy con una semanita en la que he estado un poco brasas con el cine español y en español, pero es que han coincidido en la cartelera unas cuantas películas que le ponen un toque de optimismo a ese post de hace unas semanas en el que enumerábamos los pecados capitales de nuestro cine. Y aunque seguimos pecando en falta de promoción y originalidad, los títulos de los que os he hablado estos días han conseguido que ahora mismo ir a ver buen cine en castellano no sea una misión imposible. Para los no asiduos a este blog o para los vagos que no quieran ir hacia atrás como los putos cangrejos, les diré que me refiero a Un novio para mi mujer (que es argentina), Spanish Movie (que está en proceso de montaje y que va a tener una promoción cojonuda, ya lo veréis) y Pagafantas, que ha tenido buena promoción, ha entrado la cuarta en la taquilla (medio millón de euros el primer fin de semana) y me cuenta mi amiga Eva que ha sido la segunda búsqueda más veces realizada en Google España después de “San Fermín”. Qué cosas.
Los cuatro actores de V.O.S. Falta el director, que es Gay.
A esta buena racha añado, y ya os dejo tranquilos con el cine patrio durante unos días, V.O.S. Su director es gay. Quiero decir que es Gay, Cesc Gay, un tipo al que le debemos Krampack, En la ciudad y Ficción, tres buenas películas. Es otra comedia, pero en las antípodas de Pagafantas. Dos parejas, un embarazo previamente pactado sin compromiso de por medio, sentimientos hacia alguien de la pareja opuesta, mentiras… Me reconocí en varias facetas de los cuatro personajes de la película, y creo que eso le va a pasar a todo el mundo. Un poco como sucede en Arte, de Yasmina Reza.

- ¿”Arte”? Eso es teatro. Yo no vi “Arte”.
- Bueno, repelente vocecilla interior, pero yo sí, y la ha visto mucha gente, es para ayudar a comprender la película.
- Pero yo no vi “Arte”. El Teatro es muy caro. Eres un gafapasta.
- Déjame vivir, vocecilla interior, que tengo que seguir con el post.
Mencionaba Arte porque V.O.S. es también la adaptación de una obra de teatro de Carol López. Pero la película no parece una obra de teatro, como les sucede a muchas otras adaptaciones (La duda, sin ir más lejos). Cesc Gay ha contado con los cuatro actores que la representaron en Barcelona, dice que de no haberlo hecho habría tenido un problema personal, y me da la sensación de que ha acertado. En eso y en el estilo narrativo que ha elegido, y que ya le están criticando: Cesc Gay combina realidad y ficción pero de una forma arriesgadamente inédita. Los personajes son actores que interpretan un guión, pero cuando la escena acaa, no abandonan el papel (como en Vivir rodando, o tantas y tantas películas de cine dentro del cine), sino que siguen con él pero fuera del plató. O sea, hay escenas que “se ruedan” y otras que no. Y esto, que puede parecer un sinsentido, a mí me resulta interesante, divertido y me mete en la película desde la primera escena.
Como otras veces, pude hablar con Cesc Gay y sus actores. No os voy a contar las cosas que me dijeron, porque creo que sus nombres no os sonarán demasiado y entiendo que os puede aburrir (tal vez sí os suene Vicenta Ndongo, con la que tuve una conversación inteligentísima) (inteligentísima por su parte). Pero sí destacaré una cosa que me dijo Andrés Herrera y que me gustó. En V.O.S. se salta del catalán al castellano y del castellano al euskera en varias ocasiones (en la versión que vi yo, creo que también se estrena una doblada). Andrés, que es catalán, me dijo que a él le encanta vivir en una ciudad donde pasa eso constantemente. Y decía que no era una postura política, sino de vida. En Barcelona pasa eso. Pese a lo que pretendan exportar nacionalistas o centralistas, él ve que la gente cambia de idioma cuando el interlocutor lo precisa, e incluso a veces cuando no lo precisa. Y que le encanta vivir en una España así, multi-idiomática y multicultural (y decía “España”, que a veces se nos olvida que esta palabra y su bandera son de todos, no de unos pocos).
 A mí V.O.S. me ha gustado. A Javier Ocaña y a Carlos Boyero, de El País, no. A Raquel Santos y a Cristina Iglesias, de CANAL+, sí. Lo del primero me preocupa, lo del segundo empieza a dejar de importarme, lo de la tercera me tranquiliza y lo de la cuarta me halaga, porque es la persona que ha hecho posible que yo vea Pagafantas, Un novio para mi mujer, V.O.S. y Spanish Movie (sin pagar y legalmente, quiero decir).
- ¿Por qué siempre citas los gustos de otras personas cuando hablas de películas? ¿Es que no confías en tu propio criterio, botarate?
- Pues claro que no me fío, vocecilla interior, además yo no soy crítico de cine, así que cuando digo que algo me gusta, me parece honesto poner en sobreaviso al  pueblo de que hay gente que no está de acuerdo conmigo.
- Huy, “al pueblo”, pero qué cretino eres, botarate.
Os dejo. La vocecilla interior se está poniendo chula y me está diciendo que coja un cuchillo  jamonero y me lo inserte suavemente en no sé qué orificio, y no quiero que asistáis a según qué espectáculos. Saludos en versión original subtitulada.

P.D. Se me olvidaban las preguntas disimuladas que a veces hago al final y que solamente buscan incitar al comentario. Esta vez van sobre dos cosas que pasan en la película. Una: ¿tendríais un hijo con un/a amigo/a pactando previamente que después no habrá compromiso? (mi respuesta: si ella está buena, sí). Y dos: ¿habéis dado alguna vez un salto entre parejas? Quiero decir, ¿has acabado saliendo con la pareja de un/a amigo/a que salía contigo… y con tu pareja? (mi respuesta: más o menos).

viernes, 10 de julio de 2009

Famosos en la calle

Los que hayan leído alguna vez este blog ya sabrán que soy periodista, que me dedico a la información cinematográfica y que mi cociente intelectual es semejante al de un papión joven. También sabrán que le daría gracias a Dios por mi trabajo cada día si creyera más en él, pero por lo pronto se las doy a una estampita que tengo en casa de Rafa Sánchez, el de La Unión.
Dedicarte a la información de cine supone que entrevistas a actores y actrices. En estos años he tenido la suerte de hablar con Morgan Freeman, Scarlett Johansson, Dustin Hoffman, Monica Bellucci, Ralph Fiennes, Cate Blanchett, Sylvester Stallone… A mí éstas entrevistas me siguen imponiendo, todavía no he asumido que la persona que tengo enfrente espera ver a un periodista coherente y no al patético friki-fan-aficionado al cine que soy. Pero a ver si me explico: en estos casos yo no me llego a poner nervioso, no pierdo los papeles. Me intimidan, pero sé a lo que voy, sé desde unos días antes que a las tantas y media del día tal del mes cual tengo una cita con Dustin Hoffman. Y cuando llegan esos cinco o seis minutos (porque nunca son más), suelto mis preguntas, escucho las respuestas, intento meter una cuestión original para que vean lo listo que soy y cuando quiero darme cuenta, las Hermanas Hurtado de rigor dicen eso de “¡campaaaaana y se ha acabao!”
Dustin Hoffman. Cómo puede ser que recuerde más borrosamente el día que le conoci que la vez que vi en la calle a Enrique del Pozo.
Entonces, si estoy tan habituado a ver de cerca a actores importantes… ¿por qué el otro día voy andando por mi calle y de repente pasa José Sacristán, me parece impresionante que eso me suceda a mí, me pongo un poco nervioso y empiezo a seguirle un rato hasta que veo que enfila una calle larguísima y me da pereza continuar? ¿Por qué subo a casa y le digo a mi chica “tía, tía, he visto a José Sacristán” y a lo mejor se me olvida añadir “y la semana que viene entrevisto a Kirsten Dunst?

¿Por qué me pone tan contento que mi amiga Maria José, que vive en mi calle muchos años antes que yo, me cuente que en mi calle y en las aledañas han vivido Concha Velasco, Vicente Parra, Alfonso del Real, Sara Montiel, Bobby Deglané, Tino Casal y que fue al colegio Javier Bardem? ¿Por qué ese orgullo, si la mayor parte de ellos me soplan la pirulita? ¿Por qué pienso: “Dios, pero cómo me gustaría verles pasear a todos ellos por estas aceras tan hermosas”?
Pues yo creo que porque hablamos de verles en la calle, y eso no te lo esperas. Pero de todas maneras, no es normal. No es normal la naturalidad con la que llevé que Dustin Hoffman se riera de mis gafas y de mi pelo de pincho, y que de repente busque una cámara de fotos como un loco porque Jorge Javier Vázquez me adelanta por la Plaza Mayor paseando con su novio. Y mi mitomanía (cutre) no se limita a Jorge Javier y Sacristán: os cito otros cuantos ejemplos cutres ocurridos en los últimos días:
Estaba yo tomando un café con Cristina Teva, la presentadora de mi programa de televisión. De pronto noto que algo me roza en la nuca. Me giro y es que había pasado un tipo y me había dado un golpecito. Miro al tipo y es Nacho Vidal. No quiero pensar, dado que yo estaba sentado y él de pie, con qué parte del cuerpo me rozó en la nuca. Nacho se sentó al fondo del café con una novia, amiga o muñeca hinchable de obesísimos pechos. Mira que me gusta Cristina Teva, pero el rato que duró nuestro café, yo no pude dejar de mirar a Nacho Vidal.
Esta vez la testiga fue mi chica: paseábamos por la calle y nos adelanta un tipo. Yo soy miope y ganso, así que dije: “mira, Viggo Mortensen”. Lo dije de coña, porque se parecía un poco. Y tanto: era Viggo Mortensen. Caminaba solo por Madrid, y se paró en el metro de Alonso Martínez a esperar a alguien, supongo que a Légolas. Y te lo quedas mirando, y no sabes si hacerle una foto, pedirle un autógrafo o empujarle escaleras abajo con una risa histérica. En cambio, si me lo ponen enfrente para entrevistarle, seguro que hasta articulo un discurso coherente. ¿Por qué me sucede esto, oh mi señor Jehová?
Una vez, muy jovencito yo, me subí a un autobús en el que estaba Kiko Ledgard. Si no sabes quién es Kiko Ledgard es que eres insultantemente joven. Me senté a su lado y no paré de hablarle hasta que me invitó a tomar café un día a su casa. Nunca fui, pero me lo pasé pipa.
Mi calle. Por ella TIno Casal ha canturreado "Eloise", y Vicente Parra "Dónde vas, Alfonso XII".
Dos testigos más de este misterio: mis amigos Mayte y José Luis. Estamos tomando una cerveza en una terraza de Majadahonda y en la mesa de al lado está Santiago Urrialde (“el reportero total”, el autor de la frase “no siento las piernas”). Sí, lo sé, es cutre como famoso, tanto que incluso el año pasado estuve cerca de colaborar con él. Y me importa un pito su carrera, la verdad, pero hasta que no se fue de la mesa, ninguno de los tres le quitamos ojo.

Cenando también con mi chica en las Tres Manolas, en la Plaza de Ramales de Madrid, entran Fonsi Nieto y Rosauro con una panda de amigos que calificaría de muy pijos si no fuera porque no me gusta clasificar a las personas de muy pijas. No sé quién es Rosauro, eso me lo sopló mi chica, y una vez enterado, su existencia me la sopló a mí. Pero sí que sé quién es Fonsi Nieto, y también sé que sus amigas estaban bastante buenas, así que no es que no pudiera quitarles ojo, es que no pude quitarles oído, porque no veais cómo gritaban para pedir unas ensaladas, los muy condenados.
Eso sí, tampoco hay que ponerse como un amigo mío que dice que cuando era dependiente de un Seven eleven, entró Charlton Heston y en perfecto castellano le pidió un paquete de Fortuna. Yo creo que alucinó. Otro amigo mío más fiable creyó ver a Samuel L. Jackson por Huertas una noche. Y yo en ocasiones veo muertos.

El caso es que no sé por qué tengo este doble rasero con los famosos. ¿Me podéis ayudar? ¿Os pasa esto a vosotros? Venga, contadme qué famosos, cutres o no, habéis visto hace poco.

miércoles, 8 de julio de 2009

Cuando sos un boludo que no soporta a su mujer

En un comentario reciente en este blog, no recuerdo de qué hablábamos pero seguramente de cine español, dije yo de repente con voz de barítono bajo: “a mi el cine argentino me gusta casi siempre”. Maticemos esta frase histórica: me gusta el cine argentino que llega a España, porque seguro que hay mucho cine argentino que no nos llega porque es un churro, como pasa en todas partes. En los últimos años recuerdo títulos como No sos vos soy yo, El hijo de la novia, La ciénaga, Nueve reinas, Kamchatka, XXY, Tiempo de valientes… por no remontarme a Eduardo Mignogna, Luis Puenzo o la primera película de Juan José Campanella. También me gustó mucho Mira quién habla también, doblada por Moncho Borrajo, pero no es argentina.
Pues unos días después de decir esto en el blog, cojo y veo Un novio para mi mujer, de Juan Taratuto (el director de No sos vos soy yo y Nadie dijo que es fácil). De Argentina, claro. Y resulta que este país vuelve a regalarme una de las comedias más agradables que he visto en los últimos meses. ¿Por qué? Pues porque cumple tres requisitos muy simples.
Cartel de "Un novio para mi mujer". Este pie de foto va para los que no saben leer, porque creo que la ilustración ya está bien clarita por sí sola.
1. Argumento sencillo, pero no tanto. Un marido no soporta a su mujer, pero no tiene huevos para decirle que se quiere separar. Así que contrata a un tipo para que la conquiste y se la quite de encima. O de debajo, no sé las posturas.

2. Inteligente definición de personajes. a. El marido es un boludo, que dirían allá. Sus dudas y sus ideas, especialmente las que afloran en la consulta de la psiquiatra, son antológicas por lo familiares que (algunas) nos pueden resultar. b. La mujer es insoportable, su verborrea y bordería son fantásticamente cansinas, pero todo el que haya convivido en pareja reconocerá algún momento así. c. El conquistador de alquiler es un tipo tan fuerte y tan débil (y con tan poco aspecto de conquistador) que hace que la comicidad suba cada vez que aparece en escena.
3. Diálogos divertidos. Sin más pretensiones. Todo lo que dicen suena natural y punto. A veces no te ríes de lo que dicen, sino de cómo lo dicen. La terapia de pareja es para enmarcarla. Los partidillos de fútbol, para mondarse. Y los despertares del hombre medio dormido y la mujer a cien por hora, pues también.
Entonces, ¿por qué muchas comedias (españolas y no) se olvidan de cuidar estos tres pilares tan simples, argumento, personajes y diálogos? Un novio para mi mujer no es un Billy Wilder, pero se ve tan fácil, tan agradable, tan divertida…
* * * * *
Días después de ver la película, nos citamos con el director Juan Taratuto y con la actriz Valeria Bertucelli en el Retiro de Madrid, para hacer con ellos unas cuantas cosas para mi programa de tele. Taratuto es un tipo amable e ingenioso. Cuando le dije que trabajaba en Canal+, recordó: “Ah, Canal +… me compró mi primer cortometraje, Macedonia…” y añadíó con nostalgia y cierta mala leche: “…cuando Canal+ compraba esas cosas, claro”. Se ve que sigue de cerca la trayectoria de los medios españoles. He buscado el corto para ponérolso aquí, pero no lo encuentro. Julio, S.O.S.
Juan Taratuto y Valeria Bertucelli. Caramba, cada vez hago peores fotos.
Y Valeria, que en la película no calla ni debajo del agua, es una de las actrices con menos palabras que me he encontrado en mucho tiempo. No digo antipática, ni seca, si en realidad estuvo muy colaboradora y agradable, sino parca. Me tomé con ella una botellita de agua con limón y no sé qué más, de máquina, un euro ochenta nos costó, porque el señor de la terraza del Retiro no nos dejó sentarnos a tomar un café en condiciones porque no había abierto el chiringuito todavía o algo así, qué señor tan desagradable y tan feo, amigos. Y durante esa conversación a cuatro bandas (Valeria, Cristina de Canal +, Andrea que fue quien nos trajo a Valeria y yo), me pareció que la actriz sólo se sintió cómoda hablando de tiritas, un tema que a mi últimamente se me da fatal, pero que pienso prepararme a conciencia para que esto no me pase más. Pero insisto, Valeria no perdio en ningún momento ni la amabilidad ni la sonrisa.

La entrevista con ambos (que no hice yo) fue corta, porque ninguno de los dos hizo honor al mito del argentino verborreico. Pero como agradables sí que fueron y la película me gustó bastante, pues yo os la recomiendo, se estrena este viernes.
ANEXO: A mí nunca me han dejado: se conoce que las miles de mujeres predestinadas a abandonarme prefirieron directamente no perder ni un minuto conmigo. Pero en algún momento de mi vida, yo sí que hubiera contratado a un tipo que enamorara a mis ex-parejas para ahorrarme el mal trago de dejarlas yo. Qué cobarde, por favor. Preguntas para animar los comentarios: ¿vosotros lo haríais? ¿o lo habéis hecho? ¿u os lo han hecho? ¿o tal vez os lo hayan hecho, pero no os habéis enterado?


lunes, 6 de julio de 2009

Pues no habré pagado yo fantas ni nada

Últimamente me está sucediendo una cosa curiosa en este blog. Escribo sobre El último superviviente y sobre su “webmaster” Eva Díaz, y me hace un comentario la propia Eva Díaz. Hablo de Spanish Movie y su guionista Paco Cabezas, y me hace un comentario desde Argentina el mismísimo Paco Cabezas. Visto lo cual, decido escribir sobre Martina Klein completamente desnuda. Pero a última hora me echo atrás, porque si Martina se decidiera a aparecérseme en este blog o en persona, sé perfectamente que le acabaría pagando una fanta.
La primera fanta que pagué fue en 1º de BUP, y en realidad fue una cerveza, además fue mi primera cerveza, que me pareció más de machote. Por supuesto, Isabel no me hizo ni caso, ni ese día ni jamás. Desde entonces he pagado muchas fantas, porque además de pagafantas soy bastante generoso, aunque lo cierto es que hace tiempo que ya no pago ninguna. A  mí en cambio  me han pagado bastante pocas, supongo que porque les echo vodka y salen más caras. Y si no es por eso, yo prefiero pensar que sí.
Joder, cada día me cuesta más entrar en materia. Vamos allá: el viernes se estrenó PAGAFANTAS, de Borja Cobeaga. Un Pagafantas es lo que os he intentado explicar en el anterior párrafo: un chico que se enamora de una chica que sólo lo quiere como amigo, así que en lugar de acostarse con ella lo único que consigue en la vida es pagarle las fantas. El Pagafantas de la película es Gorka Ochoa (Cuestión de sexo, Vaya semanita) y la fantaspagadas es Sabrina Garciarena, una actriz argentina monísima a la que yo no tenía fichada, pero que me dicen que también salió en varios capítulos de Cuestión de sexo. Yo a Sabrina le habria pagado fantas, coca colas y otras prebendas.
Gorka Ochoa y un bombón argentino llamado Sabrina Garciarena.
Me habían hablado bien de Pagafantas después del Festival de Málaga (se llevó el premio de la crítica y el de mejor guión), pero también me habían hablado no demasiado bien. Y yo fui a verla con un resquicio de duda entre los dientes, expresión que no sé si tiene sentido. ¿Por qué? Pues porque de los tres cortos que había visto de Borja Cobeaga, sólo me había convencido uno y no rotundamente (La primera vez, nominado al Goya, me dejó frío que diría Carlos Boyero. Éramos pocos me gustó y me hizo mucha gracia, pero me pareció sorprendente que llegara a ser nominado al Oscar, aunque me hizo ilusión. Y en Limoncello, que eran tres cortos en uno, se veía claramente superado por los tercios de Luiso Berdejo y Jorge Dorado).

Así que Pagafantas me sorprendió muy agradablemente. Si la vais a ver, fijaos en estos detalles y a ver si luego coincidís conmigo:
  • Los secundarios le suben un par de puntos a la película. Óscar Ladoire, dichosos los ojos, está sembrado. Julián López y Ernesto Sevilla, otros dos Muchachadas Nui (en el post anterior ya “colocamos” en el cine a Joaquín Reyes y Carlos Areces), tienen respectivamente un papel y un cameo. Ambos parecen escritos a su medida. Porque la película tiene algo del rollo Muchachada,
  • El concepto de Pagafantas y sus variantes están explicados con fragmentos de un documental narrado por la voz que más habréis oído en documentales: la de José María del Río. Por su cambio brutal de estilo narrativo, estos insertos son los mejores momentos de la película (con José María del Río tuve la suerte de trabajar en un programa, y no sólo tiene la mejor voz que he oído, sino que es el profesional del ramo más infalible del mundo y una excelentísima persona).
  • Hay un momento en el que Borja Ochoa está en el salón de su casa viendo una película de vídeo. Es Kárate a muerte en Torremolinos, la primera película de mi amigo (y de este blog) Pedro Temboury, que según mi amigo (y de este blog) Javier Ocaña es “la peor película jamás estrenada en España”. Como soy amigo de los dos, no voy a decir con cuál de ellos estoy más de acuerdo.
  • Enrique Bunbury no aparece en la película, pero es un personaje más. Borja Cobeaga sabe explotar ese amor-odio extremo que Bunbury provoca en la gente, y lo hace elegantemente, ni le ensalza ni le pone a caldo. Por motivos que no vienen al caso, me divierte mucho más que el macguffin de Pagafantas sea Bunbury a que lo hubiera sido, por ejemplo, Loquillo.
  • La película dura lo que tiene que durar: menos de 90 minutos. Si llega a durar más, se me pudo hacer hasta larga. Ya me sobran unos 20 minutos, pero no por el metraje, sino porque hay un ratito en el que me parece que el guión sufre un bajón, básicamente porque no hay mucho mucho más que contar. Pero no duele, porque al final remonta, se acaba y chimpún, para casa con la sonrisa puesta.
Yo con mi camiseta de Pagafantas. Que tiene que estar mal hecha, porque a mí se me suelen marcar los abdominales a través de la ropa, y en cambio con esta camiseta no.
Al salir del cine, mi chica echó de menos el teléfono móvil. Volvimos a entrar en la sala y allí estaban los muchachos de la limpieza, recogiendo las putas palomitas de los otros. Les preguntamos por el móvil y, aleluya, nos lo devuelven. Y uno de ellos nos dice con bastante coña: “pues no es lo peor que se han olvidado hoy: nos hemos encontrado un tanga” (os lo juro: yo en este blog nunca miento). Y me pregunto si estoy asistiendo a otro sketch de la película. En cualquier caso, la pareja de la chica que lo perdió no era precisamente un Pagafantas

Y vosotros/as… ¿habéis pagado muchas fantas?