lunes, 11 de mayo de 2009

La Historia de Eurovisión II: 1973 - 1989

Segundo lunes que comenzamos hablando del Festival de Eurovisión (y último, que no cunda el pánico). Esto empieza a parecerse a “los lunes frikis” de mi blog vecino “Mil maneras de matar al DJ”. No importa, es un buen referente al que parecerse, y no creo que mi querido Fermín me acuse de plagio, aunque podría, pero en tal caso me declararía insolvente. Este sábado se celebra Eurovisión, y hace una semana Jaime Morey me quitó las ganas de seguir hablando del festival. Así que retomemos la historia tal y donde la dejamos, a principios de los 70.
1973 - 1975
España empezó el último trienio de Franco enviando a Luxemburgo una de las pocas canciones que han pasado a la Historia de nuestra música más así. Eres tú, de Mocedades. Quedó segunda, algo que sólo hemos conseguido cuatro veces. La canción era bonita, las voces encajaban bien, Amaya se volvía loca al final haciendo filigranas con la voz, allí puesta, tan mona, tan buena, tan obesita. 1973 Mocedades - Eres tú, finale.
Mocedades y Peret. Dos años, dos estilos, dos puestos, un gañán.
Un año después, en 1974, España envió a Peret. Peret interpretó Canta y sé feliz, se conoce que ya intuía que sólo quedaba un año de franquismo. Salió a cantar superlolailo, con su grupo de palmeros, su enorme corbata, su guitarra y unas patillas más grandes que mi tupé de los 90. Enrique Catá, en el programa de radio que compartíamos, solía decir que cuando los espectadores ingleses les vieron salir al escenario, se guardaron mejor las carteras. Peret quedó el 9º por dos frases de su canción. La primera demostraba poca confianza en la victoria: “Si la canción que yo canto no te llena de alegría, por más cosas que te diga, no sirve de ná”. Y en la segunda, despreciaba el propio concepto de Eurovisión: “…decir que estás en Europa no sirve de ná”. 1974 Peret - Canta y sé feliz, frases desafortunadas. Pero a quién se le ocurre, querido Pedro Calaf Pubill… Este año fue mítico: ganó Abba con Waterloo y participó Olivia Newton John por Reino Unido, 4 años antes de Grease y del famoso “Chuguaririguón, chuguaririguón, uh, uh, uh”.

El año en que murió Franco, España mandó a Estocolmo a un esqueje de Mocedades, a ver si también quedaban segundos: Sergio y Estíbaliz. Estuvieron supersosos, con una canción supersosa también: Tú volverás. Estíbaliz siempre cantó mejor que Sergio, y se demuestra en el inicio de la canción, en el que Sergio no aparecía ni por asomo. Luego ya le utilizaban como segunda voz, pero debajo de Estíbaliz. Debajo de Estíbaliz musicalmente hablando, claro. 1975 Sergio y sobre todo Estíbaliz - Tú volverás.
1976 - 1979
España inicia su nueva vida ya sin Franco. Sobran las palabras. Quiero decir que Sobran las palabras es la canción que cantó el “famosísimo” Braulio (a ver quién es el guapo que le pone cara). Quedó el 16º de los 18 que cantaron en La Haya. Braulio no tenía mucha voz y seseaba porque era canario. E igual que Peret, él mismo se encargaba de airear sus defectos, y eso no hay que hacerlo nunca. Decía Braulio: “a nada suena en mi voz (…) a mí me falta el interés…”. Así no hay quien gane, carajo.
Pero en 1977 fue Micky. Micky es un poco pesado y guiñaojos, pero la canción era simpática y pegadiza, y mejoró un montón el resultado de Braulio. Que tampoco era tan difícil: quedó el 9º, pero porque una vez más España iba pregonando sus propios defectos. Micky pedía a gritos: “Enséñanme a cantar”. “Pues cuando aprendas, vuelves, calvorota”, cuentan que dijo el jurado de Alemania. El mismo resultado, 9º puesto, obtuvo José Vélez, con su fama de gafe y todo, en París. Pero esta vez España inauguró otro defecto en sus canciones que nunca ha funcionado bien: hacerle la pelota al país anfitrión. Como Eurovisión se celebraba en Francia, pues José Vélez se cascaba un estribillo en francés. Vaya, no debería incluir las palabras “cascar” y “francés” en la misma frase. Bailemos un vals, se llamaba el tema.
Otra cosa fue 1979. En 1979 España envió a Betty Missiego con Su canción, que cantaba con unos niños que luego formaron un grupo llamado Caramelos, caramelos que no duraron ni medio asalto en el mercado porque coincidieron con el éxito de Parchís. Betty Missiego quedó la 2ª, pero protagonizó un final de votaciones al estilo del gol de Iniesta al Chelsea, sólo que aquí España sería el Chelsea. Éramos los últimos en votar, y en ese momento estábamos por delante de Israel. La votación fue superlimpia (creo que no podía ser de otra forma porque se votaba unos minutos antes, que si no…) y en el último instante le dimos a Israel no sé cuántos points que la hicieron ganar con una canción preciosa que se llamaba Hallelluja. Pero a pesar de toda esta historia, cuando recuerdo la canción de Betty, lo que visualizo es un número de Martes y Trece a cuatro manos, que por cierto colocaban igual que las de Betty (o sea, que me pasa igual que a ti, Alejandro).
Por edad, estos años de Eurovisión son los que mejor recuerdo. Para mí, Eurovisión son estos cuatro años. Soy mayorzote, ¿eh?
1980 - 1985
La movida de los 80 no se reflejó en Eurovisión. En esos años de locura y creatividad, España envió su repertorio más soso. Fijaos como empezó la década: con una canción de Trigo limpio que se llamaba Quédate esta noche, y que musicalmente era un puto bucle. La música no variaba. El estribillo tampoco. Cuando se callaban, la melodía seguía igual. Cuentan que hoy en día, los de Trigo limpio siguen musitando esa frase entre dientes. 1980 Trigo limpio - Quédate esta noche, puto bucle. Quedaron los 12º. Puesto que empeoró en 1981 el mítico José María (bonito nombre) Bacchelli. Pero este año la cosa fue a peor: encima de que Y sólo tú era una canción bastante caca, la acusaron de plagio de una de Julio Iglesias (pero qué humillante, por Dios), que se llamaba A veces tú, a veces yo. Juzgad vosotros mismos. José María Bachelli - Y sólo tú versus Julio Iglesias - A veces tú a veces yo.
En 1982 España se desmarca del peloteo ése que pretendió José Vélez con Francia y elige otra estrategia: tocarle los cojones a la organización. El Festival se celebra en Reino Unido y era el año de Las Malvinas. ¿Qué envía España para tocarle los güevos a la Thatcher? Un tango. Lucía: “Él”. Quedó la 10ª. Está fenomenal ser la 10ª. Sobre todo porque en 1983 el socialismo de Felipe González se estrena con la mayor debacle nunca vista: Remedios Amaya y ¿Quién maneja mi barca? Salió al escenario descalza, sola, sin un perrillo o un gatico, o algo. Llevaba puesta una manta zamorana al estilo andaluz, creo. La pobre parecía una pobre. 0 puntos y último puesto.
Así que en 1984, volvimos a la táctica más sensata: enviar una canción buena. Para la época que era, a Lady, lady no se le pueden poner muchas pegas. La cantaba Bravo, y la cantante (Amaya Saizar) ya estuvo en Eurovisión recitando aquél estribillo desquiciante de Trigo limpio. Quedaron los terceros. No como Paloma San Basilio en 1985, que retomó el espíritu soso y romántico que nunca triunfa en Eurovisión. Hizo el puesto 14 con La fiesta terminó. Cualquier canción de El hombre de La Mancha hubiera superado la posición. Qué rollo, por Dios. En el vídeo creo que la atropellaba un coche. Normal.
1986 - 1989
No os creáis que en la segunda legislatura del PSOE Felipe metió en vereda a Eurovisión. En 1986, Cadillac inauguró una nueva moda: meter unas castañuelas en la canción, sea cual sea su estilo. Valentino era un tema modernillo, techno, pop, no sé qué coño era… Pero con castañuelas. Hala, los 10º, a mitad de tabla, como casi siempre. Pero no como siempre, porque en el 87 la hija de Alfredo Kraus, Patricia, nos dejó los 19º… La canción se llamaba No estás solo, pero si escucháis el estribillo, yo creo que el jurado se molestó porque Patricia les trataba con poca educación, les decía mucho “oye”, yo me la imagino además dándoles toquecitos impertinentes en el hombro con el dedo. Y más bien, la canción debió llamarse No estás sordo. 1987 Patricia Kraus - No estás solo (o sordo).
Así que en el 88 volvemos a la táctica del peloteo y las castañuelas. Como el Festival era en Dublín, pues el estribillo de La década prodigiosa era en inglés. El título era Made in Spain (la chica que yo quiero) (traducción digna de nuestro cursillo de inglés), y llevaba castañuelas, claro. Quedó la 11ª. A mí me gustaba, de lo puramente horteras que por aquel entonces éramos la canción y yo. Mucho mejor que la de Céline Dion, que ganó el Festival, dónde va a parar. Y para terminar la Década (la de los 80, no la prodigiosa), España le hace una putadita al destino. Envía a Nina con una canción sosa como el pollo seco que se llama Nacida para amar (el título parece una apología de la prostitución). Y queda la 6ª, no gana ni nada. Entonces… ¿con qué cara, por Dios, iba a formar esta mujer en el futuro a los participantes de Eurovisión de O.T.? Pues con la que años después lo hizo: sonriendo con falsedad y con la boca muy grande. No puedo con Nina. Y si ella me conociera, sé que tampoco podría conmigo.

Sólo queda un capítulo de esta historia. Ánimo.

viernes, 8 de mayo de 2009

El método y los metodistas

El otro día estuve leyendo en el periódico una entrevista a Dustin Hoffman, con motivo del estreno este viernes de Nunca es tarde para enamorarse. La periodista que tuvo el honor de charlar con él comenzaba el texto diciendo: “[Dustin Hoffman es] alguien a quien Laurence Olivier, celoso o asombrado, tuvo que recordar que el trabajo de intérprete es actuar, sin necesidad de dejarse la vida en ello”. La periodista se refería a una mítica anécdota que tuvo lugar durante el rodaje de Marathon man. En una de las escenas finales, Dustin Hoffman tenía que aparecer absolutamente agotado. Y ese día se presentó en el plató con un aspecto lamentable. Laurence Olivier le preguntó:
  • ¿Qué te pasa, Dustincillo?
  • Nada, que como hoy tengo la escena en la que estoy agotado, pues no he dormido en toda la noche, y además me he venido desde el hotel corriendo. Así me meto mejor en la piel del personaje.
  • Ah. Y… ¿por qué no lo interpretas?
Son dos maneras de entender el oficio. Dustin Hoffman seguía “el método”. Laurence Olivier era actor. Y a raíz de esta anécdota, recordé algunas cosas que me han contado sobre “el método”.
Dustin Hoffman en "Marathon man". El de espaldas es Laurence Olvier en "Marathon man".
Pero, ¿qué es “el método”? ¿Eh?

Pues el método es un sistema de actuación que inventó el director de teatro
Konstantin Stanislavsky, un señor que desde que nació era ruso. Básicamente, consiste en buscar dentro del actor emociones parecidas a las que tenga que experimentar el personaje. O sea, que si tienes que llorar, pues piensas en la muerte de tu hámster. Si tienes que reír, pues piensas en un chiste que te haya contado tu hámster. Y así con todo. Luego, este método fue ampliado por Lee Strasberg, que fundó el Actor’s Studio. Y al método emocional se le añadieron detalles históricos del personaje, como conocer sus raíces, si lo pasó mal de niño, si sus padres le pegaban, si cada vez que enfermaba venía un médico con bigote y le introducía un enorme supositorio de fresa… Esto por lo visto también ayuda mucho (lo de conocer el pasado del personaje, no lo del supositorio), aunque el actor sólo tenga que entrar en escena un momento y decir: “vaya sol que hace hoy”.
Bueno, como habréis notado yo no creo mucho en el método, pero como no soy actor, pues lo que yo crea o deje de creer no tiene ninguna importancia. Para contradecirme basta citar nombres de ilustres metodistas como Marlon Brando, Montgomery Clift, Robert DeNiro, James Dean, Jane Fonda, Harvey Keitel, Steve McQueen, Marilyn Monroe, Paul Newman, Al Pacino, Jack Nicholson, Joanne Woodward, etc, etc, etc.
Pero para darme la razón, os cuento cuatro anécdotas:
  1. Tengo un amigo que es actor y que ha trabajado con directores de cine y de teatro como Carlos Saura, Álex de la Iglesia, Carles Alfaro, Javier Fesser, Gerardo Vera… Él no cree en el método, pero me cuenta que el 90% de los directores tampoco. Cuando un director (bueno) ve que un actor empieza a preguntarle por sus motivaciones, se echa a temblar.
  2. Woody Allen no se echa a temblar porque no es un buen director, directamente es un genio. Cuando Scarlett Johansson le preguntó en una ocasión “¿Cuál es mi motivación para esta escena?”, Allen le respondió. “Tu sueldo”.
  3. Un día, grabando un programa de televisión, tuve que “dirigir” al director de cine Agustín Díaz Yanes. Simplemente le pedí que apareciera en la cantina mexicana en la que íbamos a entrevistarle como si fuera el camarero, trayendo una margarita (¿o “un” margarita?). Agustín, que tiene una coña tremenda, me contestó: “Vale, yo lo hago, pero, ¿cuál es mi motivación? ¿cómo fue mi infancia?” Luego me estuvo contando el miedo que le dan los actores que le preguntan eso, dándole así la razón a mi amigo anti-método. Me confesó que los directores a veces dan respuestas falsas, sólo para quitarse de encima al actor. O sea, que igual le preguntan “¿Pero de niña conocí a mis padres?” Y Agustín responde “Estoooo… no, te abandonaron”. Agustín me reconoció que escribe muchos personajes sin saber lo que les sucedió en el pasado, es más, sin querer saberlo. Me cae bien a mí, Agustín.
  4. Conozco a un tipo que estuvo presente en el rodaje de una película en la que salía el actor Álex O’Doherty (”Arturo Cañas Cañas” en Cámara Café). O’Doherty tenía que entrar en escena y quitarse el sombrero. Así, sin hablar. Tardaron 40 minutos en rodarla porque el actor no encontraba la motivación para quitarse el sombrero. Pero por qué me quito el sombrero. Algún motivo habrá. Explícame por qué me quito el sombrero. No bastaba que le dijeran: “porque lo dice el director”. Álex O’Doherty sigue el método.
P.D: Permitidme una inmodestia: yo también he tenido el honor de entrevistar a Dustin Hoffman, y es una de las entrevistas de las que más orgulloso me siento de haber hecho, junto con una a Sylvester Stallone, otra a Susan Sarandon y otra a Leslie Nielsen. Por mí, Dustin Hoffman puede seguir el método toda su vida, que yo me quedé encantado de estar un ratito sentado frente a su silla, y verle tan pequeñito a él y sentirme tan pequeñito yo a su lado.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Londres y Los Tudor

No os he contado que justo antes del puente de mayo estuve en Londres, y como sois mis mejores amigos pues os lo voy a contar, porque para vosotros no tengo secretos, tíos.
La cosa es que la cadena en la que trabajo, CANAL+, emite esa serie magnífica que se llama Los Tudor y que básicamente narra la vida de Enrique VIII, de sus seis esposas, de sus cinco divorcios y de cómo dos de sus mujeres perdieron la cabeza por él (literalmente). En noviembre o diciembre se va a estrenar la tercera temporada de la serie, y en mi canal hemos decidido hacer un programa especial. De momento, y para empezar, viajamos a Londres Antonio González, uno de los mejores cámaras y personas que conozco, Cristina Teva, una de las mejores presentadoras y personas que conozco, y yo, uno de los mejores bailarines de cha cha cha que conozco (en todas mis demás facetas conozco a alguien mejor que yo).
El objetivo de este primer viaje es entrevistar a Michael Hirst, el creador, guionista, productor ejecutivo y absoluto gurú de la serie. En realidad le va a entrevistar Cristina Teva, pero nos envían a los dos porque juntos formamos un tándem asombroso en el que ella pone la imagen y yo el cerebro. Bueno, la verdad es que ella es periodista, ha entrevistado a medio Hollywood y no le hace ninguna falta mi puto cerebro, pero si se enteran de esto mis jefes igual me echan.
Los Tudor. A mí siempre me ha parecido una dinastía que tenía nombre de marca de pilas.
Y a partir de este momento, os voy a ofrecer un ingenioso combinado de anécdotas sobre Televisión (TV en rojo), Historia (H en azul aguamarina) y Turismo (T en un precioso verde vivo, qué pasa, así se llaman los colores en Windows). Tres temas en un solo post, no os quejaréis, bribones.

TV
. La entrevista a Michael Hirst nos queda chupi: nos habían ofrecido entre diez y quince minutos, pero Cristina se gana a pulso casi media hora de conversación. Michael Hirst comienza algo estiradillo, pero acaba encantador y locuaz. Entre muchas otras cosas, nos cuenta que va a haber una cuarta temporada de Los Tudor, pero que ahí se acabará el invento. ¿Por qué? Porque no quiere escribir la muerte de su criatura (que no creación), Enrique VIII. ¿No os parece bonito?
TV. Entre la gente que estamos presentes en la entrevista, además de nosotros tres y Michael Hirst, hay una persona de la British Library, dos de Sony Televisión, una maquilladora japonesa, dos empleados del auditorio en el que estamos instalados y un indio cherokee homosexual. Este último tal vez no estaba y me lo he imaginado yo, a veces me pasa. Demasiada gente para tan poco trabajo. En este tipo de encuentros siempre hay gente cuya labor desconoces y que complica las cosas con obesas creces.
T. A la mañana siguiente, el desayuno del hotel me ofrece pan, mantequilla, café, zumo, pan, cereales, mantequilla, pan, café, zumo, café y cereales. Y pan. Me parecen pocas cosas, así que en mi perfecto inglés pido un yogur. El camarero hindú me trae una jarra pequeña y vacía con cara de preguntarse “¿para qué coño querrá este tío una jarra?”. Cristina intenta ayudarme con su perfecto inglés, pero tampoco hay manera. Me quedo la jarra por si acaso y ya no pido más yogures. No estoy preparado para la globalización idiomática.
H. Durante el segundo día, grabamos unas presentaciones para el programa especial (que salen preciosas por la pericia de Antonio). Para ello nos desplazamos hasta los exteriores de Hampton Court Palace (allí vivió Enrique VIII), la Abadía de Westminster (allí le coronaron) y la Torre de Londres (allí encerraba y decapitaba a sus opositores, incluidas sus mujeres). En la Torre dicen que vaga el fantasma de Ana Bolena con su cabeza en la mano, pero nosotros no la vimos. Y en el Palacio vaga el fantasma de su quinta esposa, Catalina Howard, hay un vídeo colgado en Youtube en el que se la ve abrir una puerta, y en muchas páginas web de Historia te lo ponen muy en serio, pero a mí me da mucha risa porque me parece que es una actriz.
TV. Para esta segunda jornada, hemos contratado a dos productores para que nos ayuden a grabar por Londres, y nos dan una paliza bestial: resulta que la City está bloqueada por tres manifestaciones y nos tenemos que mover en metro y tren porque si no perderemos el avión de la noche. ¿Habéis hecho alguna vez cinco transbordos en metro cargando con un equipo entero de televisión? No lo hagáis, es tontería.
TV. Uno de esos productores, para destensar los viajes, sacó tímidamente un tema de conversación super normal: hay un spray que anestesia el pene durante el coito y retarda así la eyaculación. Para su sorpresa, Cristina se marca con total naturalidad un speech sobre erección y excitación, y yo le cuento con tono paternal el famoso método de frotarse el capullo con cocaína para anestesiar el rabo durante las mamadas y así durar más. En realidad lo vi en un episodio de CSI Miami, pero olvidé aclarar este dato, por lo cual el perplejo productor decide abandonar el tema y desde entonces nos mira como con miedo.
H. En el Hampton Court Palace hay una exposición sobre Enrique VIII llamada “Hearts and heads”. Me hace gracia el título, me parece ingenioso lo de “corazones y cabezas”, el juego de palabras con la decapitomanía del rey. Cristina me dice amablemente que el título tiene la misma gracia que si en España jugamos con el garrote vil en una exposición sobre Franco. ¿Veis? A esas cosas me refiero con lo de mi aptitud para ser el cerebro o  no de misión alguna.
El Hampton Court Palace. Sólo lo vimos por fuera, o sea que ni vimos la exposición de las cabezas ni al fantasma de la otra.
T. Víctima del estrés y harto de comer sandwiches de pepino, Antonio decide organizar un número emocional y al bajar del tren que nos lleva al aeropuerto dice que se ha dejado su mochila en el vagón, con un micrófono de 2.000 euros y otros enseres. Me extraña, porque habíamos organizado una cadena humana prácticamente infalible para descargar todo nuestro equipaje. Cristina corre a pedir ayuda a una señor negro vestido de uniforme y yo llamo rápidamente por teléfono a los productores para que nos den alguna idea. Qué tensión. Tras unos minutos de pánico, descubrimos que la mochila está colgada en la espalda de nuestra bella presentadora. “¿Pero no me habéis visto con ella en la espalda cuando me he girado a hablar con el de seguridad?”. Yo confieso que cuando una mujer se gira no me fijo en su espalda ni en situaciones de pánico. Antonio no confiesa nada, pero tampoco vio la mochila, el muy picarón. Vaya tres patas para un banco.

T
. En el aeropuerto nos exigen una cantidad de dinero extra porque facturamos todo el equipo de televisión. La señorita que nos atiende se sorprende de que compremos unos billetes de bajo coste y luego paguemos por facturar tanto bulto. Antonio se mueve con tantas maletas que creo que acabamos facturando hasta un llavero. Nos comemos otro sandwich de pepino y por fin volamos a Madrid, siguiendo las indicaciones de un azafato que hablaba como Ricardo Bofill pero que se llamaba Javier, es que en Easy Jet todos los azafatos te dicen sus nombres por si luego quieres insultarles personalmente.

T. Por suerte, uno de estos estresantes días cenamos en el Soho, en un restaurante oriental llamado Yauatcha. Tomad nota: si vais a Londres es una buena opción.

jueves, 30 de abril de 2009

La Reina Victoria y la Seguridad Social

Tengo la sana costumbre de contaros las películas que veo. No todas, por el bien de vuestra salud mental, sino las que considero que más os pueden interesar como personas inteligentes que sois. ¿Es compatible que seais inteligentes y que leais este blog? No, eso lo sabemos todas. Pero no puedo ir por ahí diciendo: “queridos cretinos que leeis mi blog…”, porque me echarían de Menstyle y porque os enfadaríais conmigo. Y hay una de estas dos cosas que yo no resistiría. Incluso las dos, qué caramba.
Las dos películas de las que os hablo se estrenan hoy jueves, porque mañana viernes es el Día del Trabajo y en España ya sabéis que lo celebramos no trabajando, aunque según los últimos datos hay 4.010.700 de españoles que celebran así todos los días. Qué barbaridad más lamentable.
La primera es La Reina Victoria. El título induce a error: no es la historia de la Reina Victoria, sino la de sus primeros años como reina de Inglaterra. El original era más apropiado: “The young Victoria”. Pero aquí han cambiado lo de “joven” por lo de “Reina”, porque si no habríamos pensado que era la vida juvenil de Victoria Vera o la historia de la Spice girl pija (o la Speedy girl, como dice mi querido Eduardo Antuña). Como en España somos gilipollas…
La Reina Victoria y el Royal Albert Hall
La Reina Victoria está producida por una extraña pareja: Martin Scorsese y Sarah Ferguson. Narra los problemas que tuvo la fea reina cuando ascendió al trono siendo una niña a la que todos la querían manipular para ser sus regentes (y digo lo de “fea” porque la actriz que la interpreta, Emily Blunt, me parece mega mona, pero su majestad propiamente dicha tenía un trago). También cuenta cómo conoció al Albert Hall (bueno, al Príncipe Alberto, pero es el del Royal Albert Hall, el del Albert Memorial y seguro que si rascas en la Historia también tiene algo que ver con Albert Pla).
La Reina Victoria. Qué mona.
Para mi gusto la película es frívola en la parte histórica y melosa en la parte romántica. No creo que los príncipes y princesas que se casaban casi por decreto y a distancia tuvieran noviazgos tan pastelerillos, aunque dicen que Victoria y Albert se querían mucho, nunca se separaron, él fue un marido modelo y le dio 9 hijos a la reina, y viendo su retrato, para hacerle nueve diablillos había que quererla mucho. Así que ojalá me equivoque y este noviazgo sí que fuera así, como sin duda lo fue el de la Infanta Elena y Don Jaime de Marichalar.

Y ahora voy a pecar de machista: la mujer en la cocina. No hombre, es broma, voy a pecar de machista porque reconozco que pensé, por la manera de abordar la relación amorosa, que la película la había dirigido una mujer. Y no: la dirige Jean-Marc Vallée, el de C.R.A.Z.Y. Mira, toda una lección a mis prejuicios. De la película me quedo con el posterior café en Le pain quotidien (aunque no con la napolitana de chocolate, que me habían recomendado sobrevaloradísimamente). Es que a veces a los periodistas nos ponen los pases de prensa muy tempranito, y es por ello que  después desayunamos.
La otra película es Sicko, de Michael Moore. Ya sabéis cómo son los documentales de Michael Moore, un poco tramposillos pero muy clarificadores. Moore intentará siempre manipularte, pero también te aporta unos datos estadísticos apabullantes. Si no te dejas cegar por sus trucos, acabas coleccionando una cantidad de datos suficientes como para sacar tus propias conclusiones, que no son necesariamente las que quiere imponerte Michael Moore aunque a veces coincidan.
Sicko, de Michael Moore
Sicko analiza y ridiculiza el sistema sanitario de EEUU, o sea, el mundo de los seguros médicos. En la película vais a ver realidades como las siguientes:

  • 50 millones de estadounidenses no pueden pagarse un seguro médico, o sea, un 16% de la población (en EEUU no existe eso de “seguridad social”).
  • Un hombre pierde dos dedos en un accidente. Va al hospital. Le dicen que le pueden restituir el dedo corazón por 60.000 $ y el anular por 12.000 $. Sólo puede elegir el anular. Seguramente lo que más lamentó fue no poder alzar su dedo corazón al sistema sanitario, para que se lo introdujeran en la hendidura rectal.
  • En las compañías de seguros médicos hay departamentos que se encargan de rebuscar en tu historial algún dato que les permita denegarte la solicitud.
  • Si tienes un accidente, te pueden cobrar el traslado en ambulancia, si es que tu seguro no lo aprueba antes. ¿Antes de qué? Del accidente. ¿O sea que hay que tramitarlo antes o justo después de sufrirlo, y siempre antes de entrar en la ambulancia? Sí.
  • Hay estadounidenses que se casan con canadienses para acceder a la cobertura médica de ese país. O sea, matrimonios de conveniencia como los que siempre ha habido entre inmigrantes y residentes, pero sólo por la medicina. Es triste.

El momento más espectacular de la película es cuando Michael Moore mete en una barca a un número de enfermos que no pueden pagar su cobertura médica en EEUU y se los lleva a Cuba, aunque aquí entraríamos ya en la habilidad de Moore para manipular situaciones y realizar ese género cinematográfico que podría llamarse “documental provocado y autoprotagonizado”. La seguridad social de Cuba es increíble, solidaria, barata. Se pueden debatir muchos temas: comunismo vs capitalismo, totalitarismo vs libertad y democracia (bueno, por llamarlo de alguna manera), bienestar vs pobreza, Bush (el documental está hecho durante la etapa de Bush) vs Fidel (ídem)… Y por supuesto se puede preferir el régimen de EEUU que el de Cuba. Pero en cuestiones sanitarias, las comparaciones no es que sean odiosas. Es que no hay posibilidad de comparar.

lunes, 27 de abril de 2009

Cosas que m’an pasao

Hay veces que el tiempo pasa tan deprisa que una semana me parece un solo día, con su mañana, su tarde, su nudo y su desenlace. A mí la pasada semana se me ha pasado volando por circunstancias que no vienen al caso. El lunes me pareció la mañana, el miércoles la tarde, el viernes la noche y el domingo me hice un lío y lo pasé entero en la cama dando vueltas porque pensaba que eran las 6 de la madrugada y que iba a sonar el despertador. Por ejemplo, si esta semana hubiera transcurrido en un solo día, mi rutina hubiera quedado así:
7:00 (lunes). Me levanto. Desayuno unos sobaos pasiegos, que en mi caso son sobaos pa miopes. Leo el periódico mientras desayuno y descubro que Michael Jackson no tiene que vender su colección de objetos preciosos y que los va a exponer. Entre esos objetos se encuentran los que decoraban el interior de su limusina, la puerta de hierro del rancho Neverland o la réplica de un castillo de La Bella Durmiente de Disney. Entro en Internet e intento pujar por tres bustos horrorosos, pero en efecto, la subasta ya no sigue en pie.
Tres bustos propiedad de Michael Jackson. Cómo iban a dormir los niños tranquilos en Neverland, con estos tres hijos de perra pululando por ahí.
9:00 (martes). Llego a mi oficina. Me encuentro con Marta Suárez, la hermana de Emma, presentadora y amiga, que viene a grabar unas promociones. Me suelta una burrada graciosísima que no me atrevo a reproducir. Me cuenta que va a estrenar dos cortometrajes y que me los va a enviar para que los podáis ver en este blog. Me parece pirata. Qué maja y qué graciosa es Marta Suárez.

11:00 (miércoles). Me dicen que me tengo que desplazar a las oficinas de Universal Pictures. Tengo un familiar taxista que cuando está por la zona es quien viene a recogerme. Cuando llega se baja del taxi y, como siempre, me saluda con un abrazo y dos besos. Como estamos en la puerta de la oficina, varios compañeros nos miran perplejos sin entender qué hago yo besando a un taxista tan grande. Qué cariñoso es este periodista con los taxistas, pensarán. O qué maricón.
12:00 (miércoles). En Universal conozco por fin a una de las chicas de prensa con la cual me comunico por mail y que se llama María Clemente, o sea, casi igual que yo. Cada vez que recibo un mail suyo me pego un susto porque me sale “Clemente, María” y en el mío sale “Clemente, J. María”, así que me creo que me he escrito yo a  mí mismo y me pregunto qué coño querré. ¿Será esta chica hermana mía, lo cual me alarmaría bastante porque ya tengo seis? Se lo pregunto. Pues no, no lo es, claro, qué gilipollez, lo sabría. Caramba, qué guapa es mi hermana, o sea, la que podría ser mi hermana por el nombre, pero no por el físico, no porque mis hermanas no sean guapas, que sí que lo son, si no por mí. En cualquier caso, me alegro de que no sea mi hermana.
Un mail de mi no-hemana, para que veais que es verdad.

Todos estos libros de Quino son míos, y faltan unos 15.

13:00 (jueves). Vuelvo al trabajo en cercanías. Me termino el periódico de esta mañana antes de que me lo quite Jorge Lastra y leo que se jubila Quino, el padre de Mafalda y de unos 20 tomos de chistes maravillosos. Me sé desde niño los 10 álbumes de Mafalda de memoria, tengo todos sus libros de chistes y cada año le regalo a mi chica la agenda de Quino, porque para mí Quino es Dios y Leslie Nielsen debe de ser algo así como San Antonio. Qué pena que se retire, aunque él dice que es algo temporal.
15:00 (jueves). Almuerzo en uno de los restaurantes de mi zona. En mi zona hay un italiano que no tiene comida italiana, un mexicano que no tiene comida mexicana y un ibicenco que no tiene comida ibicenca. Todos tienen menú del día normal, pero puedes elegir comértelo en un entorno internacional, eso sí.
17:00 (viernes). Iba a pasar la tarde en Majadahonda para ver a mi madre y montarle un pollo a la concejala de cultura, porque aún no ha proyectado Camino de Javier Fesser, que la programaron hace un mes pero la retiraron porque se quejaron 7 vecinos. Llamo antes al Ayuntamiento y resulta que al final la cordura se ha impuesto y la proyectan hoy, con la presencia de Javier Fesser. Ole.
19:00 (sábado). Por la tarde-noche acompaño a un amigo mío que es actor al estreno de Esperpentos, en la que hace un papel. Pero me lleva al cine dos horas antes de que empiece por un error de cálculo, así que me tomo con él dos coca-colas. Como mi amigo es famoso, la gente nos mira, Antonio Dechent viene a saludarnos. Luego Juan Luis Galiardo, José Luis García Sánchez, Juan Diego… todos saludan a mi amigo y a mí me miran como diciendo: este otro no me suena. Debido a dicho error de cálculo, se me hace tarde y no me quedo a la proyección, porque me van a llamar de una radio. Ya se encargará Cristina Iglesias de que pueda verla, como hace siempre (no la escultora, sino mi productora, que es un chollo).
22:00 (domingo). Ya en casa, enciendo la tele. Hay algunas opciones en canales generalistas, algunas más en DIGITAL+, más el DVD, más un libro. ¿Por qué, Dios mío, por qué entonces he vuelto a ver el programa de Josema y Flo? Han cantado la sintonía del PP aflamencadamente, y ha sido lo mejor del programa. Qué horror… Me acuesto, que mañana empezará otro día, u otra semana, o lo que sea.

P.D: Terminando de escribir este post, me entero de que ha fallecido Beatrice Arthur, la Dorothy Svornak de una de las mejores comedias de televisión que he visto en mi vida, Las chicas de oro. Era la mayor de las 4 actrices de la serie, mayor incluso que Estelle Getty, que hacía de su madre Sofia Petrillo aunque era un año menor que Beatrice (y que también falleció hace menos de un año). Gracias por todo lo que nos has hecho reír, Dorothy.