lunes, 16 de marzo de 2009

Dexter es el amo (iba decir “el puto amo”, pero está feo)

A finales de 2007, la cadena FOX (Digital+ y otros operadores) estrenó en España una de las mejores series que yo recuerdo haber visto: Dexter. Para quien no sepa de qué va la historia, diremos que Dexter Morgan es un forense experto en sangre que trabaja en el departamento de policía de Miami. Es el mejor en lo suyo. Pero tiene un pequeño problema: es un poco psicópata y se dedica a tomarse la justicia por su mano, aplicando su propia medicina a los asesinos que no consigue detener su departamento: los seda, los mata, los descuartiza y los convierte en comidita para los tiburones.
Pero si digo que Dexter es una de las mejores series que he visto no es por su sinopsis, sino por estos otros motivos:
  • La serie juega contigo de una manera inteligente y casi autobochornosa. Y es que te hace aceptar, justificar e incluso desear en cierto modo la pena de muerte. Y en contra de lo que hayáis podido pensar, yo estoy super en contra de la pena de muerte. Ni José Luis Moreno me tambalea esta convicción. ¿Jiménez Losantos? ¿Jordi González? ¿Poti? Tampoco. Pues aqui, desde el primer capítulo, “vas” con Dexter. En la primera temporada deseas que aplique su ley del talión (él la llama “el código de Harry” en honor a su difunto padre). En la segunda y antológica temporada vas todavía más allá: deseas desesperadamente que no le descubran (y están a un paso de hacerlo). Y hoy hace tres lunes que comenzó la tercera temporada, que de momento promete igualar a las dos anteriores gracias a la aparición de un fiscal que parece que va a dar mucho juego (Jimmy Smits, el de La Ley de Los Angeles, que en estos años se ha puesto un poco fondón).
Dexter, que aquí parece muy bueno y muy majo. Majo, lo es. Y bueno, no lo sé.
  • El actor, Michael C. Hall, es uno de los más grandes aciertos de la ficción de los últimos años. Su sonrisa, su gravedad y su aspecto son los que hacen que “perdones” a Dexter y te pongas de su parte. A este actor le conocimos en A dos metros bajo tierra (¡qué gran serie!), era el hermano sensato que mantenía a flote el negocio funerario familiar. Pero además era gay y mantenía una relacion con un policía negro. Hace unas semanas, Michael C. Hall estuvo en Madrid y confesaba que sus padres preferían verle hacer de psicópata asesino a verle besar a un hombre… y encima negro. Así somos los humanos. Bueno, o por lo menos así son sus padres: yo preferiría ver a mi hijo besar a un negro que hacer de gay. No, perdón, me acabo de hacer un lío.
  • Los personajes que van creando los guionistas parecen tocados por una mano divina que hace que quieras saber más cosas de ellos. Le pasaba al policía negro que odiaba a Dexter, al supervisor que llegó a la comisaría en la segunda tempora y que interpretaba (qué gozada de personaje y de actor)  Keith Carradine, a su hermanastra en la ficción y su mujer en la vida real, y a ese fiscal que acaba de llegar y que ya es la única persona que ha visto las manos de Dexter manchadas de sangre. Promete convertirse en un confidente de Dexter y en un compartidor (¿existe esta palabra?) de sus secretos, aunque no de EL SECRETO. Por cierto, cómo les gustaba a algunas de mis hermanas (es que tengo 6) Keith Carradine, no paraban de poner ese tema que se llamaba I’m easy y que ganó el Oscar a la mejor canción en 1975 (véase Nashville de Robert Altman). David Carradine no les salió tan mono a sus padres…
  • La serie les gusta a mi chica, a mi amiga Eva Díaz y a Hernán Casciari. Y las opiniones de la una desde casa, la otra desde Cuatro y el tercero desde su blog de El País, para mí van a misa. Aunque dudo mucho que ninguno de los 3 acompañen a misa a sus opiniones.
  • Hablando de Cuatro… me cabrea cuando veo que esta cadena (que es como prima hermana mía, se supone, o por lo menos trabajo en su mismo edificio) se intenta apuntar al carro del éxito de DexterDexter puedes seguirla en FOX los lunes capítulo a capítulo, o bajártela de Internet. Pero poco más. En Cuatro no. Cuatro la emitió de estrangis, la programó a las 12 de la noche y de dos capítulos en dos. Así no hay quien siga una serie, como ocurre en Antena 3 con 24, en Telemadrid con Nick/Tup o como está haciendo la propia Cuatro con Mad men. Tres sacrilegios, porque estas tres series son tres joyas, pero así es el mundo de las televisiones en abierto.

En resumen: que veais Dexter. Lo que siempre os digo: en la tele, que os la presten en DVD, compradla o en último caso, bajáosla. Pero vedla.

viernes, 13 de marzo de 2009

Fucking translations (Traducciones inexactas)

Tengo una coña con mi amigo Tony Aguilar de 40 Principales y con el inglés. En un inolvidable festival de cine en el que coincidimos en México, Sony Pictures presentó su película de animación Open Season. Y allí mismo nos comunicaron que en España se iba a traducir como Colegas en el bosque. A Tony y a mí, que entre otras muchas cosas compartimos una inexplicable afición por hacer el ganso, nos dio mucha risa y desde entonces decidimos que el y yo éramos “Opens”, o sea, “Colegas”. Y yo llamaba a su habitación del hotel diciendo: “Open the door!… Colega, ¡la puerta!”. Y él a la mía: “Colega the door! Colega the door!” Desde entonces nos llamamos “Open”. Y así me presenta en su magnífico programa de radio Internight. Su compañero David del Río también me llaman Open. Yo soy “El Open”. Y Tony es “mi Open” (lo puedes comprobar aquí).
El caso es que en España tenemos un serio problema con las traducciones de títulos del inglés. Somos capaces de llamar Pozos de ambiciónThere will be blood (con lo sugerente que hubiera quedado Habrá sangre) y luego dejar sin traducir Slumdog millonaire, total, como todo el mundo sabe lo que significa Slumdog… Esto nos ha pasado toda la vida, no solamente ahora. Pero para demostraros que no hay que remontarse a hitos aberrantes como Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and The Sundance Kid) o Con faldas y a lo loco (Some like it hot), voy a pasar a citaros exclusivamente películas que se han estrenado en España desde que nació este blog. Por ejemplo, las seis de hoy vieron la luz entre septiembre y octubre de 2008. Y según vayan apareciendo más ejemplos, iremos ampliando este práctico e imprescindible cursillo de inglés, al que en honor a Tony Aguilar, deberíamos llamar OPEN ENGLISH.
  • Tïtulo original: Meet Dave.
  • Traducción al castellano: Atrapado en un pirado.
  • Ejemplo práctico 1. “I meet a friend” = “He atrapado a un amigo”.
  • Ejemplo práctico 2. “Hello, I am Dave” = “Hola, me he pirado“.
  • Tïtulo original: The air I breathe.
  • Traducción al castellano: Cuatro vidas.
  • Ejemplo práctico 1. “We are in the air” = “Estamos saliendo en Cuatro (TV)”.
  • Ejemplo práctico 2. ”Every breath you take” = “Cada vida que te tomas”.

  • Tïtulo original: Tropic Thunder
  • Traducción al castellano (ésta me encanta): Tropic Thunder: una guerra muy perra.
  • Ejemplo práctico 1. “I go to the Tropic these holidays” = “Estas vacaciones me voy a la guerra“.
  • Ejemplo práctico 2. “Mi novia es muy perra” = “My girlfriend is very thunder“.
  
  • Tïtulo original: Eagle eye.
  • Traducción al castellano: La conspiración del pánico.
  • Ejemplo práctico 1. “Tiger Woods made one Eagle” = “El tigre de madera se hizo un conspirador“.
  • Ejemplo práctico 2. “Kiss my ass eye” = “Bésame el culo con pánico“.

  • Tïtulo original: Mad money
  • Traducción al castellano: Tres mujeres y un plan.
  • Ejemplo práctico 1. “A mí me gustaría estar con tres mujeres, hombre” = “I like Mad men” (gran serie, por cierto).
  • Ejemplo práctico 2. “It’s always the fucking money!” = “¡Siempre me estás jodiendo el plan!”

  • Tïtulo original: Run, fat boy, run!
  • Traducción al castellano: Corredor de fondo.
  • Ejemplo práctico 1. “Soy un corredor de bolsa” = “I’m a bag fat boy“.
  • Ejemplo práctico 2. “Run, stupid!” = “En el fondo soy estúpido”.

Bueno, y hasta aquí la gilipollez del día. Prometo más entregas de este curso de inglés, porque a mí los traductores de títulos de películas me tienen alucinado. Good bye, champions! (= Dios compra en el Champion).

miércoles, 11 de marzo de 2009

21 días (el programa de Cuatro)

Emite la cadena Cuatro un programa mensual que se llama 21 días. Es una serie de reportajes de investigación, en los que una periodista, siempre la misma periodista (Samanta Villar, a algunos les sonará de España directo, a mí no) se mete de lleno durante 3 semanas en un tipo de vida diferente a la suya. Me he explicado fatal y puede parecer que Samanta experimenta en primera persona dentro de, por ejemplo, una ameba. No. Lo que hace es vivir en su piel la realidad de personas que viven situaciones duras e incluso trágicas. Por ejemplo, en enero se emitió “21 días entre cartones”, en los que Samanta se convertía en la becaria de un homeless (este término de “becaria de”, que me encanta por lo preciso, se lo he robado a mi amigo Raúl Rubio). El pasado viernes se emitió la segunda entrega, “21 días sin comer”, en el que Sammy (de repente la voy a llamar así) ingresa en un centro de recuperación de anoréxicos y bulímicos y se está 21 días trastornando a propósito su alimentación.
Samanta Villar. Es muy mona pero dice mucho “joder”
El programa me gusta. Está bien hecho, bien documentado, Sammy mezcla bien la faceta de investigación con la necesidad de caer bien a la audiencia, pero sin pasarse. Creo que acabas descubriendo muchas cosas de, por el momento, la dureza de los que viven en la calle y de las personas que sufren un desarreglo psico-nutricional (toma vocablo). Pero como esto es un blog y lo que mola es criticar, pues me voy a detener más en las tres pegas fundamentales que le veo a 21 días.

1. Para empezar el formato no es original, lo que tampoco es una gran pega, porque en la tele está todo inventado excepto el programa perfecto. Cuatro no oculta este dato (aunque tampoco lo airea): en su página web simplemente habla de “un excepcional y revolucionario formato nunca realizado hasta ahora en nuestro país. Porque el formato es una idea de Morgan Spurlock, que en EE.UU. va ya por su tercera temporada y que se llama 30 days (huy, casi casi se les podría acusar de plagio, Cuatro se salva por 9 días). Morgan Spurlock transformó uno de estos episodios en un magnífico documental para cine llamado Supersize me, que estuvo nominado al Oscar. Lo habréis visto, o habréis oído hablar de él, es ése en el que Morgan se alimentaba durante un mes exclusivamente de menús McDonald’s, lo cual casi le acaba llevando al otro barrio. El documental era más divertido que didáctico, porque la conclusión anti comida basura a la que te intenta conducir es loable, pero ponte tú un mes a desayunar, comer y cenar fabada Litoral, a ver qué pasa. Y a mí contra la fabadita que no intente alinearme nadie. En su programa de TV Morgan Spurlock se ha pasado 30 días en una mina, alcoholizado, conviviendo con homosexuales (ignoro si en el término más amplio de la palabra “convivir”), en una reserva india, en silla de ruedas, enganchado a las drogas… todo esto en distintos programas, claro, no a la vez. Mola este Morgan.
2. Veo en la versión de Sammy que el experimento en sí no es lo más fuerte del programa. Me refiero a que muchas veces con lo que me quedo es con los testimonios de las verdaderas anoréxicas, con las explicaciones de los médicos, con los rostros de las hospitalizadas. Quiero con esto decir que a Samanta se le olvida que ella debería ser la más importante, y que a menudo el programa se convierte en un (buen) documental sobre la pobreza o la bulimia, pero no en la simbiosis de una persona normal con la dureza de estas tragedias. Tal vez sea que los resultados del “experimento” no dan para un reportaje interesante de una hora y media. Pero debería ser así. Para mí el espacio pega un bajón cuando Saman (ahora de repente la voy a llamar Saman) se queda sola y habla con su cámara. Es cuando menos me creo la historia.
3. Y en el fondo, el concepto del programa me crea un dilema moral: no sé si me parece bien que Saman se meta de lleno en estos “tipos de vida” sabedora de que luego va a salir. No digo que sepa que va salir bien parada, ni que no sea duro hacer este periodismo, pues claro que lo es. Pero vamos, que Saman no se va a quedar viviendo en la calle porque al mes siguiente tiene que ponerse a adelgazar, ni se va a quedar en una clínica para anoréxicas porque el mes que viene tiene que ponerse a fumar porros (en serio: es el tercer episodio). No sé cómo llevaría yo que Saman se pusiera a experimentar mis desgracias y a preguntarme por ellas y que de repente me dijera: “bueno, gracias, que ya me voy, ya te quedas tú ahí con tus cosicas”. A mí me sentaría muy mal y a lo mejor querría pegar a Saman.
Yo estoy planteándome hacer mi propia versión de 21 días. Para que no me acusen de plagio, lo llamaría 20 días y uno de propina, y tendría 10 episodios:
  1. 21 días drogándome, como Morgan y Saman. Más que nada por experimentar cosas nuevas, creo que nunca lo he hecho 21 días seguidos.
  2. 21 días follando, o sea, siendo super-prostituto, me da igual de hombres o de mujeres. Este capítulo me saldría mal, porque a mí no me contratarían 21 días seguidos ni en sueños. De hecho, dudo mucho que me contrataran uno. Creo que al final acabaría reeditando el programa y se llamaría 21 días pasando frío.
  3. 21 días haciendo deporte. Bueno, este capítulo no me lo creo ni yo. Lo haría un doble mío.
  4. 21 días viendo Matrimoniadas. Como veis, en mi programa arriesgo la vida de verdad, no como Saman y Morgan.
  5. 21 días siendo bien educado. Yo creo que lo puedo conseguir sin problema, porque soy un tipo muy educado, pero la audiencia se quedaría perpleja y cambiaría de canal.
  6. 21 días escuchando la COPE y viendo Intereconomía. No descarto que tras la experiencia, el día 22 acabe manteniendo sexo con una gallina.
  7. 21 días leyendo El País y escuchando la SER. Más que nada para compensar. Esto es casi peor, porque os aseguro que ya lo he probado y mirad cómo me quedé. Es broma: yo también leo el ABC y El Mundo, me lo impuse hace tiempo como ejercicio democrático. Por lo de la COPE ya no paso.
  8. 21 días bebiendo vodka. Bueno, lo complicado para mí sería estar 21 días sin beberlo.
  9. 21 días muerto. Éste sería el último episodio, por si acaso no existe la vida eterna y me sale mal el experimento.

Se admiten ideas para nuevos episodios, las televisiones compran las series en packs de 13 ó 26.

lunes, 9 de marzo de 2009

“Gran Torino” y “A ciegas”

Hoy os voy a hablar de dos películas que echan en el cine, porque hace mucho que no me dedico a esto, que es a lo que en un principio se supone que me tenía que dedicar. Una de ellas se estrenó el viernes, o sea que ya la podéis ver si queréis. Y la otra llegará a los cines este viernes 13, anda mira, viernes 13 otra vez, como el mes pasado, fíjate, pues que viva Jason.
GRAN TORINO es la que ya está estrenada. Es la última película de Clint Eastwood, la última como director (de momento) y la última como actor (forever and ever). A mí con Clint Eastwood me pasa como con Woody Allen, que me encantaría que las obras maestras de muchos directores se acercaran mínimamente a las películas “menores” de estos dos genios. Que encima tienen más de 70 años (Clint tiene 78) y siguen haciendo una película al año, o a veces dos. Qué bestias. Sólo admiro más la fertilidad de Andrés Segovia, que tuvo un hijo con 77 años (con 77 años Andrés Segovia, no el hijo). Bueno, pues enlazando con lo de hace un rato, a mí Gran Torino me parecería una película menor de Clint Eastwood. No me engancha como Mystic river, Sin perdónMillion dollar baby o El intercambio. Incluso diría que me parece más floja que las dos de los japonese y americanos con la foto de la bandera y todo eso. Porque en Gran Torino veo a un Clint Eastwood tan cabreado, poniendo caras tan de malote, odiando tanto a los negros, coreanos y chinorris, que luego no me creo su progresiva mutación en tipo amable (no os estoy desvelando nada: esto lo veis en el minuto 15 y lo presentís en el segundo 50). Incluso me sucede que me espero un final inesperado. Quiero decir, no sabía lo que iba a pasar al final, no soy tan listo, pero sí imaginaba que en algún momento Clint iba a dar un vuelco sorpresa, el que fuera. Además, me parece que ha cogido retalillos de sus personajes de Sin Perdón, Million dollar y hasta Harry el sucio, con lo cual tampoco me ha enganchado por el factor originalidad. No, esta vez no me ha enamorado Clint Eastwood. Pero le sigue pasando lo de siempre, que no sabe hacer películas aburridas o directamente malas, porque ojo: Gran Torino no es ninguna de esas dos cosas. Además, si algo se ha ganado este señor a lo largo de su carrera es que el público le dé oportunidades, así que a ver si la veis, discrepáis conmigo, y debatimos.
Las espectaculares frases promocionales de Gran Torino
Aunque me llama la atención un detalle muy significativo: cuando una película es buena, la distribuidora la anuncia en los periódicos con frases sacadas de grandes medios, en plan: EL PAÍS: Obra maestra”, “ABC: Sublime, una pincelada de buen gusto”, FOTOGRAMAS: “Impactante, megachuli”. El cartel de Gran Torino ha tenido que recurrir a frases del diario Qué, de CAMBIO 16 (que yo no estaba muy seguro de que siguiera existiendo) y de Cinemanía“, que no está mal, pero que viene firmada por José Ignacio Cuenca, un corresponsal que vive en Los Angeles y al que conocí en México y me emborraché con él dos veces, pero que debo reconocer que no es una firma del calibre de Boyero, Ocaña o Heredero. Quiero decir, que si una película necesitara algún día recurrir a un elogio mío en este blog para promocionarse, es que mal vamos. Y que conste que estoy menospreciando mi firma, no a Menstyle, que por cierto, ha elaborado un magnífico reportaje sobre Clint Eastwood.

A CIEGAS
es la otra película que os decía, la que se estrena el viernes que viene (13), pero que ya he podido ver porque me invitaron al preeestreno, gracias como siempre a Cristina Iglesias, que les dice a las personas que me inviten porque yo soy un tío importante y las personas van y la creen. A ciegas es la adaptación de Fernando Meirelles del libro Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. ¿Es posible, pardiez, no parir una obra maestra con tan bellos mimbres? Pues sí, lo es. Porque la película es correcta, agobiante, estéticamente fermosa… pero le falta ángel por todas partes. Se hace larga, y no lo es. Acelera en cosas que quieres ver tranquilo y se detiene en detalles que ya has entendid de sobra. No sé, yo creo que en el cartel van a tener que poner una frase promocional sacada de La Farola. Además, no consiguen emocionarme ni Julianne Moore, ni Gael García Bernal ni por supuesto Mark Ruffalo, por el cual, y para mi sorpresa, nos preguntó en la puerta del cine una anciana, que estaba muy interesada en saber si venía o no. No vino. El que sí que vino fue Gael, al que ya puestos entrevisté para CANAL+.
Mi ya mítico cogote charlando con Gael
Pero no sólo Gael acudió al estreno. Por la alfombra roja que grapó al suelo un señor enfadadísimo porque se la pisábamos mi amigo Eduardo y yo, pasó gente curiosísima, como Enrique del Pozo y su Transexual (que al principio yo pensé que igual era Ana Anguita que se había puesto así de grandota, yo es que el rollo corazón como que lo tengo muy abandonado, ¡con lo que yo he sido!), Fran Murcia, Trinidad Jiménez, Gaspar Llamazares (¿?) y uno de Locomía. También fue gente normal, no os creáis, como Ruth Gabriel, Juan Diego Botto o Luis Piedrahita, pero es que a mí me encanta resaltar primero a los friquis.
El tío ése de Locomía. "¿Pero quién invitará a estos tipejos a los estrenos?", me pregunto yo mientras le miro, y seguramente se pregunta él mientras me mira.
Por cierto, me comentó Gael que se le iba a hacer muy raro ver la película en versión doblada (extrañamente, así fue este preestreno, cuando asisten actores y directores, las películas se suelen mostrar en V.O.). A mí también se me hizo raro, nunca veo películas dobladas, aunque tampoco soy un fundamentalista de la V.O. (sólo cuando soy yo el espectador). Pero es que el doblaje al que asistimos dinamita su personaje y el de Mark Ruffalo. No sé cómo está Gael en esta película: me faltó escucharle. Así que como para ponernos ahora a doblar la películas al catalán… en fin, hay cosas en las que parece que vamos hacia atrás.

Y poco más os cuento. Que mi chica, que suele venirse a estos saraos, se puso a hacerle fotos a Gael García Bernal como si fuera una gruppie loca desatada y qinceañera. Y debo aclarar que no es quinceañera.

viernes, 6 de marzo de 2009

3 frustraciones, 3 quejas, 3 gilipolleces

Hoy me vais a permitir que utilice este blog como el diván de un psiquiatra, y a vosotros como psiquiatras. Porque tengo que manifestar tres frustraciones: una relacionada con el cine, otra con la televisión y otra con la telefonía, tres de las pantallas que rigen nuestros designios vitales (esto tan inteligente de las pantallas se lo he copiado al maestro Juan Cueto). Las dos primeras quejas me duelen especialmente porque se refieren a Majadahonda. Majadahonda es un pueblo de Madrid en el que no he nacido, pero en el que he vivido casi 20 años y al que sigo yendo todas las semanas.
FRUSTRACIÓN 1: JAVIER FESSER, CENSURADO
Nos guste o no, Camino, de Javier Fesser, es la película española del año. No lo digo yo, que también, sino la Academia de cine: mejor película, director, actriz, actor de reparto, actriz revelación… Eso es así. También fueron la película del año La vida secreta de las palabras y ¡Ay, Carmela!, son hechos objetivos que pasan a la historia de nuestro cine.
"Jesús te ama, niña, pero la Casa de la Cultura de Majadahonda no mucho".
Pues bien, la Casa de la Cultura de Majadahonda pensaba proyectar Camino el 20 de marzo. El cine, por si alguien no lo sabe, es una cosa a la que si quieres vas y si no quieres, pues no. Si la película no te apetece, no vas y no la ves. Y los que sí quieren verla, pues van y la ven. Esto parece una gilipollez, pero no sé si lo es tanto. Porque unos vecinos de Majadahona se han quejado al Ayuntamiento (PP) por la proyección de Camino seguramente porque habrán oído que no pone demasiado bien al Opus (y digo que “habrán oído” porque estoy seguro, pero seguro seguro, de que no la han visto) y la concejala de Cultura, Ana María Fernández Mallo, ha anulado dicha proyección. Y digo yo, ¿¿¿pero por qué??? Camino no ensalza el terrorismo, no incita a violar niños, no anima a asesinar al prójimo. No es anticonstitucional. O sea, que se está censurando su proyección por razones ideológicas o religiosas. Y ya estamos con lo de siempre: como yo no quiero casarme con un gay, pues que no se case nadie. Como yo no quiero abortar, pues que no aborte nadie. Como yo no quiero ver Camino, pues que no la pongan en mi pueblo. Perdonadme que me ponga tan serio, pero es que no puedo con este concepto de libertad coercitiva. Y por cierto, sientan un peligroso precedente, porque si ahora varios vecinos escribimos a la Casa de la Cultura para que no emitan Sangre de mayo porque nos aburre Garci… ¿se nos tiene que hacer caso? (Respuesta correcta: No)

FRUSTRACIÓN 2: EL ALCALDE TELEADICTO
Mi segunda frustración con Majadahonda es más absurda y arbitraria. Majadahonda ha tenido alcaldes ilustres, como Ricardo Romero de Tejada, “el hombre de las fotocopias”, o Guillermo Ortega,  uno de los implicados en el caso Gürtel. Pero eso no importa ahora, de verdad. Lo que voy a decir a continuación no tiene nada que ver con la política, ni con el PP, ni con el PSOE, ni nada, porque en todos los partidos cuecen habas. El caso es que leo que durante su mandato, Guillermo Ortega empleó 30.000 euros de las arcas municipales en que una productora le entrevistara periódicamente en dos teles locales. Supongo que eso no está bien, y que es un detalle super corrupto, no lo sé. Lo que a mí me soprende es que Guillermo Ortega quisiera salir tanto en la tele. Porque, queridos amigos, si yo tuviera el careto de Guillermo Ortega no querría que me sacaran ni en la foto del DNI.
Guillermo Ortega se gusta.
FRUSTRACIÓN 3: LA TELEFONÍA Y SUS COSAS

Esta última frustración os la cuento ya en plan amigos. Resulta que he tenido una serie de averías en mi teléfono fijo que, misteriosamente, me arreglan siempre “a distancia”, es decir, sin que un técnico venga a mi casa. Como esta reiteración me resulta extraña y, sobre todo, como era fin de semana y tenía más tiempo, me animé a llamar a mi compañía para pedirle explicaciones. Mi compañía es Telefónica.
Marco el 1004 (atención personal). Lo primero de todo, una máquina me pregunta si conozco el SISI PC con TFT (que va a ser que no) y que mi ADSL va a 3 Mb. Genial. Después de estos trascendentales datos, me pasan con una señorita que, tras escucharme, me dice que estoy en el 1002 (averías),  y que tenía que haber llamado al 1004 (atención personal). Respondo que yo he llamado al 1004, y que le he dicho a la máquina que quería “explicaciones por reiteración en averías”, y entonces la señorita me regaña por haberle dicho a la máquina la palabra “avería”, porque entonces me pasa con el 1002, hombre. Para mí que no se cree que he llamado al 1004, pero por si acaso me regaña más, cuelgo y vuelvo a marcar el 1004. Esta vez (después de lo del SISI PC y el ADSL) no le digo a la máquina la palabra “avería” sino cualquier otra, no sé si “patata”, pero cuela y me pasa con una COMERCIAL. Le cuento mi historia y me dice que para esas dudas tengo que llamar al 1002, averías. Vaya por Dios. La informo de que allí mismo me han remitido al 1004, y entonces me dice que entonces no puede darme una solución, que lo siente, pero que… ¡no cuelgue! que me van a preguntar si estoy satisfecho con la atención recibida. Me parece un gesto tan absurdo y suicida que espero. De nuevo una máquina (por supuesto) me pregunta si me he quedado contento, y entonces marco el 2 (= NO). La máquina me responde: “en ese caso espere, le pasamos con un COMERCIAL. Cuelgo y desisto. Es fin de semana y tengo tiempo, pero no tanto.

¿No os pasan a vosotros cosas así? En cualquier caso, gracias por escucharme.