viernes, 28 de noviembre de 2008

Julián Muñoz y el cénit de la telebasura

La verdad es que el título de este post me ha quedado muy parecido a los de los libros de Harry Potter. Pero no tiene nada que ver. Os cuento.
Hace unos años (bastantes), Jesús Quintero realizaba en TVE un magnífico programa que se llamaba Cuerda de presos. En él, entrevistaba a presidiarios, hasta ese momento anónimos, que le contaban sin ningún pudor y con toda naturalidad cómo delinquieron, robaron o mataron, argumentando con cierta y delirante lógica sus razones y sus idearios. El loco de la colina simplemente les escuchaba y fumaba.
Hace unas semanas que Telecinco parece haber intentado recuperar esa buena idea, pero llevándosela a su inseparable terreno de la telebasura. Y ha decidido hacer un show a costa de pagar y llevar al plató a los delincuentes más mediáticos y a sus putas madres (digo esto de manera casi literal, porque a Telecinco ha ido desde la mujer del agresor y ya veremos si asesino de Jesús Neira, hasta la madre de El Solitario). Dos de esos delincuentes que ya han sido invitados se llaman Luis Roldán y Julián Muñoz, y da miedo pensar en quiénes serán los siguientes. Eso sí, tranquiliza saber que la Justicia anda detrás de la cuentas y los pagos en el tortuoso camino que va desde Telecinco a la productora privada, al testaferro y al delincuente en cuestión. Yo confío en que no puedan cobrar estas entrevistas, pero tengo mis dudas. Aunque lo ideal sería que Telecinco no las pagara ni las programara, y mejor aún, que a la gente no le interesaran lo más mínimo (la de Roldán hizo una audiencia bastante baja).
El caso es que rompo este último deseo y me pongo el viernes por la noche frente al televisor, con mi vasito de zarzaparrilla y una bolsa de panchitos, dispuesto a tragarme entera la entrevista a Julián Muñoz para después comentaros y preguntaros lo que nos parece.
Pero no va a poder ser. Porque no he entendido nada.
No sé si estoy viendo un programa del corazón o de política, si el interés está en la Pantoja o en el caso Malaya, no entiendo por qué modera a medias Jorge Javier Vázquez desde Madrid, ni entiendo qué tipo de periodismo pretende estar ejerciendo Jordi González desde Málaga (el juez no ha dejado viajar a Julián Muñoz a Madrid, supongo que por miedo a que recalificara y construyera una urbanización ilegal en el aeropuerto).
Tampoco sé por qué los presentadores le tratan como si fuera un miembro de la familia real, ni por qué le dan tantas veces las gracias al delincuente, ni por qué prácticamente babean. No entiendo por qué Julián Muñoz se pone tan tremendo para hablar de la cárcel o de su hermana fallecida, si es que actúa fatal, hay un momento patético en el que simula una lagrimita, saca una flor blanca y Jordi González le entrega un retrato de su hermana (de su hermana de Julián, no de Jordi) y se quedan los dos muy tristes. No entiendo por qué dice que en la cárcel se ha encontrado a sí mismo, coño, pues anda que ha tardado. No entiendo por qué Jordi González tiene las orejas así. No entiendo que Isabel Pantoja le guste a un hombre. Estas dos últimas cosas no vienen a cuento.
Y como no entiendo nada, pues apago la tele bastante pronto: no acabo de ver la entrevista, no me quedo al debate en el que oigo a lo lejos decir no sé qué muy enfadado a José Calabuig (que fue jefe mío hace unos 15 años, antes de rendirse al star-system). Me termino la zarzaparrilla y me como los panchitos. Y me acuesto pensando en la telebasura, y el cénit que con estos programas parece haber alcanzado Telecinco. También me entra la duda sobre si habré utilizado bien la palabra “cenit”: la busco en rae.com y sí, está bien.

Lo peor de estos especiales es que Telecinco ha quitado El Comisario. Mierda.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

48 horas en Marrakech (o en su Festival de Cine)

Festival de Cine de Marrakech. Noviembre de 2008. Durante 10 días, los marrakechíes (o como se diga) han disfrutado del mejor cine americano, británico, europeo y africano. Han homenajeado a Sigourney Weaver, Barry Levinson y Michelle Yeoh. Han recibido la visita de Agustí de Villaronga, Joaquim de Almeida, Daniel Burman y Anna Galiena. Y me han invitado con un selecto equipo de mi cadena de televisión a pasar 48 horas inolvidables. En las que parece que no da tiempo a casi nada, pero no os creais. Nos dio tiempo a hacer bastantes cosas.
Pantalla gigante en la Plaza de "Llama-a-la-Fnac"
  • Horas 1 a 3. Durante el vuelo leo que la discoteca Pachá Valencia sortea unos implantes mamarios entre sus clientes. Me palpo los senos y decido acudir a Pachá Marrakech, por si acaso.
  • Horas 4 y 5. Entre las personas que venimos a entrevistar se encuentran Anna Galiena y Daniel Burman. Nos comunican por teléfono que Anna Galiena no ha llegado a aparecer por el Festival y que Daniel Burman se ha marchado del mismo esta mañana. Seguramente no les entrevistemos.
  • Hora 6. Cogemos un taxi hasta la Plaza Jama el Fena, pero yo no lo sé pronunciar y le digo al taxista que me lleve a la “Plaza llama a la FNAC”. Me entiende.
  • Horas 7 y 8. Cenamos en una terraza preciosa donde no nos sirven alcohol porque se ve la Mezquita. Les digo que no importa, que me quito las gafas y así no la veo, pero ni por ésas. Me saca de la cena Tony Aguilar al teléfono (cosa que ya me ha hecho en San Sebastián y en Valencia). Tony no perdona mi intervención de los jueves en radio, y yo se lo agradezco, aunque cuando vuelvo a la mesa ya no encuentro mi cuscús con pollo. La verdad es que durante el rato que estuve en la mesa encontré el cuscús, pero no el pollo.
  • Horas  9 y 10. Acudimos a un cóctel en el Hotel Sofitel, al que hay que ir vestido de fiesta pero al que nos presentamos vestidos de indigentes. Aún así, nos dejan pasar. Hay tanto glamour que no sabemos si estamos en Marrakech o en Cannes. Y si esto es un cóctel, nosotros debemos de ser las gambas. Nos regalan un boli y una vela que parece un vaso de leche (con leche). Qué pedo más tonto.
  • Horas 11 a 18. Duermo plácidamente.
  • Hora 19. Acudimos a nuestra cita con la directora del Festival, que se llama Melita Toscan du Plantier, unos apellidos que cuando acabe de escribir este post ya se me habrán olvidado. El nombre no, porque es igual que el de la cafetera. Durante la entrevista que le hace Cristina Teva, nuestro sonidista Javi decide agredirla (a la cafetera) con la pértiga que sujeta el micrófono. A ella no le sienta del todo bien, y yo en parte la entiendo.
  • Hora 20. Acudimos a nuestra cita con Joaquim de Almeida. A primera vista, me da la impresión de que no tiene cejas. Cristina, que es la que le ha entrevistado y ha estado más cerca que yo, dice que sí que tiene pero que muy finas, como las de un bebé. Yo me acerco todo lo que puedo y creo que lo que pasa aquí es que Almeida no tiene cejas. Pero no me hagáis mucho caso. Joaquim me dice que se alegra de que le haya entrevistado Cristina en mi lugar, porque ella es guapa y yo no. No era necesaria tanta sinceridad. Me preocupo nuevamente por mi aspecto y me replanteo lo de pasarme por Pachá.
  • Hora 21. Acudimos a nuestra cita con Agustí de Villaronga, que es miembro del jurado. Es muy amable, pero para mi gusto se mostró demasiado sorprendido de que yo fuera el director del programa.
  • Hora 22. Acudimos a nuestra cita con Michelle Yeoh, que es una señora de Malaisia muy guapa que ha hecho películas como Tigre y dragón o Memorias de una Geisha. Nada que alegar.
Michelle Yeoh, en la alfombra roja del Festival
  • Horas 23 y 24. Comemos en un hotel que es medio palacio o un palacio que es medio hotel. Todo muy rico.
  • Hora 25. Preparamos en una sala del hotel nuestro encuentro con Barry Levinson. Para adecentar la estancia, entre nuestro director de fotografía Eduardo y nuestra productora Cristina (con ayuda del resto) descuajeringan una mesa y un biombo. Los dejamos todo como estaba, pero al momento entra un empleado del hotel, toca el biombo y éste se desmorona accidentalmente.
  • Hora 26. Aparece Barry Levinson. Contra todo pronóstico, acude a la cita vestido de chándal. Y durante la entrevista que le hizo Cristina, yo diría que el hombre estaba empalmado (os lo juro). No puedo culparle por ello, pero creo que ya venía así de serie. Como yo no veo muy bien, no me jugaría demasiado dinero, pero le hice una foto y mis compañeros están conmigo, o casi. No cuelgo la foto por respeto a Rainman.
  • Horas 27 a 30. Grabamos unas presentaciones para el programa en un cibercafé y nos plantamos en la alfombra roja del Festival. Ahí es donde por primera vez tomamos conciencia de que esto es un Festival para el pueblo de Marrakech. Hasta ahora, entre fiestas y entrevistas, no se diferenciaba mucho de un Cannes o de un certamen hecho por y para occidentales.
  • Horas 31 a 33. Nos vamos a cenar a un sitio superchulo. El taxista que contratamos para que nos lleve se enfada mucho porque no tenemos reserva en el restaurante. No entendemos el rebote, pero llega a tal punto que al final se niega a llevarnos. Joder, como para pedirle que te lleve al cine sin haber sacado la entrada.
  • Horas 34 a 42. Duermo plácidamente.
  • Horas 43 a 44. Desayunamos. Conocemos a una señora marroquí que tiene una asociación en defensa de la mujer de la que me vais a permitir que hable en otro post. Conocemos a un señor que trabaja en el Hotel y que te sirve té gratis si te sientas un rato con él. Todos probamos su té discretamente, menos Javi, que se toma cerca de 8 vasos.
  • Horas 45 a 48. En el avión de vuelta, el susodicho Javi lee Gomorra, de Roberto Saviano. Simultáneamente, yo leo en la prensa que la propia Camorra está vendiendo en los quioscos de Italia copias pirata de la película homónima de Mateo Garrone. Que es como si Pedro Jota Ramírez vendiera con El Mundo copias de su famoso vídeo con la señorita Exuperancia. Vivir para ver.

En mi caso, para ver poco, porque he perdido mis gafas en Marrakech. El que las encuentre y se las pruebe se va a quedar perplejo. No importa, ya me he comprado otras que son ideales de la muerte.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Un inciso, un homenaje

Recomendación musical: leer este post escuchando la canción de los Rolling Stones “It’s only rock’n'roll (but I like it).

El post de hoy es sólo un breve inciso y un pequeño homenaje, no pretende provocar comentarios (aunque los acepta) y tal vez peque de ser un poquito personal. Pero es que vuelvo de viaje y me entero de que esta semana ha fallecido Guy Peellaert, artista gráfico.
Taxi driver, Diamond dogs, It's only rock'n'roll
Seguramente su nombre no os diga gran cosa (tampoco a mí hasta hace relativamente poco, lo confieso), pero no sucederá lo mismo con su obra. Resulta que este tío, diseñador, dibujante y fotógrafo, fue el autor de carteles de películas como Taxi driver (Martin Scorsese), París, Texas (Wim Wenders) o Short Cuts (Robert Altman); de portadas de discos como It’s only rock’n'roll (Rolling Stones), Diamond Dogs (David Bowie) o Pour nos vies martiennes (Étienne Daho); y creador de figuras del comic más pop y desconocido por estos lares como Pravda o Jodelle (dos personajes en la línea de Barbarella).
Y con permiso de mi magnífico blog vecino Mil maneras de matar al DJ, estas líneas pretenden ser un humilde  homenaje cinéfilo-musical a Guy Peellaert. En parte porque la foto que ilustra este post pertenece al salón de mi casa. En alguna de sus paredes y en algunos de sus estantes conviven con Teresa y conmigo algunos de los diseños de Guy Peellaert. Eternamente gracias y descansa en paz.
P.D.1: Querido Fermín Zabalegui: tu blog también me tiene enganchado, y tranquilo: yo mismo me acuso de ser fan de Leslie Nielsen.

P.D.2: En unas horas os cuento las miles de chorradas que me han sucedido durante una breve estancia de tres días en el Festival de Cine de Marrakech.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Cosas que hoy estarían prohibidas (y en los 80 no). Part 2

En el post anterior, hablábamos de algunas manifestaciones culturales de los años 60, 70 y 80, mayormente canciones, que en su momento no armaron ningún revuelo, pero que da la impresión de que hoy estarían prohibidas o perseguidas. La tesis es: en ciertas facetas de las libertades vamos hacia atrás. Habíamos hablado de pederastia, malos tratos infantiles, homosexualidad encubierta y machismo. Habíamos hablado de Almodóvar, de Teletubbies, de Epi y Blas… por cierto, mi amigo Rául me sopla que por lo visto el famoso monstruo de las galletas ahora come verduras, para evitar que salgan niños obesos. ¿Veis? A esas cosas me refiero. Hay que joderse.
Vamos con algunos temas más:
TEMA PELIAGUDO 5: MALOS TRATOS O VIOLENCIA DE GÉNERO
Estoy convencido de que en este tema las autoridades serían más intransigentes aún que con los que planteábamos el otro día. Sencillamente, porque este gravísimo problema lo tenemos en España ahora mismo, y que se sepa, no hay una epidemia de pederastia ni nada parecido. Una de las canciones más famosas y celebradas de Loquillo (una canción orgásmica, que diría mi amigo José Luis) se llama La mataré. Hoy habría tenido serios problemas para su difusión, opino. Trata de una mujer tan insensible que acaba desquiciando a Loquillo, que al final acaba diciendo que quiere matarla. Nunca supe si lo hizo. En cualquier caso, yo no se lo tendría muy en cuenta: en otras composiciones asegura que los gatos de su callejón maullan a gritos una canción, y que tiene una amiga (Linda) que se come la carne de los muertos. En fin, allá va una apología de la violencia de género versión Loquillo: LOQUILLO: LA MATARÉ (1987)
Pero esto no es nada. El siguiente sketch de Martes y Trece fue uno de los más celebrados de su especial de fin de año de 1991 (aquí me puede estar bailando la fecha, pido disculpas si es así). El gag presentaba a la doctora Elena Ochoa hablando con una mujer maltratada. La frase principal del gag fue recitada durante mucho tiempo por las calles con ese tonillo que utilizaba Millán: “mi marido me peggga”. Y nos moríamos de risa. No nos reíamos de las mujeres maltratadas, por supuesto que no. Nos reíamos de la gracia que tenían Millán y Josema, que fueron los más grandes durante cerca de 5 años. Como tampoco nos reíamos de Encarna Sánchez: nos reíamos del absurdo tema de las empanadillas. Porque así era el humor de Martes y Trece. Quien de verdad piense que este sketch se podría emitir hoy en TVE, vive en otro mundo. Y por favor, que me diga en cuál, porque yo también quiero vivir allí.
TEMAS PELIAGUDOS 6, 7, 8, y 9: OBÚS (UN CASO APARTE)
En 1984 el grupo de heavy metal Obús sacaba un disco que se llamó “El que más“. Si lo hubiera sacado hoy, sus miembros estarían directamente en la cárcel. En él hacían apología de la cocaína, el alcohol, la delincuencia, el machismo y algunas cosas más. Una joya de disco, que cada vez que escucho no puedo evitar acompañar con una permanente sonrisa y varias carcajadas. Igual que me pasaba en 1984. Vamos con él:
  1. “La raya”. Sí: el título se refiere a la raya de cocaína, no creáis que lo disimulan lo más mínimo. La canción cuenta que las rayas molan mucho en general (los barrotes de una prisión, las rayas de la carretera), pero que concretamente “te olvides de mí, no me cuentes batallas, que te olvides de mí cuando pillo una raya… yo me la paso por la punta de la nariz”. Blanco y en botella… coca. OBÚS: LA RAYA (1984)
  2. “Vamos muy bien”. Fue el himno de las cogorzas de los 80: “calimocho, whisky, birra, pipermín… vamos muy bien, borrachos como cubas, ¿y qué? aún nos mantenemos en pie, y ya no pararemos… hasta no poder ver”. Hoy las asociaciones de padres de niños perjudicados por el botellón pondrían el grito en el cielo y el tema llegaría al Parlamento. Pero en los 80 cantábamos esto con un pedo de órdago, al día siguiente te levantabas con resasca y no pasaba nada. O sea, igual que sucede hoy, sólo que sin un grupo de rock al que emular (aquí emular = bajarse sus canciones del emule). OBÚS: VAMOS MUY BIEN (1984)
  3. “El que más”. Es la historia de un mangui. Obús lo elogia, y dice de él que es “el que más… levantando un coche, pasándote costo, tirando de un bolso, burlando a la poli…” . Hoy la canción sería denunciada por incitar a la juventud a la delincuencia. Digo yo. OBÚS: EL QUE MÁS (1984)
  4. “Da igual”. Siempre me imagino a los chicos de Obús descojonádose mientras componían esta canción. El cantante nos confiesa que está tan salido que le daría igual tirarse a una tía fea porque, total, va a ser un minuto. “No me importa si es un callo, qué mas da … da igual, sólo un minuto será”. No quiero pensar en la reacción que tendrían las feministas de hoy, o las políticas y políticos en el poder y en la oposición, en defensa de la dignidad de la mujer. En los 80 no pasó nada. Y lo siento, pero yo me parto cada vez que oigo esta canción, igual que mi cuñado Julio. Y que mi novia, no os creaís que de esto sólo nos reímos los tíos. Allá va: OBÚS: DA IGUAL (1984)
Yo, siendo muy joven, me compré este disco de Obús. Y os aseguro que en los años siguientes no me emborraché miles de veces, ni me dediqué a tomar drogas, ni robé coches, ni recurrí al sexo con gente que no me atrayera. Maldita sea, releo esta última frase y compruebo que sí que hice tres de estas cuatro cosas. Bueno, no importa, en cualquier caso no creo que las hiciera por culpa de (o gracias a) Obús.

Pero es que tampoco he incrustado a mis sobrinos en la pared, ni me gustan los niños (sexualmente, digo), ni quiero matar a mis ex-novias (no conozco a las de Loquillo), y el otro día planché yo en casa (fatal, eso sí). No sé… ¿no creéis de verdad que en estas cosas de las prohibiciones vamos un poco hacia atrás?

lunes, 17 de noviembre de 2008

Cosas que hoy estarían prohibidas (y en los 80 no) Part I

Hace unas semanas, después de ver con mis mejores amigos un concierto de Queen & Paul Rodgers, que luego ni fue de Queen ni de Paul Rodgers ni de nada, me quedé debatiendo con Manolo y Susana sobre un asunto inquietante: si ahora se difundiera por televisión la cultura que se difundía en los años 80, seguramente asisitiríamos a una reinvención de la censura más impopular. Unos opinábamos que eso estaba mal. Otros, que tal vez eso vendría bien. Unos, que las autoridades tienen que proteger a la gente que tiene poca cabeza. Otros, que debe haber libertad y que cada uno elija si tomársela o no.
En fin: yo creo que desde los años 80 hasta ahora ha habido un retroceso bestial de las libertades en defensa de una supuesta moral. Creo que hoy, directamente, Las Vulpes no habrían podido armar el revuelo que armaron cuando cantaron“Me gusta ser una zorra”. Creo que directamente no les habrían dado esa oportunidad. Creo que Almodóvar lo habría tenido muy crudo para que Alaska orinara sobre Eva Siva, o para estrenar Laberinto de pasiones. Creo que muchos grupos de la movida hoy no podrían haber actuado (al menos tan tranquilos como entonces). Y de haberlo hecho, creo que la opinión pública se habría lanzado sobre ellos, y que Gobierno y Oposición habrían debatido sobre leyes de protección cultural al menor, al mayor, a la chica y a la grande. Y tres de dúplex.
Un disco de Almodóvar y MacNamara que igual hoy no vería la luz (si Almodóvar fuera ahora el que era en 1982)
Me explico: creo que hay canciones y programas de TV que en los 80 (y antes de los 80) no estuvieron prohibidas y que hoy sí lo estarían. Os pongo unos ejemplos y los divido por temas.
(NOTA: este post requiere algo de paciencia: contiene 2 vídeos y 9 temas musicales. Pero los temas son sólo fragmentos de 30 a 45 segundos, no desesperéis. Por eso lo he dividido en dos días, que luego mi hermana Silvia me dice que escribo posts muy largos.)
TEMA PELIAGUDO 1: LA PEDERASTIA
En los primeros años 60, Antonio Molina, el único hombre capaz de intentar hacernos creer que un minero machote puede bajar a la mina cantando: “mi mare queda resando por el hijo que se va…”  y “compañero, dale al marro pa cantar mientras garbillo” (¿qué será un marro? ¿qué será garbillar?), nos cantaba la siguiente canción: ANTONIO MOLINA: MI NIÑO CHIQUITO (AÑOS 60). Qué fuerte. Yo no dejaría que mis niños se acercaran a él ni de coña. ¿A que hoy estaría directamente en la cárcel por ser un pederasta grande? Bueno, pues entonces no pasó nada, se consideró una canción inocente, lo que en realidad es. Pero yo creo que en 2008 las asociaciones de defensa al menor no se la pasan. No en vano, mi amigo Enrique y yo poníamos este tema en un programa de radio que teníamos hace años cada vez que hablábamos de Michael Jackson.
TEMA PELIAGUDO 2: LOS MALOS TRATOS INFANTILES
En los primeros años 80, la década en la que me quiero centrar en estos dos posts, Pedro Almodóvar y Fabio MacNamara, medio travestidos, cantaban Quiero ser mamá. La canción era una coña de principio a fin. Decía cosas del niño que querían tener tales como “le vestiré de mujer, le enseñaré a criticar, le enseñaré a vivir de la prostitución”…. Y lo que es peor: “le llamáré Lucifer, le incrustaré en la pared”. En esa época, nadie llamó a su hijo Lucifer (no constan partidas de nacimiento con ese nombre de gente que hoy tenga 25 años), ni murió ningún niño travestido y emparedado. Pero me cuesta creer que en 2008, la Iglesia, cierta prensa y muchos políticos (de ambos bandos) no arremetieran contra esta canción humorística. Creo que conseguirían que se retirara del mercado, si es que llega a él. ALMODÓVAR Y MCNAMARA: VOY A SER MAMÁ (1983)
TEMA PELIAGUDO 3: HOMOSEXUALIDAD ENCUBIERTA PARA CREAR NIÑOS GAYS
Yo, dada mi respetable edad, pertenezco a esa generación que aprendió a contar con el Conde Draco, lo que es cerca y lejos con Coco, lo que es arrriba y abajo con Triqui, el monstruo de las galletas, y lo que es la amistad, con Epi y Blas. Digo la amistad, no la homosexualidad. Vale: Epi y Blas eran dos tipos que vivían juntos (y digo dos tipos porque no sé si eran niños, señores o adolescentes… ¿qué edad exacta tendrían Epi y Blas?). Aparentemente no tenían padres. Dormían en la misma habitación, con sus camitas con la “E” y la “B” (de Ernie/Epi y Barnie/Blas). Compartían baño. Y a mí jamás se me ocurrió pensar que fueran gays, aunque ciertamente Epi tenía un poco de ramalazo. Pero el año pasado, en Gran Bretaña, prohibieron (o lo intentaron) una colección de vídeos de Epi y Blas porque eran julandrones y podrían enseñar a los niños valores inapropiados. Qué manía con que es malo que los niños convivan con gays. En mis tiempos, en cambio, no importó lo más mínimo. Hala, que todos los niños de los 70 fueran maricones perdidos. En fin.
Pero esta psicosis con Epi y Blas que no se dio en los 70 pero sí en 2007, también se dio en pleno siglo XXI con los Teletubbies, mis amados Teletubbies. Como ya os conté hace unos días y no os voy a repetir, Tinky Winky, el Teletubbie morado del bolso, fue acusado de ser gay. Tremendo. De todos modos, en uno de los comentarios a ese post, Maik! me envió este vídeo en el que se demuestra que Tinky Winky un poco homosexual sí que es. Maik!, te confieso que no puedo dejar de ver este vídeo ni de partirme de risa con él. Demostraste al mundo que Tinky Winky es gay. Pero aún falta por demostrar por qué, aunque lo fuera, hay que ocultárselo a los niños.
TEMA PELIAGUDO 4: EL MACHISMO (LA PRUEBA DEFINITIVA)
La prueba definitiva de esta psicosis que hay hoy en día y que no hubo en los 70 y 80 me la dan los Payasos de la Tele. En 1974, Fofó cantaba una de esas canciones/himnos que escribían los Aragón: LOS DÍAS DE LA SEMANA, VERSIÓN FOFÓ (1974). Ya nos sabemos la historia: una niña nunca puede jugar porque cada día le sale una tarea distinta: planchar, lavar, cocinar, tender… El domingo no jugaba porque tenía que rezar, que ya es mala pata. Pues bien, todos los niños y niñas cantábamos la canción y nadie reparaba en si era machista o no. Que lo era, ojo, pero también era sólo una canción infantil, leñe. Más machista es eso de “Al pasar la barca me dijo el barquero: las niñas bonitas no pagan dinero”, o sea, que si eres fea pagas 5 euros. ¿Pensáis que la canción de los payasos habría provocado protestas hoy en día? No hubo opción. Miliki sacó una versión en 1999 y decía así: LOS DÍAS DE LA SEMANA, VERSIÓN MILIKI (1999). Hala. Ahora el que plancha es el marido y así me quito de líos. Yo creo que Miliki es la demostración pura de mi teoría.
Como queda mucha tela que cortar y esto se me empieza a ir de las manos, os emplazo a la segunda parte de este post: la violencia de género, el alcohol, las drogas y el alucinante caso de Obús. Os espero.