jueves, 30 de octubre de 2008

Yanes, Díaz Yanes

Esta semana he visto dos películas. Bueno, he visto más, pero os quiero hablar sólo de dos. La una se llama Sólo quiero caminar. La otra 007: Quantum of solace. La una se estrena este mismo viernes. La otra el 21 de noviembre. La otra va a hacer una taquilla de escándalo, y la una… Dios dirá.
Sólo quiero caminar. Me gusta el título: está sacado de una canción de Paco de Lucía (sugerencia de ambientación musical: pincha aquí y escucha el tema mientras lees este post). Sólo quiero caminar es la cuarta y última película de Agustín Díaz Yanes (la última por ahora, digo, no es que piense yo que no va a hacer más). Esta semana, por avatares de la vida (como diría Juanjo Millás, qué rayos querrá decir “avatares”), he coincidido dos veces con Tano (es que a Agustín Díaz Yanes sus amigos le llaman “Tano”. Yo no soy su amigo, pero le voy a llamar “Tano” para que os creáis que sí que lo soy). Una de las veces era para hacerle una entrevista, y la otra fue una charla informal en una cantina mexicana (en la que le hacíamos otra entrevista, pero no yo, sino Cristina Teva, que es más guapa que yo, y esto último lo dice Tano, no yo, yo no sé si estoy muy de acuerdo, bueno sí). El día de mi entrevista, Tano, que es muy majo (ya me lo habían dicho: “verás qué majo es Tano”), me explicó muchas cosas de la película, y de cómo ha intentado que los personajes de sus 4 actrices fueran creíbles (Victoria Abril, Pilar López de Ayala, Ariadna Gil y Elena Anaya, que me gusta muchísimo pero que ella sabe que lo nuestro es imposible). Lo de la credibilidad viene al caso porque, menos una de ellas que al principio de la película se queda un poco impedida, las otras tres no paran de hacer butrones, disparar pistolas, enfrentarse a la mafia mexicana en México D.F. y repartir hostias con hache a diestro y siniestro. Y claro, pues hay que currárselo mucho para que el espectador se lo crea.
Agustín Díaz Yanes en "La mordida", un restaurante de Joaquín Sabina tan mexicano como su última película
El día que no le entrevisté yo, Tano me contó una anécdota buenísima de Francis Ford Coppola. Me estaba hablando del coñazo que les dan algunos actores a los directores (no se refería a los de esta peli, o eso me dijo) con el método de actuación y con preguntas como “¿cuál es mi motivación? ¿cómo era mi personaje de niño? ¿por qué digo “hola”? ¿puedo antes de decir mi frase mirar al techo y tomar una calada del pitillo?”. La anécdota: durante el rodaje de Drácula de Bram Stoker, Coppola, que no hace mucho caso a los actores mientras rueda, recibió una nota escrita por Gary Oldman desde su roulotte: “Soy Gary Oldman y deberías hablar más conmigo: te recuerdo que soy el protagonista de la película”. Coppola respondió con otra nota: “Te informo de que esta película tiene un sólo protagonista, y se llama Francis Ford Coppola”. Cómo mola, Ford Coppola. Y oye, sí que es majo Tano. Yo cuando sea mayor o majo, les diré a mis amigos que me llamen también por un nombre corto.
007: Quantum of solace. No me gusta el título. No sé bien lo que quiere decir. Hay un periodista que no sé como se llama que cuando vamos a las proyecciones para prensa a veces me pregunta alguna cosa, porque un día le respondí bien y me debe tomar por una especie de oráculo. Se sentó a mi lado y me preguntó “¿qué quiere decir “Quantum of Solace”?” Yo, que soy medio gilipollas, le dije: “Cuánto sol hace”. Pero no me pilló la coña, dijo: “ah”, se apagaron las luces y como se quedó tan serio, pues me pareció absurdo explicarle la gracia. Según avanzaba la película, debió de pensar que no soy medio gilipollas, sino gilipollas completo. Porque ahí no hacía sol ni nada.
No soy fan de las películas de James Bond. No sé ahora mismo si he visto alguna completa, porque en mi mente se agolpan miles de fragmentos. Entonces mi subconsciente mezcla a Roger Moore con una negra cachas que sonríe a Remington Steele, mientras Ursula Andress sale del agua y Timothy Dalton besa a Halle Berry, para que finalmente Sean Connery toque la gaita con falda escocesa. Luego la falda escocesa se convierte en falda de colegiala y a Sean Connery le salen dos coletas, dos peras enormes y empieza a lamer una piruleta. Pero a esta última imagen ni caso, que es fruto de mi subconsciente y de las cosas que se imagina mi amigo Luis. El caso es que me doy cuenta de que Quantum of solace está muy bien. Mi lado gay se da cuenta de que Daniel Craig tiene un atractivo brutal, y mi lado maromo se da cuenta de que Olga Kurylenko está como un queso de gruyere (perdón por el retorcido y ordinario juego de palabras). Acción por todos lados, escenas rodadas de lujo, las eternas chulerías y vaciladas de Bond… (que esta vez no dice la mítica frase “Bond, James Bond”!!!!) El problema, y es mío, es que en las de James Bond me pierdo un poco, y sé que el malo es malo, pero no me entero nunca de por qué. Y me agarro a la butaca en las escenas de acción en las que Bond se choca, le disparan, se tira desde un avión, etc. y no le pasa nada, pero siempre me mareo con el montaje y al final nunca veo con claridad el momento en el que Bond salta del avión ni por qué él se libra de la explosión y el malote no. Pero insisto, es problema mío: estoy totalmente convencido de que es un películón (hablamos de Bond, claro, esto no es Ciudadano Kane) y de que va a arrasar en la taquilla. Y estoy con los que opinan que Daniel Craig es el mejor 007 de la saga, con permiso de Sean Connery y de sus enormes peras.

(P.D: Y aún así… ¿por qué será que al final casi me creo más las fantasmadas de Bond que las de las 4 chicas de Tano?)

martes, 28 de octubre de 2008

Tres cubanos en Madrid

Una de las pocas películas que se puede ir a ver estos días al cine sin que te salga un forúnculo en el cerebelo (no os creáis que hay tantas, y además este viernes se nos viene encima otra buena cosechita encabezada por Hermanos por pelotas y Disaster movie), es “El cuerno de la abundancia“. El cuerno éste (que representa en Cuba a esa figura que nosotros llamamos “cornucopia”) (pedazo de aclaración ¿eh? como si yo llamara “cornucopia” a muchas cosas al día) está dirigido por Juan Carlos Tabío. Y la película, sin ser Ciudadano Kane, nos ofrece una hora y tres cuartos de cine, de sonrisas y de lágrimas muy agradables. Que ya es bastante.
Pero qué iba a decir yo. Ah sí, que más que hablar de esta peli, quería hablar del señor que la dirige, de su socio en la dirección y sobre todos recomendaros tres películas que son tres excusas como tres soles así de grandes para amar el cine cubano. Intentad verlas, alquiladlas, compradlas, buscadlas en DVD (es que como trabajo en cosas relacionadas con el cine, pues no esta bien que os diga que os las bajéis del Emule).
Mirta Ibarra, Jorge Perugorría y Vladimir Cruz en una terracita de Madrid
Son éstas:
Fresa y chocolate. La dirigió Juan Carlos Tabío con Tomás Gutiérrez Alea. Cuando fui a verla en 1994, me dormí en el cine porque la noche anterior había salido hasta tarde después de ver un concierto de Paco Clavel. Oye, os lo juro, qué pasa. Y lo poco que vi me gustó tanto que volví a los pocos días para verla entera (hablo de Fresa y chocolate, no de la actuación de Paco Clavel), y ya ni me dormí ni nada. Me encantó, luego la he vuelto a ver varias veces. Con qué delicadeza trata la homosexualidad, la rebeldía política, la represión cultural… en un país en el que no se puede hacer eso.
Guantanamera. También la dirigieron los dos al alimón. Qué cosas: fíjate la palabra “Guantanamera”. Antes solamente me evocaba la famosa cancioncilla, y ahora en cambio me recuerda a la barbaridad de las barbaridades de George W. Bush. Por cierto, a un conocido mío le encantaba esa cancioncilla, y la cantaba a grito pelado diciendo “¡Juan-Tala-vera, Gua-ji-ra, Juan Tala-veraaaa!”  A saber quién pensaba éste que era Juan Talavera. Un día habrá que escribir un post sobre las cosas que a menudo entendemos en las canciones. Todos tenemos algunas gloriosas.
Se me ha ido la pinza. Guantanamera  también la protagonizaban Jorge Perugorría y Mirta Ibarra, igual que Fresa y Chocolate. Y nos cuenta un surrealista cortejo fúnebre con un camión de por medio que va reflejando como es la vida en Cuba. Una delicia.
Lista de espera. Aquí ya dirige sólo Tabío (Gutiérrez Alea murió en el 96), y dos de los protagonistas también salían en Fresa y chocolate: Perugorría y Vladimir Cruz. Otra comedia maravillosa en la que las miserias (y las virtudes) de Cuba aparecen reflejadas en la eterna lista de espera de un autobús. Perugorría  se luce con el personaje de un pobre ciego que ve mejor que yo. Bueno, los que me conozcan saben que este dicho no significa gran cosa. Hay ciegos y topos que ven mejor que yo.
En el programa en el que trabajo conseguimos reunir a Mirta Ibarra, Jorge Perugorría y Vladimir Cruz 13 años después de que trabajaran juntos en Fresa y chocolate  (en un alarde de originalidad, les invitamos a tomar un helado de fresa y chocolate). Mirta Ibarra, que era la pareja de Tomás Gutiérrez Alea cuando falleció, me contaba que ha dirigido un documental sobre “Titón” (así era conocido), y que este mes, en Cuba, va a presentar la película, un ciclo de conferencias y un libro sobre su marido. Le pregunté si era una deuda con su cine. Y me contestó que no, que era una deuda con su amor.

Entonces te quedas callado, emocionado y dices: voy a escribir un post sobre el cine de estos cubanos, a ver si soy capaz de ponerme serio un ratito.

sábado, 25 de octubre de 2008

Más títulos guarrindongos

Hace mucho tiempo, cuando este blog comenzaba a dar sus primeros pasos y vosotros seguramente no habíais ni nacido… (bueno, qué coño, hace exactamente 13 posts y 35 días), apareció en este blog un ránking con 15 títulos en castellano de películas eróticas y pornográficas (o sea, clasificadas “S” y “X”), todos ellos surrealistas, ingeniosos y divertidamente brutos.
El estreno de Los años desnudos, que precisamente lleva el subtítulo de “Clasificada S”, nos ha recordado ese post, y nos ha hecho indagar un poco más en las filmotecas guarris para sacar una segunda parte (ya sé, Julio y Wolffo, en este post no debería decir ni “sacar” ni “parte”). Es decir, otros 15 títulos. Vamos a ver: esto supone que deberían ser menos graciosos y chocantes que los 15 primeros, porque si no hubieran aparecido en el ránking de hace 35 días. Pero francamente, en esta segunda tanda también hay ideas para echar unas risas, y además es prácticamente un monográfico de “títulos de otras películas adaptados al porno con un toque de coña”. Y aviso: el tema da para una tercera tanda, y una cuarta, y una quinta…
"Sueca bisexual necesita semental". Y sí: el semental acaba siendo un caballo.
Vamos allá:
  • 15º. Arma rectal. Empezamos bien. Me gusta porque te deja clarísima la temática de la película, y porque te hace pensar que existirán Arma rectal 2, 3 y 4. Y además me imagino a Mel Gibson totalmente escandalizado por la utilización antinatura del sagrado sexo.
  • 14º. Tócamela otra vez, Sam. El título es facilón, seguro que algunos lo habréis usado ya como coña. Por eso lo que más gracia me hace es que la película exista. Y que se me viene a la cabeza una imagen super gay de Humprey Bogart y su pianista negro.
  • 13º. Abierta hasta el amanecer. Supongo que lo que más me gusta del título es fantasear con que esta versión también la protagonice Salma Hayek…
  • 12º. El conejo de la Bruja de Blair. Uf. Si ya daba miedo la película original, cómo debe ser esta versión. Los pobres chicos se pierden en el bosque, encuentran a la bruja, y cuando se creen que les va a matar… ¡zas! La vieja les enseña el conejo. Qué putada.
  • 11º. Alicia en el país de las marranadillas. Pobre Alicia, cómo ha terminado. Perdón por el chiste fácil, pero imagino que en esta película también aparecerá un conejo con prisas que llega tarde.
  • 10º. Los Pichapiedra. ¡Halaaaa, viva la sutileza! Me juego lo que sea a que la película no tiene nada que ver con Pedro y Vilma Picapiedra. De lo contrario, no quiero ni imaginarme como habrán justificado el apellido de Pablo Mármol.
  • 9º. El sueño de un chapero de verano. No sé si están homenajeando a Shakespeare, a Woody Allen o a Kevin Kline. En cualquier caso. ¿en qué se diferencia un chapero de verano de uno de invierno? No hace falta que respondáis.
  • 8º. Babe, el cerdito caliente. Me encanta. Porque no sé vosotros, pero yo no me imagino que Babe sea un cerdito, quiero decir, una cría de mamífero artiodáctilo del grupo de los suidos, sino que me imagino a un cerdo caliente. O sea: a un tío totalmente salido, un guarro, un obseso. Pero pequeñito.
  • 7º. Eduardo Manopajeras. Dios mío. Otra sutileza y un nuevo género en el porno: las películas de vicio solitario. Supongo que el protagonista no tiene las manos como el personaje de Johnny Depp, porque en tal caso, a la primera pajilla… ¡chas! se acabó el disfrute.
  • 6º. Bailando con zorras. También muy sutil. ¿Bailando? Habría que ver los bailes… ¿Y qué juego de palabras habrán hecho con el personaje de “En pie con el puño en alto?”. Tampoco hace falta que respondáis.
  • 5º. Grandes tetas levantan braguetas. Me gusta por la libre adaptación del dicho aquél de las carretas. Y porque el título de la película debe englobar todo el argumento en sí.
  • 4º. Sueca bisexual necesita semental. Un clásico. Yo ésta la vi una noche de estrangis con mi amigo Luis en casa de nuestro amigo Miguel, porque se habían ido sus padres. Tendríamos unos 15 años. O quizá 35, no me acuerdo bien ahora.
  • 3º. La manolilla del Capitán Corelli. Ésta me ha gustado especialmente porque a mí el título original, La mandolina del Capitán Corelli, ya me sonaba mal. Me imaginaba a Penélope Cruz diciéndole a Nicolas Cage: “Huuuuy Capitán, pero menuda mandolina tieneeeeeee”. Yo qué sé, yo es que a veces estoy enfermo.
  • 2º. Las azafatas se abren de patas. A riesgo de sufrir una denuncia del sindicato de azafatas mundiales, los tituladores de la película pensaron: “¡Hala, viva la rima, la delicadeza y las fantasías sexuales de toda la vida!”. Seguramente después de ésta rodaron “Las enfermeras tienen buenas tragaderas”.
  • 1º. Sé lo que os hicisteis últimamente en el ano. Me parece genial. Primero, por lo rebuscado de la referencia al original. Y después porque me suena a la reprimenda de un profesor, como a una especie de ”a mí no me engañáis, niños, sé que habéis sido malos y que os habéis introducido cositas por el orto…” (que es una palabra que suena fatal, pero que incluyo para no repetir “ano”)
Bueno, pues esto ha sido todo. Ya os digo: igual dentro de un mes seguimos con el tema. Si conocéis otros títulos, me los contáis, y si os los inventáis pero están bien, a mí también me vale.

P.D: Hablando de títulos de películas, el pasado miércoles quedé a desayunar en Cadena Dial  con mi amiguete Javier Cárdenas , pero como llegué un poco adelantado a la cita y todavía estaba haciendo su programa de radio, pues me invitó a pasar al estudio y a jugar a adivinar títulos de películas. Lo hice fatal, pero como mi cuñado Julio me grabó (¡gracias!), pues os pongo un fragmento para que juguéis vosotros también (bueno, y para que me escuchéis). ¡¡¡Mamá, mira, he salido en la radio!!!

miércoles, 22 de octubre de 2008

Tres actrices desnudas

El título de este post lo he puesto para subir la audiencia. Es totalmente engañoso, vale, pero sí que tiene que ver con el estreno más morboso de este fin de semana: Los años desnudos, película de la que ya os ha informado cumplidamente Menstyle. Yo he tenido el inmenso placer y honor de entrevistar hace unos días (concretamente dos) a sus directores y protagonistas, lo que quiere decir que… ¡sí! ¡he estado hablando cara a cara con Mar Flores! ¡¡¡¡Toooooma!!!!
Pero vayamos por partes. Os cuento:
  • Los años desnudos es la última película del tándem Dunia Ayaso y Félix Sabroso. Y es “Ayaso”, no “Ayuso”. Lo digo porque si ponéis Dunia Ayuso en Google os saldrán unas 600 entradas. Pues no,  es “Ayaso”.
  • La película está bastante bien. Y eso que a mí los anteriores trabajos de estos dos directores me parecieron lo que (los que sabemos de cine) definimos técnicamente como “pichís pichás”. Pero en Los años desnudos han hecho un acertado retrato - muy digno, muy respetuoso, divertido, dramático y bien narrado - de la época del cine de destape. No fui yo sólo el que salió contento del cine: Javier Ocaña, querido amigo y temido crítico de El País, también salió bastante convencido de la película. Su crítica de este viernes debería ser buena. 
Candela Peña, Mar Flores y Goya Toledo en una pose muy seventy-guarri

  • Candela Peña está que se sale de la película. Por cierto, odio esta expresión, “esta actriz está que se sale”, porque me parece que estoy diciendo que Candela se fue del cine porque no le estaba gustado la historia, y eso es absurdo porque ella estaba dentro de la pantalla. Es más mona, Candela… Se puso hasta contenta porque le dije que estaba que se salía. Dice que ella nunca hubiera hecho películas “S”, pero porque no la habrían llamado, que ella hubiera hecho de la criada graciosa. Bueno, yo creo que Candela podría haber hecho de lo que quisiera. Luego, y entre otras cosas, me contó que para crear su personaje la ayudó mucho… ¡¡¡Susana Estrada!!! (que tiene un cameo antológico en la película). Me encanta.
  • Goya Toledo también estuvo muy maja. No sé por qué, pero la conversación con ella se nos acabó yendo por unos derroteros superfeministas, y me pareció muy bien. Como yo tengo 6 hermanas 6, pues siempre he tenido que decir que soy superfeminista, y al final me lo he acabado creyendo. Así que no me costó nada seguirle en sus teorías, que además suscribo una por una.
  • Antonio de la Torre es un fenómeno. Lo bien que me cae a mí este actor. Porque es simpatiquísimo, se sabe tu nombre (bueno, el mío),  no va de estrellita, te habla de su personaje (un director de películas “S”) pero ni lo juzga ni se posiciona, y te viene a decir algo así como que no tiene ni idea de qué habría hecho si hubiera vivido esa época. Goya Toledo, por ejemplo, aseguraba que ella no hubiera hecho películas “S”. Él no lo sabe, y me pareció más humano. Por cierto, que ya ha vuelto a recuperar su peso ideal (es que la última vez que le vi estaba rodando Gordos de Daniel Sánchez Arévalo y había engordado unos 30 kilos) (me refiero a Antonio, Goya está estupenda, delgadísima y buenísima, como siempre).
  • Y por fin llegamos a… ¡¡¡Mar Flowers!!! Es el morbo, el reclamo, la curiosidad de la película. Vamos, que muchos medios fueron a la rueda de prensa sólo por ella. Pero luego, con toda la parafernalia y todos los prejuicios pululando a tu alrededor, resulta que la entrevistas a solas, y… ¡te cae bien! (bueno, me cae bien a mí, que manía más tonta de hablar en segunda persona del singular). Oye, que hasta me pareció sencilla y todo. Y humilde: te confiesa sus nervios fuera de la cámara porque sabe que la van a mirar con lupa, y te pregunta qué tal la has visto tú. Pues yo la he visto bien. A ver: no es Meryl Streep, pero está bastante digna, y aquí vuelvo a coincidir con Javier Ocaña (perdona Javier que te cite tanto, pero es que sé que tu opinión vale como 100 puntos más que la mía) (quiero decir que la mía vale 0 y la tuya 100).
Después apareció Pilar Rubio de Sé lo que hicisteis, me preguntó no sé qué, se me obnubiló una meninge y nublóseme la vista, y creo recordar que incluso me robó a un entrevistado. No sé. Cuando desperté (al revés que el dinosaurio de Monterroso), Pilar ya no estaba allí.

P.D: Volviendo al titular del día, os adelanto que las tres actrices no salen desnudas. Candela sí, Goya un poco, y a Mar sólo se le aprecia un delicado seno de soslayo. Así que no os hagaís demasiadas ilusiones…

lunes, 20 de octubre de 2008

El comisario (y Chanquete)

Hay tres cosas que me gustan mucho y que mis amigos dicen que no me pegan: las películas de Leslie Nielsen (como demuestra el título de este blog), los panchitos y El comisario. Lo de los panchitos no sé por qué no me tiene que pegar. Y lo de El Comisario  puedo comprenderlo, pero no puedo evitarlo. Llevo enganchado a esta serie desde el año 2000 y desde entonces creo que sólo me he perdido un capítulo porque no se me grabó (y me perdí la primera temporada porque debía de estar yonqui perdido con Gran Hermano I, y eran demasiadas emociones para mí, aunque no estoy muy seguro de que las fechas encajen).
Me gusta el personaje del Comisiario Castilla, porque de lo increíblemente serio y formal que es, me lo creo totalmente (me pasa lo mismo con el Inspector Jefe Casqueiro). Cuando empezó la serie no me encajaba Tito Valverde de madero, y seguía viendo al papá de Pepa y Pepe  y todo eso. Pero ahora no es que le identifique con un poli, es que no me lo pongas en otro papel porque se me irá la pinza y sólo veré al Comisario Castilla, aunque haga de tranformista en una película de John Waters. Hace unos años, Tito Valverde cenaba los viernes en el mismo restaurante de alta cocina oriental que yo (bueno, en realidad era un chino de menú), y les contaba a sus hijos y a su mujer, María Jesús Sirvent, las escenas que había rodado esa semana. Mi novia y yo abandonábamos nuestras habituales conversaciones sobre Ibsen y Unamuno y arrimábamos la oreja a la mesa de Tito. Molaba enterarse de la trama antes que los demás. Ya no cenamos en ese chino. Mierda.
Charlie y Elo morreando. Qué fuerte.
Me cae bien Pope, aunque desde que bebe no hay quien lo soporte, pero eso es normal, también me pasó con Pajares. Bueno no, ya me pasaba antes. Además qué digo, si no tengo ni idea de si Pajares bebe o qué es lo que le pasa. No me cae bien su mujer Elo  (su mujer de Pope, no de Pajares), que es la que le ha arrastrado hasta el alcohol (a Pope). Ah, mala mujer, con lo bueno que fue Pope contigo. Y es que me pone nervioso, siempre sufriendo y siempre tan afectada y tal. Qué zorrilla. Me cae bien Mikel, aunque no sé pronunciar ni escribir bien el apellido del actor, Patxi Freytez, siempre añado alguna erre donde no va. Pero qué importa eso. Me creo a Lucas, me encantaba Pascual (el siempre impagable Joaquín Climent), me gusta un nuevo personaje que interpreta José Luis Torrijos, que tiene un Goya por La soledad. En El comisario  hay tres Goyas que yo sepa: José Luis, el propio Tito Valverde y Ruth Gabriel, que también es nueva y que hace de policía gitana. Toma ya. Y sufrí cuando se cargaron a Osma y a Alonso (Paula Echevarría y Pilar Punzano, sufrí sobre todo porque eran guapas), o cuando murió Chacón, el gran Francesc Orella. Porque en El Comisario, cuando alguien deja la serie… ¡zas! se lo cepillan. Como en la Mafia.
Pero tengo un problema con Charlie, o sea con Juan José Artero, sobre todo en esta undécima (récord de España) temporada. En esta undécima temporada, Charlie ha intimado con la mujer de su amigo Pope y se la está levantando (ya sé, la expresión “se la está levantando” no es muy apropiada en este contexto, lo digo antes de que me afeen mi vocabulario mis amigos Julio y Wolffo). Y claro, yo pienso: “Pope, tío, o tú eres tonto o no viste Verano azul“. Porque ahí radica mi problema: que mira que han pasado los años, pero yo sigo viendo en Juanjo Artero y en Charlie  a Javi, el rubio de Verano azul. Compréndanme, si es que en mi infancia y adolescencia llegué a ver esa serie nueve veces. Si es que con mi amigo Enrique Catá soy la única persona de Europa que me sé los títulos de todos los capítulos de la serie.
Y claro, a poco que Pope se hubiera fijado en Pancho, pues habría deducido que Javi (Charlie) iba a por su chica. Porque Elo es como Bea  y los dos van a por ella. Ya se han pegado, como en ese capítulo en el que luego recitaban “Ni que el viento la toque”. Cualquier día, ya veréis, Elo se hace mujer y tiene su primera regla, Pope se rompe una pierna y reparte leche en un burro y Charlie se desnuda en una piscina y su padre le mete una hostia. Y al final no se quedará con Elo ninguno de los dos, porque se morirá Chanquete (que digo yo que aquí será Tito Valverde) y se acabará la serie. Lo que no acabo de vislumbrar es qué personaje me recuerda a Desi. Gracias a Dios, añado.

Qué líos me hago. Pero cómo me gusta El comisario.