miércoles, 29 de junio de 2011

“Resacón 2” y 10 comedias adolescentes

Cuando se habla de comedias adolescentes pensamos en un subgénero formado por películas protagonizadas por un grupo de chicos o de chicas que hacen algo juntos, pero no revueltos. Normalmente, de chicos. Es un género que también identificamos con “comedia americana”, según lo cual Fuga de cerebros sería una comedia americana.
Pero luego llega Resacón en Las Vegas o Resacón 2, y lo de “adolescente” se nos cae un poco, porque la primera parte fue a verla y además salió encantado todo tipo de público. Y la 2 lleva ese camino. Y aunque los hombretones de Resacón tenga menos chistes verduscos, las hormonas menos por las nubes y la cara con menos granos que, por ejemplo, los chicos de Porky’s, pertenecen a un mismo género. Que aunque no sepamos denominar, sí vamos a repasar.
Ed Helms y una gallina, lo típico, en “Resacón 2".
Desmadre a la americana (1978), de John Landis. Si alguien pudiera bautizar este género, sería John Landis. Y se llamaría “Landismo”, como en España. Ver a John Belushi organizar una fiesta toga (¡to-ga! ¡to-ga! ¡to-ga!), a Tom Hulce (Amadeus) flipar con el bestia de su amigo aplastando latas de cerveza en su frente y a la gente del Faber College viendo cómo su clasismo se cae por los suelos, es un digno viaje iniciático por este tipo de comedia.
Los incorregibles albóndigas (1979), de Ivan Reitman. Cambien la Universidad por un campamento de verano y a Landis por Reitman, y la cosa no variará mucho. Monitores versus adolescentes y la Olimpiada anual entre los chicos de dos campamentos. Y entre las chicas. Viva la hormona.
Porky’s (1981), de Bob Clark. Un clásico de los primeros 80 y de cómo un tipo de humor es capaz de envejecer muy malamente. Porky’s (y sus secuelas) nos trasladan a Florida, a los años 50, a una escuela y al descubrimiento del amor y básicamente de la pajilla pura y (obviamente) dura. El nombre del local de alterne en el que intentan perder algo más que la vergüenza quedó grabado en la historia del cine.
Aquel excitante curso (1982), de Amy Heckerling. Ésta estaba basada en las experiencias reales del hoy famoso director Cameron Crowe, que cuando era escritor se matriculó en un instituto para preparar mejor una novela protagonizada por jóvenes estudiantes. Que menos mal que la novela no la protagonizaban unos talibanes. Pero los jóvenes y jóvenes del colegio no están precisamente interesados en estudiar. Por ahí andaban Sean Penn, Nicolas Cage y Phoebe Cates.
Escuela privada… para chicas (1983), de Noel Black. Otra con Phoebe Cates, que vuelve a hacer de Estudiante y que se enamora de Matthew Modine. Todo normal, menos que ella está en un instituto sólo de tías y él en uno de tíos, y como tienen amigos y amigas, pues las feromonas, testosteronas y ganasdechingarmonas se disparan.
Despedida de soltero (1984), de Neal Israel. La verdadera antepasada de Resacón, de la época en la que Tom Hanks aún no era el tío tan políticamente correcto que fue luego. Con fiesta, prostitutas, consoladores, y suegros inoportunos. Ah, y sin salir de casa.

American Pie (1999), de Paul Weitz. Otro de los buques insignia del género, muy heredera de Porky’s. Con Jason Biggs saltando a la fama, jóvenes obsesionados con el sexo, con perder la virginidad con educación sexual mal encaminada… Y con franquicia abierta, que en breve culminará con American reunión, una cuarta parte en la que supuestamente se produce un reencuentro de los personajes 8 años después.
Aquellas juergas universitarias (2003), de Todd Phillips. Del creador de Resacón, al que se le ve indagando ya en la vertiente quinceañera de los treintañeros, que en este caso quieren recuperar los años de universidad frecuentando de nuevo el campus.
Virgen a los 40 (2005), de Judd Apatow. Con esta película, Apatow se convirtió en el nuevo gurú de este género y Steve Carell tocó el cielo porprimera vez. El argumento de la película es su propio título, ni más ni menos, pero el éxito de la película generó un repunte de la “comedia adolescente” (o americana).
Supersalidos (2007), de Greg Mottola. Ya de la factoría Apatow, y creando un nuevo ídolo del sector: Michael Cera. Vuelve a ver fiestas, chicas, alcohol y amigos disfuncionales. En España la película se vio lastrada por la lamentable traducción de su título. ¡A quién se le ocurre!

Resacón 2. ¡Ahora en Tailandia! (2011), de Todd Phillips. Y cerramos este repaso con la segunda parte de Resacón en Las Vegas. Los nuevos reyes de esta comedia (Zach Galifianakis, Ed Helms y Bradley Cooper) vuelven a despertarse en otra habitación de otro hotel sin recordar nada para repetir el esquema y el éxito de la primera parte.

sábado, 25 de junio de 2011

La muerte del Teniente Colombo

Ayer por la tarde saltaba la noticia de la muerte de Peter Falk. Las redes sociales se inundaron de despedidas nostálgicas, de trozos de infancia que morían con Peter Falk, de homenajes espontáneos, de recuerdos… Porque ayer moría Colombo, el Teniente Colombo. Ayer se nos moría más un personaje y un icono que un actor.
Porque Peter Falk participó en varias películas de John Cassavettes, y era amigo suyo, claro que sí. Peter Falk hizo varios secundarios (algunos memorables) en los 80 y 90, por supuesto… Pero Peter Flak era Colombo, y ayer el que se murió fue Colombo, igual que cuando murió Christopher Reeve se nos fue Superman, y no Monseñor.
Ayer murió Peter Falk. Colombo.
Peter Falk se convirtió en Colombo en 1971, y estuvo metido en su gabardina hasta 1978. Luego volvió a ponérsela muchas más veces, en telefilmes independientes. Y siempre con su voz ronca (magistralmente doblada en España por Jesús Nieto), con su mirada perdida (no era bizco: tenía un ojo de cristal desde niño), su aire desaliñado y su perspicacia aparentemente imposible. Ayer mismo, cenando en un selecto club gastronómico que frecuento una vez cada 42 años, mi amigo Jaime, me decía: – “Yo veo la serie” / – “Dirás que la veías…” / “No, no: digo que la veo”. Y es que por lo visto la siguen echando en Nova, o Nitro, o Nitris. Porque Colombo es un clásico. Un puto icono.
Para los que tenemos más de 30 años (vale, o más de 40), Colombo está perfectamente definido en las siguientes estrofas.

Se busca, que hay un caso y tiene tongo
al teniente Colombo.
El pobre tiene cara de aburrío
y llega con colilla y encogío,
pregunta por el dueño de la casa
y luego que le cuenta lo que pasa,
no queda convencío.Se pone a rastrear que no se fía
igual que un perro en una cacería,
se mete por el ojo de una aguja,
se fija en una simple tontería
y da con el granuja.
A mí es que este Colombo me empepina,
me gusta, me entretiene y me domina,
y pienso, como muchos ciudadanos,
pa’ verle trabajar sin gabardina
ya llegará el verano.
Meter esta copla en una necrológica es muy poco sentido, lo sé. Su autor es Pepe da Rosa, un humorista que en 1976 nos salió a los españoles por peteneras y por sevillanas, las de “los 4 detectives” (Kojak, Colombo, McCloud y Banachek), que fueron número 1 en las listas de ventas. Era otra época.
Pero los que hayan vivido alguna porción de los 70 y ayer leyeran la noticia de la muerte de Peter Falk, habrán canturreado estas sevillanas, aun sin recordar del todo la letra.
Se ha ido Peter Falk y se ha llevado con él a Colombo. Y esta vez, cuando atraviesen la puerta del más allá, no se girarán para decirnos: “Por cierto, sólo un cosa más…”.


viernes, 24 de junio de 2011

El cine español y la falta de autocrítica

Esta semana ha sido rarísima para el cine español, pero no por sus películas, sino por las noticias que ha generado la industria. Suena a que os voy a soltar un rollo, ¿eh? “La industria”. Pues no. Han sido días divertidos y moviditos.
No me preguntéis por qué, pero la Academia y la FAPAE se han puesto de acuerdo para generar titulares innecesarios esta última semana. La polémica de los niños y los Goyas, de la que se ha hablado mucho (yo el primero), es la que se ha llevado toda la atención, y de manera totalmente innecesaria. Esto de que los menores de 16 años no puedan recibir Goyas se solucionaba con que los propios académicos no perdieran el culo en cuanto un niño hace un papel por encima de lo normal. Es absurdo que quien vota y nomina decida que no está bien que los niños sean candidatos. Coño, pues no les votes. Ahora, si te sale un Juanjo Ballesta, una Ivana Baquero o una Clara Lago, pues sí, nomínales. Pero ¿de verdad que los dos niños de Pa negre eran los mejores actores (revelación) del año? ¿Los dos? Lo dudo. Ayer crucé un par de tweets con Daniel Sánchez Arévalo, en cuya película Primos hay un niño que este año no podrá ser nominado. Lejos de molestare, Daniel no entiende la polémica, dice que el Goya no debe ser un fin, que los niños (y los adultos) deben preocuparse de divertirse y formarse, no de los Goya. Qué sabio es Daniel.


La otra polémica de la semana, algo eclipsada por este embrollo, se generó en las jornadas Madrid de Cine, un evento que reúne a agentes, vendedores, compradores y periodistas en torno al cine español. Y este encuentro evidenció una cosa que a menudo comprobamos en la gala de los Goya: la falta de autocrítica del cine español. Bueno, seamos justos, con Álex de la Iglesia esta autocrítica apareció un poquito, pero enseguida volvió a esconderse. En esas jornadas salió el siguiente dato, la estrella de la jornada:
“El cine español recaudó 90 millones de euros en el extranjero en 2010, mientras que en las salas nacionales se recaudaron 80, 2?.
Pues bien: a mí me habría gustado que alguien dijera: “vale pues hagamos películas que gusten más, o jodámonos”. Aunque haya otras razones. Pero no, el cine español (o los representantes de su industria) reaccionaron así:
- El descenso de recaudación con respecto al año anterior de más de 50 millones de euros se achacó únicamente al efecto Planet 51 en 2009. Conclusión: o hacemos películas de dibujos que parezcan americanas o el cine español no sube fuera ni a tiros.
- Fernando Trueba (padrino de esta edición) dijo que no sabemos vender el cine español. Que hay que recuperar a los medios de comunicación, porque el cine español sólo sale en ellos por las malas noticias. No, si al final esto va a ser culpa de la canallesca. Y no creo que sea así: cuando ganamos Oscars, salimos en todos los medios. El éxito de Celda 211 salió en todos los medios. Hace dos años, cuando las cifras de taquilla subieron, salió en todos los medios. Eso sí, cuando una película no tiene mucho éxito, sale menos (y no me estoy refiriendo a Chico y Rita, que sí que salió).
Luego, Fernado  Trueba añadió algo que debería haberse callado: “leo prensa inglesa y francesa, y muy poca española”. Captada la puya, pero si no lees prensa española no puedes decir que la prensa no apoya nuestro cine. Yo no sé si la prensa rusa apoya o no a su cine porque no leo prensa rusa.
Ahora, para que veais que todos podemos entonar el mea culpa, Nacho Vigalondo criticó el titular de estas jornadas de la página web de la SER:
“Batacazo del cine español en el extranjero”, para a continuación decir. “El cine español sigue interesando más fuera de nuestras fronteras, ya que nuestras películas las ven 16 millones de espectadores extranjeros y sólo 12 millones de españoles”. Es verdad que el titular es demasiado catastrofista.


Pero un poco más de autocrítica, por favor.

martes, 21 de junio de 2011

Kung Fu Panda 2. Segundas partes de su padre y su madre

Con la llegada a los cines de Kung Fu Panda 2, y con su arranque no demasiado prometedor en la taquilla (número 1, pero con cifras inferiores a lo esperado), me ha dado por pensar en el refrán ése de “segundas partes nunca fueron buenas”. Y concluyo que oye, eso no siempre es así. Yo tuve una novia que me dejó y luego volví con ella y la segunda parte no fue mucho mejor, pero la dejé yo. Y luego está la segunda parte de la prórroga de la final del Mundial de Sudáfrica, que fue mejor que la primera. Ah, y si ya os ponéis dignos y queréis hablar de cine, pues está El Padrino 2, que no es mejor pero tampoco peor que la 1, o Toy Story 3, que es la mejor de todas.
Primero de todo: quien piense que Kung Fu Panda 2 (o 1) es sólo para niños, se equivoca. La primera parte era una delicia, una de esas películas ante las que agradeces tener un sobrino o un amigo enano para poner una excusa y verla en el cine. La segunda pierde el factor sorpresa, pero no está nada mal. Lo que sucede es que el factor sorpresa es el 50% o así de la gracia de la 1.
¿Y por qué esa manía del cine de animación de hacer segundas partes? Pues porque los niños son el público más consumista del mundo, capaces de ver en DVD una misma película 100, 200, 300 veces. Un horror. Y esto me ha hecho pensar en otras películas de animación que se animaron (…) a tener una secuela. No me refiero a esas segundas partes cutres en vídeo que saca la Disney desde los 90 sólo para ver en casa: La sirenita 2, Bambi 2, Pocahontas 2, o Blancanieves y los 7 creciditos. No, yo digo películas de cine, películas, eso sí, con las que podréis entretener a vuestros pequeñuelos. O sea:
Toy Story 2 (1999). No tenía Pixar mucha pinta de ir a necesitar una segunda parte de su buque insignia, porque ya en los 90, cada vez que creaba algo tocaba el cielo: Bichos, Monstruos, etc. Pero hizo Toy Story 2, y soportó honrosamente la comparación (¡esa escena en la mansión de las Barbies!). Mucho después llegó Toy Story 3 y superó la 1, la 2 y a casi todas las demás películas de 2010.
Shrek 2 (2004). La Dreamworks aprendió pronto el truco de hacer segundas partes de sus grandes éxitos. Shrek 2 parecía un Torrente del mundo de los cuentos, con cameos de personajes de ficción por todas partes (¡esa boda cubierta por Joan Rivers de E! Enterteinment TV!). Más risa y menos chicha que empezaba a anunciar el posterior declive de la saga.
Ice Age 2: El deshielo (2006). La Fox también se animó a tener su saga y le pasó lo mismo que a Shrek: toda la frescura y originalidad de la primera parte se repetía en la segunda, pero si la frescura y la originalidad se repiten, dejan de serlo. Hay que ser muy Pixar para saber reinventarse.
Los Rescatadores en Cangurolandia (1990). A los que éramos enanos en los 70 nos gustó mucho una peli de Walt Disney de unos ratones que eran unos rescatadores de niñas. En los 90 volvieron sin ninguna necesidad, los pobres, en medio de los éxitos de Sirenitas, Aladinos y Bellabestias. Lo de llamar Cangurolandia a Australia era además como un insulto a la cultura infantil…
Fievel va al Oeste (1991). Algo parecido a lo de Disney pero en versión Universal. Si Fievel y el nuevo mundo era una peli también con ratoncito ruso que tuvo un relativo éxito, su secuela no alcanzó el mismo, más que nada porque nadie la esperaba. Es como si Arévalo y Bertín Osborne no tocan el cielo con su actual espectáculo de gira con España y se proponen hacer una segunda parte.
Madagascar 2 (2008). Otro intento de Dreamworks de estirar un chicle a costa de los niños. Si ya la primera era floja y llena de chistes para chicos muy pequeños, la segunda carecía de sentido. Sólo el económico.

Por eso a los fans de Pixar nos da miedo Cars 2 (2011), que llega el 8 de julio. Porque, aunque esté en las manos de os maestros de la animación, no invita al optimismo: Cars es la película menos valorada de la factoría, aunque eso sí, es la que más merchandising vendió. Su segunda parte no tiene por qué ser buena… como dice el refrán.

sábado, 18 de junio de 2011

Los Oscar y las extrañas decisiones

El pasado martes tuvo lugar en Los Angeles una reunión de la  Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood, que convocó a sus miembros y a sus miembras, y tal vez también a algún miembrito, pues ignoro si Danny de Vito pertenece a la Academia, supongo que sí.
Una reunión de la Academia puede estar bien o no, porque en principio son miembros todos los cineastas que han ganado algún Oscar, con lo que puedes estar en un despacho reunido con George Clooney, Angelina Jolie, Charlize Theron y Sean Penn, y eso mola. Pero también pueden estar en la reunión Roberto Benigni o José Luis Garci. Bueno.
Aunque más bien yo me imagino estas juntas con “los otros” académicos: los productores, distribuidores y directivos, los que son miembros de la Academia porque han sido avalados y votados por 0tros académicos (y sin los cuales no se podrían organizar etas cosas, porque imaginaos una junta en la que el orden del día lo macaran Jack Nicholson, Cher y Cuba Gooding Jr. De ahí no saldría nada. Ni seguramente nadie.
El caso es que en la pasada Junta se decidió cambiar el actual sistema de nominaciones a la Mejor Película. Algo lógico, pero que se ha hecho muy de una manera muy rara. Os cuento: los dos últimos años, se había decidido que en la categoría de Mejor Película hubiera diez nominadas. Esto provocó aberraciones como que entre las mejores películas del año estuvieran la de The blind side o 127 horas, películas que ni de coña iban a ganar el Oscar, pero que ahí estaban, compitiendo por él. También provocó situaciones como que cada año, aproximadamente 5 de las películas nominadas no obtuvieran premios en ninguna de las veintitantas categorías. Justo las 5 que sobran de la lista de las mejores.
Cierto es que era un truco para ayudar en taquilla a ciertas películas, y eso no está mal. “Habrá que verla, porque es una de las mejores del año”. Pero la cosa no coló, y más bien lo que se decía era: “Voy a ver Winter’s Bone, que está nominada a mejor película pero no gana ni de coña”. El caso es que se ha decidido quitar esa exageración de 10 películas candidatas al gran premio.
Pero se ha hecho raro. Casi toda la vida se han nominado las cinco películas que recibían más votos de los Académicos, igual que se eligen cinco actores, cinco actrices y cinco directores artísticos, igual que en los Goya se decidió que fueran cuatro por categoría. No pasaba lo mismo, y yo nunca lo he entendido, con maquillaje y película de animación, que suelen quedarse en tres candidatas. Como si los académicos sólo supieran valorar tres maquillajes y en cambio tuvieran en la cabeza claramente cinco vestuarios para calibrar. También pasaba con los efectos visuales, pero por lo visto era porque había menos películas que pudieran competir en esa categoría, así que desde ahora estos apartados también serán variables, en función delas películas que se estrenen ese año. Pero la decisión que tomó la Academia, no sé si con la aquiescencia de Danny de Vito, ha sido que en la categoría de Mejor Película haya un mínimo de cinco y un máximo de diez. O sea, que pueden salir nominadas 7, 8, 6 y media… Solamente las que superen un número de votos predefinido, y además, hasta el día de las nominaciones no sabremos de cuántas se trata. Los que tengan un archivo en la cabeza, ya no podrán recordar quiénes fueron las nominadas en 2014, primero tendrán que recordar cuántas fueron ese año.

Es como si en un partido de fútbol pudieran jugar entre 5 y 11 jugadores, pero sólo pueden jugar los que estén en buena forma. O sea, que el Barça jugaría con los 11 y el Madrid con Casillas y Ozil, con lo cual para qué queremos más. Cristiano Ronaldo no notaría nada, porque lleva toda la vida pensando que juega solo. También estaría bien que aplicaran este criterio en el tema presentadores. Si no hay dos que estén a la altura, que presente uno solo. Y así nos libramos de James Franco, Steve Martin y otros. Pero contra eso no lo debatieron.

Y en el mismo pleno, o como se llame, la Academia votó en contra de crear una nueva categoría que premiara a la mejor coordinación de especialistas. Así, drásticamente. Qué rara es la Academia.