viernes, 17 de diciembre de 2010

8 razones para llorar a Blake Edwards

Lo decía uno de los comentaristas de este blog, Julio, que en muy pocas semanas se nos está yendo gente muy grande (Berlanga, Nielsen, Laurentis, Alexandre, Monicelli…). El último en hacer las maletas hacia la eternidad ha sido Blake Edwards. Les dejo a los articulistas, necrologistas y blogueros mucho mejor informados y menos perezosos que yo la labor de recordar la vida y filmografía de este grande de la comedia, a veces no demasiado bien valorado si la memoria antepone sus últimos títulos a los enormes aciertos que tuvo su carrera. Y simplemente me limitaré a citar ocho motivos para llorar, hoy y siempre, a un veradero genio llamado Blake Edwards.
1. Elegir a Audrey Hepburn para ponerle cara a la maravillosa Holly Golightly que Truman Capote creó para Desayuno con diamantes. Quien no se haya enmorado de Holly Golightly buscando a su gato, o mirando el escaparate de Tiffany mientras come un croissant, no es humano. No digo “hombre”, no digo “macho”, digo “humano”. Edwards convirtió Desayuno con diamantes en un precioso drama disfrazado de comedia romántica. No sólo George Peppard, sino toda la humanidad debería caer rendida a los pies de Holly oyéndola cantar en la ventana Moon river, del maravilloso Henry Mancini.
2. Volver a contar con Henry Mancini para la banda sonora de La pantera rosa, ésa que ahora mismo ha empezado a sonar en tu cabeza. Hacer del Inspector Clouseau uno de los detectives más hilarantes de la historia, por mucho que Steve Martin se empeñara en destrozar su recuerdo (y el de Peter Sellers) en el siglo XXI.
3. Dirigir Diagnóstico asesinato, la demostración de que los géneros cinematográficos se pueden mezclar si hay talento detrás (sin Diagnóstico asesinato el doctor House no existiría, directamente).
4. Crear en Días de vino y rosas uno de los más crudos retratos de lo que el alcohol puede hacer con la felicidad de una pareja. Decidir contarlo con la presencia de Jack Lemmon, Lee Remick y, una vez más, la música de Henry Mancini.
5. Regalarle a Peter Sellers probablemente el mejor papel de su vida: el del desquiciante actor hindú de El guateque. Lamento no poder seleccionar una escena. ¿Cuál pondríais vosotros? ¿La de la piscina? ¿La de la verja? ¿La del cordón desatado que acaba provocando la demolición del set de rodaje? ¿El principio, seguramente uno de los mejores arranque de una comedia jamás rodados, y la muerte (o mejor dicho la “no muerte”) de un actor más descojonante jamás filmada?
Peter Sellers en "El guateque".
6. Sus películas de los 80-90, tal vez “obras menores” (entendiendo “obra menor” en la misma tesitura que las de Woody Allen, o sea, que muchos cineastas matarían por tener en su filmografía una sola de estas “obras menores”): Víctor o Victoria, 10: la mujer perfecta, Cita a ciegas
7. El Oscar honórífico que en 2004 le otorgó la Academia y que le entregó Jim Carrey. Blake Edwards no pudo contener la guasa y lo recogió creando un maravilloso y tal vez irreverente gag. A algunos les pareció mal que “despreciara” así la importancia de un Oscar. A mí me parecióe un detalle sencillamente genial (si, como a mí, os poner nerviosos Jim Carrey, id directamente el minuto 1.25 del vídeo).
8. Acabar sus días casado con Julie Andrews. Cuando yo era niño, quería casarme con Mary Poppins o con María, la institutriz de Sonrisas y lágrimas. Cuando me hice más mayor, la cambié por otro tipo de musas de celuloide. Pero cada vez te das más cuenta de que cuando más razón tiene uno es cuando es niño, y que las fantasías de adulto no son más que eso: estúpidas y erróneas fantasías de adulto. Pues bien, Blake Edwards se casó con quien yo quería casarme de niño, tal vez porque Blake Edwards siempre fue un niño. Y tal vez por eso fue tan grande.
Hace unos años, Tony Partearroyo, la persona que más sabe de cine que nunca he conocido y por cuyo reencuentro sigo rogando a Billy Wilder (Dios), entrevistó a Blake Edwards. Comenzó la entrevista preguntándole: “¿qué es un gag?”. Blake se quedó pensando… “un gag es… un gag… qué es un gag… pues un gag…”  Y acabó soltando entre risas: “¡Pero qué hijo de perra! ¿cómo puede empezar una entrevista con esa pregunta?”.

Podría ser el noveno motivo para llorarle. Del décimo al infinito os los dejo a vosotros.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Balada triste de trompeta (payasos a muerte)

Por fin llega este viernes a los cines Balada triste de trompeta, una de las películas más esperadas del año por varios motivos:
  • Es de Álex de la Iglesia, el Presidente de la Academia.
  • Salen Antonio de la Torre y Carlos Areces, un grande del cine y otro de la tele que con esta película se empieza a hacer grande en el cine.
  • Es una de las películas a las que más bombo se les está dando últimamente.
Si yo fuera un bloguista normal, me pondría aquí a decir lo que me ha parecido la película y adoctrinaría sobre el cine de Álex de la Iglesia y sobre patatín y patatán. Pero como no soy un bloguista normal (esto quiere decir que soy anormal, incluso tal vez subnormal), voy a dedicarle a mi opinión apenas un par de líneas, tal vez siete. Y el resto del post lo voy a rellenar con palabras de sus protagonistas, porque tenéis la suerte, ah pillastres, de que vuestro bloguista favorito haya hablado con Carlos Areces y Antonio de la Torre con un café (o dos) de por medio. Bueno, Carlos devoró también unos cuantos bolletes, que para eso se los pusimos.
"Balada triste de trompeta". El que está encima del elefante es Antonio de la Torre. El payaso pánfilo de detrás es Carlos Areces. El de rojo es Manuel Tejada, el padre de Bea y Tito en "Verano azul".
Bien: Balada triste de trompeta es la historia de dos payasos, uno triste y otro tonto. En los primeros años 70, se enfrentan por el amor de una mujer, que es Carolina Bang (la chica a la sazón de Álex), y vive DIos que les entiendo. La primera media hora de la película se me antoja excelente, con un planteamiento histórico que nace en la Guerra Civil y en el Valle de los Caídos, para que entendamos el carácter de Carlos Areces (bueno, el de su payaso). Y el resto de la película, a mi insano juicio, es una espiral de desmadre y violencia que se les va a todos de las manos. Grandes amigos con más criterio que yo no opinan lo mismo, pero que se jodan y tengan un blog.
Y hasta aquí el momento opinión. Os dejo ahora con algunas de las grandes frases que Antonio de la Torre y Carlos Areces utilizaron para contarnos su película en nuestro programa de tele.
  • “Carlos y yo nos teníamos que interpretar a dos payasos que se llevan mal, pero no tuvimos que hacer Stanislavsky ni nada, fue muy fácil” (Antonio de la Torre).
  • “Álex me dijo: tu personaje tiene que odiar a los niños. Por eso te he elegido a ti” (Carlos Areces).
  • “Álex me contrató para la peli poniéndome este mensaje en el muro de mi Facebook: Tengo una peli for you(Antonio de la Torre).
  • “Durante la escena en la que corro desnudo por el bosque impregnado en barro, le pregunté a Álex: Oye, ¿esto no lo iba a hacer un doble?  Y él me dijo: Mira, ¿ves a ese tío cachas con el culo de manzana? Es el doble que nos han enviado. No puede ser tu doble porque tú estás gordo y tienes culo de carpeta. Lo tienes que hacer tú(Carlos Areces).
  • “Yo a esta película la echo a pelear con las superproducciones de Hollywood, sin ninguna duda” (Antonio de la Torre).
  • “Un día descubrí a Álex poniendo piedras para disimular la colchoneta sobre la que yo tenía que caer de espaldas” (Carlos Areces).
  • “¿Qué puedes esperar de un tío que engorda 30 kilos para una película? Un tío que se hace eso a sí mismo, qué no se dejará hacer por los demás” (Carlos Areces a Antonio de la Torre).
  • “Tú en cambio ya estás gordo de antes” (Antonio de la Torre a Carlos Areces).
Antonio de la Torre y Carlos Areces en el programa de tele que dirijo con una pericia que si me viera mi padre.
Y sin embargo, se destila un buen rollo entre estos dos tipos geniales, ingeniosos y simpáticos, que da gusto imaginarse el ambiente del rodaje, por muchas perrerías que les hiciera Álex del que, por cierto, los dos hablan maravillas.

Balada triste de trompeta se estrena este viernes.

sábado, 11 de diciembre de 2010

‘Burlesque’ y Cher de cerca

El viernes 17 se estrena Burlesque. Burlesque es un musical que protagonizan Cher y Christina Aguilera. ¿Convierte este reparto a Burlesque en un musical de terror? No, no lo hace.
Os hablo hoy de Burlesque porque el pasado jueves se celebró la premiere en Madrid, a la cual me acerqué para ver a Cher de cerca y comprobar si es verdad todo eso. Bueno, miento, me acerqué porque tenía que trabajar. Pero vayamos por partes: Burlesque es un musical al más puro estilo del género americano, tan al más puro estilo que realmente no aporta nada al género. Y es tan previsible que enseguida prevés lo que les va a pasar a los personajes, lo que va a pasar con el local, lo que va a pasar en las próximas elecciones generales si se presenta Zapatero. Resumiendo el argumento, se podría decir que el Burlesque es un local medio de cabaret que regenta Cher y que está en decadencia. Está en decadencia el local, no Cher. Bueno, no sé. Da igual. El caso es que de repente entra a trabajar ahí Christina Aguilera y enseguida resulta que la tía es una fenómena y que resucita el negocio con una gracia no recordada desde que Lita Claver “La Maña” triunfó en el Paralelo. Para aderezar la historia, Christina Aguilera tiene una rival que no es Britney Spears, sino Kristen Bell, y un noviete que se llama Cam Gigandet y que también apareció en la premiere y sobre el que debo reconocer que es guapo el muchacho. Rencillas, auge del local, éxito de una estrella… en fin, completad vosotros el argumento y acertaréis.
Una imagen del Burlesque, con unos señores detrás haciendo el típico paso de baile que todos hemos practicado alguna vez.
La verdad es que debo felicitar a Sony Pictures y a mis queridos Juan Cordero y Toni Costa de Sony, porque montaron en Madrid una premiere como hacía mucho que no se veía en Madrid. Glamour, bailarinas, una alfombra roja gobernada por un cartel con la palabra Burlesque al más puro estilo de los luminosos de Broadway, una grada para que las niñas pudieran gritarle cosas a gusto a Christina Aguilera, etc. Lástima que no aparecieran demasiados rostros famosos, también hay que decir que no muy lejos estaba teniendo lugar otra premiere con Ed Harris y Colin Farrell, así que la gente se repartiría. Y sólo vi a Boris Izaguirre, Secun de la Rosa, Úrsula Corberó, Nuria Roca, Álex O’Doherty, la pequeña y embutida Natalia de O.T.1, alguna actriz joven de la tele que no identifiqué… y no demasiado más. Y luego el desfile de caras extrañas. Cher está que lo rompe. No, perdón, está que se rompe, los de la organización nos decían: “Quitad ese cable, que como se caiga Cher…” Y yo preguntaba: “Que como se caiga Cher… ¿qué? ¿Se rompe en mil pedazos como un platete?”. No sé, Cher es como una máscara, como una careta, tersa, lisa, sin poder hacer gestos. Hace poco me decía una actriz española que ella nunca quería retocarse porque le daba miedo perder expresividad. A Cher no le debe dar miedo, porque a la pobre ya no le queda casi expresividad que perder. Eso sí, muy simpática ella, aunque por la mañana no concedió entrevistas, a diferencia del resto de actores.
Cher y Christina Aguilera en la premiere de L.A., pero estaban igual que en la de aquí. El del fondo es el guardaespaldas de Christina, un armario ropero al que cualquiera le decía nada.

Pero ojo: no perdamos de vista a Christina Aguilera, es muy difícil saber si está estirada, porque se esconde bajo una capa de maquillaje más espesa que una película de Isabel Coixet. Me pareció bajita, normalita, peculiarcita. Tiene los ojos bonitos, pero me da la impresión de que si me la cruzo sin pintar por el metro, no la miraría. A Cher sí. Y me quito el sombrero ante Kristen Bell, la más guapa, la más natural, la más discreta, la más hermosa. Os hablaría también del director Steve Astin, de su pasado como uno de los Goonies, de su también sospechosamente terso careto, de su rocambolesca historia de amor con un magnate de Columbia Pictures, de las acusaciones de manejar un desproporcionado presupuseto y de conseguir rodar la película gracias a esta relación sentimental… Podría comentar todo esto, pero corro el riesgo de que me echen de GQ y me fichen por el Cuore. Y tampoco busco eso, oye.

martes, 7 de diciembre de 2010

Biutiful… y Bardem otra vez oliendo a Oscar

¿Hay algo peor que escribir un post en mitad de un puente?
Pues sí. Tener hemorroides y que un perrete te muerda el recto. Que el tío abuelo de tu esposa fallezca en una cena familiar y que tú estés en ese momento borracho y con la cola fuera, sin recordar por qué. Ser del Real Madrid el día del 5 a 0. Creer que tu hija está en clase de ballet cuando en realidad está flirteando con Rodríguez Menéndez a cambio de dinero.
Sí, hay cosas peores que escribir un post en medio de un puente. Así que no voy a quejarme.

El caso es que quería yo hoy hablar de Biutuful. Pero como se estrenó el viernes, y ya se ha hablado bastante de ella, prefiero casi responder a las preguntas más frecuentes que me han hecho durante estos días relativas a la película, y que entre todas conforman un perfecto retrato de lo que viene a ser la historia de nos cuenta (esto de “lo que viene a ser” lo pongo de coña, dedicado a mis amigos Fernando y Enrique, a los que les pone muy nerviosos que la gente diga “esto viene a ser” en lugar de “esto es”). Así que allá vamos:
- ¿La película es buena?
- Sí, es buena. Indudablemente es buena, creo que eso es incuestionable. Pero es dura, muy dura, más dura que la pata de un perro. No tienes por dónde huír hacia el optimismo. Un amigo mío dice que es como si te tiraran al barro y te revolcaran en él dos horas y media. Y tiene razón.
- ¿Dos horas y media?
- Sí, amigos, dos horas y media. No se hace eterna, pero dura dos horas y media.
- ¿Tan mal lo pasa el personaje de Bardem?
- A ver: su mujer es drogadicta y se la pega con otro, él se queda con los dos hijos, le diagnostican cáncer de próstata, su padre se muere, su trabajo consiste en explotar inmigrantes… Sí, lo pasa mal el hombre.
Javier Bardem: bueno, biutiful y barato.
- ¿Y es verdad que está tan bien Bardem?
- Está enorme. Ya ganó el premio en Cannes, y yo digo que le van a nominar al Oscar. Ya no sé si lo ganará, porque hay grandes favoritos, como Colin Firth por El discurso del Rey, pero por ahí va a andar la cosa…
- ¿Por qué en el cartel aparece más grande el nombre de Bardem que el de Iñárritu?
- Porque la firma Alejandro González Iñárritu, pero sin Bardem no hay peli, Bardem es el que la hace grande. Y porque si pones muy grande “Iñárritu” te quedas sin cartel.
- Pero dices que la firma Iñárritu… entonces, ¿está contada en desorden temporal?
- Pues no: Biutuful empieza por el principio y acaba por el final, y no entrelaza varias hostorias. Se ve que eso era cosa del guionista Guillermo Arriaga, que en su primera película sin Iñárritu (Lejos de la tierra quemada) también contaba las cosas en desorden y unía al final las historias, como hicieron los dos juntos en Amores perros, 21 gramos y Babel, y como suelo hacer yo con mis ideas.
- ¿Por qué se llama Biutiful, tan mal escrito?
- Por una chorrada: la hija de Uxbal (Javier Bardem) le pregunta a su padre cómo se escribe “Beautiful“, y él responde: “como suena, Biutiful“.
- ¿Y por qué Javier Bardem se llama Uxbal?
- Ay, hija, yo qué sé… ¿por qué Unax Ugalde se llama Unax? ¿Por qué Lina Morgan se llama María de los Ángeles López Segovia? Esas cosas no se saben. Son así.
- ¿Cuanto va a pesar el hijo de Penélope Cruz y Javier Bardem? Lo tienen como en navidades, ¿verdad?
- Pesará 3 kilos 200. No sé la fecha exacta en la que nacerá, la verdad. Éste es un blog de cine, no de chismosos.
Y dejadme ya de preguntar cosas, perillanes, que esto parece una rueda de prensa de Mourinho.


¿Qué fue de Jorge Sanz?

Me he dado cuenta de que llevo unos meses sin recomendar series de televisión. Tanto cine, tanto cine, que a veces parecemos tontos, hijos. Yo creo que desde Modern family, que acaba de terminar su primera temporada, no habíamos vuelto a charlar sobre una serie. Así que hoy procedo a recomendar una de la que estaréis oyendo hablar y viendo sus carteles hasta en la sopa: ¿Qué fue de Jorge Sanz? (¿por qué se dirá ”ver una cosa hasta en la sopa”? Yo en la sopa sólo veo fideos y a veces trocitos de pollo).
Para empezar: situémonos. ¿Qué fue de Jorge Sanz? es la primera serie que produce CANAL+. La segunda llegará en marzo y se llama Crematorio (la tercera aún no lo sé, ¿alguna propuesta?). La dirige David Trueba y la protagoniza Jorge Sanz, que interpreta a un actor que hace años tuvo un enorme éxito y que ahora está prácticamente olvidado. O sea: una historia basada en sí mismo, pero ficcionada. La idea es de ambos, son los dos los que deciden reírse de Jorge, porque David y Jorge son amigos, y ya trabajaron juntos en Belle epoque (David era coguionista), Bienvenido a casa, etc. Quiero decir, que los cabrones con Jorge son los dos, no David sólo.
Eduardo Antuña, David Trueba y Jorge Sanz, el trío artífice de la serie.
Y es verdad que Jorge Sanz lo fue todo en nuestro cine, hubo un tiempo en que todas las películas las hacían él y Maribel Verdú. Recuerdo que la primera vez que vi a Jorge Sanz, a principios de los 90, fue en un bar de Madrid donde bebías en porrones (que no sé si seguirá existiendo). Me llamó la atención que era igual de alto que mi amigo Luis, que incluso se ponía a su lado para demostrarlo. No digo que esto sea ni bueno ni malo, sólo digo que esto es así. Y en efecto, la gente miraba a Jorge como si fuera una aparición, el tío más famoso de España estaba ahí, entre la plebe universitaria, bebiendo en un porrón. En los 90, Jorge desperataba la misma expectación que Benedicto XVI en Santiago de Compostela. Supongo.
El caso es que encuentro por lo menos 7 razones para ver ¿Qué fue de Jorge Sanz?:
  • Por enseñar a reírse de uno mismo. En un capítulo, Jorge achaca que su película más celebrada sea Valentina a que cuando era un niño todavía vocalizaba bien (la crítica que más veces ha recibido es que no se le entiende). En otro, le dicen que si no acepta un papel, se lo ofrecen a Liberto Rabal (Almodóvar llamó a Liberto Rabal para Carne trémula tras “enfadarse” con Jorge). Y siempre flota la resignación de haberlo sido todo y ahora estar olvidado.
  • Porque es el mejor trabajo de David Trueba, con permiso de su debut en La buena vida.
  • Porque el coprotagonista es Eduardo Antuña, que hace de su representante, un ex-vendedor de quesos que ahora “vende” actores (pero como si fueran quesos). Eduardo, para el que he tenido el placer de escribir algunos gags, es una excelente persona y un tío con gracia quiera o no quiera. Y desde su celebrado papel en La comunidad de friki vestido de Darth Vader, parece que nadie se acuerda de su vis cómica. En la serie está gracioso, surrealista, fantástico. Qué alegría, Eduardo.
  • Por los cameos constantes de actores que han trabajado con Jorge. Hacen de sí mismos Antonio Resines, Santiago Segura, Juan Diego Botto, Javier Veiga… Falta Maribel Verdú, que no acabó de entender la valentía de Jorge al aceptar esta serie. Atención al capítulo en el que Jorge tiene que presentar un número musical con Santiago Segura en la gala de los Goya. La coreografía la hace Poty. Es antológico.
  • Porque en cada capítulo se recuerda una película de Jorge Sanz: Valentina, Amantes, Belle epoque, Por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo… Y se juega con sus momentos míticos, como esa escena de Amantes en la que Victoria Abril le introduce a Jorge un pañuelo en salva sea la parte u ojete. Qué tiempos. Recuerdo que en esa época la escena me pareció tan erótica que yo mismo lo intenté con una manta zamorana, pero sin éxito.
Jorgito Sancito haciendo de Conancito el barbarito.
  • Por la música de la sintonía, que no consigo quitarme de la cabeza mientras escribo estas líneas.
  • Por lo listo que ha sido Jorge (y David): hacía años que no aparecía tanto en los medios, en las vallas publicitarias, en los periódicos… Jorge Sanz vuelve a estar de actualidad, tal vez haya vuelto a ponerse en el mercado. Seguramente Gabino Diego, Marieta Orozco, Óscar Ladoire, Cristina Marcos, Fele Martínez, Candela Peña y otros grandes y no tan grandes actores a los que no les vemos demasiado en pantalla, agradecerían un David Trueba que se hubiera reído (con todos los respetos) de ellos.