viernes, 2 de julio de 2010

En qué se nota que es verano

Llevo una semana sin actualizar este blog porque el otro día paseando por la Avenida de José Antonio esquina Generalísimo, me cayó en la cabeza un elefante indio que estaba mal anclado a un alféizar (gracias a Dios no era un elefante africano, que son más grandes), provocándome una grave lesión en las cervicales y haciéndome perder gran parte de las piernas y un pedacito del perineo. Bueno, tal vez he exagerado con la excusa. Pero lo que sí es cierto es que mis meninges han estado esta semana un poco despistadas como para estrujarlas con mis chorradas. No volverá a ocurrir, a partir de ahora a mis meninges que les den, porque  vosotros estáis por encima de mis meninges.
Dicho esto, quiero resaltar que el título de este post es menos estúpido de lo que parece. Quiero decir: claro que es estúpido, pero no tanto como parece. O sea, ya sé que no hace falta explicar por qué se nota que es verano: porque hace calor, porque estamos en julio, porque en el metro huele peor y porque las chicas se ponen menos ropa y a los chicos se les pone más obesa la puchinga (como decía el gran Tip).
Pero esto es un blog de cine y televisión (al menos eso pone ahí arriba), así que los motivos a los que me refiero por los que se nota que es verano tienen que ver con el momento en el que enciendes la televisión. Por ejemplo:
En verano hay mono de liga de fútbol, aunque en los periódicos leamos que Sogecable y Mediapro se andan pegando para ver quién nos lo quita durante los próximos años (quien nos quita el mono ¡o a lo mejor el fútbol!) Por cierto, probad a seguir esa información en El País y luego en Público. Es divertido. Y como hay mono de liga, pues la gente ve el Mundial como si le fuera la vida en ello. Hoy me ha dicho un compañero con gran ilusión: “Esta tarde ponen Uruguay – Ghana” Y yo pensé: “pues como ya sé que Uruguay gana, no lo veo”.
También se nota que es verano porque echan Roland Garros y Wimbledon. Bueno, esto es menos notorio, porque la verdad es que Nadal sale por la tele todo el año, pero como en verano no hay Liga, pues nos ponemos más nerviosos con Nadal.
En verano (concretamente esta semana) son las fiestas del orgullo gay. Intereconomía, que parece una caricatura ideada por El Jueves de lo que sería una televisión facha, se desmarca con un anuncio homófobo en el que dice algo así como: “Un día de orgullo gay. 364 días de orgullo de la gente normal”. De la gente normal. Para empezar, aquí nadie es normal. Y desde luego, los de Intereconomía no lo son, porque son… iba a decir subnormales, pero es que los subnormales me parecen maravillosos. Las putas con hijos también me parece estupendas, no las quiero utilizar como insulto. Así que el anuncio éste de Intereconomía me parece digno de… Intereconomía. Ahora tienen que pagar una multa de 100.000 €. Supongo que lo harán con orgullo.
En verano salen noticias como que Telecinco va a sacar un canal de TDT que se llamará La Nueve y que irá destinado a las mujeres (la foto que sacan las webs para ilustrar esta noticia es una de Belén Esteban, vaya concepto tiene Mediaset de lo que les gusta a las mujeres). Por lo visto La Siete va orientada a un público juvenil (?). A los hombres, directamente que nos den. Y seguramente pronto nacerá La Trece, destinada para perros. Y Telecinco debe de ir dirigida directamente a ese 16% de españoles que somos medio gilipollas y seguimos viendo Sálvame.
Estoy repitiendo mucho “en verano”. Eso está mal visto cuando se escribe, así que voy a encabezar los tres párrafos que quedan haciendo gala de mi riqueza léxica.
En estío cambian los liderazgos de las audiencias. Telecinco supera a TVE por los partidos de España, Cuatro supera a La Sexta por los partidos de los que no son España, Clan TV supera a La 2 yo que sé por qué, y Gran reserva es líder los jueves. Desaparecida Pelotas, mi nueva serie fetiche es Gran reserva. Me encanta hacerme fan de series españolas tan así.
La imagen de "Gran reserva" que la web oficial ofrece para que la pongas como fondo de escritorio. Sí hombre, a estas alyturas de mi vida voy yo a quitar mi fondo de escritorio de Torrebruno...
En la estación estival en la que hace un calor que te cagas vivo, tienes que leer cosas como que Carmen Martínez Bordiú hablará con los muertos en un nuevo programa de televisión (sí, de Telecinco). Ya se armó un revuelo porque la nietísima cobraba una pasta por fingir que bailaba, así que la que se puede armar por que finja que habla con fallecidos puede ser fina (en este caso con su hijo, qué fuerte). No sería mala idea que siguiera con la familia, llegara hasta su abuelo, le preguntara por otros desaparecidos e intentara averiguar dónde coño enterraron a los muertos de uno y otro bando.
Estoy un poco ácido hoy. Lo sé.
Durante la canícula los programas sustituyen a sus presentadores porque tienen que irse de vacaciones. Los telediarios los presentan los que antes daban el tiempo, Buenafuente cede su silla a Berto, Las mañanas de TVE le dan vacaciones a Mariló y tal vez entreguen sus riendas a mi adorado Señor Tomate (bueno no, se las darán a José Ángel Leiras), y Jorge Javier igual le da cancha a Juanjo Perona (debería probarlo). Y al final la tele generalista se convierte en una especie de becaria de sí misma.

Hay muchas más cosas que pasan en verano y sólo en verano. Si no os importa, os las voy a seguir contando en el siguiente post, porque como es verano y tengo jornada reducida, pues hay que trabajar menos y comer a las 3. Y porque sois tan majos que seguro que me permitís esta licencia.

viernes, 25 de junio de 2010

Chicago en la Gran Vía

El otro día fui a ver Chicago, el musical, porque el teatro en el que se representa en Madrid está muy cerca de mi casa y habían puesto el cartel de “últimas semanas” y entonces me entró el agobio y saqué entradas. Y eso que lleva en cartel desde noviembre de 2009, a mí es que eso de “últimas semanas” me pone supernervioso. A mí me pone uno de estos artistas callejeros que se disfrazan de estatua un cartel de “últimas semanas” y yo creo que le doy 100 euros.
El caso es que quería ver Chicago. Porque adoro a Bob Fosse, porque la película de Rob Marshall me entusiasmó, porque me aprendí la banda sonora, porque en 1999 no pude ver una versión de Angels Gonyalons, Mar Regueras y Recard Reguant (me dijeron que no me perdí gran cosa), y porque domino a la perfección todas las coreografías de Velma Kelly excepto la del número de las presas y las sillas porque son demasiadas y no doy abasto para bailar como las cinco  a la vez.
No sé si habéis visto Chicago, la película. Cómo lo voy a saber. Si no, bajáosla de videoclub, con ella no vale eso de “a mí es que no me gustan los musicales”. Chicago no es de “esos” musicales (que personalmente también me gustan), así como tampoco lo era Moulin Rouge! En Chicago, la película, los números musicales se combinan con la vida real de una manera inteligente y prodigiosa, con unas transformaciones y transiciones sutiles y justificadísimas. O sea, que los personajes no se ponen a cantar y a bailar de pronto. No sucede eso de: “¿Sabéis una cosa? Os lo diré cantando. Charan-charan-charan: Con un pooooco de azuuúcar esa píldora, sabrá…” Da gusto cómo entran los números musicales de Chicago. Y cómo, en cada número, la trama avanza.
El "Chicago" de Rob Marshall.
No creo que Richard Gere y Renée Zellweger hagan mejores papeles que en Chicago. Dudo que Catherine Zeta Jones gane muchos más Oscars. Y eso seguro, ningún otro título ostentará el honor de recibir el Oscar a la mejor película de manos de Kirk y Michael Douglas escuchando las dos míticas frases que separan dos épocas: “And the Oscar goes to…” y “And the winner is…”
Otro de los motivos por los que quería ver Chicago el musical es que el reparto es muy parecido al que representó Cabaret hará cinco años, aunque faltaban Asier Etxeandía o Armando Pita, los dos pedazos de actores que se repartieron el papel de Maestro de ceremonias. Y esa versión, con Natalia Millán y Manuel Bandera, me convenció totalmente. Sí: soy un fácil. En Chicago también salen Manuel Bandera y Natalia Millán. Pero de repente el día que voy yo el papel de Natalia Millán lo hace Vanesa Bravo. Vaya. Se conoce que ese día Natalia descansaba o que había quedado. Vanesa Bravo hace de Velma Kelly (Catherine Zeta Jones para los que conozcáis la película) y Marcela Paoli de Roxy Hart (Renée Zellweger). Manuel Bandera hace de Richard Gere, claro, no va a hacer de Catherine o de Renée. Marcela Paoli es argentina, pero en la obra no pone acento argentino, pero a veces sí que se le escapa, y entonces queda muy raro. Tiene vis cómica, pero esa vis cómica a veces se le dispara a los registros de Lina Morgan, que no digo que sea malo, no, no lo digo pero lo pienso. El papel de Mama Morton, que en la obra de Bob Fosse y en la película lo debería hacer una negraza de Chicago, aquí lo interpreta Linda Mirabal, y no lo hace mal, pero con ella cambiamos el aire de Chicago por un tono caribeño, más cercano según mi chica a Carmen Miranda. Los números musicales están conseguidos, cierto es ello, y el hecho de ver a la orquesta como elemento principal del decorado (como en el montaje de Cabaret), me gusta. La traducción de las canciones al castellano, delicado asunto, está bien resuelta. Y los bailarines, aunque ellos parecen sacados de un programa de José Luis Moreno y ellas de un anuncio de productos adelgazantes con un “antes” y un “después”, cumplen de sobra su papel. Si tuviera que hacer una valoración más profesional y técnica de la labor de los bailarines, se resumiría en la frase: “Caramba, qué buena está la que hace de húngara”.
El trío protagonista de "Chicago" el musical.
Pero… ay. Además, a Chicago le falta algo. Con Chicago no me basta con que se cumpla con la hoja de servicios. Porque el musical original es muy grande, y yo salgo de su versión española con la sensación de que me ha faltado algo para salir encantado, no simplemente satisfecho. Ese algo es un punto de clase, de buen gusto, de excelencia. Lo tenía Cabaret, lo tenían por supuesto El fantasma de la ópera o Los miserables, pero no lo tiene, por ejemplo, Spamalot. Ese punto es el que distingue a las obras que recomiendas encarecidamente de las que simplemente dices… “bueno, si consigues entradas baratas puedes ir…” (pero ojo con la promoción de Movistar, te puedes meter en uno de estos eternos pleitos por los mini-timos de las telefónicas, con esas ofertas que de repente no funcionan y nadie se hace responsable).
Ah: y un aviso para las señoras de mediana edad que van a musicales y al teatro en general y aprovechan para dialogar mientras se desarrolla la acción: eso no se hace, hombre. Y otra cosa: cuando antes de empezar las obras una voz dice: “les recordamos que desconecten sus teléfonos móviles”, se refieren a que desconectemos los teléfonos móviles, o sea, que no es una frase con doble sentido o un mensaje en clave o algo así. Yo lo digo por si alguien que no sabe esto lee mi blog, y así lo convertimos en algo verdaderamente útil, demontre.
Por cierto, Chicago se ha estado representando en el Teatro Coliseum, el antiguo Cine Coliseum, ubicado con soltura en la Gran Vía de Madrid. En la Gran Vía de Madrid hace unos años había 13 cines y ahora hay sólo 4, como ya os conté en este blog con una tristeza y una melancolía de las que van quedando pocas en este país rencoroso donde nos miramos mal por la calle y sospechamos de la sexualidad de nuestros congéneres. Huy, releo esta última frase y veo que no viene a cuento. Disculpadme. Por lo menos, algunos de esos cines que han desaparecido se han reconvertido en teatros, y en tres de ellos se suelen representar musicales. Algo es algo.
Hace unos días vi un corto de Juana Macías, y una de las historias que lo componen tiene lugar en la puerta del Teatro Coliseum, bajo el cartel de Chicago. Es que este año la Gran Vía de Madrid cumple 100 años, y la pasada semana, uno de sus cines (el Callao) exhibió cuatro cortometrajes firmados por cuatro directores: el citado Gran Vía a.m. p.m., de Juana Macías; Nuestro primer amanecer, de Chus Gutiérrez; A 400 pasos, de de Max Lemcke (el mejor) y Un siglo de vida, de Sergio Candel. Todos tienen como telón de fondo a la Gran Vía. Alguno de ellos es excelente y alguno me da un poco de vergüenza ajena y otro poco de propia. Y en uno Macarena Gómez hace un cameo como herself pero en borde, y yo soy fan de Macarena Gómez y le debo un favor bastante obeso, así que le mando desde aquí un fuerte ósculo para no repetir tan cerca las palabras “obeso” y “beso”.
Un fotograma del cortometraje "Gran Vía a.m. p.m.", de Juana Macías, en el que aparece Chicago. Yo no estoy en la puerta porque no me paso ahí todo el día, qué os creéis..

Como siempre sucede con los cortos, no sé cómo podéis hacer ahora mismo para verlos, pero cuando me entere se lo cuento a Lydia Lozano y seguro que ella os lo cuenta a vosotros.

martes, 22 de junio de 2010

Me quedo sin pelotas y me consuelo con el sexo en la tercera edad

Hacía mucho que no titulaba un post con una frase tan patética (sólo recuerdo algo parecido en una entrada que se llamaba “Festival de Eurovisión 3”), pero es que esta afirmación con la que encabezo mi diatriba de hoy es una realidad, una gran realidad, una cruda realidad. La pasada semana no fui consciente de la tragedia porque me invitaron a ver un concierto de Cosmonauta (ojo a este grupo, en breve va a dar que hablar, espero que bien) y me mantuvieron muy entretenido. Pero ayer… ay, ayer… ayer después del palizón de España a Honduras puse TVE1… y no había Pelotas. Si quería más pelotas, tendría que ver el postpartido de España (aunque J.J. Santos lo llamó “previo”).
Llevo dos años acostumbrado a ver los lunes en la Primera la serie de José Corbacho y Juan Cruz. La han retirado por baja audiencia, una audiencia baja que no se merecía. Tal vez se equivocaron al elegir el título, tal vez la gente sigue esperando otra cosa de Corbacho, tal vez a Ángel de Andrés López le pese todavía el papel de Manos a la obra… No sé por qué habrá sido, pero en España esta serie no se ha visto. La gente que empezaba a verla sí que se enganchaba, pero hubo demasiado público que ni siquiera lo intentó. Me lo dijo hace unos meses María Botto: “pero si no la ve nadie”. Y yo: “que sí, mujer, que está fenomenal, seta serie va a durar mucho”. Y ella: “ay, gracias”. Pero no la convencí, y con razón, porque ya veis que ojo tengo yo, que me gustaba El Comisario.
El equipo de “Pelotas” que se ha caído con todo el equipo.
Unos días antes de la emisión del último capítulo, David Trueba escribió una columna en la que describía Pelotas de una manera difícilmente mejorable. Yo considero a David Trueba como un tipo muy inteligente, seguramente porque piensa como yo y yo me considero a mí mismo como una de las cinco personas con gafas más clarividentes de Europa. Y contaba David que Pelotas era buena porque era realista. Ahí radica su magia. Los personajes de la serie son reales, normales, corrientes. Sus problemas son las hipotecas, las dificultades para tener un niño, lo complicado que es convivir con alguien de distinto sexo, lo mal que se pasa cuando crees que eres feliz con tu pareja y de repente se te cruza otra persona, lo malos padres que somos los padres comparados con las madres… Hay una pareja de Pelotas (el Richi y la Vane) que resumen en clave choni todas las cosas que suceden habitualmente en una pareja normal. Sin llantos, sin dramas, sin ñoñerías, sin afectados “te quiero” cada cinco minutos… Y Corbacho y Cruz se llevan esta normalidad al terreno de la comedia de una manera magistral. Y luego se han inventado personajes que en cuanto hablan te hacen reír de lo puramente normales y reconocibles que son (Flo, Mejuto). En series como El internado nadie te hace reír. En Falcon Crest nadie gastaba ni una puta broma. Y en mi vida diaria, no se en las vuestras, me encuentro con muchas personas con las que me río, bastantes más que con las que no.
Corbacho lanzó un mensaje de despedida en su Twitter tras el último capítulo de Pelotas: “Perro y melancólico… Ya es oficial por parte de TVE: Pelotas llega hoy a su fin. Fue bonito mientras duró. Muy bonito!”. No les han dejado terminar la serie ni con un final improvisado. Terminó de golpe, dejando todo en el aire. Pelotas nos ha dejado a sus seguidores en pelotas.
No soy fan de todo lo que hacen Corbacho y Cruz. Pero si cuento las cosas que he visto de ellos dos juntos, tendría que decir que me han convencido en el 75% de sus creaciones. Pelotas es una de ellas, creo que he sido clarito, hijos. Otra es un teaser falso que hicieron para Teaserland y que se llamaba My best friend’s cock. Vale, ya sé que es cortísimo, pero a mí me hizo gracia, qué pasa. En cambio, no me gustó en absoluto Cobardes, su segunda película. Se metieron en un drama social con moralinas y niños, con Lluís Homar actuando muy raro y con una trama muy previsible. Sólo se salvaba la loable decisión de hablar del bullying. ¿El restaurante de Ferrán Adrià? No, el acoso escolar. Pero no era suficiente. Y adoré Tapas, su primera película. Me pareció sencilla, amable, cómica, dramática, tierna y chachi piruli. Pelotas me parece una transposición al lenguaje televisivo del espíritu de Tapas.
Hace casi dos meses, en el Festival de Málaga, vi una película llamada La vida empieza hoy, de Laura Mañá. Me gustó. Me pareció sencilla, amable, cómica, dramática, tierna y chachi piruli. Le comenté luego a Laura que me había recordado a Tapas en esos adjetivos. El tema, el argumento, el estilo… en eso no tiene nada que ver. O sea, que me la recuerda pero no me parece que la imite. Laura me contestó que le gustaba oír eso, que se lo tomaba como un piropo y un cumplido. Acto seguido añadí: “¡guapa, atractiva, chati!”, por si también se lo tomaba como un cumplido, pero no me miró igual. También le dije, antes del fallo del jurado, que su película era mi favorita para ganar el máximo premio del Festival, como también lo ganó en su momento Tapas. Pero unos días más tarde, el jurado no le dio a la película ni un solo premio. Laura se quedó algo frustrada, pero se animó bastante con el magnífico Premio de la Crítica, que es un premio muy consolador. Perdón, quiero decir que es un premio muy alentador, es que no quiero que este blog aparezca en Google cuando la gente busque “sexo + consolador + pelotas”. Y hay que decir que la crítica somos nosotros, los periodistas especializados (no sé en qué, pero así nos llaman). El voto es secreto, pero yo le dije a Laura que le había dado a La vida empieza hoy mi puntuación más alta.

La vida empieza hoy habla del sexo en la tercera edad. A través de un cursillo que imparte la siempre increíblemente natural Rosa María Sardà (qué entrevista me concedió, qué carácter, qué gracia, qué genio y qué figura), una serie de personajes en el otoño de sus vidas (o inviernos) nos muestran cómo viven su sexualidad. Desde una enorme y solitaria Pilar Bardem, hasta una fantástica, a veces patética y siempre entrañable Mariana Cordero, pasando por una impecable María Barranco, que no comprende el sexo caduco, y un dignísimo Fernando Tielve, el joven que entiende al abuelo dando ese salto generacional de dos eslabones que no sabemos dar los hijos.
Las conversaciones que pude tener con Pilar Bardem, Mariana Cordero, María Barranco, Rosa Maria Sardà, Fernando Tielve y la propia Laura Mañá fueron las que más disfruté en 9 días de festival. Y unas de las más agradables de mi vida, si excluimos una charla que tuve hace un huevo con Kiko Ledgard en un autobús y otra que tuve un día con un camarero coreano en Viena que se sabía la alineación del Madrid y del Atleti.

La vida empieza hoy se estrena este viernes. A ver si tenéis pelotas y vais a verla.

viernes, 18 de junio de 2010

El Mundial, claro

El otro día llamé a un amigo a eso de las dos de la tarde. Teníamos que hablar de varias cosas, que si esto, que si lo otro. Pero para romper el hielo, y dada la hora que era, la pregunta que me hizo fue: “¿Qué? ¿Cómo va el Nueva Zelanda – Eslovaquia?”
Es que durante estos días no se puede hablar de otra cosa que del Mundial si es que quieres ser alguien. Si a las dos de la tarde de un martes no sabes cómo va el Nueva Zelanda – Eslovaquia, eres poco menos que un cubo de basura sucio y lleno de caca (este símil lo escuché en una película de pingüinos y me hizo mucha gracia). Y un blog que se precie, y en el que se hable de televisión, tiene que hablar del Mundial. Bueno, un blog que se precie y éste también, qué diablos, porque la verdad es que no sé si este blog se precia o no, tampoco sé muy bien lo que significa “preciar”, ni siquiera sé si es un verbo transitivo, si un blog se puede preciar a sí mismo o si yo te puedo preciar a ti y tú a mí en una especie de 69 perfecto, pero preciándose.
Bueno, en resumidas cuentas, que voy a hablar del Mundial.
Pero como GQ, gracias a Dios y por la cuenta que os trae, tiene a Nico Abad para contaros cosas realmente interesantes, yo voy a limitarme a soltar unas pinceladas sobre lo que para mí han significado los mundiales a lo largo de mi vida y a través de la pequeña pantalla (o sea, de la tele, porque antes “la pequeña pantalla” era la tele, ahora puede ser el portátil, el móvil, el Ipod, el Ipad, el Iphone o el Idiosmío). Así que lo que vais a leer a continuación es una serie de reflexiones inconexas menos reflexionadas que una patada en la cara dada por un chino cabreado a un fontanero insulso.
1. Durante el Mundial la gente se vuelve loca. He mirado las audiencias y cuatro millones y medio de personas vieron el Italia – Paraguay. Durante el Mundial se vive un Costa de Marfil – Eslovenia con un interés tal que se diría ue todos sabrían ubicar en el mapa a Costa de Marfil y a Eslovenia. Yo ahora mismo no sabría ubicar ni el mapa.
Los comentaristas del Mundial en Cuatro con la foto ésa tan rara que se han hecho con los jerseises de pico.
2. Qué difícil es encontrar un buen comentarista de fútbol en televisión. Para mí no hay duda: los mejores son Carlos Martínez y Michael Robinson. No soy dado a escuchar el Carrusel Deportivo, pero por la fama que le precede pensaba que Paco González me iba a gustar en Telecinco. Pero me ha puesto tan nervioso como casi todos, porque les va diciendo a los jugadores lo que tienen que hacer y luego les explica lo que han hecho mal. Es como si mientras yo escribiera este blog tuviera en la chepa a un señor de Aranda que me dijera: “no, no escribas eso”, “ahí, muy bien Jose, ahí”, “pero qué gilipolleces dices, hombre”, “nooooo, ahora sí que no te va a leer ni Dios”. Hija, qué agobio. Sí que me gusta escuchar a Camacho, porque me parece un gañán entrañable, que es en lo que me convierto yo cuando veo fútbol.
3. Cuando Telecinco se hizo con los derechos de los partidos de España que había adquirido Cuatro tras haberlos comprado CANAL+, pensé que los iba a comentar J. J. Santos, que me recuerda a Sarkozy, por cierto, y pensé que jo, qué lata. Yo ya no sé a quién prefiero, a Paco, J. J. o a los Manolos. Todos me parece que se ponen más nerviosos que yo y que ven muchos penaltys a España y yo no.
4. El anterior Mundial lo compartieron La Sexta y Cuatro. Debo reconocer que Andrés Montes, que en paz descanse, me ponía aún más nervioso que Paco González, J. J. Santos y Pedro Ruiz juntos. Pero en ese Mundial 2006 hizo un chiste que aún me hace reír: “Metzelder… Metzelder para Mertesacker… Mertesacker… ¡Salinas! Te imaginas que tu hija llega a casa con su nuevo novio, y te dice que se llama Mete-saque?” Me costaba ver partidos con el audio de Andrés Montes, qué sé yo, para gustos se hicieron los colores.
5. Claro, que hasta el 2006 los Mundiales los daba José Ángel de la Casa. Bueno, el de 2002 lo dio Antena 3, pero no recuerdo ahora mismo cómo los retransmitía, porque ese Mundial, por hache o por be, me pilló beodo. El caso es que José Ángel de la Casa era un soso. Pero yo soy de los que prefieren que en la tele el comentarista sea soso, y que ya si eso se pongan nerviosos los de la radio. ¿Habéis visto fútbol en la tele con el audio de la radio? ¿A que parece que están viendo otro partido mucho más estresante que el tuyo?
6. El primer Mundial que recuerdo con absoluta claridad es el de Argentina 78. Toma ya. Me acuerdo perfectamente de los partidos de España, del mítico gol – o no gol – de Cardeñosa a Brasil (luego yo he homenajeado durante muchos años a Cardeñosa en mi equipo de fútbol-sala de élite), de un partido en el que Argentina tenía que meter 6 goles a Perú y se los metió sospechosamente, de Asensi metiéndole un gol a Suecia, de la final con Kempes marcando dos goles contra Holanda y del campo lleno de papelitos, que yo pensaba: “anda que no tendrán luego los pobres empleados que barrer”. Yo es que ya de niño era muy de pensar en los demás.
7. La  verdad es que me podría remontar al Mundial de Alemania 74, pero es que yo era apenas un bebé… y no tengo recuerdos… me han contado que Alemania le ganó a Holanda… pero os lo estaría contando de oídas… yo… yo era pequeño y… jamás vi en persona ese partidazo de Breitner, Cruyff, Neeskens, Beckenbauer, Maier, Müller y Rep, con el penalty a Cruyff en el minuto uno y la remontada de esos teutones tan fortachas, en ese Mundial que no jugó España porque Katalinsky le metió un gol a Iríbar y nos eliminó Yugoslavia… Pero claro, todo esto lo he oído, no creáis que soy tan mayor… no… yo no. Yo soy un teenager.
8. En el Mundial de España 82 ya tenía yo mis pelanganillos. De ese Mundial no es que tenga recuerdos, es que podría escribir una tesis. Es el Mundial del Naranjito, qué absurda mascota, Dios mío, pero quién coño dijo: “sí, éste es el diseño que buscábamos, adelante, hagan llaveros”. Creo que lo retransmitía ya José Ángel de la Casa, y me acuerdo de Maradona, de la selección española que era deplorable y empataba con Honduras, y que pasaba de ronda con penaltys injustos. Todavía estábamos lejos de ser la gran selección que somos ahora, que perderemos con Suiza, vale, pero ya veréis cómo al final llegamos lejos, con permiso otra vez de Honduras, que cada vez que digo Honduras me acuerdo de Federico Trillo: “¡Viva Honduras!”
La selección española del Mundial 82: Arconada, Tendillo, Alexanco, Gordillo, Urkiaga, Juanito, Perico Alonso (el papá de Xabi Alonso), Santillana, Quini y Zamora. Toma ya.
9. En el Mundial 82 pasaron cosas rarísimas, como que un día bajó un jeque a discutir con el árbitro, que Alemania y Austria amañaron un partido, que Brasil jugaba de maravilla pero no ganó, que Italia sí que ganó la final porque metía muchos goles Paolo Rossi, o que el Presidente de la República Sandro Pertini se abrazaba al Rey de España, que ya por aquel entonces era muy campechano, etc.
10. Por razones que no os interesan demasiado (lo digo como si hasta aquí os hubieran interesado lo más mínimo), el Mundial de México 86 lo mezclo con Garibaldi y Cavour. O sea, recuerdo los 4 goles de Butragueño a Dinamarca en una gloriosa madrugada, pero en el equipo contrario juraría que jugaron Bismarck y el Káiser Guillermo II. Recuerdo, claro, el golazo de Maradona y la mano de Dios, pero no tengo claro si se lo marcó a los ingleses o al ejército de Prusia. Me pasa igual en el Mundial de Italia 90, que mis recuerdos se confunden, y me acuerdo del día ése en que nos eliminaron porque Míchel se agachó en una falta, y de ése otro en el que el mismo Míchel le metió dos goles a Corea, pero si me decís que los porteros rivales se llamaban Petroff y Johnny Walker, pues yo voy me lo creo. Dios mío, mi vida es una confusa sucesión de nombres, eventos culturales y cogorzas.
11. El Mundial 94 para mí tuvo tres hitos que influyeron definitivamente en mi carrera deportiva. Uno: cuando pillaron a Maradona porque dio positivo. Me dije: “ojo, si quieres ser alguien en fútbol-sala no puedes hacer como Maradona”. Dos: el gol de churro que le metió Goicoechea a Alemania. Me dije: “ojo, si quieres ser alguien en fútbol-sala puedes meter goles de churro”. Tres: el codazo en la nariz a Luis Enrique. Me dije: si quieres ser alguien en fútbol-sala no puedes meterte en líos”.
Y dicho esto, empecé a meter goles de churro.
12. Ahora que me acuerdo, no sé cómo me vi involucrado en la confección de unas fichas coleccionables de los jugadores de la selección española del Mundial 94 que se publicaban en la revista Supertele, pero me vi (involucrado). En realidad hay muchas cosas en mi currículum en las que no sé cómo me he visto involucrado. Incluso demasiadas. ¿Incluso todas?
13. A partir de ese año, y para vuestra fortuna, empiezo a mezclar los recuerdos y los mundiales porque siempre me pillan en oficinas y no los puedo seguir como cuando era un zagal. He visto salirse a Ronaldo en un bar de Barcelona (al Ronaldo antiguo, al rechonchete), he visto sudar a Camacho en un hotel de Frankfurt, he visto el porte de Luis Aragonés en una oficina de Tres Cantos… A ver, me explico: los he visto en la tele, o sea, no he sudado personalmente con Camacho en Frankfurt. Ni con Camacho ni con nadie, lamentablemente.
14. La final del último mundial, la del cabezazo de Zidane, la vieron unos amigos en casa (José Luis, Luis y Julio, los cito porque le hace ilusión a Luz, que no sabéis quién es, pero igual tampoco sabías quien era Mertesacker y si habéis llegado hasta aquí, pues qué más os da ya, hijos). Eso no es muy normal, porque mi casa es más un local de reunir a la gente para ver los Oscar. Me encantó el cabezazo de Zidane. Yo soy muy procabezazo de Zidane. Trabajo con gente a la que le daría un cabezazo de Zidane cada mañana, incluso estoy seguro de que se lo daría el propio Zidane.
Cuando acabó la final y se fueron todos a casa, yo me quedé con ese vacío que provoca un Mundial cuando el árbitro pone fin al encuentro porque le sale del pito (esto es mentira, no me provoca ningún vacío, pero este dramatismo le viene bien a mi historia). Entonces, un joven oriental que vive en mi bloque y que está un poco tararí salió a la ventana y gritó: “Vive la France!” (recordemos que Francia había perdido con Italia). Y al momento otra  vez: “Vive la France!” Y al rato: “Vive la France!” No paró hasta las 8 de la mañana del día siguiente. Y esto nos devuelve al punto número:

1. Durante el Mundial la gente se vuelve loca.

miércoles, 16 de junio de 2010

Little Britain y Monty Python

Hace unas semanas os hablaba yo de Terry Gilliam y se me vinieron a la cabeza los Monty Python.  Y hace unos meses tuve la ocasión, y bien sabe Jehová que no la desaproveché, de entrevistar a dos de los tres componentes de Tricicle, o sea, de Bicicle. El motivo era que se estrenaba Spamalot en mi ciudad (Pekín) (que no tontos, que es broma, que es Madrid). Ya os hablé de Spamalot en su día, es un musical basado en la película Los caballeros de la mesa cuadrada de Monty Python que dirigen los Tricicle. Pues bien: ese día hablé con Paco Mir y Joan Gracia, conocidos por los fans de Tricicle como “el calvete y el gordito”. Carles Sans (alias “el otro”) no vino porque no me acuerdo por qué.
Yo mirando muy fijamente a Joan Gracia y Paco Mir en el patio de butacas del teatro en el que se representó "Spamalot".
Pero no os voy a contar hoy el contenido de esa entrevista, sino de un mínimo extracto que vais a ver qué poco: hablando de los Montys con los Tricis (uso los diminutivos porque estoy repitiendo mucho las palabras “Monty”, “Python” y “Tricicle”), me dijeron algo así como que el humor de los Montys había influido mucho en el mundo de la comedia, pero que su estilo no tiene prácticamente herederos. Entonces yo, repeinado, con gafas y vestido de colegial repollo con corbata y calzas cortas, les inquirí con una sonrisa horrorosa: “Estooo… ¿conocéis Little Britain?”, y acto seguido los dos cayeron en la cuenta y empezaron a decir: “¡Es verdad, es verdad! ¡Little Britain podrían ser los nuevos Monty Python!”
David Walliams y Matt Lucas caracterizados como los (a mi juicio) dos mejores personajes de "Little Britain".
Little Britain es una serie de la BBC en la que dos cómicos, Matt Lucas y David Walliams, interpretan muchísimos personajes que se repiten en todos los episodios, y que casi siempre son los mismos. Matt y David hacen indistintamente de hombre y mujer, como Monty Python.
En Little Britain los gags nunca superan los dos o tres minutos, como los de Monty Python, así que nunca caen en el típico error del cómico de alargar los sketches para llegar a la duración estipulada por el programa (en España caen habitualmente en ese error los chicos de Muchachada Nui o José Mota, pero no los de Vaya semanita, y nunca lo hicieron Martes y Trece, capaces de vestirse de falleras y encargar una gran paella y varios extras para un gag de diez segundos).
5 de los 6 Monty Pythons. Falta Terry Gilliam, que no ha podido venir porque todavía esta en el post del otro día.
En Little Britain hay una voz en off que hila los sketches, como en Monty Python. No sé por qué, pero ese narrador tan serio aporta una impensable eficacia cómica.
En Little Britain el humor es inteligente, mordaz y a veces predecible, lo que te convierte en un inesperado cómplice de los guionistas, porque ya sabes lo que va a pasar. Igual que pasaba en Monty Python’s flying circus. Pero esto es bueno, porque en ningún momento quiere decir que el chiste no te sorprenda. Al final siempre pasa lo de siempre, pero siempre te sorprenden con alguna añadido (este recurso lo manejaban como nadie Faemino y Cansado, con su mítico gag semanal del psiquiatra y el paciente que soñaba con El silencio de los corderos).
En Little Britain hay algún chiste escatológico, aunque siempre muy ligero. Existe la creencia de que Little Britain es de humor grueso: es falso. No soy nada fan de la escatología, y las pocas veces que ésta aparece en Little Britain es por un motivo necesario: que te rías, como en ese gag del paralítico (presunto) orinando de pie en una piscina.
Y así, Matt LucasDavid Walliams han creado personajes como Lou y Andy, el asistente social y el paralítico que está mejor del aparato locomotor que tú y que yo; o Vicky Pollard, la adolescente inadaptada que suelta improperios y cotilleos a la velocidad de la luz (y que hace que se te olvide que bajo esta joven se esconde Matt Lucas); o Daffyd Thomas, el único gay del pueblo que se queja de estar tan solo pero en cuanto aparece alguien que amenace esa soledad lo echa de la comarca; o Emily, un hombre que pretende que el mundo crea que es una mujer travistiéndose patéticamente, pero que por Dios, es un tío; o Marjorie, la monitora de un grupo de terapia para gordos que es única en hundirles en la miseria; o Edward Grant el profesor que convive con una alumna y que la trata en casa igual que en el colegio…

Os he ido salpicando este post de gags de Monty Python y de Little Britain porque estoy yo aquí suponiendo que les conocéis perfectamente y a lo mejor no. Little Britain se emite en CANAL+, la primera temporada se está reponiendo desde el capítulo primero los domingos en CAnal+ Comedia. Monty Python’s flying circus ahora mismo no se puede ver en televisión, pero si algún día queréis venir a casa, yo os la pongo en DVD. Pero traed cerveza y un trozo de pan.