lunes, 14 de junio de 2010

Operados

El pasado viernes se estrenó en toda España El retrato de Dorian Gray. Vosotros sois listos y no hace falta que os explique de qué va la película, pero me consta que un día me leyó un cretino de Memphis, Tennessee, y por si acaso anda hoy por ahí aclararé que El retrato de Dorian Gray es la adaptación cinematográfica de una novela de Oscar Wilde, más concretamente de ésa que se llama El retrato de Dorian Gray. Es que a lo mejor alguien cree que El retrato de Dorian Gray es una adaptación de El abanico de Lady Windermere, pero pensadlo bien, es una tontería.
No he visto todavía El retrato de Dorian Gray, la película, pero sí he leído El retrato de Dorian Gray, el libro. Yo es que soy muy leído o lector. Y siempre me obsesionó esa especie de pacto con el diablo por el que el retrato envejece y se va volviendo horrible a costa de las atrocidades de Dorian, mientras que él se mantiene joven y fresco como una manzana golden o reineta. Y me obsesiona porque a mí me pasa un poco lo mismo: cuando cada mañana me miro al espejo me veo más arrugado y horroroso, pero en realidad sé que estoy cada vez más lindo, más terso y más así. Todo se debe a un pacto que hice en 1986 con José Luis Moreno.
Dorian Gray. Fijaos en su aspecto. Pues tal cual estoy yo ahora.
Pero como este pacto caduca en 2011, porque era por 25 años, soy consciente de que un día mi rostro será como el de la imagen que me devuelve el espejo, y perderé la frescura de efebo adolescente que ahora mismo ostento, un poco al estilo del Tadzio de Muerte en Venecia de Visconti. Y cuando ese día llegue, me pienso operar, retocando mi naricilla, reforzando mis pómulos y marcándome un asombroso par de peras. Y aquí es donde por fin ya entramos en materia. Como cinéfilo que soy, me voy a Google Earth y tecleo “operados + cine”. No me sale nada. Salgo de Google Earth y entro en Google normal, te juro que a veces parezco imbécil. Otra vez: “operados + cine”. Oye, y te juro que me ha salido una lista y una cantidad de páginas que no me queda más remedio que compartir esto con vosotros, mis cómplices, mis confidentes, que si no fuera porque me muero de vergüenza hasta os confesaría que voy a trabajar con ropa interior de bebé.
Bueno, debo empezar diciendo que yo soy malísimo para diferenciar a alguien operado de alguien que no lo está. Yo pensaba que Pamela Anderson simplemente se había desarrollado más que Bimba Bosé, y punto. Y también debo decir que me importa bastante poco que la gente se opere, también soy de ésos a los que las chicas les dicen “¿pero cómo te gusta esa tía? ¡si está operadísima!” Y yo añado: “pues opérate tú igual, sihaputa, fea, que eres más fea que un papión de culo rosa”. Bueno, esto no lo digo, pero a veces lo pienso.
Así que las personas de las que os voy a hablar son las que me han aparecido en estas páginas güeb. No sé si están operadas o no. Por ejemplo, me aparece Penélope Cruz. Pero en cambio yo he leído unas declaraciones suyas en las que dice que no se opone a la cirugía mínima, pero que no está dispuesta a usarla. Y también dice que cuando tenga 80 años quiere ver en el espejo a una mujer de 80 años. Yo no, yo quiero ver siempre en el espejo a alguien como Penélope Cruz ahora, y no a esa imagen que veo gracias a José Luis Moreno. Tampoco querría nunca mirarme al espejo y ver a José Luis Moreno.
También me salen mucho los nombres de Kira Miró y Elsa Pataky. Es cierto, tú ves imágenes de Kira de hace muuucho tiempo, cuando presentaba un programa llamado Desesperado Club Social con mi adorada Marta Suárez (y con Christian Gálvez y Raúl Peña, ojo al cuarteto), y la ves en las escenas más tórridas de Crimen ferpecto, y algo parece haber pasado por ahí. Y si ves fotos de Elsa Pataky en Al salir de clase y otras de ahora, pues no está igual, está más afilada, más exhuberante, más guapa. Eso es así. Pero yo he tenido el gustazo de entrevistar a Elsa cuatro veces, largo y tendido (es una forma de hablar, no es que me tumbara para entrevistarla, aunque me habría encantado), y si está operada, pues que viva la cirugía.
Pero si comparas las caras, y nos quedamos con esa palabra que he dicho antes, “afilada”, tenemos que hablar de Nicole Kidman. El otro día revisé Todo por un sueño en vídeo (en VHS, yo es que no tengo en casa un U-matic de milagro), una película de Nicole de 1995 en la que estaba guapísima. Ahora en cambio se parece un poco al símbolo de Antena 3. Ha perdido la expresividad, la frescura, parece que si le das un beso con lengua en el ojo (yo adoro este arte amatoria) algo va a saltar en su cabeza, se va a descuajeringar todo y va a quedar arrugadica como E.T. Y sólo tiene 43 años. Este tipo de operaciones las entiendo menos. Pero ella sabrá.
Aunque a lo mejor estas actrices defienden que no se han retocado y que “la gente cambia”, como decía el pobre Michael Jackson en ese documental llamado Living with Michael Jackson en el que un periodista hindú le engañaba y acorralaba, y conseguía que sintieras compasión por Jacko en lugar de creer que era un pederasta, que es lo que se pretendía (si no lo habéis visto, os lo recomiendo). Resultaba patético oír a Michael decir que nunca se había operado, que simplemente había cambiado.
Ya que hemos pasado a hablar de hombres blancos (chiste cruel y fácil), detengámonos en Mickey Rourke. ¿Qué le ha pasado a Mickey Rourke? ¿Por qué se ha puesto en manos del cirujano de Carmen de Mairena? ¿Qué ha hecho “el luchador” con el cuerpo de aquel chico que salía en 9 semanas y ½? Pues os lo digo yo: o se lo ha comido o posiblemente ha ido al mismo cirujano que Sylvester Stallone. Mira, esa cirugía la pude apreciar en persona en una entrevista que le hice a Sly. Cuando le vi frente a frente no me impresionó tanto, porque venía de ver Rocky VI y ahí sí que me quedé acojonado. Pero ahora, cuando veo esta foto, no sé si Sly me está sonriendo, está defecando, me guiña un ojo o simplemente es que está así de tieso. Oh, Dios mío, no siento la boca.
Sylvester haciéndome un gesto indescriptible. Habría que ver el mío, claro.
También asistí en persona a la inmovilidad facial de Nicolas Cage. El pobre, con lo bien que le queda la peluquilla o lo que sea, y qué raros le han dejado los retoques. Entrevistándole por una película magnífica llamada Ghostrider (como dice mi sobrino Gonzalo, lo de “película magnífica” es una ironía), le hice un juego de palabras sobre Peter Fonda, Ghostrider e Easy rider. Nicolas Cage sonrió, creo. También creo recordar que al intentarlo se le saltó un ojo. Claro, que esto os lo cuenta alguien a quien el ojo se le salta sin necesidad de que los cirujanos intervengan.
Otros retoques masculinos que me dejan perplejo son los de Silvio Berlusconi, sobre todo por lo absurdo que me parece que pase por el quirófano un septuagenario estadista (estadista porque iba a los estadios, que si no es por este detalle yo no considero en absoluto un estadista a este señor). O los de Rupert Everett, que no se ha quedado más joven ni más guapo, sino mucho más raro. En estas páginas webs que salen al teclear en Google “actores + famosos + quirófanos + alargue su pene gratis” (yo es que esto último lo tecleo instintivamente), me han aparecido también los nombres de Brad Pitt y Ray Liotta. Os dejo opinar a vosotros.
Y volvamos a los nombres de mujer y a nuestro país. Porque, ya crecido, me da por teclear “cirugía +  España + labios”. Google me pregunta “tal vez quiso usted decir boca” (cómo me conoce Google). Y yo le digo: “eso”. Entonces me saltan los nombres de Silvia Munt, Ana Torroja, Bárbara Rey y Karmele Marchante. Caramba, nunca pensé que una búsqueda mía me remitiera a Karmele. La verdad es que si lo pienso hay algo parecido en las tres, con clara ventaja según mi opinión para Silvia Munt. Si sigues indagando en Karmele sale la leyenda urbana de que es la madre de Eva Amaral, me encanta ese rumor absurdo. Tecleo Bárbara Rey y me hablan más de su apellido que de su boca. Y también de Ángel Cristo, que en paz descanse. Lástima que hablemos de nombres artísticos, porque si no sus hijos se apellidarían “Cristo Rey”. Sobre Ana Torroja no indago por si se me cruza la web de José María Cano.
Kate Winslet con el niño ése que no sabía que ella era nazi. Seguro que le está leyendo "El retrato de Dorian Gray".
Hace tiempo leí en El País una información firmada por Bárbara Celis en la que se hablaba de otras actrices “antibotox”. Mencionaba a Rachel Weisz, que decía que el botox debería estar prohibido en los actores igual que los esteroides lo están para los deportistas. También hablaba de Kate Winslet, Emma Thompson, Cate Blanchett y Sarah Jessica Parker (que odia el botox porque no está diseñado por Manolo Blahnik). Y de Tilda Swinton, Hellen Mirren, Marion Cotilliard
Es curioso: muchas de ellas han ganado el Oscar, igual que Penélope, que también se muestra contraria). Se conoce que al no inyectarse botox pueden manejar todavía sus expresiones. Nicole también tiene un Oscar, pero no olvidemos que fue porque le inyectaron una narizota. Y debo reconocer que, aunque como he dicho antes, me parece estupendo que una persona se opere si se va a sentir mejor, también siento una admiración incondicional por el atractivo de la natural madurez de estas actrices.

Se me ha ido la olla y mientras escribía esto me he inyectado un yogur griego (que es más denso) en las orejas, y ahora parezco Ibarretxe. Me voy a mirame al espejo de Dorian Gray, a ver qué me cuenta.

jueves, 10 de junio de 2010

Yo que tú no lo haría… (lo peor de la cartelera)

Ya sabéis que cada cierto tiempo me gusta hacer un repasillo por la cartelera para dividir las películas en las que hay que ver y las que no. ¿Cada cuánto tiempo exactamente? Pues no hay normas estipuladas, cuando me parece bien, cuando ha pasado un tiempo prudencial, cuando el cuerpo me lo pide (y últimamente me pide tan pocas cosas que cómo le voy a negar ésta).
Pero esta vez he mirado las películas que se pueden ver en las salas y una sensación de penuria y de lastimosa abulia crónica se ha apoderado de mi sensible corazoncete, al ver, oh Dios mío, que en los últimos meses se han estrenado bastantes más películas fofas que insignes obras maestras del séptimo arte.
Así que, por una vez y sin que sirva de precedente, os voy a citar solamente unos cuantos títulos que podéis ver en la cartelera, pero que si tenéis la ocasión de iros a comer unas porras a la chocolatería de al lado o de consumar algún plan más absurdo si cabe, pues yo no dudaría, como decía Antonio Flores, y añadiría: parachuru-ruchuru (esto lo añadiría el gran Antonio, yo jamás añadiría esa memez).
Por ejemplo…
Sexo en Nueva York 2. Es que es absolutamente innecesaria. Ya lo era la primera parte, así que imaginaos ésta. Las chicas de la serie, que tan cerradita y digna había quedado en nuestra memoria, viajan hasta Abu Dhabi, caminan por el desierto vestidas de Prada y calzando unos Manolos, y hay incluso mujeres árabes que bajo la maldita vestimenta “reglamentaria” de allí (y tan difícil de regular aquí) van vestidas de marca, diseño y divinas de la muerte. ¡Vergüenza (ajena) me da, Carry Brandshaw, con lo que tú has sido!
Las 4 chicas de "Sexo en Nueva York 2".
Furia de titanes. A pesar de que ya la critiqué en este blog, aún puede verse en algunos cines. Yo creí que los responsables de las salas me leían y quitaban de la programación lo que no me gusta. Pues oye, no es así. Furia de titanes resiste porque está en 3D. Bueno, o eso dicen…
Viaje mágico a África. De ésta me da más pena decir que es floja, porque es española, pero floja. Vaya, qué poco me ha durado la pena. Es la primera incursión en 3D de una película española, además de 3D de verdad, pero queda un poco batiburrillo, los bichos que salen también quedan raros, y si además la veis doblada (como se ha estrenado en la mayoría de las salas), la voz de Leonor Watling queda rarísima. Loable intento, pero un poco quiero y no puedo.
Desde París con amor. El título puede parecer el de un drama romántico ñoño. Mejor hubiera sido así, porque es un guiño a Desde Rusia con amor, de James Bond, y pretende ser una película de mucha acción. Pero es una triste imitación de los roles de la fórmula de Arma letal de poli legal y poli tarado, sólo que aquí Mel Gibson es John Travolta, Danny Glover es Jonathan Rhys Meyers y ambos pretenden evitar un ataque terrorista en París. No es lo mismo. Es como ver a un Vincent Vega caduco lidiando con un Enrique VIII contenido.
La última canción. O la penúltima, porque la última se la he visto cantar la semana pasada en la tele a Miley Cyrus en el Rock in Rio vestida como de fulana. La historia no puede ser más ñoña. Bueno, igual sí puede, pero ya es muy ñoña de por sí. Miley se va de veraneo con su padre divorciado, que es Greg Kinnear, y sólo se levan bien cuando se comunican con la música. Ahora que o pienso podría ser peor si la historia fuera un reality y Miley veraneara con su padre real, Billy Ray Cyrus, y ambos cantaran y bailaran en el apartamento de Torremolinos el Achy brachy heart con Coyote Dax tomando apuntes..
El plan B. Jennifer Lopez decide tener un hijo por inseminación artificial porque no encuentra a un hombre que la llene (con perdón de la expresión) y cuando la lechecita del amor funciona, zas, conoce al hombre ideal. El argumento en principio es nuevo, pero los gags de comedia romántica que vienen después no  es que sea previsibles, es que puedes irlos recitando en el cine antes de verlos.
Jennifer Lopez poniendo cara de "mira qué dulce soy" "El plan B".
Street Dance 3D, ¡a bailar! Sólo para pronunciar el nombre necesitas media útarde, así que el plan ya está casi hecho. La única gracia que tiene es lo del 3D (no hay versión en 2D), porque el resto es como de unos jóvenes que compiten bailando street dance, con mensaje de espíritu de superación de por medio. Yo no veo en 3D y si intento un paso de street dance se me esguinza el píloro.
El súper canguro. Es de Jackie Chan. Ya.
The crazies. El nombre bien podría ir referido a los productores de la película. Es un remake de una de George A. Romero, el máximo exponente de la historia del cine de zombies. Aquí los “zombies” se vuelven así por beber el agua del pueblo, y no son muertos vivientes, pero sí asesinos compulsivos. La de Romero no era gran cosa, pero en los 70 podía tener su gracia. La de 2010 tiene la gracia en el romero.
Y ahora pongámosle una vela al patrón del cine, que es San Billy Wilder, para que en las próximas semanas las películas mejoren y salgamos de esta crisis cinematográfica. Así a bote pronto, a mí se me ocurre bajarle el sueldo a los funcionarios y subir las entradas a los pensionistas.

Huy perdón, es que leo las palabras “salgamos de esta crisis” y se me agolpan las ideas…

lunes, 7 de junio de 2010

De cómo Terry Gilliam fracasó al rodar El Quijote, de cómo desfació el entuerto y de lo que acaesció en otros rodajes malditos

Aviso: este post es muy largo. Pero es porque está maldito. Os cuento:
Resulta que Terry Gilliam va a retomar ya, pero ya-ya, su viejo proyecto de rodar una película sobre Don Quijote. Viejo porque en el año 2000 intentó rodar The man who killed Don Quixote, un proyecto en el que Sancho Panza era Johnny Depp (bueno, más bien un tipo al que Don Quijote confunde con Sancho Panza) y Don Quijote era Jean Rochefort, al que se parecía un montón mi padre, cosa curiosa, porque mi padre era un manchego loco por y como Don Quijote.
Después de diez duros años, Terry Gilliam (otro Quijote) consiguió financiación para su película y comenzó a rodar en España, concretamente en Las Bardenas.
El rodaje duró seis días.
En esos seis días, el equipo descubrió que cada quince minutos un reactor de la OTAN les arruinaba el audio y el vídeo. Los días durante los cuales decidieron esta localización no hubo vuelos. Terry Gilliam declaró el otro día: “sólo volveré a esa localización si la OTAN quiebra, y sospecho que eso o va a ocurrir”.
Terry Gilliam durante el fallido rodaje de "The man who killed Don Quixote"
En esos seis días, Jean Rochefort sufrió una doble hernia discal que le impidió (y aún hoy le impide) volver a subir a un caballo. A ver cómo haces un Quijote sin caballo.
En esos seis días, Las Bardenas sufrieron unas lluvias y unas inundaciones que arrasaron los decorados y estropearon grab parte de los equipos técnicos.
Al sexto día, los productores pararon el rodaje. Y hasta hoy.
Ese desastre nos dejó, al menos, un maravilloso documental llamado Lost in La Mancha y firmado por Keith Fulton y Louis Pepe, los chicos que estaban rodando el “Cómo se hizo” y que acabaron confeccionando el primer “Cómo no se hizo” de la historia.
En ese documental hay dos momentos mágicos: un breve diálogo entre Gilliam y un miembro de su equipo: “¿Cómo vamos de tiempo?” / “Mal” / “Bien” (cuánto me he reído de esas tres líneas con Tony Partearroyo, otro Quijote que también anda lost, no sé si en La Mancha o en Cinelandia. Otro momento maravilloso es la escena final, en la que un Terry Gilliam ya derrotado se asoma a la ventana de su hotel de Plaza de España, Madrid, y la cámara se aleja de él encuadrándole junta al monumento de Cervantes, Quijote y Sancho que comanda la plaza. Por todo esto, es una gran alegría que Terry Gilliam, diez años después, retome “The man who killed Don Quixote”.
Bueno, pues esto es a lo que se le llama un “rodaje madito”. También vale como rodaje madito el día ése que yo estaba grabando en los estudios de Fama, a bailar con Carlitos y Cristina, resbalé en el hielo, me di una ridícula hostia en el culo y en el brazo y me disloqué la muñeca. Ya sé que no es lo mismo, pero para mí fue muy maldito, vive Dios. Pese a ello, recurro a mi enorme legión de documentalistas (que son mi hermana Bea) y les pido ayuda para recordar otros rodajes malditos. Pues resulta que hay un güevo. No sabía si ordenarlos alfabética o cronológicamente. Al final he sumado los años de nacimiento de los miembros del equipo de postproducción de cada película y he dividido el resultado por la cifra de cada presupuesto en rublos. Lo que me ha dado lo he multipiclado por el número pi y al final me han salido este orden:
La semilla del diablo, 1968
Para empezar, esta película está maldita por los traductores españoles: del título original Rosemary’s baby se sacaron de la manga La semilla del diablo, medio jodiéndonos así el final. Putaditas patrias aparte, es curioso saber que la película se rodó en el edificio Dakota de Nueva York, que siempre estuvo considerado como un lugar maldito y sae lo recomendaron a Polanski para conseguir un clima satánico. Sí: es el edificio en el que fue asesinado John Lennon en 1980, co-firmante junto a McCartney de la canción Helter Skelter. Cuando se estrenó la película, varias sectas satánicas se rebotaron con Polanski por desvelar ciertos ritos que resulta que eran supersecretos, y aseguraron que el director pagaría estas indiscreciones con sangre. El resto ya lo conocéis: al año del estreno de la película Charles Manson asesinó brutal y ritualmente a la mujer de Polanski, Sharon Tate, que estaba embarazada de ocho meses, y a cuatro amigos que estaban con ella. Según Manson, la canción Helter Skelter le inspiró para el crimen. ¿Casualidad o destino? Coño, parezco Iker Jiménez hablando de serendipias
Cartel de "La semilla del diablo". Por si el título no os lo deja claro, el hjo de Mia Farrow es del mismísimo Satanás.
El exorcista, 1973
Ya que hablamos del diablo, vamos a seguir con El exorcista, la película más diabólica de la historia si obviamos Los energéticos. Durante el rodaje de El exorcista murieron nada menos que nueve personas relacionadas con el equipo de producción. Eso es mucho: si pasara eso en mi programa de televisión tendríamos que contratar a varas personas para poder morirnos nueve. Un cámara que estaba etiquetando el rollo que acababa de filmar sufrió un repentino ataque cardiaco; tres personas murieron en un incendio, entre ellos un guarda de seguridad que estaba en el mismísimo dormitorio de la niña posesa que vomitaba verde; su abuelo (el de la niña, no el del guarda, o sea el de la actriz Linda Blair) se murió en cuanto empezó el rodaje, igual que el hermano de Max Von Sydow; el hijo del actor que hacía del Padre Karras no se murió, pero tuvo un accidente de moto que casi le deja en el sitio; y otro actor, Jack McGowran, falleció días después de interpretar su muerte en la película. Cómo estarían las cosas que contrataron a un sacerdote (Thomas Bermingham) para que bendijera los estudios, o sea, que los exorcizara.
¿Y en España? Pues en España le propusieron a Pilar Bardem que doblara a la niña cuando hablaba con la voz del diablo. No aceptó, e hizo bien, porque el techo del estudio de doblaje se cayó durante la grabación. No hubo víctimas. Pero digo yo que qué huevos los que se pusieron a rodar El exorcista 2
La profecía, 1976
Acabemos con Satán. En la otra gran película sobre sus posesiones y apariciones, La profecía, Gregory Peck interpretaba al padre adoptivo del niño ése tan inquietante que llevaba el número 666 tatuado en la cocorota. Volando hacia Los Ángeles para rodar, el avión de Gregory Peck fue alcanzado por un rayo, que mira que deber ser cosa difícil. No pasó nada. Pero el guionista David Seltzer tomó el mismo vuelo tres días después y también fue alcanzado por un rayo, no sé sabe si por el mismo. Más adelante, Gregory Peck canceló un vuelo a Israel que sufrió un accidente sin dejar supervivientes. Otro accidente, pero esta vez de coche, fue el que sufrió el director de efectos especiales con su novia en Holanda. La chica murió decapitada, como uno de los protagonistas de la película. Y otro día, el productor Harvey Bernhard acercó a su casa en coche al director Richard Donner. Cuando se iba a bajar, apareció otro coche que golpeó la puerta del copiloto, y Richard Donner casi pierde la pierna. Esta anecdotilla me preocupa especialmente, porque también a mí me lleva a veces a casa la productora del programa que dirijo, y a ver si por una tontería satánica me voy a pillar un día el cencerrete.
Más cosas: hay unas escenas rodadas en un zoológico, en las que los bichos se ponen muy nerviosos porque el niño es Lucifer, y de eso los hombres no nos damos cuenta, pero los rebecos comunes sí. Pues bien: para esas tomas se alquilaron unos leones. Dos de ellos se escaparon una noche y en vez de irse de copas mataron a un vigilante. Las escenas con leones no se utilizaron en el metraje definitivo. Coño, pues para no usarlas ya podrían haber alquilado dos hámsters, y así no habría que achacar todas estas desgracias al satanismo.
Y para colmo, el IRA, que pasaba por allí, colocó una bomba en el hotel y el restaurante que frecuentaba el equipo de la película. Aún así, igual que con El exorcista, aún les quedaron ganas de filmar La profecía 2.
Superman, 1978
A ver de todas formas si el gafe va a ser Richard Donner y no Satán, porque Superman también tiene tela. Bueno, más que la película, el personaje, porque George Reeves, el primer actor que le interpretó en televisión y que parecía que iba en pijama, se suicidó (o eso dijeron, porque las circunstancias fueron extrañísimas) en 1959. Hay una película llamada Hollywoodland que cuenta muy bien su historia. Y qué decir de Christopher Reeve, que tras caer de su caballo quedo tetrapléjico hasta su muerte en 2004, o de Loise Lane (Margot Kidder), que se volvió tararí y llegó a fingir su propia muerte en 1996.
Superman, el superhombre que ayuda a las ancianas pero putea a los actores que lo interpretan.
Poltergeist, 1982
Es la película con las maldiciones más famosas, a pesar de que estaba tocada por la varita de Steven Spielberg. Se cuenta que durante el rodaje hubo varios incendios y desaparecieron varias piezas del set. Bueno. Hasta ahí puede ser normal. Pero una vez se estrenó la película, la actriz que hacía de hermana mayor fue estrangulada por su novio. Aún así, y una vez más, se decidió hacer Poltergeist 2, qué gente más insensata, ¿pero es que no leen este blog? Pues bien, el actor que hacía de sacerdote murió en mitad de rodaje por un cáncer de estómago fulminante. Y el actor que hacía de curandero murió al año por una dolencia cardiaca. Pero también dio igual: se decidió rodar una tercera parte. Pero aquí ya la maldición estaba harta de sutilezas y fue más clara: Heather O’Rourke, la niña protagonista, se levantó un día con dolor de estómago y murió a las pocas horas. El diagnóstico fue una estenosis intestinal, algo que por lo visto es muy raro a esa edad (12 años).

Operación dragón y El cuervo (1973 y 1994)
Bruce Lee murió en 1973 justo antes del estreno de Operación dragón, acaso su película más famosa. Las circunstancias de su muerte en el apartamento de una amiga nunca se aclararon. Parece ser que a él le entró un agudo dolor de cabeza y que ella le dio una medicina que le dejó seco. Seguramente la chica le acercó la pastilla y él le dijo sonriente: “with water, my firend”. Pero esto último me lo he inventado.
21 años después, su hijo Brandon Lee rodaba El cuervo. Tal vez os cuenten que la maldición de esta película se limita a que el equipo hacía chistes y rimas con el apellido del director, Alex Proyas. No lo creáis. Durante el rodaje, un carpintero se sentó en una viga de metal que contactó con un cable y le dio una descarga eléctrica que le dejó fritito pero coleando; un especialista se rompió varias costillas al caer desde una gran altura; un camión del equipo técnico se incendió y un huracán destrozó varios decorados.
Pero esto era un simple aperitivo de la desgracia final: Brandon Lee tenía que rodar una escena en la que le disparaban con balas de fogueo. Nadie pudo explicar nunca por qué en el arma había balas de verdad.
007: Quantum of solace, 2008
La última de James Bond estuvo plagada de accidentes: el Aston Martin de Bond acabó hundido en el lago Varda (Italia). Un especialista sufrió heridas leves durante la grabación de una persecución y en un choque entre un coche y un camión. Y el alcalde de Sierra Gorda (Chile), donde se estaban rodando unas escenas, irrumpió con su coche en el set de rodaje amenazando con echarles si no le pagaban no sé qué. Manda güevos.
Daniel Craig y Olga Kurylenko en "Quantum of solace". Yo entrevisté a Olga Kurylenko. Yo entrevisté a Olga Kurylenko. Yo entrevisté a Olga Kurylenko.
También se consideran malditos los rodajes de Rebelde sin causa (cuatro de sus protagonistas, incluidos James Dean y Natalie Wood, murieron en extrañas circunstancias, pero muchos de ellos bastantes años después) y de El conquistador de Mongolia (91 personas del equipo, entre ellas John Wayne, Susan Hayward y Pedro Armendariz, padecieron cáncer, al parecer provocados por unas pruebas nucleares que se realizaron cerca del rodaje). Pero la última película considerada maldita es también la última película de Batman y la penúltima de Heath Ledger: El caballero oscuro. Un especialista estrelló el Batmóvil durante una persecución, Christian Bale fue detenido por una supuesta agresión a su madre y hermana, y Morgan Freeman resultó herido poco después del estreno tras un accidente de tráfico (sí, el del asunto ese tan chungo del adulterio y la nietastra). Y por supuesto, a esta maldición se achaca la desgraciada muerte de Heath Ledger antes del estreno, muerte que obligó a rediseñar el guión de la película que estaba rodando, El imaginario del Doctor Parnassus, ¿dirigida por quién? ¿eh? ¿eh? ¿por quién? ¡Por Terry Gilliam!
El círculo se cierra.
Qué grande, y qué gafe, Terry Gilliam, el único americano de los Monty Python.
Coño, el próximo día voy a hablar de los Monty Python.


viernes, 4 de junio de 2010

Ojo con los impostores (dicen que son Ricardo Darín)

En el año 2000 se estrenó una película argentina que se llamaba Nueve reinas. Fue la primera vez que vi en pantalla a Ricardo Darín y pensé: es feo. Eso no quiere decir nada, porque ahora me parece guapo. Yo es que no tengo muy buen ojo con los hombres. Tampoco con las mujeres, de pequeño me parecía guapa María Luisa Seco, a la que Dios tenga en su gloria. Con quien de verdad tengo buen ojo es con los ñus.
Lo que sí que pensé de Darín es que era un grandísimo actor. Después le vimos todos en El hijo de la novia, y a partir de ahí se convirtió en un habitual de nuestras salas, y he podido comprobar en persona que también es un tipo muy majete, y a mi cuñado Julio le confundieron con él un día por la calle y yo he venido aquí a hablar de Nueve reinas, no de Darín, así que voy a retomar el hilo, si es que me liáis con dos de pipas o como se diga.
Ricardo Darín y Gastón Pauls en "Nueve reinas".
Nueve reinas fue una especie de hito. A partir de Nueve reinas, el cine argentino se empezó a considerar de otra manera por el público español (o por una parte del público español), que sólo conocía bien el cine de Adolfo Aristarain, Luis Puenzo, Eduardo Mignogna y si acaso el de Marcelo Piñeyro. Pero a El hijo de la novia le siguieron El mismo amor, la misma lluvia (anterior en el tiempo), La ciénaga, Nos sos vos soy yo, El abrazo partido, Tiempo de valientes, El aura, Luna de Avellaneda, Nadie dijo que es fácil, El sueño de Valentín, XXY, Un novio para mi mujer y por supuesto El secreto de sus ojos. Más o menos, el público fue al cine a verlas, y algunas de ellas masivamente. Porque el cine argentino es de lo mejor que llega a nuestras pantallas, y sus comedias (las que se estrenan aquí) son prácticamente infalibles. Acabo de ver una pequeña joya llamada El último verano de la boyita que aún anda por los cines, y que también merece la pena. Pero yo he venido aquí a hablar de Nueve reinas, no del cine argentino, así que voy a retomar el hilo, si es que me liáis con dos de pipas o como se diga.
Nueve reinas es la historia de dos timadores de poca monta que se enrolan en un golpe de mucha monta. Los actores, Ricardo Darín y Gastón Pauls (al que enseguida perdí la pista), estaban más naturales que un zapato en una barca. No, el símil no es bueno. Quiero decir que estaban asombrosamente naturales, cómodos y realistas. Y el juego de timos, timadores y timados es ingenioso y audaz.
¿La película es perfecta? No, nadie es perfecto excepto Mónica Bellucci. Nueve reinas es tramposa, y acaba con un par de saltos  mortales que cambian el final en un giro sorprendente, tan sorprendente que te da igual, porque tú no puedes apenas ni intuirlo (eso es lo que quiere decir que una película es “tramposa”, lo explico porque el otro día me lo preguntó un amigo con cara de mapache). Nueve reinas también es demasiado deudora de El golpe: empieza y acaba de una manera muy parecida. Dicho esto, la película merecería un 8 en la escala Richter, que no es poco. Fabián Bielinsky, el director de Nueve reinas, murió poco después de rodar su siguiente película: El aura. Una pena.
Bien. Como introducción para hablar de una serie no ha estado mal. Hugo Chávez habría estado hablando siete horas más que yo hasta que el Rey le hubiera mandado callarse.
La semana pasada se estrenó la serie argentina Los impostores en FOX Crime, el nuevo y segundo canal de FOX, que poco a poco se está convirtiendo en el primero. Está basada en Nueve reinas, pero todo es más chapucero. La idea recuerda a la de una serie española que duró menos que Juan Pablo I, y que se llamaba Guante blanco (la serie, el papa se llamaba Albino Luciani y dicen que falleció de muerte natural, ja, ja, ja, ja, ja). En Impostores, un grupo de timadores actúa bajo el mando de un maestro retirado, el grande, grandísimo Federico Luppi, con el que tengo una foto que sale en Internet en la que mi cabeza parece tres veces más grande que la suya, y no será por los tamaños de los dispares cerebros. Los cabecillas (los de la banda, no las de Federico y mía), o al menos los protagonistas, son Leonardo Sbaraglia y Leticia Bredice, superviviente de Nueve reinas, al igual que algún secundario de cuyo nombre no quiero acordarme (o mejor dicho, no puedo).
Parte del elenco de "Impostores" en el cartel promocional de "Impostores".
La serie se deja ver, y va creciendo en calidad capítulo a capítulo, pero está lejos de la factura de Nueve reinas. Tanto, que la decisión de FOX Crime de emitir los capítulos de dos en dos se me antoja más equivocada que el estilismo de Daniel Diges. Llegas cansado al segundo, sin ganas de prestar atención a todos los detalles para ver en cuál te hace la trampa el guión. Porque Impostores es aún más tramposa que Nueve reinas: no puedes ni siquiera intuir en qué momento se produce el timo, porque a veces ni te muestran la imagen: sólo la ves en la “repetición a cámara lenta” al final del capítulo. Así resolvieron el primer capítulo, en el que se desvela que algunos personajes a los que ni siquiera conocías son timadores que forman parte de un mega engaño para reclutar a Leticia Bredice. O con el traductor del capítulo dos (recordadlo si la habéis visto o fijaos si la veis), al que la cámara no te muestra durante la historia: sólo le ves al final, cuando te explican la ingeniosa estrategia. Yo es que odio ese recurso de “la repetición de la jugada”: si tienes que volver a explicar algo repitiendo las imágenes al final de una película es que lo has escondido deliberadamente durante el metraje, o que sencillamente lo has explicado mal. Utilizar ese recurso es a mi juicio es el único fallo de El sexto sentido (por citar un ejemplo), y no necesitarlo es uno de los muchos aciertos de Los otros.
Leonardo Sbaraglia, que es otro tipo encantador, estuvo en España presentando la serie. Coincidí con él hace un año grabando una tontería en el Retiro, y ahora me acuerdo de que me contó que empezaba a rodar la serie. Luego nos encontramos en el Festival de Sitges, y hace unos días la productora Cristina Iglesias me confirmó que sigue siendo una persona afable y simpaticona (Sbaraglia). A mi chica le pone bastante (Sbaraglia), pero este dato no debería preocuparos.
A mí sí, en cambio.
En la última edición de los Goya, Eduardo Blanco hizo un número magnífico (como los de toda la gala) con Andreu Buenafuente en el que autoparodiaba lo que nos sucede en España con las películas argentinas: que durante los primeros diez minutos no entendemos ni patata, seguramente porque nunca dicen “patata”. Luego el oído se acostumbra y la película empieza a cobrar sentido. Eso también sucede con Impostores.
Pero yo el otro día me encontré en el metro con Luciano, que es argentino, y le entendí desde el minuto uno.
Qué raro es todo.
ANEXO: Tres Postdatas. Tres Despedidas
1. Mi parte más cinéfila quiere recordar a Dennis Hopper. Nos ha dejado un grande, un maldito, un icono. En mi memoria, Dennis Hopper siempre tendrá un rincón para pasear con su Harley Davidson con la canción The weight (de The Band) de fondo, posiblemente una de las mejores canciones de la historia del rock. Descansa en paz, maestro.
2. Mi parte más teléfila quiere homenajear a Rue McCLanahan, Blanche Devereaux en Las chicas de oro. Era la más joven de las cuatro, la que más ligaba, la que hacía los chistes más verdes… Hoy que se ha estrenado Sexo en Nueva York 2 (deplorable película que procede de una muy buena serie), conviene recordar que el personaje de Samantha es absolutamente deudor del de Blanche. En el cielo de las series, Dorothy y Sofía se habrán alegrado de la llegada de Blanche. El resto de los mortales, no.

3. Y mi parte más friki quiere despedirse de un viejecillo entrañable llamado Jesús García. Don Jesús era un anciano absolutamente anónimo hasta que un día pronunció dos frases en un anuncio: “Y el Real Madrid ¿qué?, otra vez campeón de Europa, ¿no?” y “Y Franco… ¿qué opina de todo esto?”. El anuncio era de un coche, pero de eso no se acuerda casi nadie.

martes, 1 de junio de 2010

Canarias en corto, o cortometrajes de Canarias

Hace unas semanas, Toni Flix, un tipo encantador que tiene una agencia de comunicación que se llama como él, porque Toni Flix tiene directamente nombre de agencia de comunicación, me invitó a ver en el Cine Capitol siete cortometrajes pertenecientes a una iniciativa del Gobierno de Canarias llamada Canarias en corto. No recuerdo qué otro compromiso tenía ese día, pero no pude ir. Pero como Toni me cae muy bien, me gusta ver cortos, suelo ir a estas cosas y él lo sabe, pues me envió un DVD con los siete cortos canarios.
El mayor problema de los cortos es que la gente no sabe dónde verlos. En la tele sólo aparecen en TVE (Versión española) y en CANAL+ (El tamaño no importa y repartidos en la programación). Luego, en el canal de TVE Cultural.es, aparece de repente un programa que se llama Somos cortos (que dan ganas de decirles: “corta lo será tu puta madre”). Y luego, en Plus TV hay una ventana a los cortos, y hay webs de cortos, y tú puedes ponerte a buscar cortos en Youtube, o en Notodofilmfest, pero es como hacerse una paja buscando una aguja (o algo así, no soy bueno con los refranes).
"Física II", de Daniel Sánchez Arévalo.
Así que este tipo de iniciativas me parecen cojonudas. Eso de que el cortometraje es el futuro del cine español no es una perogrullada, es una verdad como una casa. Como una casa grande, no como la mía, y mucho menos como la mía anterior e interior, que tenía humedades y era un poco chiquinina. Es verdad que cuesta encontrar un buen corto, porque con las cámaras digitales lo de rodar se ha democratizado, y ahora casi cualquiera puede hacer un corto malo, pero también es verdad que algunos directores españoles han contado sus mejores historias en el formato corto. Opiniones hay para todos los gustos, pero para el mío, Álvaro Fernández Armero aún no ha superado su corto El columpio, Javier Fesser tardó años en superar El secdleto de la tlompeta, Fresnadillo tocó el cielo con Esposados, las películas de Daniel Sánchez Arévalo no andan lejos de Física II o Exprés, no creo que Patricia Ferreira consiga en breve igualar El secreto mejor guardado, lo mejor que ha hecho David Serrano es sin duda El último golpe, y veremos si Eduardo Chapero Jackson consigue superar Alumbramiento con su primer largo. El corto es el futuro del cine, pero muchas veces es también el mejor pasado.
En los siete cortometrajes de Canarias en corto no me parece vislumbrar ninguna historia de esas que te hace decir: “Dios, estos tíos van a triunfar de calle”, pero sí que veo algunas ideas muy interesantes. De todos modos, ya conocéis mi buen ojo y mi asombrosa habilidad para apostar por las películas que luego pierden en los Oscar, Goyas y otros premios populares. Y sobre todo, me gusta la idea la de la iniciativa: promocionar a los realizadores que se lo curran en Canarias, de donde luego han salido películas y directores como Hierro, Mararía, La isla interior, Fresnadillo, Sabroso y Ayaso, José Vélez
Me gusta especialmente En el insomnio, de José Ángel Alayón. Es un corto de animación de 5 minutos dibujado a una especie de carboncillo, en el que un tipo no puede dormir y toma ciertas medidas, la última de ellas muy drástica. Todo esto lo narra una voz aséptica, que es como la que se me mete en la cabeza a recordarme cosas cuando, cada noche, el que no puede dormir soy yo. En el insomnio ganó el premio al Mejor cortometraje en el último Festival de Las Palmas, un certamen al que hace dos años que no voy y al que tengo que volver, porque tengo unos recuerdos maravillosos.
"En el insomnio", de José Ángel Alayón.
Palabras, de Emilio Alonso, tiene buenas intenciones. Una periodista en ciernes comparte cama y noche con su pareja, que quiere irse a vivir a Canarias con su hermano, que es Willy Toledo, que termina haciendo unas declaraciones a la tele en las que no habla, gracias a Dios, de Cuba. Lo peor del corto: que empieza igual que Rec, con una entradilla de la chica que repite hasta que le sale bien. Lo mejor de Rec era la naturalidad de Manuela Velasco, nunca me creí tanto a una reportera en el cine. En Palabras, ese rato de televisión falsa hace bajar enteros a la historia.
Belanglos, de David Pantaleón, me pone nervioso porque me lío al decir el nombre, es como cuando quiero decir Carlingas y no me sale. Si pretendo ser honesto, no debo hablar de Belanglos, porque está en alemán y yo en alemán sólo sé decir “Soy el cazador de pájaros, sí”, por una ópera de Mozart. Intuyo que trata sobre la monotonía y la rutina, pero no es justo que critique el corto. Igual lo que dicen es maravilloso o igual se están defecando en mis tías y yo mirándoles con una sonrisa intelectual.
Peliculeros, de José Lobillo, me ha parecido un homenaje (o algo más) a Rebobine por favor, de Michel Gondry. El argumento no tiene que ver, pero el protagonista y su entorno sí: se trata de conseguir algo (el corazón de una chica que se llama Rebeca, como la de Hitchcock, a mí me enamoraría más una chica que se llamara Sospecha) a través de la cinefilia más friki.
El cartelillo de "Peliculeros".
Como siempre, de Jairo López, nos cuenta una historia que yo creo haber visto ya… una fiesta de fin de año en la que los destinos y los amoríos de una pareja (y de un amigo) se vuelven a cruzar. A cruzar en el sentido de encontrarse, no de copular. Y algo parecido me sucede con Anniversary, de Nayra & Javier Sanz, que se llama así en inglés porque el corto está en inglés. Me gusta bastante más la propuesta (que ha recibido sus premios y todo), con ese matrimonio que celebra cada año su anniversary para celebrar su felicity que en realidad es una brutal monotony. Y me gusta la fuerza de ese plano final en el que ella cena con un televisor en el que aparece él (no os cuento por qué, aunque la verdad es que a poco que penséis lo deducís, a no ser que tengáis hoy el día gilipichis). Pero me pasa lo mismo que con Como siempre, ¿no me han contado algo parecido ya en otros cortos? ¿incluso en este DVD? No sé, si conseguís verlas, juzgad vosotros mismos…
El séptimo corto se llama El extraño. A ver, dura 1:52 y no es un corto, es una imagen: un pastor con sus perricos llevando a un rebaño de cabras que se detiene asombrosamente ante la cámara, que supongo que es el extraño de la historia. Me gusta el plano secuencia, os lo juro, es superpotente, tiene la fuerza de las imágenes largas de Rosales, Reygadas, o el polémico ganador del último Cannes Apichatpong, que me encanta a mí el nombre de este tipo. Pero con un solo plano yo no puedo intuir si detrás de ahí hay un buen cineasta, por dos motivos:
1) Porque es muy breve y no hay historia.

2) Porque como diría mi querido David Broncano, yo no intuyo una puta mierda.
 Releo mi post para ver si he puesto “vaca” con hache, y me da la impresión de que he sido un poco durillo con estos cortos. ¿O no? No sé, a ver, yo no soy crítico de cine, yo no soy capaz de escribir un corto (mira que me lo han pedido veces, y me lo siguen pidiendo), y me parece que el simple hecho de coger una cámara para contar una historia se merece un aplauso y una cañita. Luego llegan a lameta muy pocos, porque somos muchos y parió la abuela (ya os he dicho que no soy bueno con los refranes). Y sobre todo, mi intención de hoy no era decir que qué guay son todos los cortos, sino sencillamente que existen, que están ahí, que se les puede ver y que a lo mejor alguna de estas historias os gusta y alguno de sus autores llega a hacer un largo que tenga éxito.
Lo que me parece mal es que estos cortos no puedan verse más fácilmente. Yo, que soy un desastre buscando en Internet, apenas los he podido encontrar. Y creo que los cortos deben hacerse para ser vistos, no para esconderlos y que no puedan piratearse. Si encontráis alguno, me lo contáis y lo colgamos.

Lo que sí me parece excelente es la iniciativa de Canarias en corto. Y el vino de Tacoronte- Acentejo.