Tengo la sana costumbre de contaros las películas que veo. No
todas, por el bien de vuestra salud mental, sino las que considero que más os
pueden interesar como personas inteligentes que sois. ¿Es compatible que seais
inteligentes y que leais este blog? No, eso lo sabemos todas. Pero no puedo ir
por ahí diciendo: “queridos cretinos que leeis mi blog…”, porque me echarían de Menstyle y porque os enfadaríais
conmigo. Y hay una de estas dos cosas que yo no resistiría. Incluso las dos,
qué caramba.
Las
dos películas de las que os hablo se estrenan hoy jueves, porque mañana viernes
es el Día del Trabajo y en España ya sabéis que lo celebramos no trabajando,
aunque según los últimos datos hay 4.010.700 de españoles que celebran así
todos los días. Qué barbaridad más lamentable.
La primera es La Reina Victoria. El título induce a error:
no es la historia de la Reina Victoria, sino la de sus primeros años como reina
de Inglaterra. El original era más apropiado: “The young Victoria”. Pero aquí han cambiado lo
de “joven” por lo de “Reina”, porque si no habríamos pensado que era la vida
juvenil de Victoria
Vera o
la historia de la Spice girl pija (o la Speedy girl, como dice mi querido Eduardo Antuña). Como en España somos
gilipollas…
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La Reina Victoria y el Royal Albert Hall |
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La Reina Victoria. Qué mona. |
Y ahora voy a pecar de machista: la mujer en la cocina. No hombre, es broma, voy a pecar de machista porque reconozco que pensé, por la manera de abordar la relación amorosa, que la película la había dirigido una mujer. Y no: la dirige Jean-Marc Vallée, el de C.R.A.Z.Y. Mira, toda una lección a mis prejuicios. De la película me quedo con el posterior café en Le pain quotidien (aunque no con la napolitana de chocolate, que me habían recomendado sobrevaloradísimamente). Es que a veces a los periodistas nos ponen los pases de prensa muy tempranito, y es por ello que después desayunamos.
La otra película es Sicko, de Michael Moore. Ya sabéis
cómo son los documentales de Michael
Moore, un poco tramposillos pero muy clarificadores. Moore intentará siempre
manipularte, pero también te aporta unos datos estadísticos apabullantes. Si no
te dejas cegar por sus trucos, acabas coleccionando una cantidad de datos
suficientes como para sacar tus propias conclusiones, que no son necesariamente
las que quiere imponerte Michael
Moore aunque a veces coincidan.
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Sicko, de Michael Moore |
50 millones de estadounidenses no pueden pagarse un seguro médico, o sea, un 16% de la población (en EEUU no existe eso de “seguridad social”).- Un hombre pierde dos
dedos en un accidente. Va al hospital. Le dicen que le pueden restituir el
dedo corazón por 60.000 $ y el anular por 12.000 $. Sólo puede elegir el
anular. Seguramente lo que más lamentó fue no poder alzar su dedo corazón
al sistema sanitario, para que se lo introdujeran en la hendidura rectal.
- En las compañías de
seguros médicos hay departamentos que se encargan de rebuscar en tu
historial algún dato que les permita denegarte la solicitud.
- Si tienes un accidente,
te pueden cobrar el traslado en ambulancia, si es que tu seguro no lo
aprueba antes. ¿Antes de qué? Del accidente. ¿O sea que hay que tramitarlo
antes o justo después de sufrirlo, y siempre antes de entrar en la
ambulancia? Sí.
- Hay estadounidenses que
se casan con canadienses para acceder a la cobertura médica de ese país. O
sea, matrimonios de conveniencia como los que siempre ha habido entre
inmigrantes y residentes, pero sólo por la medicina. Es triste.
El momento más espectacular de la película es cuando Michael Moore mete en una barca a un
número de enfermos que no pueden pagar su cobertura médica en EEUU y se los
lleva a Cuba, aunque aquí entraríamos ya en la habilidad de Moore para manipular situaciones
y realizar ese género cinematográfico que podría llamarse “documental provocado
y autoprotagonizado”. La seguridad social de Cuba es increíble, solidaria,
barata. Se pueden debatir muchos temas: comunismo vs capitalismo, totalitarismo
vs libertad y democracia (bueno, por llamarlo de alguna manera), bienestar vs
pobreza, Bush (el documental está hecho
durante la etapa de Bush) vs Fidel (ídem)… Y por supuesto se
puede preferir el régimen de EEUU que el de Cuba. Pero en cuestiones
sanitarias, las comparaciones no es que sean odiosas. Es que no hay posibilidad
de comparar.