Esta semana he visto dos películas. Bueno, he visto más, pero os
quiero hablar sólo de dos. La una se llama Sólo quiero caminar. La otra 007: Quantum of solace. La una se estrena este
mismo viernes. La otra el 21 de noviembre. La otra va a hacer una taquilla de
escándalo, y la una… Dios dirá.
Sólo quiero caminar. Me gusta el título: está
sacado de una canción de Paco de Lucía (sugerencia de ambientación
musical: pincha aquí y escucha el tema
mientras lees este post). Sólo
quiero caminar es la cuarta y
última película de Agustín
Díaz Yanes (la última por
ahora, digo, no es que piense yo que no va a hacer más). Esta semana, por
avatares de la vida (como diría Juanjo Millás, qué rayos querrá decir
“avatares”), he coincidido dos veces con Tano (es que a Agustín Díaz Yanes sus
amigos le llaman “Tano”. Yo no soy su amigo, pero le voy a llamar “Tano” para
que os creáis que sí que lo soy). Una de las veces era para hacerle una
entrevista, y la otra fue una charla informal en una cantina mexicana (en la
que le hacíamos otra entrevista, pero no yo, sino Cristina Teva, que es más guapa que yo, y esto último lo
dice Tano, no yo, yo no sé si estoy muy de acuerdo, bueno sí). El día de mi
entrevista, Tano, que es muy majo (ya me lo habían dicho: “verás qué majo es
Tano”), me explicó muchas cosas de la película, y de cómo ha intentado que los
personajes de sus 4 actrices fueran creíbles (Victoria Abril, Pilar López de Ayala, Ariadna
Gil y Elena Anaya, que me gusta muchísimo pero que ella sabe que
lo nuestro es imposible). Lo de la credibilidad viene al caso porque, menos una
de ellas que al principio de la película se queda un poco impedida, las otras
tres no paran de hacer butrones, disparar pistolas, enfrentarse a la mafia
mexicana en México D.F. y repartir hostias con hache a diestro y siniestro. Y
claro, pues hay que currárselo mucho para que el espectador se lo crea.
![]() |
Agustín Díaz Yanes en "La mordida", un restaurante de Joaquín Sabina tan mexicano como su última película |
El día que no le entrevisté yo, Tano me contó una anécdota
buenísima de Francis
Ford Coppola. Me estaba hablando del coñazo que les dan algunos actores a los
directores (no se refería a los de esta peli, o eso me dijo) con el método de
actuación y con preguntas como “¿cuál es mi motivación? ¿cómo era mi personaje de niño? ¿por qué
digo “hola”? ¿puedo antes de decir mi frase mirar al techo y tomar una calada
del pitillo?”. La anécdota: durante el rodaje de Drácula de Bram Stoker, Coppola, que no hace mucho caso a
los actores mientras rueda, recibió una nota escrita por Gary Oldman desde su
roulotte: “Soy Gary Oldman y deberías hablar
más conmigo: te recuerdo que soy el protagonista de la película”. Coppola respondió con otra nota: “Te informo de que esta película
tiene un sólo protagonista, y se llama Francis Ford Coppola”. Cómo mola, Ford Coppola. Y
oye, sí que es majo Tano. Yo cuando sea mayor o majo, les diré a mis amigos que
me llamen también por un nombre corto.
007: Quantum of solace. No me gusta el título. No
sé bien lo que quiere decir. Hay un periodista que no sé como se llama que
cuando vamos a las proyecciones para prensa a veces me pregunta alguna cosa,
porque un día le respondí bien y me debe tomar por una especie de oráculo. Se
sentó a mi lado y me preguntó “¿qué quiere decir “Quantum of Solace”?” Yo, que soy medio
gilipollas, le dije: “Cuánto sol hace”. Pero no me pilló la coña,
dijo: “ah”, se apagaron las luces y como se quedó tan serio, pues me pareció
absurdo explicarle la gracia. Según avanzaba la película, debió de pensar que
no soy medio gilipollas, sino gilipollas completo. Porque ahí no hacía sol ni
nada.
No soy fan de las películas
de James Bond.
No sé ahora mismo si he visto alguna completa, porque en mi mente se agolpan
miles de fragmentos. Entonces mi subconsciente mezcla a Roger Moore con una negra
cachas que sonríe a Remington
Steele, mientras Ursula
Andress sale del agua y Timothy Dalton besa a
Halle Berry,
para que finalmente Sean Connery
toque la gaita con falda escocesa. Luego la falda escocesa se
convierte en falda de colegiala y a Sean Connery le salen dos coletas, dos
peras enormes y empieza a lamer una piruleta. Pero a esta última imagen ni
caso, que es fruto de mi subconsciente y de las cosas que se imagina mi amigo
Luis. El caso es que me doy cuenta de que Quantum
of solace está muy bien. Mi lado gay se da cuenta de que Daniel Craig
tiene un atractivo brutal, y mi lado maromo se da cuenta de que Olga Kurylenko está como
un queso de gruyere (perdón por el retorcido y ordinario juego de palabras).
Acción por todos lados, escenas rodadas de lujo, las eternas chulerías y
vaciladas de Bond… (que esta vez no dice la mítica frase “Bond, James
Bond”!!!!) El problema, y es mío, es que en las de James Bond me pierdo un
poco, y sé que el malo es malo, pero no me entero nunca de por qué. Y me agarro
a la butaca en las escenas de acción en las que Bond se choca, le disparan, se
tira desde un avión, etc. y no le pasa nada, pero siempre me mareo con el
montaje y al final nunca veo con claridad el momento en el que Bond salta del
avión ni por qué él se libra de la explosión y el malote no. Pero insisto, es
problema mío: estoy totalmente convencido de que es un películón (hablamos de
Bond, claro, esto no es Ciudadano
Kane) y de que va a arrasar en la taquilla. Y estoy con los que
opinan que Daniel Craig
es el mejor 007 de la saga, con permiso de Sean Connery y de sus enormes peras.
(P.D:
Y aún así… ¿por qué será que al final casi me creo más las fantasmadas de Bond
que las de las 4 chicas de Tano?)