Se ha estrenado este
viernes en muy pocos cines una película de animación que se llama así, “Otra
película de huevos y un pollo”. La película en España
va a pasar totalmente desapercibida, porque en muchas ciudades ni aparece en la
cartelera, porque son dibujos animados mexicanos y aquí no les hacemos mucho
caso (está a años luz de Pixar
o de Dreamworks).
Y porque, no nos engañemos, la película es flojilla. Allí ha tenido mucho éxito
porque procede de una serie de sketches muy autóctonos para Internet, pero nada
más.
“¿Y por qué hablas de entonces
de esta película, imbécil?”, me parece escuchar nítidamente
con la voz de mi cuñada. Pues porque el título de la película me hace pensar
que en la era del Twitter hay películas que deberían cuidar la longitud de su
nombre. Si yo quiero recomendar “Sueca
bisexual necesita semental” o “Caray con el mayordomo, qué largo tiene el maromo”,
Twitter no es mi hábitat. Las películas que quieran triunfar en la era de las
redes sociales se deberían llamar “Ran”, “Tron”, “Dune”, “Blas” o incluso “U”.
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La peliculita de los huevos. |
Por eso hoy, aquí donde
me veis, no pienso analizar películas plano por plano, o dilucidar sobre la
dirección artística o la elaboración del guión. Hoy me voy a dedicar a recordar
películas cuyos largos títulos casi necesitan, más que un par de huevos, un par
de tweets.
1. Todo lo que usted siempre quiso saber
sobre sexo y nunca se atrevió a preguntar (1972). Esta joya cómico-sexual de Woody Allen estructurada a base de
sketches tiene un título tan largo que lo habréis oído con diferentes variantes
(depende de la traducción que hagan del original): “y temía preguntar”, sin el
“siempre”… Esto con “Yentl” no pasaba.
2. Las aventuras de Priscila, reina del
desierto (1993). Una de esas películas que
con los años se va convirtiendo en un título de culto y la gente la hace suya,
hasta el punto que cuando se menciona se acorta inconscientemente el título y
se dice: “eso es como en Priscilla”, “anoche volvieron a poner Priscilla”,
“vaya cogorza me cogí ayer en el Priscilla” (ah no, esto es otra cosa…).
3. Los caballeros de la mesa cuadrada y
sus locos seguidores (1974). Lo del tamaño
de este título es culpa de los traductores (el original es “Monty Python and the Holy Grial”).
La coña de la mesa cuadrada (que no sale en la película) puede estar bien, pero
lo de los seguidores no hacía falta, no sé.
4. El cocinero, el ladrón,
su mujer y su amante (1989). Por suerte, Peter Greenaway no siguió
enumerando a gente en el título, que podría haber seguido “…y su hijo, el gato,
la criada, un enano y la puta madre de todos”.
5. Una mujer, una pistola y una tienda de
fideos chinos (2009). La versión de Zhang Yimou de Sangre fácil de los Hermanos Coen multiplicó
por infinito el tamaño del título, pero no el de su calidad, por cierto. Aquí
funcionó eso de “el tamaño no importa”.
6. A Wong Foo, gracias por todo,
Julie Newmar (1995). Esta película habría
que condenarla no sólo por su largo título, sino por lo incomprensible
que se nos antoja. Yo la habría llamado “La de Patrick Swayze y las chinas”, y me habría
ahorrado 9 caracteres y muchas caras de incomprensión.
7. El asesinato de Jesse James por el
cobarde Robert Ford (2007). Otra que con
“Jesse James y Robert Ford” habría ido que chutaba. El metraje de la película
tampoco se quedó atrás: 160 minutos. De los tamaños de Brad Pitt y Casey
Affleck ya no puedo deciros nada.
8. Cosas que hacer en Denver cuando estás
muerto (1995). Esta la pongo como muestra de
que un título largo puede ser sugerente, interesante, maravilloso… como yo
cuando tomo seis cervezas. Aquí el tamaño se perdona, por superar con creces el
contenido de la película.
9. El mundo es grande y la felicidad está
a la vuelta de la esquina (2008). Otro
título desconcertante, incluso ya que hablamos de Twitter, me parece una de
esas frases de filosofía barata que te llegan de vez en cuando, tipo: “Si de
noche lloras por el sol, mañana será otro día”.
10. Nadie hablara de nosotras cuando
hayamos muerto (1995). Sirva la película de Agustín Díaz Yanes como
representante de toda una tradición española y ochentera (aunque esta sea noventera)
de títulos obesos: “Qué
hace una chica como tú en un sitio como éste”, “Mujeres al borde de un ataque
de nervios”, “Sé infiel y no mires con quién”, “Cómo ser infiel y no morir en
el intento”, “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”, “Aquí llega Condemor,
el pecador de la pradera”, y el récord nacional que habría
batido Pedro Almodóvar si
“La flor de mi secreto”
se hubiera llamado como Pedro pensó inicialmente: “¿Existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar
lo nuestro?”
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"Nadie hablará...", un XL nacional. |
11. Sweeney Todd, el barbero diabólico de
la calle Fleet (2007). Ojo, no confundir con
esas películas que tienen un subtítulo: el de la película de Tim Burton es éste, tal
cual. Puedes decr “Sweeney Todd”, pero estarías mutilando el título, como si
dijeras “Lo que el viento se” o “Cantando bajo la llú”. Hay que decirlo entero.
12. Los hombres que miraban fijamente a
las cabras (2009). Aquí podríamos incluir
también a toda la saga de “Millenium”,
con los hombres que quemaban a las mujeres con una cerilla y unas corrientes de
aire las apagaban en un palacio de gasolina. Pero considero esa longitud mérito
de los libros, así que me quedo con este delirio de George Clooney, Jeff Bridges y
cia, delirante hasta en el título.
Y para terminar,
hablaremos del récord mundial de longitud de título. La película de Sacha Baron Cohen, en
España titulada como “Borat”,
en su versión original se llamó “Borat:
Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan”.
83 caracteres. El 60% de un tweet.