Antes que nada, permitidme
mencionaros una noticia que he leído en la prensa viniendo hacia el trabajo: “la edición italiana de la revista
Rolling Stone elige como rockero del año a Silvio Berlusconi, porque su modo de vida deja a Keith Richards o Rod Stewart como unos meros aficionados”:
Genial.
Y ahora, al tema: según tengo
entendido, hoy sale a la venta el primer disco de Susan Boyle: I dreamed a dream. Susan Boyle es esa
cantante tan poco agraciada (o sea, fea) que se ganó la fama mundial gracias al
concurso Britain’s got talent,
a Youtube y a su
primera aparición en el programa, en la que los miembros del jurado
fingieron quedarse sorprendidísimos y simularon que no habían oído su voz
angelical ni en los cástings ni nada. El primer disco de Susan Boyle ha batido el
récord de reservas previas en los 14 años que lleva funcionando Amazon,
batiendo la mejor marca mundial que ostentaba Norah Jones, según me ha
soplado un señor de Calasparra que es una de mis más fiables fuentes.
Reconozco que la primera vez
que vi su famoso vídeo me emocioné, y no lloré porque me daba vergüenza que en
ese momento subiera el del gas y me viera de esa guisa. Lo he vuelto a
ver antes de escribir este post (el vídeo, no al del gas) y, pardiez, he
vuelto a emocionarme un poco. Porque Susan
Boyle despierta una mezcla de admiración y lástima, pero… ¿a
que no despierta envidia? No porque sea feúcha, rechoncha y algo fofilla, sino
a su éxito… ¿A que no apetece? O sea, ¿es feliz esta mujer?
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Susan Boyle cantando como una loca que ella ha soñado un sueño. |
La respuesta es: no, amigos.
Alcanzó la fama, pero no ganó el concurso, igual que Bisbal. Pero al contrario
que Bisbal,
Susan asimiló mal la “derrota”, y fue ingresada en un centro psiquiátrico con
síntomas de “agotamiento y cansancio emocional”. Salió pronto. Y entonces Obama, que para estas
cosas tiene mucho tacto, la invitó a una cena de gala para que cantara en los
postres. A Susan esto le produjo un “estado de shock y nervios” y pasó de ir.
Claro, es como si a mí de repente me invita Zapatero a la Moncloa para escribir un blog
en directo ante su familia. Me moriría de miedo. Por las hijas.
Veremos ahora cómo reacciona Susan Boyle a la hora de
promocionar el disco. Esperemos que bien. Pero de momento, ha comenzado con el SÍNDROME DEL JUEGUETE ROTO.
Algo que no es bueno. Os cito 9 ejemplos más que compondrían el “Entertainment Broken Toys Top Ten”
(hay qué ver qué bien suenan ciertas cosas en inglés).
- Drew Barrymore. La niña de E.T. es nieta de John Barrymore, uno de los mayores
crápulas de la historia del primer Hollywood (ya os conté cosas de
él en este blog). Drew
lleva la sangre del abuelo en las venas, además de muchas otras
sustancias, mayormente whisky y cocaína. Porque con 9 años ya era
alcohólica y drogadicta, con 13 tocó fondo y con 15 estaba supuestamente
“limpia”. A esa edad presentó una solicitud al tribunal juvenil para
emanciparse de su madre. Coño, hizo bien. Y aunque de vez en cuando
reconoce no haber cortado definitivamente con el alcohol y las drogas (que
levante la mano el que sí lo haya hecho) (caramba, en serio que pensaba
que ibais a levantarla más gente), hoy en día la carrera de Drew es más o
menos sólida. El juguete se rompió pero luego la arreglaron.
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Drew Barrymore. De la niña de ET a la niña de JB. |
- Freddie Bartholomew era uno de los niños prodigio del cine en la época de John Barrymore. El
que no le haya visto en David
Copperfield, El pequeño Lord o Capitanes intrépidos, y no esté ahora mismo
bebiendo o drogándose, que levante la mano. Freddie era
adoptado. A raíz de su éxito, sus padres naturales intentaron recuperar su
custodia, la batalla legal se fundió su pequeña fortuna, y Freddie se retiró
del cine. Qué putada.
- Jackie Coogan. Por el nombre igual no le ubicáis, pero su cara y su póster
son muy célebres. Es “El
chico” de Charles
Chaplin, y después fue Oliver
Twist y Tom
Sawyer. Aunque no alcanzó la fama de Bartholomew, se
convirtió en el actor mejor pagado del momento. E igual que le sucedió a Freddie, cuando
cumplió la mayoría de edad, sus padres ya se habían gastado sus ahorros.
Volvió a cobrar cierta popularidad con la serie La familia Adams, pero
nunca pudo recuperar los momentos de gloria de cuando era “el chico”.
·
Pero el niño prodigio
convertido en juguete roto más así es Macaulay
Culkin. Para empezar, porque cada uno pronuncia y escribe su
nombre como le sale de los güevos. Para continuar, porque la fama mundial le
llegó demasiado pronto y a lo bestia, gracias a Solo en casa y Solo en casa 2, esas películas un poco
horrorosas en las que Macaulay
berreaba agarrándose la jeta con las dos manos. A mí esa imagen siempre me ha
recordado a “El grito” de Munch.
A los 14 años, su carrera como actor se detuvo, otra vez por culpa de la lucha
por la custodia entre sus padres. Con el tiempo, Macu fue detenido por posesión
de drogas, se vio envuelto en los juicios por pederastia contra Michael Jackson, se casó
y se divorció. Yo ahora no puedo pensar en Macaulay Culkin sin visualizar a Joaquín Reyes, de Muchachada Nui.
- El último niño-prodigio-juguete-roto del cine Hollywoodiense
es Haley Joel Osment,
el chaval de El sexto
sentido que veía muertos y a Bruce Willis muy tieso. La carrera de Haley tenía buena
pinta, porque después hizo
Cadena de favores y
enseguida hizo con Spielberg
Inteligencia artificial.
Pero pronto le entró el síndrome Barrymore-Culkin,
y en 2007 fue detenido por conducir borracho y por posesión de drogas.
- Lamentablemente, el paradigma de muñeco roto lo representa River Phoenix,
porque River se rompió de verdad. Fue niño y joven prodigio en Cuenta conmigo, La costa de los mosquitos
o Indiana Jones y la
última cruzada. Pero también se metió de lleno en el
mundo de la droga, del que no supo salir. En 1993 se convirtió en mito al
morir víctima de una bomba en forma de cóctel de drogas y alcohol. Hoy, su
hermano Joaquin
mantiene vivo en Hollywood el apellido Phoenix. Joaquin no es un
juguete roto, pero todo parece indicar que se ha vuelto gilipollas.
¿Y en España? ¿Es que en
España no hay juguetes rotos?
Sí, amigas.
Sí, amigas.
- Y el primero se forjó en los años 50. Se llamaba José Jiménez Fernández,
pero todo el mundo le conocía como Joselito
o El pequeño ruiseñor.
Las generaciones más jóvenes le conocen también como “el enano de La isla
de los famosos”. Joselito,
que fue poco menos que un héroe nacional, perdió toda su gracia cuando le
cambió la voz. Iba a decir “cuando creció”, pero eso nunca llegó a
suceder. Entre otras cosas, trabajó como mercenario para grupos militares
en África, se habló de su adicción a la heroína y en 1990 fue detenido por
la policía de Angola por tráfico de drogas y armas. Y tocó fondo con lo de
La isla de los famosos.
Yo tengo discos de Joselito.
Os lo juro.
- También podríamos hablar de José Luis Fernández Expósito, alias “Pancho el de Verano
azul”. Verano azul
fue un bombazo tal, que casi ninguno de sus niños actores consiguió
asimilar la fama y seguir adelante en la interpretación. Juanjo Artero sí,
Juanjo hizo algo de cine, teatro y estuvo casi 10 años en El comisario. Pero Pancho no. Aunque
formó dúo musical con Juanjo (“Pancho
y Javi”, tócate los pies), tuvo muchos problemas con las
drogas. Tal vez deberiamos cambiar este último “aunque” por un “porque”.
La última vez que le vi fue en un acto conmemorativo en Nerja. No parecía
muy recuperado, pero de eso hace ya unos cuantos años…
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Pancho y Javi. Verse en una de éstas y después remontar tu vida no debe de ser fácil. |
- Y así, como colofón triste, había una chica muy guapa que se
llamaba Sonia Martínez
y que en los primeros años 80 presentaba programas infantiles y juveniles
como 3, 2, 1… Contacto
y Dabadabadá. Sonia estaba muy
buena y era simpatiquísima. A los niños les gustaba, y a los que
empezábamos a no ser tan niños, más todavía. Pero en 1986, Sonia
apareció semidesnuda en Interviú
y TVE la despidió. La heroína y el SIDA hicieron el resto. Y Sonia se
murió en 1994.
Coño, qué triste he acabado
este post.
Me voy a beber y a drogarme
por ahí.