El post de hoy es un
post didáctico, no de opinión. O sea, que no pretendo contaros lo que me
parecen las cosas con mi absolutamente objetivo punto de vista, sino que más
bien os voy a explicar en qué consiste una cosa que, debo reconocer, despertaba
en mí cierta curiosidad: qué hace un jurado durante un Festival de Cine.
A mí ya me lo habían
contado Daniel Sánchez
Arévalo, Rosana Pastor y Arturo Ripstein (antes de que arremetiera
contra la subnormalidad de los jurados). Pero yo soy muy así y quería
comprobarlo en primera persona, así que me puse a rezar un día mientras
desayunaba para que alguien me llamara para ser Jurado.
Y entonces pasó lo de La Noria y ganó el PP. Oh no,
Señor, no decía esto. Y recé otra vez, pero esta vez sin la boca llena, que no
se me entiende nada.
Y ya sí, pues orar es
infalible, me llamaron del VI Festival de Cine de Cuenca “Mujeres
en dirección”, proponiéndome ser Jurado de la sección de
documentales “Valor humano”.
Les pregunto si me han elegido por mi condición de mujer o de realizador de
documentales, disciplinas ambas en las que presento ciertas carencias. Pues no,
es que el premio lo da la prensa, así que compartiré decisiones con Irene Crespo de Cinemanía, Alicia García
de EFE, Juan Sardá de El Cultural y Miguel Hoyos de TVE. Todo
un honor. Así que estoy en condiciones de explicar lo que puede hacer un Jurado
serio. Aunque me tengan de compañero.
1. Ver todas las
películas de tu sección, y verlas enteras. Si llegas un par de días tarde al
festival (todos somos periodistas en activo y no pudimos estar en Cuenca la
semana entera), te hacen un pase exclusivo de la película. Si en algún momento
de la proyección te ausentas de la sala, un miembro de la organización te
proporciona otra manera de ver la película: un DVD, un visionado personal,
sombras chinescas… Y si te quedas traspuesto, un miembro de la organización de
despierta y te pone un vaso de leche con galletas.
2. Poner cara de póker
en las charlas posteriores a las películas y en los encuentros en
desayunos y tal con los directores a concurso, hasta que el fallo del Jurado
(que en este caso no fue un fallo, os lo aseguro) se hace público. Una vez se
hace público, felicitas como un fan loco a los ganadores (al menos eso es
lo que hice yo).
3. Prepararte para ser
tratado por la organización como un miembro de la Familia Real excepto si has
estado casado con una Infanta. Te reciben, te facilitan la vida, te agasajan,
te escuchan, te atienden, te respetan. Retiro el símil de la Familia Real.
4. Acudir a la “cena de
deliberación”. Ah, eso me encantó. Moderada por Laura Olaizola, jefa de prensa, en esa cena
se desmenuzan las películas, se analizan, se sacan las cosas buenas y malas… Y
se come, se bebe, y sobre todo se ríe. Y de qué manera. Y aunque tus gustos
cinematográficos siempre estás más cerca de los de unos miembros del jurado
(¿no, Irene?) que de los de otros, debo reconocer que fuimos un Jurado muy bien
avenido y que vamos a formar un grupo artístico constituido como “Jurado
ambulante” que se ofrece para deliberar en Festivales de cine, certámenes
menores, concursos de belleza, bodas y bautizos. A lo mejor también ampliamos
nuestras funciones a las de Jurado Popular en casos de corrupción y asesinatos
múltiples.
5. Avisar a tu estómago
de las costumbres culinarias de la ciudad que te haya elegido como Jurado. En
el caso de Cuenca, vas a ser invitado a degustar morteruelo, gachas,
cochinillo, sopa castellana, zarajos, codillo… De postre, para digerir todo
esto, un buen flan de queso de cabra. ¡Caramba con la Mancha!
6. Asumir que no vas a
bajar esa comida: a un miembro del Jurado no se le permite andar. Si sales del
hotel, te piden un taxi. Si vas al cine, te piden un taxi. Si sales del
auditorio, te piden un taxi. Si pides un taxi, te piden un taxi. Esto se debe a
las personas de la organización que te cuidan y te miman con un cariño
sincerísimo: Borja, Óscar, Aitor, Emilio, Miriam y Fátima.
7. Conocer y casi acabar
considerando de la familia a la persona que dirige el Festival. En este caso,
la actriz Marta Belaustegui.
Un encanto, una mezcla entre anfitriona de una gran fiesta y una gestora
pendiente de todo lo que hay a su alrededor. De las jefas de prensa Laura Olaizola y Julia Sánchez no
puedo decir eso de “casi considerar de la familia” porque me parece que hace mucho
que son de mi familia…
8. Aprovechar para ver
otras películas fuera de tu sección. Me voy de Cuenca habiendo visto 8 títulos
dirigidos por mujeres.
9. Saludar y en algunos
casos conocer a actores, actrices, cineastas y gente relacionada con el cine. Un
placer coincidir en la primera comida con el guionista y director de cine Nacho Pérez de la Paz,
volver a encontrarme con Verónica
Sánchez o Leticia Dolera, conocer a Paula Ortiz y Luisa Gavasa,
encantadoras, hablar con María
Galliana y Leire Berrocal, tener un affaire con Angelina Jolie… ah no,
esto último no pasó. Qué lío.
10. Ir a la gala de
clausura con los que no son de tu familia, los que casi lo son (Edu, Jaime),
los que lo son de verdad (Tere, Alicia). Soportar que en el auditorio pongan la
calefacción como si estuviéramos en Alaska. Comprobar al salir a las calles de
Cuenca que es que realmente estamos en Alaska.
Ah, el documental al que
le dimos el premio es “Los dioses de verdad tienen huesos”,
de Belén Santos y David
Alfaro. El documental es muy recomendable (claro, le dimos
el premio): emotivo, solidario, arriesgado, cercano, con humor… Recogieron el
premio David, su mujer y productora Marta
Moreno y uno de los protagonistas del documental, Santiago Rodríguez. Una
vez se supo nuestra decisión, pude comprobar que son encantadores. Qué abrazos
y qué emoción, tú.
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Los dioses de verdad tienen huesos. |
Y luego, el lunes, no
querer volver a tu trabajo. En eso consiste ser Jurado.